viernes, 19 de septiembre de 2014

EL PUERTO DE LA CUBILLA OTRA VEZ



Por Puerto Pinos a las Ubiñas, y por el Meicín para terminar en Tuiza de Arriba

            Otra vez el puerto de la Cubilla; de nuevo cruzamos la portilla del alto el Palo para caminar por Puerto Pinos, pero si en el artículo anterior narraba las caminatas de Los Tres por este “Puerto de Mieres” y hacia los puertos meridionales de Lena, ahora se trata de buscar otros puertos más al Norte. Por eso me gustó la propuesta para el grupo La Peñuca de José Montero, buen conocedor de las tierras de León, que me brinda la posibilidad de caminar y escribir de nuevo sobre Puerto Pinos con el reto de la mayor de las Ubiñas, y acercándonos a otros lugares del término de Lena hasta ahora para mí desconocidos.
            Más allá del alto el Palo, pasada la collada el Moro y la vega la Cueva, está frente a la Peña los Navares a 1 594 metros de altitud la “Casa de Mieres”. Allí tuve la oportunidad de saludar a los conocidos ganaderos, entre ellos a Poli, con quien no habíamos coincidido en nuestros días de agosto en el albergue, y a Santos, el siempre presente guarda de pastos, ocupados en ese momento con la preparación de algunas reses para la bajada del puerto. De allí parte nuestra caminata hacia el Norte en dirección a las Ubiñas, por una ruta ya en otra ocasión descrita pero siempre atractiva y llena de interés.

La "Casa de Mieres" y la Peña los Navares

            El valle de la Cantarilla con su pequeño embalse que sirve de abrevadero, el valle Angosto, y la amplia vega de Candioches con sus praderías onduladas son la primera parte de nuestro recorrido. Al final y al fondo de Candioches, el valle se estrecha y parece estrellarse contra un murallón de piedra; estamos en los Ollones (1 678 metros), donde hay una fuente con abrevadero que recibe el agua por una manguera tendida desde la vega que está más arriba.

El valle de la Cantarilla con el embalse abrevadero

            El murallón que cierra los Ollones se puede salvar por una pista que lo bordea en un amplio recorrido hacia la derecha, pero también se puede superar por una senda que asciende a modo de escalera por las piedras: se conoce este paso como la Estrechura. Cuando se culmina, nuestra vista se encuentra con una amplia vega que cierra al frente la impresionante mole de Peña Ubiña la Grande, a la izquierda, Peña Ubiña la Pequeña y a la derecha, Peña Cerreos. Estamos en la vega de Retuerto, también llamada valle de Riotuerto, pues en su parte más alta, en un manantial de agua siempre fría, nace este reguero que se une cerca de la "Casa de Mieres" al río Pinos.

Superada la Estrechura, llegando a Retuerto;
en la pradera se aprecia la manguera para la fuente de los Ollones
     
        Es un placer recorrer esta larga vega de Retuerto, siempre ganando altura según nos acercamos a las Ubiñas, y ladeándonos hacia la izquierda para encontrarnos con el cierre de separación de pastos entre Puerto Pinos y las parroquias de San Emiliano. Cuando al fin alcanzamos el cercado y bordeamos un peñasco que se conoce como la Carba, llegamos al Ronzón, un collado en el límite de pastos y un lugar importante en nuestro recorrido; es obligatoria una parada para contemplar el amplio panorama de la Babia Baja, que es el término municipal de San Emiliano: pueblos como Genestoso, Candemuela, Torrebarrio… “Qué bonita es la tierra de Babia -le comentaba yo en cierta ocasión a una amiga leonesa-, no es de extrañar que los reyes quisieran descansar en estos parajes” “Sí -me contestó ella-, aquellos reyes siempre estaban en babia”.

Panorámica de Babia desde el alto el Ronzón

           Pero es que, además, el Ronzón ha de ser lugar de descanso para enfrentarnos con fuerzas al reto de la jornada; dejando a nuestra espalda la pequeña Ubiña, comenzamos el incesante ascenso a la cumbre de Peña Ubiña la Grande: desde los 1 936 metros de altitud del Ronzón hasta los 2 411 de Ubiña, una diferencia capaz de poner a prueba el ánimo del caminante. La senda por la parte cimera de la pradería se convierte en una estrecha canal de pedrero, que nos deja en la mejor atalaya para contemplar todos los pueblos de la Babia Baja, hasta San Emiliano, la villa municipal, y Pinos, donde arranca la pista que sube a la “Casa de Mieres”. Después, por la arista y la crestería llegamos a la cima.

Un buen pedrero en la subida a la cumbre

             Peña Ubiña es la segunda cumbre en altitud de la cordillera Cantábrica, la cadena montañosa que en un sentido amplio se extiende más o menos paralela a la costa desde Los Ancares en Galicia hasta las montañas vascas; sólo la supera el pico Torrecerredo en el macizo de los Picos de Europa. Y desde esta preciosa cumbre la vista del caminante parece abarcar “el mundo entero”, y es, además, una cumbre muy prestigiosa, por lo que en un fin de semana veraniego siempre se encuentra allí compañía.
            En esta ocasión, no obstante, una negra nube acompañada de un viento fresco del norte parece presagiar tormenta; y como dice un personaje de Antonio Machado en La tierra de Alvargonzález: “Dios le libre de una tormenta por aquellas sierra”, refiriéndose a la de Urbión. Y es así que nuestra estancia allí sólo duró el tiempo justo para mostrar el inevitable contento, las correspondientes fotos de cumbre y los comentarios sobre las distintas posibilidades de descenso, que de inmediato iniciamos por el camino más lógico y seguro: el mismo que utilizamos para el ascenso.

