viernes, 27 de marzo de 2015

EN TINEO POR LA ZONA VAQUEIRA




Por la sierra Campa la Bobia, el monte y la aldea de Businán, el pueblín de Nera... en la parroquia de Naraval

            Tineo es el segundo municipio más extenso de Asturias, después de Cangas del Narcea. De las 44 parroquias que lo componen, Naraval es la más septentrional en el límite con el término de Valdés. La recorre el río que lleva su mismo nombre, afluente del Esva, en un profundo valle sobre el que se levantan sus sierras, donde se asientan brañas, caserías y aldeas, junto a hermosas praderías y bosque de pinos en repoblación que conviven con manchas forestales autóctonas de gran antigüedad.
            Es Naraval (siete brañas y un txugar) la parroquia más representativa de lo que fue el mundo vaqueiro, cuya impronta aún permanece en el paisaje. Una tupida red de caminos vecinales permite fácil acceso a sus entidades de población, un cómodo recorrido por las sierras e incluso alcanzar sus cumbres más vistosas; esto pudimos comprobar en la caminata que en el grupo La Peñuca propuso y coordinó su presidente Albino González Ordiz.

Caserío y praderías de Naraval desde algún lugar del camino

            Comenzamos el camino a 280 metros de altitud en el pueblo de Naraval, y después de recorrer algunos metros por la carretera que lo atraviesa, pronto nos encontramos con una buena pista maderera por la que, entre plantaciones de pinos y eucaliptos junto a viejos castaños, comenzamos a ganar altura. Luego, el cuidado cortafuegos nos permitirá recorrer la sierra Campa la Bobia en una sucesión de cumbres y collados.
            Primero será el pico el Oru, modesta cumbre en cuya ladera sur se asienta el monte Castandiel, donde los romanos realizaron excavaciones en busca del preciado metal. Siguiendo la sierra, alcanzamos el pico Munión de 513 metros de altitud, en cuya ladera norte nace el arroyo del mismo nombre, afluente del río Naraval; poco más allá, el pico Carbaín (675 metros) y tras un breve descenso la amplia campera conocida como Campa la Bobia.
 
El camino, entre bosque y pradería

            Hacia el Sur está la parroquia de Navelgas y la vista alcanza hasta su cabecera parroquial, segunda población del concejo; al Norte, mucho más cerca, la aldea de Monterizo entre fértiles praderas, y frente a nosotros en la sierra, la siguiente cumbre, el pico Monteriza (725 metros), desde donde contemplamos los lugares que nos esperan para la segunda parte de nuestra caminata.

Campa la Bobia, pico Monteriza y aldea de Monterizo

            Dejamos a nuestra derecha el valle por donde corre el arroyo Businán, que al caer la tarde veremos desembocar en el río Naraval, e iniciamos entre monte bajo el vertical ascenso al pico Fontes (777 metros). El descenso de esta cumbre nos deja en la campa la Bobia de Fontes (738 metros) al lado de dos brañas residenciales de verano, La Carrizal y Fontes, ya en la parroquia de Navelgas, pues aquí la sierra sirve de límite entre las dos parroquias, lo que se aprecia por las vallas de separación de pastos.
            Desde aquí nos espera el pico Liebres, que con sus 852 metros de altitud es la cumbre de la jornada y ofrece una vista completa de las parroquias de Navelgas y Naraval. Al Norte, el pico Capiellamartín entre la niebla y la sierra y pico Estoupo señalan le límite con el concejo de Valdés; a su derecha y en la misma linde, el alto de Aristébano y la campa con la ermita conocida por el festival de las bodas vaqueiras.

Bobia de Fontes, pico Liebres y, a la izquierda, braña La Carrizal

            Un nuevo descenso se impone, ahora hasta la Llomba el Campanal (750 metros), para iniciar el último y obligado ascenso hacia el pico Piniella (826 metros). En esta cumbre moderadamente pedregosa encontramos el asiento para el descanso, la comida y la conversación; ante nosotros, al otro lado del valle y recostadas en la ladera de la sierra del Estoupo, se levantan rodeadas de amplias praderías las caserías de Escardén, Cadanéu y Folgueras del Río. Ésta tiene a gala el haber sido una de las dos últimas brañas de toda Asturias, junto con la de Silvallana, en abandonar la trashumancia familiar. Y al levantarnos del descanso entre la fresca brisa del nordeste, pudimos apreciar el sol que brillaba sobre el alto de Aristébano, lo que nos permitió columbrar o al menos adivinar en lontananza la rasa marina y las aguas del Cantábrico.

En el centro, la Llomba el Candanal y arriba, el pico Piniella

              A partir de ahora todo será descenso, primero de nuevo hasta la Llomba el Candanal y luego en vertical por una vallina, entre monte bajo de agradable caminar, hasta la pista que recorre el monte Businán. Por esta pista llegamos a Businán (490 metros), que fue braña de invierno y hoy es aldea de disperso caserío con todos sus edificios techados de pizarra.
            Businán se comunica por carretera, pero conserva en muy buen estado su antiguo camino vecinal que nos permite recorrer algunos de sus barrios. Así pasamos por La Cuerva y ante la casa de Couz, donde su único vecino, que comparte aquí su estancia de fin de semana con su vivienda habitual en Oviedo, nos informa en amable conversación sobre el último tramo de nuestro recorrido.

Monte y aldea de Businán
 
            Por el viejo camino pasamos, a la salida del pueblo, junto a la fuente con abrevadero, y entre prados de siega llegamos al fondo del valle en el lugar donde el arroyo Businán desemboca en el río Naraval. Estamos en la carretera que sube a Folgueras y Candanéu y, caminando por ella en la margen izquierda del río, pronto encontramos el cruce con la que nos habría permitido bajar desde Businán o Monterizo. La misma carretera nos lleva, después de pasar junto a un molino en buen estado de conservación, a Nera (350 metros), pueblo con buenos prados de regadío en ambas márgenes del río.

