viernes, 19 de diciembre de 2014

POR TIERRAS DE PAREDES EN VALDÉS



 Desde San Pedro de Paredes al Candanín y Merás, para volver por La Llamilla y La Vega a San Pedro de Paredes



             De las 15 parroquias que forman el municipio de Valdés, la de Paredes es la situada más al Sur, en el límite con Tineo. Es una parroquia extensa, recorrida por el río Esva en un valle abierto conocido como valle de Paredes; valle y parroquia recibieron en 2001 el Premio Príncipe de Asturias al Pueblo Ejemplar. Los habitantes de estas tierras tuvieron acreditada fama como arrieros desde la costa hasta León a través de Tineo, Cangas del Narcea y el puerto de Leitariegos; hoy su economía se basa en la ganadería, aunque también destacan en la artesanía de la madera y la cestería: una muestra de su arte se puede ver en el bar de Paredes donde recalamos al final de esta caminata,
            En 1974 se elaboró una relación de brañas vaqueiras del concejo de Vadés: fueron catalogadas 58 brañas de las que 9 están en la parroquia de Paredes, incluyendo la renombrada de Aristébano. En la caminata de hoy, una propuestas para el grupo La Peñuca de Jesús Manuel (Mamel), nos acercaremos a algunas de las aldeas que fueron brañas y recorreremos los valles de dos ríos que en esta parroquia alimentan al Esva, por buenos caminos entre rodales de carbayeras y castaños, bosques de abedules y plantaciones de pinos y eucaliptos.

San Pedro de Paredes en el centro de su valle

            Iniciamos el camino a 155 metros de altitud a la entrada de San Pedro de Paredes, y lo hacemos por la AS-351durante algo más de un kilómetro, para desviarnos luego hacia la izquierda remontando el curso del río la Vieya y luego el de su afluente el reguero Candanín, siempre por buena pista que va ganando altura de forma moderada en busca de la sierra de Rañadoiro. Pronto, ya en la ladera de la sierra, divisamos el caserío de Candanín que se incluye en el citado catálogo de brañas; nos acercamos a la aldea (439 metros), y por la pista asfaltada que le sirve de acceso seguimos subiendo a la vera de los picos Rañadoiro y Cubia hasta un collado (480 metros) en el alto de la sierra. Allí está la ermita de San Juan; pertenece a la parroquia de Barcia y a las aldeas de Gallinero y Folguerón, también catalogadas como brañas.

Praderas y caserío en la braña de Candanín
 
            Después de la primera parada en el campo de la ermita, que fue reformada con gusto en junio de 2012, seguimos el camino por la ladera que cae a Barcia, contemplando al fondo todos los valles de esta parroquia que vierten sus aguas al río Negro. La vista alcanza también entre la bruma hasta Almuña en la rasa marina con la línea del mar en lontananza: la sierra de Rañadoiro sirve de límite natural entre las cuencas de los ríos Negro y Esva, y al borde del camino encontramos algunos mojones que marcan la separación forestal y de pastos entre ambas parroquias.

La ermita de San Juan y el pico Boubiatín

            Nuestro camino da la espalda a este bello panorama, y bordeando el pico Cándano u Horreo que con su vértice geodésico es la mayor altura de la zona, nos adentramos de nuevo en la parroquia de Paredes. Pasamos por encima de amplias praderías donde están las caserías de Carcabanín, Gaos y Enverniego; esta última considerada como "la braña más próspera y con más iniciativa de Asturias". Y así debe de ser, pues a nuestro paso divisamos entre su disperso caserío dos buenas naves ganaderas y escuchamos el ruido y ajetreo de sus gentes en el trabajo; en sus praderías abunda además el ganado.

Disperso caserío en la braña de Enverniego

            La pista discurre ahora entre plantaciones de pinos y eucaliptos y una zona afectada por el corte de la madera; al fondo, a nuestra derecha, corre el río de la Solana que también baja de la ladera de la sierra de Rañadoiro. Así llegamos a Merás a 200 metros de altitud, en donde entramos por el barrio de la Requeixada para descender hasta la AS-351 que atraviesa el pueblo y lo comunica con Almunia y Luarca, la villa municipal y cabecera del Partido Judicial. En este lugar, cuna del apellido Merás, nos vemos obligados a buscar un sitio que nos proteja de la lluvia, que aunque no muy abundante ni molesta nos acompaña desde casi el inicio del camino, para el descanso, la comida y la conversación: lo encontramos, gracias al amable consejo de una vecina, en el atrio limpio y bien cuidado de la iglesia de Santa María, en la parte alta del pueblo.
 
 El pueblo de Merás, nudo de comunicaciones en el valle

            Después, continuamos el camino descendiendo a la era por donde corre limpio y  bien canalizado el río de la Solana que en su día movió buen número de molinos; hasta ocho, dicen, abasteció este río, todos del pueblo de Merás de los que hoy sólo se conservan sus ruinas. A partir de aquí, ya con el nombre de río Merás se va en busca del Esva donde desemboca en la linde con la parroquia de Muñás. Nosotros lo atravesamos sobre un puente de piedra y vamos ascendiendo por una caleya entre bosque de castaños y abedules para encontrarnos de nuevo con la AS-351 en la aldea de La Llamiella (233 metros). Seguimos un trecho por la carretera hasta que pasada otra aldea, La Puchica, la abandonamos, y por La Candana llegamos a La Vega (280 metros); desde aquí ya se ve cerca el lugar donde iniciamos la caminata y donde está también su final.
 