Desde el descenso de Ubiña, el valle de Retuerto y, más allá, Candioches

            De nuevo en el Ronzón, la amenaza de tormenta parece haber desaparecido y hasta luce el sol; arrimados a la Carba, el peñasco que se levanta en la pradera desafiante en su pequeñez (2 133 metros) a tan altas montañas que le rodean, encontramos, ahora sí, el lugar adecuado para la comida, el tranquilo descanso y la conversación.
            Tras el descanso, la caminata prosigue hacia los puertos de Lena. Primero debemos cruzar la cabecera del valle de Riotuerto por una senda que bordea el gran pedregal que desciende de Ubiña, hasta alcanzar el collado Terreros (1 886 metros) entre Ubiña y el pico Cerreos; cruzamos la valla y entramos de forma definitiva en el término de Lena, parroquia de Tuiza: es el puerto Cerreo, fértiles praderías por las que se desciende con comodidad. Aquí, en este puerto de verano, está la fuente de las Fanas, donde nace el reguero la Piedra que más abajo se llamará río Tuiza, para después de Los Pontones, al unirse al río Foz que viene de las estribaciones de la peña la Mesa, formar el río Güerna.

El Meicin desde el collado Terreros

El descenso se hace más empinado por el Chagu hasta llegar a la vega el Meicín a 1 490 metros de altitud. Al volver al vista atrás, algo queda claro al caminante: el acceso a Ubiña es más cómodo y soportable, tal como nosotros lo hemos hecho, desde la “Casa de Mieres” que desde donde ahora nos encontramos.
            El Meicín es una amplia vega con prados cercados de piedra y algunas viejas cabañas; en la campa está también el refugio que algunos valientes montañeros toman como punto de partida para conquistar las imponentes cumbres rocosas que le rodean.

Los empinados puertos de Lena desde el Meicín

           El camino, ya más cómodo y bien señalizado, continúa al final de la pradera por una senda que, tras el paso de la correspondiente portilla, se convierte en un empedrado por la margen izquierda del reguero. Hasta entrar en la parte alta de Tuiza de Arriba y descender al amplio aparcamiento, donde nos recibe gloriosa, con fuerte granizada, una imponente tormenta que agradecemos haya esperado hasta este momento final para no estropearnos tan hermosa caminata adornada con el ascenso a la para mí inigualable cumbre de Peña Ubiña.

 
"El mundo entero" desde la cumbre de Peña Ubiña;
al fondo se aprecia el embalse de Barrios de Luna


                 (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 13 de septiembre de 2014)

 Las fotos son de José Arnillas
 

miércoles, 3 de septiembre de 2014

TRAS EL PUERTO DE LA CUBILLA



Caminatas desde la “Casa de Mieres”: La Magrera, la Vachota, Peña los Navares, Puérragos… entre ganaderos y caminantes.

            Al puerto de La Cubilla se llega desde Campomanes por la LE-8 que pasa por pueblos como Teyedo, La Cruz, Rospaso o Tuiza y trepa hasta alcanzar a 1 683 metros de altitud su cumbre, también llamada Alto el Palo. Allí la valla de separación con la correspondiente portilla indica el paso de Asturias, término de Lena, a Puerto Pinos, tierras de León, si bien territorio propiedad del Ayuntamiento de Mieres desde 1926 como ya hemos comentado en artículos anteriores.
            Después de cruzar la portilla, la carretera desciende unos dos kilómetros hasta finalizar junto al edificio conocido como la “Casa de Mieres”, con el refugio donde nos alojamos unos días para desde allí realizar algunas caminatas disfrutando de la amable compañía de los ganaderos del puerto.
            El extenso territorio de Puerto Pinos se encuentra demarcado por una valla para separarlo de los pastos de Lena en Asturias y de los de San Emiliano de Babia; a ambos lados de la valla es posible realizar interesantes caminatas que permiten recorrer majadas, vegas, puertos y collados e incluso acercarse a algunas de las cumbres importantes de la Cordillera.

Cuno Rotella, Pipi y Juanjo F L con Peña los Navares al fondo. 
Por gentileza de Allerano

            Una interesante caminata nos sube de nuevo al Alto el Palo para desde allí internarnos en los puertos de Lena. En el alto nos detenemos a contemplar, de espaldas al valle del río Tuiza, el panel informativo del Parque Natural de Las Ubiñas y La Mesa, y de espaldas a las praderías de Puerto Pinos, el monolito en agradecimiento a Don José Sela y Sela, alcalde de Mieres que gestionó la compra de este puerto.
            Después, al lado mismo de la portilla tomamos una pista que nos sube hasta Peña Tolóbriga (1 765 metros), desde donde tenemos a nuestra derecha la amplia vega de Rodriguero en Puerto Pinos y, a nuestra izquierda, en Lena el valle del Tuiza o alto Güerna por donde trata de subir la niebla; al frente siguiendo el cordal, el camino discurre junto al cercado de separación de las praderías de Acebos que caen hacia Tuiza. Esta agradable crestería nos va acercando al principal objetivo de la caminata, la cumbre de La Magrera; en un momento determinado cruzamos la cerca y ya estamos en lo que los ganaderos llaman “Puerto de Lena” para diferenciarlo del “Puerto de Mieres”, como en ocasiones se nombra a Puerto Pinos.