El río Naraval en las proximidades de Nera

            La población de esta aldea "actuó siempre de puente entre los vaqueiros de las brañas y los xaldos del valle, al estar situada en medio de ambos grupos" (Manuel Octavio Fernández: La última puerta). Hoy a nuestro paso nos llama la atención "la casona de Nera", construida en 1884 y donde vivió el filántropo Don Marcelino Álvarez a cuyas expensas se construyó en 1880 la primera escuela en la parroquia.
            Por la carretera vecinal llegamos al K. 21 de la AS-219, la carretera que a través del concejo de Tineo comunica Luarca con Pola de Allande; el cruce está en el lugar conocido como Casa Rapán: un edificio en ruinas que tal vez fue la residencia del caminero encargado del cuidado de la carretera.

Detalle de la vieja casona de Nera

            Por esta carretera regional caminamos poco más de un kilómetro, y cuando el reloj de la parroquial de San Salvador nos obsequia con las cinco campanadas entramos en Naraval, y junto al cartel que anuncia el "Museo Vaqueiro de Asturias" finalizamos la caminata. Fue un recorrido por campas, brañas y bosques de esta interesante zona de Asturias después del paso por la sierra adornado nada menos que con siete cumbres: poco más se puede ofrecer al gusto del caminante en un día como éste para iniciar la primavera.

Desde el Piniella con vistas al Estoupo, Folgueras y Candanéu
 

Las fotos son de Juan Lobelle


                      (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 21 de marzo de 2015)

miércoles, 11 de marzo de 2015

POR REDES EN SOBRESCOBIO



De Campiellos a Rioseco por la collada Llagos, el monte la Falafría, el collado Unqueru y la majada y el valle de Pumarín

            Muchas son las rutas que se pueden realizar en Redes, el Parque Natural ocupado por Sobrescobio y Caso. El primero de estos dos municipios de la comarca del alto Nalón, Sobrescobio, cuyos habitantes compraron en una subasta la libertad del concejo a la Orden de Santiago en 1565, según recuerda una placa en la actual casa consistorial, fue elegido para esta caminata por la parroquia de Oviñana, la más septentrional de las tres que lo forman, en el límite con los términos de Laviana, Piloña y Caso: una propuesta para el grupo La Peñuca de Manuel San Juan, caminante incomparable en el conocimiento de las montañas de Asturias.

                                                              Panorama desde la cumbre de la jornada 

            Iniciamos el camino en Campiellos, un pueblo situado en la solana a 560 metros de altitud y unos dos kilómetros al norte de la villa municipal. Allí hay un cartel indicador del PR AS-123 Ruta del Pico la Xamoca, que nosotros seguiremos en la primera parte del recorrido. Por una buena pista sólo para uso de vehículos autorizados, ascendemos por el collado del Arco y la collada Ricáu entre monte pendiente con castaños y pastizales. A nuestra izquierda, al fondo del valle, desciende cantarina la riega el Corvatu que marca la separación con el municipio de Laviana; esta riega en algunos mapas se presenta como reguero Comillera porque desemboca en el Nalón en este lugar donde hubo un hospital para los peregrinos a San Salvador; hoy hay allí un área industrial y una estación depuradora de tratamiento de aguas.

El pico la Xamoca, presente en la primera parte del camino

            En este ascenso, la vista hacia el Sur nos ofrece los riscos de la sierra del Crespón y más atrás la cumbre nevada del Retriñón; también, a sus pies,  el valle del Alba y pueblos como Villamorey o La Polina en la otra margen del Nalón y del embalse. Entre vueltas y revueltas llegamos a la collada Llagos, donde se impone un primer alto en el camino. Es una zona de pastizales en suave pendiente, cabañas en buen estado y algunos prados cercados de piedra. Hay una laguna que sirve de abrevadero, un área con bancos y mesas y un mirador que alcanza hasta el macizo de las Ubiñas; también al fondo, los dos embalse, el de Rioseco y el de Tanes; al norte, más allá del tendido de alta tensión que enfada a los fotógrafos, los Picos de la Carba, nuestro próximo objetivo.

Laguna en la collada Llagos

            Tras el descanso el ascenso continúa, y poco más arriba, junto a los corrales de El Huerbu, abandonamos el PR que sigue hacia la Xamoca y nos adentramos en el monte la Falafría. Es un bonito bosque de hayas y espineras colgado en la ladera del valle de Huerbu, donde abundan los neveros que cubren la senda por donde debemos caminar con precaución.
            Al final del bosque, a 1 037 metros de altitud hay una buena fuente de agua fría y sobre nosotros, cada vez más cerca, los Picos de la Carba. Por monte bajo en la ladera y atravesando el collado Faidiellu y la majada Pedruezo, también con su pequeña laguna, llegamos a la cumbre de la jornada: uno de los picos de la Carba conocido como pico Pedruezo, de 1 132 metros de altitud.

Neveros en el monte la Falafría

            Esta cumbre es un balcón privilegiado hacia la sierra del Sueve y el valle de la Marea, con lugares como El Tozu y El Moru, dos pueblos de la misma parroquia, San Bartolomé del Tozu, y distinto municipio, Caso y Piloña; por encima de ellos se aprecia el trazado del Camín Real del Sellón que por Tarna, Caso y Arnicio era el paso de la Meseta hacia Piloña y Villaviciosa.
            Después de contemplar tan extraordinario panorama y la inevitable labor de los fotógrafos, iniciamos el descenso hacia el collado Unqueru (1 036 metros), cerca de donde nace el río Huerbu, que por el valle que lleva su nombre desciende a desembocar en Rioseco en la cola del embalse.