Cartel de bienvenida al valle, junto a la AS-351
 
            Pero en La Vega, demorando ese final, la señalización nos exige tomar el camino que nos llevará a contemplar el dolmen de Restriello. Está bien señalizado, se atraviesa el pueblo y se asciende por una buena pista maderera, hasta llegar a la última señal, que nos invita a abandonar la pista y a adentranos en el bosque para descender por una empinada pendiente entre piedra, monte bajo y matorrales que ocultan y dificultan el camino.

Por el bosque en el camino hacia el dolmen

            Es la guinda de la jornada que añade un plus de dificultad a esta caminata, por lo demás fácil y cómoda; el descenso se hace complicado, pero al final llegamos junto al dolmen y podemos palpar sus piedras sagradas. Al fondo, corre el río Esva encajonado ya en la sierra la Llamiella, y en las proximidades del dolmen, rodeado de matorrales, hay un cortín donde se protegían las colmenas del apetito goloso de los osos; el cortín está abandonado, pero por allí vemos al aire libre algunas colmenas, lo que hace pensar que o bien los osos ya no están o han perdido su apetito.

El dolmen de Restriello exigió un buen esfuerzo al fotógrafo

            Recorremos el camino de ascenso con más facilidad que en el descenso y llegamos de nuevo a La Vega; un poco más allá, en Toural, contemplamos la capilla de las Mercedes junto a dos palacetes de principios del siglo pasado. Por un puente de piedra cruzamos el río la Vieya que viene de la sierra de Estoupo en el límite con Tineo a desembocar aquí en el Esva cuando éste marca su hermoso meandro antes de encaminarse hacia el Norte. Ahora sí, ya restan pocos pasos para llegar a San Pedro de Paredes, principio y final de esta interesante caminata por valle y parroquia de la comarca vaqueira y dentro del Paisaje Protegido de la Cuenca del Esva.

Panorámica de la sierra de Rañadoiro


                 (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 13 de diciembre de 2014)

Las fotos son de Juan Lobelle


viernes, 5 de diciembre de 2014

ENTRE CABRALES Y ONÍS




El G. R. 109  Etapa 3: desde Carreña hasta Benia por Asiego, la Cruz de Raos, La Salce, el Coto de Alda y Avín

            El G. R. 109 Asturias interior recorre la región de punta a punta desde Panes hasta Santa Eulalia de Oscos: algo más de 500 kilómetros en 27 etapas, entre 15 y 25 kilómetros cada una. Son etapas bien señalizadas, por caminos que unen distintos núcleos rurales y cruzan antiguos puentes, buscando siempre la distancia intermedia entre las grandes cumbres de la Cordillera y el llano de la marina. Con el grupo La Peñuca hemos realizado ya algunas de estas etapas; así, la 1, entre las dos Peñamelleras, y la 2, entre Peñamellera Alta y Cabrales, pero también otras más adelante como la 6 por Piloña, entre Villamayor y Espinaredo o la 10, entre Laviana y Aller.
            Hoy, a propuesta de José María Arnillas, nos aprestamos a recorrer la etapa 3 entre Cabrales y Onís; primero por las tierras que vierten al río Casaño en su margen izquierda, para luego descender en Onís hacia el fondo del valle del Güeña. Siempre acompañados de una pertinaz llovizna y la molesta niebla que en escasas ocasiones nos dejó ver la estimable panorámica que este recorrido promete.

El río Güeña nos espera al final de la caminata

            Salimos de Carreña, a 200 metros de altitud, atravesamos el pueblo hacia el barrio alto y comenzamos el ascenso por una pista que remonta el arroyo de La Ría por su margen derecha. Pasamos junto a la fuente las Llamas, donde hay un área recreativa en evidente estado de abandono, varias cabañas y una nave ganadera, y pronto llegamos al cruce entre las etapas dos y tres del G R; la primera viene de nuestra derecha para finalizar en Carreña descendiendo el mismo trecho por donde nosotros iniciamos el ascenso.
 
El área recreativa de Fuente las Llamas

            Estamos en los invernales bien cuidados de Llanu Molín, e iniciamos un descenso hacia el puente que cruza sobre el arroyo de la Alisa, uno de los que alimentan al de La Ría en su camino hacia el Casaño. Cruzamos los invernales de Forcao, con cabañas y cuadras en buen estado, y retomamos el ascenso por buen camino bajo un frondoso bosque de castaños y robles; el ascenso moderado con algunos tramos llanos nos lleva a las praderías donde se encuentra, a 476 metros de altitud, el atractivo mirador que reclama un primer alto en el camino.

El miradar hacia Picos en las proximidades de Asiego

            El mirador Pedro Udaondo nos permite asomarnos a Asiego, pueblo al que pertenecen los pastos de estas praderías. Hay paneles informativos sobre la gran panorámica del Macizo Central de Picos que nosotros podríamos ver si la niebla no lo impidiera. También nos informan de algunas curiosidades, como que quien da nombre al mirador fue un montañero vasco nacido en 1934, que Asiego es el quinto pueblo en habitantes del municipio de Cabrales, que se encuentra a 375 metros de altitud y en línea recta, a la misma distancia del Urriellu que del mar Cantábrico. El descenso hacia Asiego lo hacemos por la carretera que sube al mirador, y sin entrar en el pueblo lo bordeamos por su parte más alta, dejándolo a nuestra izquierda para descender hacia el río Ricao, que encontramos junto al molino que lleva su nombre.
 