Hacia la cumbre de La Magrera

            La Magrera o Almagrera como también consta en algunos mapas, a 1 946 metros de altitud, nos ofrece unas espléndidas vistas más allá de las praderías que la rodean; hacia el noreste impresionan la mole de Peña Ubiña y también el Farinientu, ya en Quirós, donde apreciamos algunos neveros; al otro lado, más allá del Muñón del Agua, está la cuenca del río Luna por donde ya tuvimos ocasión de relatar aquí otra caminata (Hacia Luna de Arriba, 14 de junio de 2013)
            En la cumbre de La Magrera coincidimos con una joven pareja de Soria, él aficionado a las carreras de montaña, y el encuentro nos permite cederles la cámara para salir los tres en una foto de cumbre. Tras breves momentos de charla, ellos, buenos montañeros, siguen con la intención de completar las cumbres de La Mesa y La Tesa; nosotros, más humildes caminantes, dejando Mesa y Tesa para otra ocasión propicia, iniciamos el descenso hacia la Vachota: un pequeño pedregal y un agradable recorrido por las empinadas praderas que cubren la ladera.

En la cumbre de La Magrera

            La Vachota es un amplio conjunto de vegas y brañas que ofrecen excelentes pastos a los ganaderos de Lena. Nos encontramos en Mayá Vieya a 1 658 metros de altitud, donde hay un cercado para el ganado y varias cabañas; momento y lugar adecuados para el descanso, con agradable conversación en torno a una botella de buen vino que nos ofrecen los ganaderos de la majada, siempre atentos al paso de los caminantes.
            Después del descanso, reanudamos el camino por la buena pista de acceso a la majada, cruzamos la portilla de La Raya y por el alto de Rodriguero entramos en Puerto Pinos; la pista sigue hasta el puerto de La Cubilla, donde ya sólo resta descender por carretera los dos kilómetros que nos separan del albergue.

Últimos pasos hacia la cumbre de La Magrera

            La Peña los Navares se encuentra justo frente a la “Casa de Mieres”, y a su cumbre nos dirigimos en una caminata no muy exigente pero bien agradable. Pasando junto a la ermita y cruzando el río Pinos a 1 585 metros de altitud por el bonito puente de madera, nos detenemos en las cabañas de Piedra Xobera para intercambiar opinión con los ganaderos sobre el mejor camino a la cumbre: elegimos el más largo por ser el que nos permitirá recorrer lugares desconocidos para nosotros.
            Se trata de ascender primero por pista hasta el collado de los Navares, para internarnos después en la amplia vega de Gorgoberos, en la que se encuentra la llamada Laguna Mala: una considerable charca rodeada de terreno pantanoso donde en los días de calor se reúne todo el ganado de la vega. Dejando a la espalda la laguna, comenzamos a ascender por las praderías en la falda de la peña, para tras unos últimos metros algo abruptos llegar a la cumbre.

Por la vega de Gorgoberos hacia la Peña los Navares

La Peña los Navares de 1 732 metros de altitud es una buena atalaya; por su situación, se nos antoja uno de los mejores puntos para abarcar toda la extensión de Puerto Pinos y hacia el sur, más allá del cercado, los montes que cierran el valle del río Pinos hasta San Emiliano.
            Descendemos luego hasta la majada los Navares, donde hay dos cabañas y una buena fuente con abrevadero, y enfilamos el valle de La Cubilla; por este valle corre el llamado Reguero del Puerto que nosotros seguimos por su margen derecha hasta llegar a la majada de La Cubilla: cercado para el ganado, cabañas en buen estado -como casi todas las que encontramos a nuestro paso- y conversación con ganaderos. Más allá está la vega de Rodriguero donde nace el río que, tras perderse subterráneo durante algún centenar de metros, lo hemos vista aparecer más abajo para seguir su rumbo hasta desembocar en el Luna cerca de Villafeliz.

El fotógrafo retratado en la Peña los Navares. 
Al fondo, panorámica de las Ubiñas entre la niebla

            Bordeando un altozano entramos en la vega la Cueva donde nace el otro río, el Pinos, que después de dibujar espectaculares meandros en las praderías, desciende hasta cerca de San Emiliano, para desembocar en el Torrestío, afluente también del Luna. Después de recorrer la vega la Cueva, salimos a la carretera y llegamos a la “Casa de Mieres”.