Por la ladera hacia el Pico de la Carba

            Desde aquí el camino discurre en la linde con los municipios de Piloña y Caso por la ladera que vierte al río Piloña. Es zona de bosque con abundancia de barro y viejos árboles caídos que dificultan un camino atravesado por las corrientes de agua que conforman el reguero La Castañar, afluente del río La Marea. Hasta que, mirando al Sur, llegamos a la majada de Pumarín (975 metros), amplia zona abierta con magníficas cabañas y prados cercados de piedra: el lugar ideal para el descanso, la comida y la conversación disfrutando del sol y de la vista hacia el último tramo del camino.

Por la ladera con vistas al valle la Marea

            Y ya será todo descenso por la buena pista de tierra que recorre el valle de Pumarín, cuyas aguas se encauzan hacia el Barranco de Anzó que cada vez tenemos más cerca. Pasamos por los caseríos de La Rebollosa y El Caneyu, cuadras y cabañas como casas de fin de semana, atravesamos el reguero Furadu, uno de los que aportan sus aguas al barranco, y nos encontramos con el PR AS-122 Ruta de la Calzada Romana que viene de la Peña Gamonal. Seguimos por este PR que poco más abajo tiene un cruce: a la izquierda desciende hasta Anzó y la AS-117 y a la derecha, por senda empedrada y tallada en la peña, hasta Rioseco. Nosotros seguimos esta senda que recibe el nombre de Camín d'Acéu, según los atriles informativos que jalonan su recorrido.

Uno de los caseríos en el valle de Pumarín

            Se trata de una antigua vía que tras cruzar la Cordillera en Tarna seguía el curso del Nalón hacia el centro de Asturias, con la desviación en Caso por Arnicio hacia la costa (el camino real que contemplamos más arriba); algunos autores consideran ésta, una calzada romana, pero lo que no cabe duda es de su uso como vía en el periodo alto medieval.
            Así, recorriendo los últimos caseríos nos acercamos a Rioseco, la capital municipal desde que en 1929 se trasladó aquí el Ayuntamiento que estaba en La Polina, hoy al otro lado del embalse junto a la desembocadura del río Alba.

La AS-117 y la presa de Tanes, desde el Camín d'Acéu

            En la capital de este concejo de Sobrescobio galardonado en 2009 con el Premio Príncipe de Asturias al Pueblo Ejemplar, termina esta caminata por una zona no muy frecuentada del Parque Natural de Redes, pero en la que se puede disfrutar de un paisaje singular y unas vistas inigualables, sobre todo si se cuenta con un día de marzo claro y soleado como el que nosotros pudimos disfrutar.

 Agradable lugar para el descanso, la majada de Pumarín


Las fotos son de Juan Lobelle


                        (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 7 de marzo de 2015)

viernes, 30 de enero de 2015

DE CANGAS DE ONÍS A VILLAMAYOR



El G R 109 por tierras y pueblos de Cangas de Onís, Parres y Piloña; etapa 5

            De nuevo en el G R 109 Asturias interior, recorremos en esta ocasión la quinta etapa entre Cangas de Onís y Villamayor. Una etapa caracterizada por su largo recorrido, pues con sus 23 kilómetros es una de las más largas entre las 27 que forman el G R, y ofrece al caminante la oportunidad de conocer distintos núcleos rurales de los municipios que atraviesa sirviéndose de las comunicaciones que los unen: viejos caminos, pistas de uso agrícola y ganadero, y también carreteras locales entre aldeas y villas.
            Otra característica de esta etapa es la continua presencia de los ríos Sella, primero, y Piloña, después, cuyo cauce seguimos, en ocasiones aproximándonos a sus aguas y en otras, alejándonos por la ladera de las sierras de su cuenca fluvial, atravesando también los numerosos ríos y regueros que son sus afluentes. Todo ello en una propuesta para el grupo La Peñuca de Rafa Carretero, quien presentó un proyecto bien estudiado de este recorrido que por otra parte también se caracteriza por su coincidencia con otros rutas, entre las que destacan el camino de Gijón a Covadonga, que en el término de Parres está señalizado como Camino de la Reina, y el G R 105 Ruta de las Peregrinaciones, que es el camino a Covadonga desde Oviedo.

Agradable el camino por la ribera del río Piloña

            Nosotros partimos en la ciudad de Cangas de Onís de la estación de autobuses, para recorrer primero Contraquil, antaño una zona rural y hoy un moderno barrio de Cangas; es el lugar donde se encuentra la iglesia de Santa Cruz fundada por Favila y edificada sobre un dolmen. Luego, seguimos el sendero entre bosque de ribera en un coto salmonero señalizado como Coto Brezo.
            Así llegamos a Villanueva, donde al cruzar el río por un puente y la N-625 cambiamos de municipio pero no de parroquia, porque la que tiene su centro en Villanueva comparte su territorio entre los dos términos. Al otro lado del río, ya en Parres, está La Vega de los Caseros, desde donde podemos ver en la otra margen la iglesia parroquial y el monasterio de San Pedro de Villanueva, hoy moderno parador nacional.
 
La salida de Cangas a la vera del río Sella
 
            Comenzamos a ganar altura de forma moderada por la pista de "exclusivo uso agrícola, ganadero y forestal", y pronto encontramos dos paneles informativos de las vistas panorámicas que contemplamos: el primero, con diversas cumbres de Picos de Europa; el otro, algo más arriba, en el collado Los Coros, hacia la sierra del Sueve. En este continuo ascenso llegamos al lugar de San José, donde se impone un primer alto en el camino; allí está la ermita de San José que data del siglo XVII y junto a ella el consabido edificio escuela del Plan Quinquenal  de Lora Tamayo.
            Por San José pasa la PR-5 que une Cangas con Ozanes de Parres; podríamos seguir por ella, pero la ruta marcada elude la carretera dando un amplio rodeo para volver a encontrarla en el lugar de Romillín. Desde aquí sí seguimos la carretera descendiendo por la conocida como Cuesta de Romillín hasta encontrarnos con el río Mampodre que viene del pico Fontecha, en la linde entre Parres, Ponga y Amieva, para desembocar aquí en el Piloña. Cruzamos el Mampodre pero no el Piloña, aunque en la otra margen vemos Ozanes y el apeadero del ferrocarril.