Caserío y praderías de Asiego, desde el mirador

            El río Ricao desemboca en el Casaño después de pasar bajo el puente El Golondrón en la AS-114, y aquí hace límite entre las parroquias cabraliegas de Carreña y Puertas; así que, tras cruzarlo por un puente de piedra, iniciamos el ascenso por la buena pista de hormigón que une Puertas con este molino sin uso, pero arreglado y bien cuidado para el disfrute de los caminantes. En este ascenso podemos contemplar a nuestra izquierda el pueblo de Puertas y más arriba Pandiello, otra aldea de esta parroquia; más a lo lejos, al otro lado del estrecho paso de Las Estazadas que labra el río Casaño, acertamos a columbrar parte del caserío de Berodia, también cabecera de otra parroquia cabraliega.
 
Puente sobre el río Ricao junto al molino

            El camino junto a cabañas, cuadras y alguna casa de excelente factura, nos sube hasta Llaneces, lugar de prados y bosque donde, como su nombre indica, se inicia el llano que nos acerca a la Cruz de Raos (491 metros). Es éste un lugar de buenos pastos, donde también un panel nos informa de que fue cruce de caminos y punto de reunión entre ganaderos de Cabrales, Onís y Llanes; una cruz de piedra que señalizaba el lugar fue trasladada a las proximidades de Pandiello.
            Desde Raos por camino llano o en ligero descenso en buena pista de tierra, llegamos hasta la AS-114; estamos ya en la parroquia de Prado, la más occidental de Cabrales y a muy poca distancia del alto de Ortiguero (427 metros). Caminando unos metros por el arcén de la carretera llegamos al alto, y allí un oportuno tendejón nos ofrece cobijo para el descanso, la comida y la conversación.

En las proximidades del alto y del pueblo de Ortiguero
 
            Luego, recorremos por carretera la corta distancia hasta el lugar de La Salce, atravesamos su cuidado caserío, y seguimos ascendiendo hacia el Coto de Alda, amplia zona con abundantes dolinas, invernales y buenos pastos en el límite entre Cabrales y Onís. El nombre de coto viene de la práctica de acotar parte de la pradera por medio de cercados con el fin de reservar la hierba para la siega, diferenciando estos terrenos de los abiertos al pasto libre.
            Aquí, a 529 metros de altitud estuvieron las minas de Alda de las que se conservan el castillete, parte de los muros de la tolva y la caseta del polvorín. Perteneciente a una familia inglesa, fue una mina de cobre conocida como mina Delfina, nombre que tomó de Jessie-Delphine, la hija de su primer propietario. Desde 1956, la explotó una sociedad de Gijón hasta 1958 cuando cesó la actividad y fueron abandonadas las instalaciones.

 Por el Coto de Alda: castillete de las minas de cobre

            A partir de aquí, un ganadero de la zona nos aconseja que sigamos el camino que bordea por el norte el collado de Alda, dejándolo a nuestra izquierda, por ser más fácil que el marcado por la otra ladera. Nosotros, sin embargo, preferimos seguir el camino señalizado en el G R, donde la senda se pierde en ocasiones en la maleza del bosque, otras nos obliga a saltar entre la piedra o pelear con el suelo totalmente embarrado, lo que convierte este tramo en el más difícil y complicado de la etapa: tal parece como si el señalizador quisiera poner a prueba la paciencia de los caminantes.

Bonitas praderías en el Coto de Alda

            Cuando al fin llegamos a las cabañas de Julacienda (565 metros), ya en el municipio de Onís parroquia de Robellada, podemos mirar hacia atrás, ver las instalaciones mineras y comprobar que el camino recomendado habría sido más corto, amplio, llano y seco. También desde aquí, en la ladera del alto la Molina vemos la cueva de Alda, cercada por motivos de seguridad, hasta cuyas inmediaciones asciende la pista que atraviesa las praderas. Por esta pista de uso ganadero llegamos al collado el Pandal (573 metros), invernales con cabañas y cercado para recoger el ganado.
            Desde aquí la vista domina todo el valle de Onís por donde corre el río Güeña que baja de las tierras altas de Robellada para desembocar al Sella en Cangas: Benía y más cerca Avín, hasta donde desciende la pista, casi una carretera con firme de hormigón.

En los invernales del collado el Pandal

            Por esta pista o carretera con curvas y pendientes de vértigo, descendemos raudos hasta la orilla del Güeña donde hay un camping, y cruzando el puente entramos en Avín (260 metros), pueblo tendido a ambos lados de la AS-114. Atravesamos este pueblo que bien se podría nombrar como el de los museos, de la Minería Prehistórica, de la Prehistoria, de la Fauna Glacial..., y por la acera de la carretera recorremos el escaso kilómetro que nos separa de Benia, la villa municipal de Onís, para finalizar esta caminata que nos ha mostrado lugares no muy frecuentados pero llenos de interés por tres parroquias de Cabrales y dos de Onís.