Majada y valle de La Cubilla

            También fue interesante acercarnos a Puerto Párragos en el término de San Emiliano, más allá del límite de la propiedad de Mieres. Allí pastan un buen rebaño de ovejas, algunas yeguas y caballos y un grupo de vacas de raza tudanca, traídas expresamente desde este municipio cántabro del valle del Nansa. Su pelambre pardo oscuro, casi negro en los machos, y su espectacular cornamenta, les convierte en las más admiradas entre la ganadería esta temporada; nosotros no las quisimos perder, sabiendo además que son propiedad de Diego, el más joven ganadero.

Vacas tudancas al lado del río Pinos

            A Diego siempre se le encuentra, afanoso trabajador, por allí; como a los demás: Morín y Pepe Luis en Piedra Xobera; Mundial, el más veterano, que no deja de acompañarnos en el albergue, y todos los que encontramos en sus majadas y brañas. Sin olvidar, claro está, a Santos, el guarda de pastos, capaz de recorrer a diario las praderías del puerto y controlar las cabezas de ganado que allí pastan. Sólo el bar cerrado de la “Casa de Mieres” se echó en falta esta temporada, sobre todo al caer la tarde; esperemos que los problemas que obligaron a cerrarlo se solventen y pueda estar abierto en la próxima temporada de pastos.

Ganado y niebla al atardecer en Puerto Pinos


Las fotos son de Cuno Rotella

viernes, 18 de julio de 2014

EN EL PARQUE NATURAL DE REDES



Collados y majadas de Caso en la parroquia de Orlé: La Felguera, Frieru, Campigüeños, Valloseru, Melordaña…

            Orlé tuvo hasta 1827 Ayuntamiento propio aunque unido al de Caso, y desde 1986, además de parroquia eclesiástica bajo la advocación de San Bartolomé, tiene la categoría de parroquia rural con facultad para elegir en los comicios municipales un gobierno de presidente y sus vocales; cuenta además con bienes propios, como el uso del bello monte de Purupintu, por donde nosotros pasaremos en la caminata de hoy.
            El pueblo de Orlé, único de su parroquia, escalona su caserío en la ladera del monte que cae en la margen derecha del río que lleva su mismo nombre, y se divide en dos lugares bien diferenciados: Nozaleda, el barrio bajo, próximo a la margen del río, y Cima la Villa, como su nombre indica, la parte alta del pueblo y también la más antigua, donde hay varias casas tradicionales como la de la Portiella, del siglo XVIII.
            Es Orlé, una de las diez parroquias de Caso, incluida como todo el término municipal y también el de Sobrescobio en el Parque Natural de Redes, adonde siempre acudimos para disfrutar caminando por sus inagotables collados, majadas y cumbres. Y en esta ocasión, como en tantas otras, de la mano de Paniceres, un casín, aunque los avatares le llevaran a nacer en Bimenes, que conoce como pocos cada rincón de su tierra, y con quien es un placer caminar recibiendo información sobre los lugares que pisamos.

En la parroquia de Orlé: valle de Covayón y bosque de Purupintu
 
            Iniciamos la caminata a 660 metros de altitud en Nozaleda, al lado de la AS-254, y a la salida del pueblo comenzamos a ascender por el estrecho valle del río de Enmedio que se une al Orlé en las proximidades del pueblo. El valle asciende hacia la sierra Los Duernos y nosotros lo recorremos  por un camino empedrado cada vez más pendiente; a nuestra izquierda podemos contemplar los collados Torres y las Traviesas, antes de que las últimas curvas nos permitan alcanzar la majada La Felguera a 1 226 metros de altitud, ya en plena ladera de Los Duernos, con algunas cabañas entre árboles, praderías y una fuente sin agua. A partir de aquí, el camino se convierte en pista con retazos de hormigón, y la pendiente se acentúa hasta llegar al collado Frieru (1 344 metros): es el lugar donde nace el río de Enmedio y donde finaliza la pista.
 
Buena pista de reciente trazado hacia el collado Frieru

            Caminamos ahora por una senda en la sierra de Los Duernos, y en la estrechura conocida como Pasada Mozquitón (1 428 metros) cruzamos hacia la ladera oriental y entramos en el monte Purupintu; es una hermosa mancha forestal colgada en la ladera, uno de los parajes más recónditos y de mayor protección ambiental del Parque, siendo además uno de los bienes en usufructo de la parroquia de Orlé. Es un placer recorrer el bosque por la senda que al final se abre a la campa la Biesca (1 338 metros).
            Esta campa, situada bajo la Peña los Foxones da paso a la majada Covayón, una amplia pradería casi vertical que también se le conoce como valle de Covayón; en su extensa pradería abunda el ganado, hay varias cabañas derruidas y un paredón rocoso en el que se abre la conocida como cueva del Covayón; también es el lugar donde nace la riega Candielles, que se va hacia el río Ponga, en el que desemboca cerca de Sellaño ya con el nombre de río Semeldón.