Panorámica del Sella, Villanueva y al fondo las cumbres nevadas
 
            El río Mampodre marca la divisoria entre las parroquias de Villanueva y Viabaño; en ésta nos adentramos, seguimos algo menos de un kilómetro por la PR-4 que desde Ozanes sube a Llerandi y pronto llegamos a la aldea de Romillo que ofrece un buen conjunto de hórreos y paneras. Abandonamos la carretera y por buena pista descendemos a la vera misma del Piloña, donde el río dibuja un amplio meandro conocido como la Ería de Arobes; a la vera del río, tan cerca que casi podríamos palpar sus aguas caudalosas, recorremos un trecho muy agradable por un camino de tierra entre bosque con hermosa vegetación de ribera.
            Donde la riega del Golondrón y el reguero de Granda, juntos, entregan sus aguas al Piloña abandonamos nosotros la ribera y nos acercamos a la iglesia parroquial y el cementerio de Viabaño; hay también allí un molino en el río Beleño que nace en las proximidades de Peña Llerandi, parroquia de Los Montes: hasta seis molinos, dicen, alimentó este afluente del Piloña, una muestra de los cueles es el que ahora contemplamos.

Molino junto al río Beleño en Viabaño

            Estamos en Llames de Parres, de caserío disperso en barrios y lugares como el mismo Viabaño, El Otero o Collado de Llames donde se encuentra la plaza de juegos infantiles y el Centro Social "Amigos La Cuesta-Bodes". Aunque nos encontramos aún a mitad de la etapa, éste ha de ser el lugar adecuado para el descanso, la comida y la conversación; y es que Llames de Parres es un lugar emblemático en el camino y un señalado cruce de rutas. El camino de Gijón a Covadonga, que el Ayuntamiento de Parres bautizó a partir de Soto de Dueñas como Camino de la Reina en recuerdo de cuando Isabel II acudió a tomar baños a Gijón y desde allí quiso visitar con su séquito la basílica de Covadonga, se encuentra aquí con la Ruta de las Peregrinaciones, que viene desde Oviedo por Piloñeta en Nava, Les Praeres en Peñamayor, Puente Miera, Espinaredo y La Matosa en Piloña.

Llames de Parres y al fondo la sierra de Bodes

            A la salida de Llames está la ermita de San Martín de Escoto, Monumento Histórico con elementos románicos reconstruida en 1566. Desde aquí descendemos otra vez hasta la orilla del Piloña para cruzar la riega Oscura que nace en la sierra de Bodes, y poco más allá, frente a Soto de Dueñas, el arroyo de Carrocea que baja del Cueto del Arbolín y que nos señala el final de municipio de Parres  para pasar a Piloña, parroquia de Sevares.
            Ya en Piloña, atravesamos Villar de Huergo y nos acercamos a Sevares; en este recorrido no dejamos de contemplar el pico Priede, soberbio a nuestra izquierda. Cruzamos el río Tendi, que se forma con la unión de varios arroyos en la parroquia de Los Montes, y la AS-339, que remontando el valle de este río llega hasta la AS-261 en Sellaño, Ponga. Caminamos unos metros por la PI-1 que sube a la aldea de Priede y bordeamos Sevares, la tercera localidad del municipio por su población.

La ermita de San Martín de Escoto en Llames de Parres

            En la otra margen del Piloña vemos la iglesia de Sorribas, cuya parroquia linda con la de Sevares por medio del río; en ella está el sepulcro familiar de los Condes de Peñalba, propietarios del palacio que se levanta en las proximidades de la iglesia. La parroquial de Sevares y el cementerio también se encuentran en un altozano próximo al lugar de La Piñera, donde cruzamos el río Color que viene de la Collada de Piedrafita, límite entre Piloña y Ponga.

El río Color cerca de su desembocadura en el Piloña

            A partir de aquí, ya en la parroquia de Villamayor, comenzamos el ascenso por la sierra de Pesquerín; es el mayor y más prolongado ascenso de la jornada que a estas alturas ya comienza a pesar en las piernas del caminante, pero al final alcanzamos en Mones la PI-1 que sube a la aldea de Pesquerín. Mones es un lugar formado por distintas caserías como La Foyaca, La Torre, El Calero o Rodiles, todas ellas comunicadas por esta carretera recién asfaltada por la que en poco tiempo bajaríamos a Villamayor; pero la señalización del G R nos obliga a descender por una caleya empedrada y algo embarrada que, entre prados cercados de piedra, sigue el curso del río Pequeño que nace en la peña Niañu.

La Piñera al comienzo de la sierra de Pesquerín

            Hasta el fondo del valle, en Carúa, un barrio del mismo Villamayor, en donde entramos por la calle de Las Carretas y la plaza de la Rectoral Vieja para terminar frente al ábside del antiguo monasterio de Santa María; el mismo lugar donde en otra ocasión iniciamos el recorrido de la etapa seis hasta Espinaredo por iniciativa del recordado Fernando Espina (El G R 109 en Piloña, 15 de febrero de 2013).