Onís en el valle del río Güeña, desde el collado el Pandal


                (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 29 de noviembre de 2014)

Las fotos son de Juan Lobelle


sábado, 22 de noviembre de 2014

POR EL ALTO PIGÜEÑA




Ruta del valle del Pigüeña: desde Villar de Vildas a las brañas de la Pornacal y los Cuartos

          Lo que no pudo ser: Nuestro plan era una caminata circular por las parroquias somedanas de Pigüeces y Pigüeña, comenzando en las cercanías del primero y recorriendo el viejo camino entre los dos pueblos, para luego por las cabañas de Chaneces, el pico Falgueras y la braña de Motiz regresar a Pigüeces. Era una propuesta para el grupo La Peñuca de Eduardo Fernández. Pero cuando llegamos al punto de partida, un día nublado y con lluvia, nos encontramos con el vehículo del Principado y miembros de la guardería de montaña para informarnos de que toda aquella zona estaba ocupada por un equipo de cazadores, más de cuarenta personas entre cazadores y monteros dispuestos a persiguir al jabalí; nuestra presencia allí era, según el guarda, obviamente peligrosa para nosotros, y no hace falta decir por qué. El guía y el presidente del grupo tomaron, sabiamente, la decisión de anular el plan previsto, y de inmediato buscaron una alternativa: la que aquí relataremos.

                                                                El río Pigüeña cerca de Villar de Vildas

            Lo que sí fue: La alternativa fue trasladar el punto de inicio a Villar de Vildas, para desde allí recorrer el PR.AS-14 Ruta del Valle del Pigüeña, unos 14 kilómetros entre ida y vuelta por el valle más alto de este río hasta las proximidades de su nacimiento.
            Villar de Vildas, de abedules (betule - bilda) desechando la manida leyenda de moros, cristianos y viudas, es el único lugar de su parroquia, perteneciente a la comarca vaqueira; sin comunicación por carretera hasta el último tercio del siglo XX, recibió el Premio Príncipe de Asturias al Pueblo Ejemplar en 2004.

Villar de Vildas al fondo del valle del alto Pigüeña
 
            Allí, a 870 metros de altitud, iniciamos nuestra caminata siempre por buena pista de exclusivo uso ganadero. A la salida del pueblo hay un buen cartel con la descripción de la ruta; pronto se pasa por un puente, y la pista va ascendiendo de forma moderada remontando el río por su margen derecha. Entre buenos prados de siega y frondosos hayedos que cubren la ladera umbría del valle, alcanzamos el primer objetivo de la jornada: La Pornacal, braña equinoccial situada a 1 170 metros de altitud en la base de la sierra del Páramo.
            Poco se puede decir que no esté escrito de esta renombrada braña: sus cabañas y cuadras de teito de escoba, el cabañín con techumbre de teja para alojamiento del pastor...; fue restaurada en 1995 con "fondos económicos de la Unión Europea dentro del Proyecto LIFE", leemos en el cartel explicativo situado a la entrada. Algunas de estas construcciones tienen un sombreado, especie de porche, donde nos podemos resguardar mientras contemplamos la extensión de la braña y también, al otro lado del río, el monte de las Sendas, que forma parte ya del área de Uso Restringido Especial que rodea la franja de Uso Agropecuario por donde va nuestro camino
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Detalle de la braña La Pornacal

            A la salida de la braña tenemos la fuente La Prida y el camino entra ahora en su parte más interesante; a nuestra derecha contemplamos las amplias y hermosas praderas de la Requexada. La pista prosigue en pausado ascenso, hasta que el valle se encaja y la ascensión se hace más pronunciada cuando damos vista a la hermosa y espectacular cascada del Corralón.

Praderías de la Requexada y las cumbres nevadas de la Cordillera
 
            Hacia la izquierda de nuestro camino está señalizada una variante, el PR.AS-14.1 Ruta de La Peral, que vemos ascender hacia el collado Enfistiecha, para cruzarlo y acabar en La Peral, pueblo vaqueiro próximo al puerto de Somiedo. Sólo resta un último repecho para alcanzar el segundo objetivo de la jornada: la braña los Cuartos, también conocida como Brañaviecha.

La espectacular cascada del Corralón

            Los Cuartos es una braña estival con chozas redondas y cuadradas techadas con escoba o losa; se encuentra a 1 358 metros de altitud bajo la peña Llanseco a la entrada del valle Los Zreizales donde nace el río Pigüeña. Desde ella tenemos una imponente vista de cumbres cubiertas de nieve como el Cornión o el Cornín que cierran el valle por el Sur. Toda esta cuenca alta del río Pigüeña fue, a través del puerto de Los Zreizales, camino tradicional de paso hacia Laciana en León, muy frecuentado sobre todo por los arrieros vaqueiros.
            La primera parte del recorrido termina junto a la fuente de los Cuartos, y tras la obligada labor de los fotógrafos se impone rehacer el camino de vuelta. Puede parecer aburrido volver sobre los mismos pasos, pero no lo es si sabemos contemplar los hermosos parajes en la perspectiva del descenso: praderías, bosque en pleno esplendor otoñal y el valle abriéndose hacia el llano.

La braña los Cuartos y el valle los Zreizales

            Que estamos caminando por terreno catalogado de Uso Agropecuario lo comprobamos al ver cómo los ganaderos se afanan conduciendo las reses; se trata de recoger el ganado que estuvo pastando en las praderías y regresarlo hasta La Pornacal, donde permanecerá estabulado hasta diciembre cuando se le baje al pueblo o al mercado.
            En La Pornacal, cobijados bajo los porches de sus cabañas, encontramos el lugar para el descanso, la comida y la conversación, mientras contemplamos a ganaderos y ganaderas en su trabajo.