El valle de Covayón y el paredón donde está la cueva

            Ascendemos por las verdes praderas de este valle hasta la parte más alta, el collado Cardiel (1 633 metros), en el borde occidental del Cordal de Ponga; es la base para el ascenso a la cumbre de la jornada, la Becerrera de San Pedro que se encuentra frente a nosotros sobre el collado.
            Esta cumbre, también conocida como pico Campigüeños y a la que desde Ponga llaman Peña les Víes, se encuentra en el límite entre ambos concejos y su vertiente oriental, la que cae a Ponga, impresiona por su verticalidad; cuando la niebla que cubre el valle pongueto se disipa, deja paso a un magnífico panorama: pueblos como Taranes, Tanda, Abiegos y hasta San Juan de Beleño, frente a la que se levanta el Tiatordos, cumbre más señera del cordal.
 
Costoso ascenso por el Covayón hacia el collado Cardiel

            Con este panorama y también la vista que hacia el sur nos muestra los lugares por donde seguiremos caminando, es un buen lugar para el descanso, la comida, la conversación y algunos tragos de buen vino en compañía de un grupo de caminantes venidos de Bilbao con la ocurrencia de alcanzar esta cumbre desde Taranes, adonde regresarán para finalizar su jornada montañera.
         El descenso lo hacemos en principio cresteando con precaución, para luego bordear el pico la Pelecera antes de llegar a la majada de Campigüeños (1 530 metros). En esta majada hasta no hace mucho se celebraba una fiesta de verano organizada por los ganaderos de la parroquia de Campo de Caso; desde aquí se puede descender hacia el pueblo de Pendones en la parroquia de Sobrecastiello o como haremos nosotros hacia Orlé.

Cumbre de la Becerrera de San Pedro

            El descenso ya es continuo, y el siguiente paso es la majada de Valloseru (1 440 metros), donde hay varias cabañas con paredes de piedra y techumbre de losa y una fuente de agua muy fresca: un simple manantial junto al que no falta el oportuno vaso de imprescindible uso en estos casos; aquí nace uno de los regueros que conformarán el río Orlé, al que nosotros seguiremos hasta el final del camino. Esta majada y la anterior de Campigüeños, aunque están en terrenos de la parroquia de Orlé, son de administración municipal y de uso comunal para los ganaderos del concejo.
            Ahora el valle se estrecha y el camino desciende por la Foz de Valloseru, hasta que de nuevo se abre a la majada de Melordaña (1 250 metros), flanqueada al sur por la peña la Carrasca, cumbre bastante apetecible para los amantes de los riscos. En Melordaña hay también una fuente con abrevadero, varias cabañas y algunos paneles informativos sobre las majadas de Caso o la flora y la fauna del Parque.

La majada de Valloseru

            Bordean la majada varios regueros que aumentan el caudal del río Orlé, labrando más abajo la espectacular Foz de Melordaña: entre rocosas paredes verticales, un paraje de gran valor paisajístico con escasa vegetación, por donde el agua, en esta época del año, discurre subterránea para dejar un bonito y agradable paso a los caminantes sobre grandes bloques de piedra.
           Después de la foz, de nuevo otra majada, Conforcos, entre arbolado, prados cercados de piedra y un refugio de cazadores conocido como El Chalé. A partir de aquí, el camino es una caleya empedrada entre prados cercados de piedra, hasta que pasadas las cabañas del Acebal se convierte en pista de tierra en la margen del río Orlé, aquí llamado Riumasaltu, que va recibiendo la aportación de otros regueros: el Fresnedal, por la derecha y el de la Vallina, por la izquierda.

La majada de Melordaña y la entrada a la foz

           Cuando lo cruzamos por el puente de piedra conocido como puente Vallemasaltu, el río Orlé pasa a llamarse río de Abaxu; lo cruzamos de nuevo por otro puente, el de La Pumarada, y pronto entramos en Nozaleda.
            Dejamos que el río, ya sin cambiarle de nombre, siga su camino hasta entregar las aguas al Nalón en el embalse de Tanes y terminamos, en el mismo punto donde la iniciamos, esta caminata en el concejo de Caso por majadas, collados, bosque, una cumbre y dos espectaculares foces: algo que en pocos sitios se puede encontrar como en este Parque Natural de Redes.

El Cordal de Ponga desde la Becerrera de San Pedro


                         (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 12 de julio de 2014)
  
Las fotos son de Juan Lobelle

viernes, 4 de julio de 2014

EN EL PARQUE NATURAL DE SOMIEDO



Por los valles de Pigüeña y Cormichán: La Rebollada, Corés y hasta Villar de Vildas

            Todo el término municipal de Somiedo fue declarado Parque Natural en junio de 1988; asimismo, también fue declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco en el año 2000. Nuestro proyecto inicial era acercarnos a los montes de Somiedo para realizar una caminata hacia la sierra de la Serrantina, llegando también hasta el valle de Xunqueiras, ya dentro del otro parque natural, el de las Fuentes del Narcea; una propuesta para el grupo La Peñuca de Carlos de Paz (Serbal), buen conocedor de esta zona, quien gusta de transmitir sus conocimientos para el disfrute y entretenimiento de los caminantes. Mas la aparición de una borrasca convertida en lluvia, incluso antes de que pudiésemos hacernos cargo de la mochila, y sin visos de amainar a lo largo del día, nos obligó a ir variando el programa, pero sin renunciar al principal objetivo, la aproximación a la Serrantina, y completándolo con un interesante recorrido a la vera de dos ríos importantes del municipio: el Pigüeña y su afluente el Cormichán.