Panorámica con el pico Priede y su sombrero de niebla



Las fotos son de Juan Lobelle


                       (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 24 de enero de 2015)

jueves, 15 de enero de 2015

EL CAMINO DE SAN SALVADOR



Por la cuenca del Lena y del Caudal, desde Pola hasta Ablaña

            Cuando los peregrinos medievales que se decidían a abandonar en León el Camino de Santiago Francés para visitar la basílica de San Salvador en Oviedo llegaban al fondo del valle por donde corre el río Lena, sin duda gozarían de un gran alivio. Habían subido por las ásperas tierras leonesas hasta el alto de la cordillera Cantábrica para atravesarla por el puerto de Pajares, entonces nombrado como puerto de Arbás, lo que en aquellos tiempos debía de exigir un esfuerzo considerable. Una vez alcanzado el fondo del valle, su Camino discurriría, hemos de suponer, por terreno más o menos llano buscando siempre los mejores pasos.
            Quiso el grupo La Peñuca iniciar su campaña 2015 con esta etapa por iniciativa de su vicepresidente José Montero, para quien no hay secretos en los asuntos del Camino. La orografía es hoy sin duda totalmente distinta a la que contemplaron aquellos peregrinos, pues nuestro recorrido entre Pola de Lena y Ablaña, como no podría ser de otra manera, tiene la continua presencia de la A-66, el ferrocarril y los polígonos industriales, no en vano caminamos por uno de los más importantes núcleos del desarrollo industrial de España.
 
Presencia de la autovía a lo largo de la etapa

            Al iniciar la caminata en Pola es necesario recorrer algunas de sus calles centrales pasando por la plaza donde está la iglesia parroquial y donde se celebra el mercadillo semanal de los sábados. A la salida de la villa, el camino discurre por la estrecha carreterita de poco tráfico en la margen izquierda del río; vamos paralelos a la A-66 hasta que, ya en la parroquia de Villayana, poco antes de llegar a la estación de servicio de La Vega, por un paso subterráneo cruzamos la autovía y dejándola a nuestra espalda ascendemos por una caleya con escalinata hasta Castiello. Es un caserío con varias cuadras y buenas praderas a su alrededor; hay también un edificio escuela de los construidos en los años sesenta del pasado siglo en el Plan Quinquenal del ministro Lora Tamayo.

El ascenso hacia Castiello con la autovía a la espalda

            Tras cruzar el caserío, salimos a la LE-1 que sube hasta Carabanzo, abandonamos la carretera y por buena senda entre bosque de castaños y robles, descendemos hasta encontrar de nuevo la A-66. Otra vez en el llano, sigue la estrecha senda entre la autovía y la ladera de la montaña cubierta de bosque; pasamos ante la bocamina La Catalana y pronto llegamos al pueblo de Los Tableros, un grupo de viviendas alineadas a la orilla de la carretera por la que se accede desde Sovilla. Estamos ya en el municipio de Mieres del Camino y hemos dejado atrás el de Lena, en su día nombrado como el conceyón por su vasta extensión desde Pajares hasta el Padrún; esto fue hasta 1836, cuando se partió en dos concejos: el de Mieres, en las tierras de Lena de Yuso (de abajo, del Caudal) y el de Lena de Suso (de arriba, Pajares, Güerna...).

En la tapia de La Catalana está grabado el año 1997
 
            En el polígono industrial de Sovilla en la parroquia mierense de Santa Cruz, nos detenemos ante una joya de la arqueología industrial construida por iniciativa de Claudio López Bru (1853-1925), segundo Marqués de Comillas y propietario de Hullera Española, una de las primeras empresas que explotó la riqueza minera en los valles del Caudal, Lena y Aller; se trata de una nave destinada a la reparación de locomotoras de su empresa minera, un edificio de aire modernista con alusiones al mudéjar que en la actualidad sirve de almacén de locomotoras de Hunosa.
 
Cerámica multicolor en la nave de Hullera Española

            Poco más allá, nos detenemos en una plataforma sobre la confluencia de los ríos Lena y Aller: aquí nace el río Caudal, y nuestro camino seguirá hasta el final por la senda fluvial que lleva el nombre del río y que lo recorre por su margen izquierda.
            Eso sí, pronto entraremos en Ujo y recorreremos algunas de sus calles para detenernos en la soleada plaza donde se levanta la iglesia parroquial de Santa Olaya (Monumento Histórico Artístico), románica del siglo XII que fue derribada en 1920 para facilitar el trazado del ferrocarril y levantada de nuevo en estilo historicista, conservando algunos elementos originales entre los que destaca su ábside semicircular. Al otro lado de la plaza está el barrio de La Estación a la que se accede salvando la vía férrea por una espectacular pasarela con ascensor; nosotros abandonamos Ujo pasando junto a un bloque de viviendas para obreros construido a principios del siglo XX y conocido como Los Cuarteles.

El río Caudal se forma por la unión del Lena y el Aller

            El camino sigue, como ya hemos dicho, por la senda fluvial en la margen izquierda del río y a nuestra derecha dejamos Figaredo, donde desemboca el río Turón cuyo valle recorre la AS-337 que por el alto de La Colladiella comunica con San Martín del Rey Aurelio. Más allá, Santullano, hasta donde Jovellanos en su "Carta del viaje de León a Oviedo" dirigida a don Antonio Ponz deja constancia de encontrar "la nueva carretera que continúa hasta Oviedo, y de la cual diré algo después" (1). De lo que habla Jovellanos después en su carta es de la cuesta del Padrún, pero antes quiere comunicar a su amigo las ventajas de que la carretera se abra pronto hasta León y lamenta la demora de las obras con palabras que, aunque escritas entre 1772 y 1794, parecen referirse a la realidad actual: "Van a cumplir diez años que nada se adelanta en ella (...) las dudas, los recursos, los enredos y los chismes de los mismos naturales interesados en la conclusión de esta empresa, han opuesto los mayores obstáculos a su continuación. Cada territorio, cada pueblo, cada particular la ha querido convertir en su propia utilidad" (2).