El ganado de La Requexada camino de La Pornacal

            Y ya recorremos el último tramo hasta Villar de Vildas por el camino rodeado de prados de siega donde se deposita la hierba empacada que servirá de alimento durante los crudos días de invierno. Atravesamos, después, el pueblo por sus calles limpias y hormigonadas, y en la plaza de donde parte la carretera, junto a una fuente con abrevadero, finalizamos esta caminata que, tras la tiranía de los cazadores, nos permitió recorrer un paraje de gran belleza en este parque natural y conocer las dos brañas más emblemáticas de Somiedo.

Rebecos en la ladera de la peña Llanseco o del Nuncio


                (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 15 de noviembre de 2014)

Las fotos son de Juan Lobelle

viernes, 14 de noviembre de 2014

POR TIERRAS DE CASOMERA



Desde La Paraya por el camino del puerto de Piedrafita hasta el collado y la majada de Bustempruno, para finalizar en Casomera

            Casomera es de las 18 parroquias del municipio de Aller la más meridional, y sus tierras se elevan en la cordillera hasta los límites con León en el término municipal de Cármenes. La collada de Bustempruno y el puerto de Piedrafita están en el límite mismo entre las dos regiones; y hasta el puerto llega un camino tradicional de paso que tiene origen romano y que asciende por el llamado valle de Llananzanes: nosotros lo recorrimos en la primera parte de esta caminata propuesta por José Manuel Álvarez para el grupo La Peñuca.
            Iniciamos el camino en La Paraya, en la AE-6 a 650 metros de altitud, unos metros antes de donde se encuentra la pequeña central hidroeléctrica inaugurada en 1922. Atravesamos el pueblo y ascendemos por una estrecha carretera rodeada de castaños hasta la aldea de Llananzanes a 790 metros de altitud en la ladera de la sierra que le da nombre.

El bosque, casi constante en toda la caminata
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A partir de aquí el camino es a veces de tierra y barro, a veces empedrado, pero siempre a la sombra del frondoso hayedo y en continuo ascenso. A nuestra derecha, al fondo del valle discurre el río Llananzanes y a la izquierda vemos el canal del agua que mueve las turbinas de la citada central eléctrica. Así hasta que, después de caminar unos metros por el muro del mismo canal, en el Cantu Posaorio debemos cruzar el arroyo la Carbazosa por un endeble puente artesanal que pone a prueba el equilibrio de los caminantes; es el lugar donde el canal recoge las aguas de la sierra.
            El ascenso se acentúa hasta llegar a la vega Campanal, formada por Campanal de Abajo, prados cercados y algunas cabañas, y Campanal de Arriba (1 318 metros), donde se impone una primera parada. En esta majada de Campanal de Arriba hay una fuente con abrevadero y varias cabañas, una de ellas emparedada entre dos grandes monolitos de piedra, y se disfruta de buena vista hacia la mole de Peña Rueda del Pino.

Desde Campanal de Arriba, las cumbres nevadas
 
            Seguimos el ascenso por buen camino y empinados repechos; pasamos por el collado Rocín, con ruinas de corros de piedra y la pradera cubierta con una ligera capa de nieve, y dejamos a la izquierda el camino que por el bosque va hasta la braña de Llananzanes; cruzamos el arroyo de San Pedro que baja a desembocar en el Llananzanes y llegamos a la majada de San Pedro (1 530 metros). Esta majada es un hito importante, porque aquí estuvieron la ermita y la venta que servía de descanso a los arrieros que recorrían este camino: de ambas construcciones quedan visibles restos en la pradera.

Curiosa cabaña empotrada, en Campanal de Arriba

            Por la Cuesta de la Loma los Caseros culminamos nuestro ascenso a 1 640 metros de altitud: estamos bajo el puerto de Piedrafita y del Cueto Vea, ambos cubiertos de niebla. Abandonamos el camino y seguimos por una estrecha senda que, entre incómodo monte bajo de abundantes escobas, recorre la ladera del Cueto Vea hasta salir a la collada de Bustemprubo (1 648 metros).
            Esta collada, que en algunos documentos aparece también como Bustembruno, está en el límite entre ambas comunidades. El viento azota con fuerza, pero es necesario cruzar la valla de separación de pastos para asomarnos a la ladera sur donde nace el río Torío, importante afluente del Bernesga y muy apreciado por los pescadores, que desciende por el valle de Aguazones, atraviesa el término de Cármenes y después el de Vegacervera recorriendo sus renombradas Hoces.

El camino, a veces empedrado

            A partir de aquí todo será descenso; primero por senda entre monte bajo hasta la majada de Bustempruno (1 400 metros), dejando a nuestra izquierda la Senda de los Segadores que va hacia la loma de Valverde. La majada de Bustempruno tuvo antaño mucha vida ganadera. La atraviesa el arroyo del mismo nombre, que nace en la ladera norte de la collada, y en él se instalaban las ocheras, pequeños estanques para conservar la leche tan fresca como en una nevera. Hoy la majada está abandonada como casi todas las de los puertos altos, pero conserva en pie algunas cabañas: dos de ellas nos sirven de refugio para el momento del bocadillo, el descanso y la conversación, mientras fuera arrecia la lluvia como no hizo en ningún momento de la caminata.

La majada de Bustempruno
 
            Tras el descanso, breve porque el frío aprieta, descendemos por senda en acentuado zigzag por la margen izquierda del arroyo hasta la majada de la Matancia (1 300 metros) con una cabaña en ruinas, y poco más allá encontramos el arroyo de Caben que baja por el valle de Valverde de la ladera del pico Estorbín. Cruzamos por un curioso y frágil puente construido con el quitamiedos de alguna carretera este arroyo a punto de unirse al de Bustempruno, y de esta unión nace el río Llananzanes, afluente en La Paraya del río Aller que desciende del puerto de Vegarada.