Bosque y pradería en la parroquia de Pigüeña

            Como estaba previsto, iniciamos la caminata a 630 metros de altitud en un lugar de la carretera que desde Aguasmestas, en la AS-227, comunica con Villar de Vildas; cruzamos por un puente de piedra el río Pigüeña y poco después en Los Molinos, el arroyo Cormichán. Nos proponemos seguir el valle del Cormichán hasta su cabecera, para lo cual subimos por el camino real que unía antes del trazado de la carretera las localidades de Pigüeña y La Rebollada; por entre bosque y prados de diente, pronto llegamos a esta aldea, una de las tres localidades de la parroquia de San Martín de Pigüeña.
 
El valle de Cormichán desde el inicio del camino

            Es La Rebollada una aldea que mira hacia el sur en la ladera, a 883 metros de altitud y con casas bien conservadas; la atravesamos, y por una pista de exclusivo uso ganadero vamos recorriendo el valle por la margen izquierda del arroyo. La pista termina al llegar a la braña de Cormichán (1 087 metros); a juzgar por el número de cabañas y cuadras con la techumbre de teja y de losa, ésta debió de ser una braña importante en su tiempo. Fue una braña equinoccial de La Rebollada, esto es donde los ganaderos de este pueblo vivían desde el equinoccio de primavera hasta el de otoño; hoy con sus potentes vehículos y la pista para su exclusivo uso, pueden visitar el ganado todos los días si es necesario y, en consecuencia, las cabañas están todas en estado de abandono; para nosotros, un buen lugar para un pequeño descanso, la labor de los fotógrafos y los comentarios sobre la pertinaz lluvia que no nos abandona.

 
Entrada a la braña de Cormichán

            Salimos de Cormichán por una senda que se interna en el hayedo Débanu en la ladera que cuelga en la margen derecha del arroyo; la senda asciende casi en vertical hacia la cabecera del valle, y cuando en la frondosidad del hayedo empezamos a oír las esquilas de las vacas, sabemos que pronto el bosque se abrirá a las praderas donde pasta el ganado. En efecto, llegamos al collado Chagüezos (1 430 metros) en la linde entre los términos de Somiedo y Cangas del Narcea; un buen lugar para el descanso y el disfrute si el viento y la lluvia no azotaran con fuerza.
            Asomarse desde el collado hacia Cangas sería contemplar, si la niebla no lo cubriera todo, tierras de las parroquias canguesas de Cibea y Genestoso y collados como Rabo de Asno o el Chano de los Bueyes, por donde en otra ocasión caminábamos en un día con mejor tiempo que hoy (Por las alturas de Cangas del Narcea, 28 de junio de 2011). En Chagüezos también arranca hacia el norte la sierra de la Serrantina, limite natural entre Cangas y Somiedo, que cuenta con cumbres como el pico Castiello, Fanarrionda o el Alto de la Pachagosa.

El ganado pasta en el collado Chagüezos

            Aquí, además, nace el arroyo Cormichán y, renunciando a otros objetivos mayores, nos aprestamos a recorrer su valle ahora en sentido descendente; lo hacemos, sin embargo, por una buena senda que a media altura recorre la ladera de su margen izquierda. Así, pasamos por una braña abandonada con los restos de las cabañas cubiertos de matorral: es La Fontanina y, como su nombre indica, tiene una buena fuente que en un día seco y soleado hubiera hecho las delicias de los caminantes. Desde el camino podemos ver en la ladera opuesta el hayedo y la senda por donde subimos, y más al fondo atisbamos también la braña de Cormichán. La senda se bifurca, y si seguimos por la ladera sin perder altura, llegamos a la braña el Tornu (1 050 metros) para desde allí por pista ganadera descender hasta La Rebollada, adonde también llegamos tomando la senda descendente y pasando de nuevo por la braña de Cormichán.

El hayedo Débanu y la senda por donde se asciende al collado

            En La Rebollada, cuando parece al fin que la lluvia amaina y el tiempo clarea, encontramos en el atrio de la ermita de San Antonio el lugar adecuado para el descanso, el bocadillo, la conversación… y la hospitalidad de Armando y su mujer; un matrimonio de esta aldea, él antiguo productor de Ensidesa, que compaginan su residencia habitual aquí y en Avilés a lo largo del año: nos abren su casa y nos convidan con café y algo más.

La ermita de La Rebollada

            Reanudamos el camino abandonando el pueblo agradecidos por la amabilidad de estos vecinos, y descendemos de nuevo a Los Molinos, allí donde iniciamos la ruta y donde el arroyo Cormichán desemboca en el río Pigüeña que sigue su curso hasta desembocar en el Narcea cerca de Oviñana. Nosotros nos aprestamos a remontar el valle del Pigüeña por la carretera que recorre la margen derecha del río; unos cuatro kilómetros y medio que pueden parecer pesados, pero el valle es suficientemente bucólico, con pradería y bosque en ambas márgenes, para convertirlos en un paseo entretenido y agradable.
 