Paisaje desde el pueblo de Los Tableros

            Donde desemboca el arroyo Valdecuna hay una oportuna área recreativa a la orilla de la carretera que por este valle comunica los pueblos de las parroquias de Gallegos y Cuna que quedan a nuestra izquierda: es el lugar adecuado para el momento de la comida, la conversación y el descanso, aunque la caminata en sí, tal como habíamos previsto al comienzo, no se muestre muy exigente.
            Al llegar a Mieres, el Camino de San Salvador penetra en la villa, la recorre y llega hasta el albergue instalado en las antiguas escuelas de La Peña. Nosotros, por el buen criterio del patrón, seguimos la senda fluvial hasta su final en Ablaña, ya en la parroquia de Loredo.

En las proximidades de Mieres abundan las garzas en el río Caudal

            Ablaña, donde desemboca el reguero Nicolasa que dio nombre a un importante pozo minero, es un pueblo dividido en tres barrios: Ablaña a Abajo, El Pachón y Ablaña de Arriba. Aquí, junto al campo de fútbol y frente a las estaciones de Renfe y Feve finalizamos nosotros una etapa que dejaba a los peregrinos medievales casi a la vista del final de su aventura, aunque para ello aún tuviesen que salvar las difíciles rampas del alto El Padrún y algo más.

Estrecha senda por el lugar más umbrío


(1) Gaspar Melchor de Jovellanos: Cartas del viaje de Asturias (Cartas a Ponz), Oviedo, 2003
(2) Gaspar Melchor de Jovellanos: Cartas del ...

Las fotos son de José  María Arnillas

                               (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 10 de enero de 2015)

viernes, 19 de diciembre de 2014

POR TIERRAS DE PAREDES EN VALDÉS



 Desde San Pedro de Paredes al Candanín y Merás, para volver por La Llamiella y La Vega a San Pedro de Paredes



             De las 15 parroquias que forman el municipio de Valdés, la de Paredes es la situada más al Sur, en el límite con Tineo. Es una parroquia extensa, recorrida por el río Esva en un valle abierto conocido como valle de Paredes; valle y parroquia recibieron en 2001 el Premio Príncipe de Asturias al Pueblo Ejemplar. Los habitantes de estas tierras tuvieron acreditada fama como arrieros desde la costa hasta León a través de Tineo, Cangas del Narcea y el puerto de Leitariegos; hoy su economía se basa en la ganadería, aunque también destacan en la artesanía de la madera y la cestería: una muestra de su arte se puede ver en el bar de Paredes donde recalamos al final de esta caminata,
            En 1974 se elaboró una relación de brañas vaqueiras del concejo de Vadés: fueron catalogadas 58 brañas de las que 9 están en la parroquia de Paredes, incluyendo la renombrada de Aristébano. En la caminata de hoy, una propuestas para el grupo La Peñuca de Jesús Manuel (Mamel), nos acercaremos a algunas de las aldeas que fueron brañas y recorreremos los valles de dos ríos que en esta parroquia alimentan al Esva, por buenos caminos entre rodales de carbayeras y castaños, bosques de abedules y plantaciones de pinos y eucaliptos.

San Pedro de Paredes en el centro de su valle

            Iniciamos el camino a 155 metros de altitud a la entrada de San Pedro de Paredes, y lo hacemos por la AS-351durante algo más de un kilómetro, para desviarnos luego hacia la izquierda remontando el curso del río la Vieya y luego el de su afluente el reguero Candanín, siempre por buena pista que va ganando altura de forma moderada en busca de la sierra de Rañadoiro. Pronto, ya en la ladera de la sierra, divisamos el caserío de Candanín que se incluye en el citado catálogo de brañas; nos acercamos a la aldea (439 metros), y por la pista asfaltada que le sirve de acceso seguimos subiendo a la vera de los picos Rañadoiro y Cubia hasta un collado (480 metros) en el alto de la sierra. Allí está la ermita de San Juan; pertenece a la parroquia de Barcia y a las aldeas de Gallinero y Folguerón, también catalogadas como brañas.

Praderas y caserío en la braña de Candanín
 
            Después de la primera parada en el campo de la ermita, que fue reformada con gusto en junio de 2012, seguimos el camino por la ladera que cae a Barcia, contemplando al fondo todos los valles de esta parroquia que vierten sus aguas al río Negro. La vista alcanza también entre la bruma hasta Almuña en la rasa marina con la línea del mar en lontananza: la sierra de Rañadoiro sirve de límite natural entre las cuencas de los ríos Negro y Esva, y al borde del camino encontramos algunos mojones que marcan la separación forestal y de pastos entre ambas parroquias.

La ermita de San Juan y el pico Boubiatín

            Nuestro camino da la espalda a este bello panorama, y bordeando el pico Cándano u Horreo que con su vértice geodésico es la mayor altura de la zona, nos adentramos de nuevo en la parroquia de Paredes. Pasamos por encima de amplias praderías donde están las caserías de Carcabanín, Gaos y Enverniego; esta última considerada como "la braña más próspera y con más iniciativa de Asturias". Y así debe de ser, pues a nuestro paso divisamos entre su disperso caserío dos buenas naves ganaderas y escuchamos el ruido y ajetreo de sus gentes en el trabajo; en sus praderías abunda además el ganado.

Disperso caserío en la braña de Enverniego

            La pista discurre ahora entre plantaciones de pinos y eucaliptos y una zona afectada por el corte de la madera; al fondo, a nuestra derecha, corre el río de la Solana que también baja de la ladera de la sierra de Rañadoiro. Así llegamos a Merás a 200 metros de altitud, en donde entramos por el barrio de la Requeixada para descender hasta la AS-351 que atraviesa el pueblo y lo comunica con Almunia y Luarca, la villa municipal y cabecera del Partido Judicial. En este lugar, cuna del apellido Merás, nos vemos obligados a buscar un sitio que nos proteja de la lluvia, que aunque no muy abundante ni molesta nos acompaña desde casi el inicio del camino, para el descanso, la comida y la conversación: lo encontramos, gracias al amable consejo de una vecina, en el atrio limpio y bien cuidado de la iglesia de Santa María, en la parte alta del pueblo.
 