Fragil puente para cruzar el arroyo

            Recorremos ahora la ladera en la margen izquierda del río por buen camino carretero, que a partir de la braña Cuevas, donde hay una cuadra alargada, se convierte en pista de uso ganadero; y esto se nota en la presencia de cabañas en buen estado, prados cercados de alambrada, ganado pastando en ellos y la presencia de algún ganadero con el vehículo a la vera del camino. Pasada la fuente la Cabranta, contemplamos el camino recorrido en el ascenso por la otra ladera del valle; también, el disperso caserío de Llananzanes, donde destacan en la distancia el edificio que fue escuela, la ermita de Santa Ana y una nave ganadera en la parte superior de la aldea.

El caserío de Llananzanes en la otra ladera y al fondo, Peña Rueda
 
            Más allá del Cantu Bigón (1 009 metros) parte un camino hacia la aldea abandonada de El Bao, que también vemos a nuestra derecha; y desde la majada de Rebucho se nos ofrece una buena panorámica de Peña Redonda y parte de la Cuerda del Ajo, por la que ya anduvimos en otra hermosa caminata (En el puerto de San Isidro, 30 de septiembre de 2013). Luego, desde la collada Llaneo lo que se nos ofrece es la visión de Peñamea y Peñas Negras en la linde entre Aller y Laviana.

Más allá, la vista alcanza hasta Peñamea

            Sólo resta, cuando al caer la tarde el tiempo clarea y aun el sol parece brillar en las cumbres, el pronunciado descenso hasta el pueblo de Casomera a 620 metros de altitud, en la AE-6 a orillas del río Aller, para finalizar esta interesante caminata en la que ni la lluvia, el viento y la nieve nos pudieron ocultar la belleza del monte en esta parroquia allerana.

El río Llananzanes, muy presente en toda la caminata


                  (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 8 de noviembre de 2014)

Las fotos son de José  María Arnillas

sábado, 1 de noviembre de 2014

POR TIERRAS DE VALDEÓN



Desde el puerto de Pandetrave, por la sierra de Gabanceda, los puertos de Montó y el valle de Prada, hasta Posada de Valdeón

            El puerto de Pandetrave es uno de los más elevados de la cordillera Cantábrica; separa los términos leoneses de Tierra de la Reina (Boca de Huérgano) y Valdeón, que se comunican por la LE-243. Parte de las tierras de Valdeón se incluyen dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa y constituyen una buena puerta de acceso hacia los Urrieles y el Cornión.
            En el alto del puerto hay un mirador hacia los Picos con un buen panel informativo, y desde allí parten varias pistas y caminos forestales; por uno de ellos iniciamos a 1 566 metros de altitud esta caminata propuesta al grupo La Peñuca por Manuel Obaya.

Panorámica de los Picos desde el alto del puerto

            El primer objetivo es un amplio recorrido por la sierra de Gabanceda, para lo que ascendemos por buen camino marcado en el piornal hasta alcanzar un primer collado a 1 750 metros de altitud. Allí el camino desaparece y el caminante se abre paso entre el monte bajo hasta llegar al pedrero; se cruza éste con facilidad y entre tierra y roca se llega a la horcada, desde donde pronto se alcanza la cumbre más alta de la jornada: la Peña Gabanceda de 2 042 metros de altitud.
            En la cumbre de esta peña se impone una parada para el aperitivo y la contemplación del panorama. En el Macizo Central de los Picos, las impresionantes torres de Friero, Llordes y Salinas forman la sierra de Cifuentes; más a la derecha también asoman algunas cumbres del Macizo Oriental. Mucho más cerca, hacia el Norte donde se desploma en vertical la ladera de la peña, están los puertos de Montó, por donde seguirá nuestro camino, y  podemos ver casi todo Valdeón; a este caminante le llaman la atención los Picos de la Silla frente a los que nos encontramos a muy poca distancia: dos peñas unidas por una pequeña campera que asemeja a una silla de montar a caballo.

Último esfuerzo para llegar a la cumbre

            Tras el disfrute con el panorama y las obligatorias fotos de grupo, el camino prosigue, como queda dicho, hacia los puertos de Montó. Por el cordal, en ligero descenso, llegamos a un primer collado (1 903 metros), y desde allí por la ladera sur de la sierra con vistas a distintos valles de Tierra de la Reina, hasta el collado Hoyos (1 856 metros), límite entre los dos términos municipales.

En el centro de la imagen, la Peña Gabanceda y los Picos de la Silla

            Dejamos a la izquierda la sierra de Cebolleda y a la espalda la Tierra de la Reina para adentrarnos de forma definitiva en Valdeón, y caminamos por las Hoyas de Montó; profundos surcos labrados por el agua que en época de deshielo se convierten en torrenteras, pero secas en este otoño nos permiten el paso para llegar al collado y a la majada de Montó.
            En esta majada a 1 676 metros de altitud hay varias cabañas, algunas en buen estado, y abundantes restos de chozos y corrales; es un entorno tranquilo y apacible, apropiado para el descanso, la comida y la conversación. Ésta discurre a la vista de la siempre presente sierra de Cifuentes, y los más amantes de los riscos rememoran sus ascensos por la inverosímil canal de Chavida hacia la torre del Friero.