La niebla por los altos, desde el valle del Pigüeña

            Tras superar una fuerte pendiente, la carretera pasa por Corés (850 metros), único pueblo de su parroquia, situado en una pequeña plataforma sobre el río; después, un leve descenso nos acerca de nuevo al río para ascender luego hasta Villar de Vildas a 870 metros de altitud.
            Villar de Vildas es también la única localidad de su parroquia, una de las 14 que componen el municipio de Somiedo; un pueblo sin carretera hasta casi finales del siglo XX, fue en el año 2004 Premio Príncipe de Asturias al Pueblo Ejemplar y hoy es la segunda localidad más poblada del concejo, sólo por detrás de la villa municipal; de aquí parte una pista hacia la braña de La Pornacal, la más grande y mejor cuidada del Parque, que atrae visitantes casi todo el año. En Villar de Vildas (de abedules), al lado del río Pigüeña que viene del puerto de los Zreizales en la vertiente norte de la Cordillera, finalizamos esta caminata que, a pesar de las inclemencias del tiempo, nos permitió recorrer dos valles, tres parroquias, tres localidades, algunas brañas, collados y acercarnos a la Serrantina, para asomarnos desde el Parque Natural de Somiedo al de las Fuentes del Narcea.

La aldea de La Rebollada muestra orgullosa su caserío

                        (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 28 de junio de 2014)

Las fotos son de José Arnillas

jueves, 26 de junio de 2014

ALREDEDOR DEL EMBALSE DE RIAÑO



Desde Anciles hasta Liegos por tres municipios de la comarca leonesa de Valdeburón

            El río Esla es el afluente más importante del Duero; su cuenca vertebra de norte a sur las provincias de León y Zamora. Es el río que los romanos nombraban como Ástura y de él reciben su nombre los ástures o astures, que los romanos atribuían a los habitantes que ocupaban las tierras de ambas vertientes de la Cordillera, aunque finalmente sólo los astures transmontanos hayan conservado el nombre para nuestra Asturias actual.
            Nace el Esla (Ástura-Estura-Estola-Estla-Esla) en la vertiente sur del puerto de Tarna y junto con sus afluentes llena dos grandes embalses: en la provincia de Zamora, próximo a su desembocadura, el de Ricobayo que es por su capacidad el segundo de la cuenca del Duero; mucho más cerca de su nacimiento, en el corazón del territorio de los astures cismontanos, sus aguas se disuelven en el embalse de Riaño, el tercero de la cuenca del Duero también por su capacidad.
            Este embalse de Riaño, cuya construcción dio comienzo en 1965 aunque su puesta en servicio se demoró hasta 1988, es un precioso mar interior desde el que se contemplan las más llamativas cumbres de la conocida como Montaña Oriental de León, y cuya superficie de agua embalsada puede divisarse desde los collados, majadas y brañas de las tierras que lo rodean: lo pudimos comprobar realizando esta caminata propuesta para el grupo La Peñuca por Domingo Melero.

Desde el Club Náutico de Riaño, el embalse y las montañas que recorreremos

Fue un recorrido largo y bien exigente; a mi entender una de las caminatas más exigentes de cuantas he comentado aquí en los últimos meses: se parte de los 1 100 metros de altitud, la cota del nivel del agua en el embalse, para alcanzar sin demora los 1 569 metros; luego, tras un breve cresteo alternando trepadas y destrepes, descendemos de nuevo al nivel del agua, para más tarde alcanzar una altura similar a la cota anterior (1 553 metros) y terminar tras largo y definitivo descenso junto al embalse. Pero en todo caso, un recorrido cuya exigencia, lejos de desanimar al caminante, le añade por la variedad y belleza de los terrenos recorridos un interés que intentaremos reflejar con más detalle.

Uno de los pasos difíciles del camino

Para iniciar la caminata en Anciles fue necesario trasladarnos allí en barco desde el puerto del Club Náutico de la villa de Riaño. Son unos treinta minutos de navegación, pasando primero bajo el viaducto de la N-621, justo al lado del pilar que, al decir del barquero, se levanta desde la plaza mayor del viejo Riaño sumergido bajo las aguas. Luego el barco toma rumbo sur, enfila el valle por donde pasaba junto al río la antigua carretera nacional y vira a la derecha por el estrecho de Bachende para recorrer el valle de Anciles, donde hubo un pueblo que como otros -Huelde, Salio, el viejo Riaño- hoy se encuentra bajo las aguas.

El valle de Anciles desde el barco

            Aquí, en un lugar del valle de Anciles, se realiza el desembarco y, mochila a la espalda, comienza el camino por una buena pista que va ganando altura hasta un altozano donde hay un puesto de observación para la guardería de montaña. Entonces abandonamos la pista para seguir por una senda cada vez más empinada, en un continuo subir sólo interrumpido por tres collados que sirven de alivio al caminante. Desde la primera collada a 1 335 metros de altitud ya tenemos una buena panorámica del embalse hasta la presa de la Remolina que lo cierra al sur en el término municipal de Crémenes; al llegar al tercer collado (1 520 metros), tenemos sobre nosotros las peñas del Cueto Nebloso (1 569 metros), y un último esfuerzo con alguna trepadina nos permite alcanzar su cumbre.