 El pueblo de Merás, nudo de comunicaciones en el valle

            Después, continuamos el camino descendiendo a la era por donde corre limpio y  bien canalizado el río de la Solana que en su día movió buen número de molinos; hasta ocho, dicen, abasteció este río, todos del pueblo de Merás de los que hoy sólo se conservan sus ruinas. A partir de aquí, ya con el nombre de río Merás se va en busca del Esva donde desemboca en la linde con la parroquia de Muñás. Nosotros lo atravesamos sobre un puente de piedra y vamos ascendiendo por una caleya entre bosque de castaños y abedules para encontrarnos de nuevo con la AS-351 en la aldea de La Llamiella (233 metros). Seguimos un trecho por la carretera hasta que pasada otra aldea, La Puchica, la abandonamos, y por La Candana llegamos a La Vega (280 metros); desde aquí ya se ve cerca el lugar donde iniciamos la caminata y donde está también su final.
 
Cartel de bienvenida al valle, junto a la AS-351
 
            Pero en La Vega, demorando ese final, la señalización nos exige tomar el camino que nos llevará a contemplar el dolmen de Restriello. Está bien señalizado, se atraviesa el pueblo y se asciende por una buena pista maderera, hasta llegar a la última señal, que nos invita a abandonar la pista y a adentranos en el bosque para descender por una empinada pendiente entre piedra, monte bajo y matorrales que ocultan y dificultan el camino.

Por el bosque en el camino hacia el dolmen

            Es la guinda de la jornada que añade un plus de dificultad a esta caminata, por lo demás fácil y cómoda; el descenso se hace complicado, pero al final llegamos junto al dolmen y podemos palpar sus piedras sagradas. Al fondo, corre el río Esva encajonado ya en la sierra La Llamiella, y en las proximidades del dolmen, rodeado de matorrales, hay un cortín donde se protegían las colmenas del apetito goloso de los osos; el cortín está abandonado, pero por allí vemos al aire libre algunas colmenas, lo que hace pensar que o bien los osos ya no están o han perdido su apetito.

El dolmen de Restriello exigió un buen esfuerzo al fotógrafo

            Recorremos el camino de ascenso con más facilidad que en el descenso y llegamos de nuevo a La Vega; un poco más allá, en Toural, contemplamos la capilla de las Mercedes junto a dos palacetes de principios del siglo pasado. Por un puente de piedra cruzamos el río la Vieya que viene de la sierra de Estoupo en el límite con Tineo a desembocar aquí en el Esva cuando éste marca su hermoso meandro antes de encaminarse hacia el Norte. Ahora sí, ya restan pocos pasos para llegar a San Pedro de Paredes, principio y final de esta interesante caminata por valle y parroquia de la comarca vaqueira y dentro del Paisaje Protegido de la Cuenca del Esva.

Panorámica de la sierra de Rañadoiro


                 (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 13 de diciembre de 2014)

Las fotos son de Juan Lobelle


viernes, 5 de diciembre de 2014

ENTRE CABRALES Y ONÍS




El G. R. 109  Etapa 3: desde Carreña hasta Benia por Asiego, la Cruz de Raos, La Salce, el Coto de Alda y Avín

            El G. R. 109 Asturias interior recorre la región de punta a punta desde Panes hasta Santa Eulalia de Oscos: algo más de 500 kilómetros en 27 etapas, entre 15 y 25 kilómetros cada una. Son etapas bien señalizadas, por caminos que unen distintos núcleos rurales y cruzan antiguos puentes, buscando siempre la distancia intermedia entre las grandes cumbres de la Cordillera y el llano de la marina. Con el grupo La Peñuca hemos realizado ya algunas de estas etapas; así, la 1, entre las dos Peñamelleras, y la 2, entre Peñamellera Alta y Cabrales, pero también otras más adelante como la 6 por Piloña, entre Villamayor y Espinaredo o la 10, entre Laviana y Aller.
            Hoy, a propuesta de José María Arnillas, nos aprestamos a recorrer la etapa 3 entre Cabrales y Onís; primero por las tierras que vierten al río Casaño en su margen izquierda, para luego descender en Onís hacia el fondo del valle del Güeña. Siempre acompañados de una pertinaz llovizna y la molesta niebla que en escasas ocasiones nos dejó ver la estimable panorámica que este recorrido promete.

El río Güeña nos espera al final de la caminata

            Salimos de Carreña, a 200 metros de altitud, atravesamos el pueblo hacia el barrio alto y comenzamos el ascenso por una pista que remonta el arroyo de La Ría por su margen derecha. Pasamos junto a la fuente las Llamas, donde hay un área recreativa en evidente estado de abandono, varias cabañas y una nave ganadera, y pronto llegamos al cruce entre las etapas dos y tres del G R; la primera viene de nuestra derecha para finalizar en Carreña descendiendo el mismo trecho por donde nosotros iniciamos el ascenso.
 
El área recreativa de Fuente las Llamas

            Estamos en los invernales bien cuidados de Llanu Molín, e iniciamos un descenso hacia el puente que cruza sobre el arroyo de la Alisa, uno de los que alimentan al de La Ría en su camino hacia el Casaño. Cruzamos los invernales de Forcao, con cabañas y cuadras en buen estado, y retomamos el ascenso por buen camino bajo un frondoso bosque de castaños y robles; el ascenso moderado con algunos tramos llanos nos lleva a las praderías donde se encuentra, a 476 metros de altitud, el atractivo mirador que reclama un primer alto en el camino.