Cabaña y cercado en la majada de Montó

            En estos puertos de Montó nace el arroyo Llalambres que nos acompañará en buena parte del recorrido, que hasta el final seguirá el bien señalizado PR-PNPE 14 Montó (Valle de Prada). Salimos de Montó bordeando la peña Gulugas y por buen camino ganadero nos adentramos en el valle Paladín entre bosque de rebollos y hayas. Así, llegamos a los invernales de Brez con su buena cabaña al borde del camino y continuamos por Pradolargo, pradería cercada de piedra que hace honor a su nombre; estamos ya en el valle de Prada, entre prados de siega rodeados de árboles y arbustos.

Salida de Montó por el valle Paladín

            El camino discurre junto a algunas cabañas por la margen izquierda de la riega Llalambres, que pronto se va hacia la derecha para desembocar en el río Arenal. Desde un claro del camino podemos divisar a nuestra derecha el pueblo de Santa Marina de Valdeón al lado de la LE-243 que desciende del puerto donde iniciamos la marcha, y al fondo del valle, el río Arenal, impetuoso, dicen, cuando el deshielo primaveral.
 
La riega Llalambres por el valle de Prada

            En dos ocasiones la señalización del PR ofrece la posibilidad de desviarse hacia Santa Marina, la última en el collado Colgadorio (1 241 metros); pero nosotros seguimos hacia Prada y Posada atravesando antes las riegas Ricodes y Tranvijón, esta última ya a la entrada en el primer pueblo.
            Estas riegas también van al río Arenal que en las proximidades de Posada se une a otros regueros que bajan del puerto de Panderruedas; así se forma el río Cares que a partir de aquí, como es sabido, corre hacia Caín y Poncebos, ya en Asturias, haciendo divisoria entre los macizos occidental y central de los Picos.

Se divisan Prada y Posada de Valdeón desde el camino

          Nosotros atravesamos Prada contemplando sus vistosos hórreos para finalizar en Posada de Valdeón, la villa municipal, a 930 metros de altitud. Fue una caminata por este municipio leonés cuyas aguas, todas, salen hacia Asturias; con una visión de los Picos de Europa durante todo el recorrido, aunque sin desmerecer la belleza de praderías y bosques que atravesamos en su mayor esplendor otoñal.

 
Otoño florido en el valle de Prada


                    (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 25 de octubre de 2014)

Las fotos son de Juan Lobelle

viernes, 10 de octubre de 2014

EN EL CORNIÓN



Ruta de las majadas: Los Acebos, El Bricial, El Paré, El Tolleyu, Ceñal, Fuentes de Onís, La Redondiella, Arnaedo, Parres, Belbín…

            Se llama Cornión al macizo occidental de los tres que integran los Picos de Europa; fue el primero declarado como Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, para extenderse más tarde a todo el conjunto de los Picos con el nombre de Parque Nacional de los Picos de Europa (PNPE). En el Cornión se encuentran los conocidos y visitados lagos de Covadonga, Enol y Ercina, además de un conjunto destacable de cumbres entre las que sobresalen Peña Santa de Enol y Peña Santa de Castilla, por lo que también al macizo se le conoce como el de las Peñas Santas. Pero también hay frondosos bosques y numerosas majadas y vegas que quienes visitan ocasionalmente los lagos no se las pueden ni imaginar, ocultas tras las torres calizas y en las dolinas pedregosas.
            Fue una propuesta de Santiago Juez, quien brindó al grupo La Peñuca la oportunidad de recorrer la Ruta de las 14 majadas; pero luego, para agradable sorpresa del grupo, presentó una relación de 20 majadas y vegas que hemos recorrido desde la inicial en Sohornín hasta La Tiese al lado del lago Ercina.

La niebla sobre el lago Enol

Comenzamos el camino al lado de la carretera que une los dos lagos con cierto aprieto de no poder cumplir el programa de tan amplia visita, pues la niebla apenas dejaba ver las aguas del Enol; no obstante, dejando a nuestra espalda la majada de Sohornín donde hay un conocido restaurante, llegamos bordeando el lago a Los Acebos. El nombre de esta majada alude a la presencia de este árbol que debió de ser abundante, aunque hoy predominan fresnos y espineras.
Pronto llegamos a la vega de Enol a 1 100 metros de altitud, y podemos comprobar con agrado que la niebla va desapareciendo y deja ver la amplia vega con la ermita en el centro de la misma. Sin pizca de niebla y ya luciendo el sol, llegamos al Bricial, amplia campera que se suele citar como “el tercer lago”; en realidad es una depresión en forma de embudo con el sumidero en el centro que en época de deshielo forma un pequeño lago.
 
A través de la vega El Bricial

Poco más allá está la majada Las Reblagas, como la anterior bajo el pico del Bricial que las separa del lago Ercina, desde donde se accede con facilidad; de hecho desde allí se puede ver parte del lago más abajo de las dos cabañas, una de las cuales echa humo porque algún pastor atiza su lumbre. Muy cerca está La Canaleta a 1 250 metros de altitud, pequeña majada en cuesta con las cabañas junto a algunos fresnos y por donde corre la riega el Texu hacia el lago. Siguiendo la riega comienza una fuerte subida hasta la vega’l Paré, pequeña y estrecha bajo un promontorio rocoso.

Majada Las Reblagas y vista al lago Ercina

Hay que caminar ahora en la ladera de las Tremas del Ceñal por una senda pedregosa, difícil de identificar como todos los caminos que unen estas vegas y majadas si no se cuenta con un experto conocedor del terreno como Juez, hasta llegar a El Tolleyu (1 375 metros), majada escondida bajo el Porru la Atalaya, pero una de las más bonitas vistas hasta ahora; tiene dos buenas cabañas, una en especial arreglada recientemente y junto a ella una fuente, Fuentespines, y la cueva el Frieru abierta en la roca.
Más arriba, el collado Ceñal a 1 430 metros de altitud nos da paso a la majada del mismo nombre con cabañas, cuadras y apriscos arrimados al Cantu Ceñal; en el centro de la vega se forma una pequeña laguna. Es ésta la última de las majadas del llamado puerto alto de Cangas de Onís, a las que acuden pastores y ganaderos de Gamoneo de Cangas; cerca de aquí está la valla en forma de alambrada que debemos cruzar para adentrarnos en el término municipal de Onís, parroquia de Bobia.

El Tolleyu: pradera, cabañas y en la roca, la cueva el Frieru

Debemos caminar por la sierra Los Joaquinos a 1 420 metros de altitud, conjunto de jous y dolinas donde destaca la cueva de Piedra Llana, que comunica ambos términos municipales para llegar a la primera majada de este puerto alto de Onis, Sobrecornova (1 400 m); más allá y cerca del camino que une el lago Ercina con la vega de Ario, está la de Las Fuentes de Onís.
Pronto alcanzamos este camino de Ario en el Llano los Jitos (1 448 metros), y tras un descenso nos desviamos a la derecha y ascendemos hasta la majada Combéu, pequeña, estrecha, con poco pasto, ningún ganado y cabañas derruidas; una majada en abandono, desde la que debemos volver por el mismo camino al lugar donde iniciamos el ascenso hacia ella.

El camino por la sierra Los Joaquinos

Más allá, abandonado el camino de Ario, en continuo descenso llegamos a La Redondiella; ésta sí, una amplia majada con varias cabañas y apriscos junto a los que encontramos el lugar adecuado para el bocadillo, el descanso y la conversación, mientras contemplamos el ganado pastando; descanso breve, pues aún restan un buen trecho del camino y varias majadas más que visitar. Seguimos pues descendiendo hacia La Güelga (1 050 metros), donde podemos comprobar que el ganado, siempre vacuno, es más abundante que en todo lo visto hasta ahora. Por aquí pasa el reguero La Güelga, que nace más arriba de La Redondiella para luego desaparecer y volver a surgir en El Oyu la Madre formando el río Casaño.

El descenso hacia la majada La Redondiella

Viene ahora el más fuerte ascenso por el Jaedo la Güelga, hasta encontrarnos en la campa Lladiecu (1 224 metros) con la conocida como Ruta de la Reconquista entre Covadonga y Poncebos. Aquí nos espera una buena sorpresa, pues debemos invertir nuestra dirección para seguir ascendiendo por esta Ruta hasta Arnaedo (1 300 metros), una de las majadas más altas de este puerto de Onís, situada  al pie de Sierra Buena por donde se cruza hacia Vegamaor y el puerto cabraliego de Ostón. Hay en Arnaedo una fuente de agua fresca que sirve de aliviadero al esfuerzo que supuso el duro ascenso después de la pausa y el bocadillo. Ahora sólo resta retomar la Ruta de la Reconquista pero en la prevista dirección hacia el lago Ercina, no sin antes recordar que hacia Poncebos ya la hicimos hace algún tiempo (Del lago Ercina a Poncebos, 22 de abril de 2011).

Hermosa ascensión hacia Arnaedo: al fondo Sierra Buena

El último tramo del camino recorre las majadas y vegas del llamado puerto medio de Onís: son las mejor conservadas y más pobladas de ganado, sin duda por la facilidad de su acceso al estar próximas a los lugares adonde se acerca el coche. Primero, Parres (1 137 metros), cuya vega ocupa una loma alargada; luego, Brañarredonda (1 034 metros); y dejando a nuestra derecha el imponente Cantón del Texéu, llegamos a Belbín (1 050 metros).
La majada de Belbín, por donde no hace mucho tiempo pasamos en otra caminata (En busca del río Casaño, 7 de junio de 2014), tiene a gala ser una de las mejor cuidadas y conservadas del puerto; de hecho hoy a nuestro paso tuvimos la oportunidad de saludar a varios ganaderos ante sus cabañas. A la entrada de la majada, sus vehículos autorizados llegan por buena pista desde el Ercina; la misma pista por donde nosotros ascendemos al collado la Llomba y cruzamos la línea que separa los dos concejos para regresar al de Cangas de Onís. Concluimos así el camino bordeando la majada La Llomba, ya en la ladera que cae al lago y dejando a nuestra izquierda la vega La Tiese, donde un buen rebaño de ovejas pastan ajenas a la niebla y al paso de los caminantes.

Cabañas y pradería en la majada de Parres

La Tiese o vega La Ercina es el último jalón en esta caminata por tantos nombres y lugares que sólo en un recorrido como éste uno se puede dar idea de su existencia: contad si son veinte y está hecho, para el disfrute de los caminantes. Sin olvidarnos, claro está, del último descenso por la escalinata de Buferrera hasta el amplio aparcamiento, para dar por finalizado y cumplido el objetivo de esta interesante jornada.

Sobre el camino se asoman dos grandes cumbres: Torrecerredo y Los Cabrones


                      (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 4 de octubre de 2014)

Las fotos son de Rafa Carretero