El miradar hacia Picos en las proximidades de Asiego

            El mirador Pedro Udaondo nos permite asomarnos a Asiego, pueblo al que pertenecen los pastos de estas praderías. Hay paneles informativos sobre la gran panorámica del Macizo Central de Picos que nosotros podríamos ver si la niebla no lo impidiera. También nos informan de algunas curiosidades, como que quien da nombre al mirador fue un montañero vasco nacido en 1934, que Asiego es el quinto pueblo en habitantes del municipio de Cabrales, que se encuentra a 375 metros de altitud y en línea recta, a la misma distancia del Urriellu que del mar Cantábrico. El descenso hacia Asiego lo hacemos por la carretera que sube al mirador, y sin entrar en el pueblo lo bordeamos por su parte más alta, dejándolo a nuestra izquierda para descender hacia el río Ricao, que encontramos junto al molino que lleva su nombre.
 
Caserío y praderías de Asiego, desde el mirador

            El río Ricao desemboca en el Casaño después de pasar bajo el puente El Golondrón en la AS-114, y aquí hace límite entre las parroquias cabraliegas de Carreña y Puertas; así que, tras cruzarlo por un puente de piedra, iniciamos el ascenso por la buena pista de hormigón que une Puertas con este molino sin uso, pero arreglado y bien cuidado para el disfrute de los caminantes. En este ascenso podemos contemplar a nuestra izquierda el pueblo de Puertas y más arriba Pandiello, otra aldea de esta parroquia; más a lo lejos, al otro lado del estrecho paso de Las Estazadas que labra el río Casaño, acertamos a columbrar parte del caserío de Berodia, también cabecera de otra parroquia cabraliega.
 
Puente sobre el río Ricao junto al molino

            El camino junto a cabañas, cuadras y alguna casa de excelente factura, nos sube hasta Llaneces, lugar de prados y bosque donde, como su nombre indica, se inicia el llano que nos acerca a la Cruz de Raos (491 metros). Es éste un lugar de buenos pastos, donde también un panel nos informa de que fue cruce de caminos y punto de reunión entre ganaderos de Cabrales, Onís y Llanes; una cruz de piedra que señalizaba el lugar fue trasladada a las proximidades de Pandiello.
            Desde Raos por camino llano o en ligero descenso en buena pista de tierra, llegamos hasta la AS-114; estamos ya en la parroquia de Prado, la más occidental de Cabrales y a muy poca distancia del alto de Ortiguero (427 metros). Caminando unos metros por el arcén de la carretera llegamos al alto, y allí un oportuno tendejón nos ofrece cobijo para el descanso, la comida y la conversación.

En las proximidades del alto y del pueblo de Ortiguero
 
            Luego, recorremos por carretera la corta distancia hasta el lugar de La Salce, atravesamos su cuidado caserío, y seguimos ascendiendo hacia el Coto de Alda, amplia zona con abundantes dolinas, invernales y buenos pastos en el límite entre Cabrales y Onís. El nombre de coto viene de la práctica de acotar parte de la pradera por medio de cercados con el fin de reservar la hierba para la siega, diferenciando estos terrenos de los abiertos al pasto libre.
            Aquí, a 529 metros de altitud estuvieron las minas de Alda de las que se conservan el castillete, parte de los muros de la tolva y la caseta del polvorín. Perteneciente a una familia inglesa, fue una mina de cobre conocida como mina Delfina, nombre que tomó de Jessie-Delphine, la hija de su primer propietario. Desde 1956, la explotó una sociedad de Gijón hasta 1958 cuando cesó la actividad y fueron abandonadas las instalaciones.

 Por el Coto de Alda: castillete de las minas de cobre

            A partir de aquí, un ganadero de la zona nos aconseja que sigamos el camino que bordea por el norte el collado de Alda, dejándolo a nuestra izquierda, por ser más fácil que el marcado por la otra ladera. Nosotros, sin embargo, preferimos seguir el camino señalizado en el G R, donde la senda se pierde en ocasiones en la maleza del bosque, otras nos obliga a saltar entre la piedra o pelear con el suelo totalmente embarrado, lo que convierte este tramo en el más difícil y complicado de la etapa: tal parece como si el señalizador quisiera poner a prueba la paciencia de los caminantes.

Bonitas praderías en el Coto de Alda

            Cuando al fin llegamos a las cabañas de Julacienda (565 metros), ya en el municipio de Onís parroquia de Robellada, podemos mirar hacia atrás, ver las instalaciones mineras y comprobar que el camino recomendado habría sido más corto, amplio, llano y seco. También desde aquí, en la ladera del alto la Molina vemos la cueva de Alda, cercada por motivos de seguridad, hasta cuyas inmediaciones asciende la pista que atraviesa las praderas. Por esta pista de uso ganadero llegamos al collado el Pandal (573 metros), invernales con cabañas y cercado para recoger el ganado.
            Desde aquí la vista domina todo el valle de Onís por donde corre el río Güeña que baja de las tierras altas de Robellada para desembocar al Sella en Cangas: Benía y más cerca Avín, hasta donde desciende la pista, casi una carretera con firme de hormigón.

En los invernales del collado el Pandal

            Por esta pista o carretera con curvas y pendientes de vértigo, descendemos raudos hasta la orilla del Güeña donde hay un camping, y cruzando el puente entramos en Avín (260 metros), pueblo tendido a ambos lados de la AS-114. Atravesamos este pueblo que bien se podría nombrar como el de los museos, de la Minería Prehistórica, de la Prehistoria, de la Fauna Glacial..., y por la acera de la carretera recorremos el escaso kilómetro que nos separa de Benia, la villa municipal de Onís, para finalizar esta caminata que nos ha mostrado lugares no muy frecuentados pero llenos de interés por tres parroquias de Cabrales y dos de Onís.

Onís en el valle del río Güeña, desde el collado el Pandal


                (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 29 de noviembre de 2014)

Las fotos son de Juan Lobelle