El embalse, siempre presente en la subida hacia el Cueto Nebloso

            Esta cumbre del Nebloso es un balcón privilegiado sobre la totalidad del embalse: en la base misma del cueto, la isla que se yergue en la embocadura del canal sur; frente a nosotros, la villa de Riaño, el viaducto y la carretera que va hacia Cantabria por San Glorio; y mucho más a lo lejos, las cumbres de la montaña palentina. Sin duda, un buen lugar para el disfrute, y así nosotros decidimos ocuparnos también de la comida y la conversación: un error, en mi modesta opinión, pues apenas hemos recorrido la cuarta parte y aún se ve largo el camino por andar.
            Descendemos bordeando las peñas del cueto hasta la Colladina Flor que dejamos a nuestra izquierda para entrar en el monte El Tendero: un frondoso hayedo que ofrece sombra y excelente piso para descender raudos hasta el fondo del valle Tendeña, por donde corre hacia el embalse el arroyo del mismo nombre. Cruzamos el arroyo y ya estamos de nuevo al nivel del agua del embalse; si volvemos la vista atrás, contemplamos el bosque que acabamos de recorrer y la cara norte del Cueto Nebloso, mucho más vertical y escarpada que la sur por donde nosotros ascendimos.

Es fácil y agradable el camino por el hayedo

            Tras un buen trecho caminando por cómoda senda al borde del embalse, pasados los Carbajales, comenzamos de nuevo a ganar altura; en la collada del Avellanal y la majada que se extiende bajo la peña Los Doblos, encontramos los primeros rebaños de ganado vacuno. El camino se empina de nuevo, cruzamos la braña de Sobrepeña con restos de cabañas derruidas y, por buena senda empedrada, alcanzamos la collada El Castro (1 233 metros), donde hay un panel distribuidor de ondas y algo más arriba una cabaña de la guardería de montaña.

 El camino al borde del embalse

            Desde aquí todo es ascenso por pradería con abundancia de ganado y donde podemos abastecernos de agua fresca en la oportunas fuentes con abrevaderos; hasta que, cruzando la valla de separación de pastos, en el cerro del Hoyo de los Corderos (1 553 metros) alcanzamos la segunda cota de altura de la jornada. Dejamos atrás el término municipal de Riaño y entramos en el de Burón, cuya villa municipal divisamos al fondo. Desde el cerro, otro mirador privilegiado, podemos ver también el puente de los Torteros, la N-625 que va hacia el puerto del Pontón, y también al lado del embalse, el pueblo de Vegacerneja.
            Dejamos a nuestra izquierda el pico Burín y la Peña el Aguila, y nos aprestamos al descenso definitivo, de nuevo por otro hayedo que recorre el monte La Pared; ya en el llano, atravesamos el arroyo Burín y estamos de nuevo al lado del embalse.


Panorámica de Burón junto al embalse

        Al cruzar una nueva valla por su correspondiente portilla, entramos en el término municipal de Acebedo, el tercero en nuestro recorrido por esta comarca de Valdeburón. Pasamos por un puente sobre el río Belluco a punto de entregar sus aguas al embalse, y alcanzamos una buena pista de tierra que es el Camino de San Pelayo; por él está marcado el PR LE-32 Liegos-Acebedo desde la villa municipal hasta el pueblo de Liegos, hacia donde nos encaminamos en busca del final.
            El camino bordea el Prado Yuso, amplia y hermosa pradería de siega que se extiende hasta la entrada del pueblo; lástima que, por la premura del tiempo, lo recorriéramos al galope, sin contemplar siquiera la belleza de la hierba crecida. Eso sí, inevitable fue volver la vista atrás para contemplar a nuestra espalda la mole del pico Yordas, envidia para los amantes de las más altas cumbres y los más empinados riscos.

Extraordinaria panorámica del embalse desde la cumbre del Cueto Nebloso.
 Al fondo, en la montaña palentina, destaca el pico Espigüete


                        (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 21 de junio de 2014)

Las fotos son de Juan Lobelle

sábado, 7 de junio de 2014

EN BUSCA DEL RÍO CASAÑO



En el puerto de Onís: desde Buferrera por Comeya, Soñín de Abajo, Vega las Mategas y Belbín, para volver a Buferrera

            El río Casaño es uno de los afluentes importantes del Cares. Nace en el puerto de Onís, en el Parque Nacional de Covadonga, producto de la surgencia conocida como el Oyu la Madre. Después de recorrer su profunda garganta en dirección norte penetra en el término de Cabrales, pasa por La Molina donde tiene el hermoso puente Pompedru, recorre el desfiladero de Las Estazadas, y ya en dirección este, va paralelo a la AS-114 hasta Arenas de Cabrales, para allí desembocar en el Cares.
            El objetivo de esta caminata, propuesta al grupo La Peñuca y bien dirigida por Jacinto del Prado, fue encontrarnos con el Casaño en el Oyu la Madre realizando, a su vez, un recorrido por algunas vegas y majadas del puerto de Onís, Macizo Occidental de los Picos de Europa, en la parroquia de Bobia, la más extensa y de accidentada topografía de las tres que forman el municipio; una parroquia que basa su actividad productiva en la ganadería y la elaboración del reconocido queso de Gamonéu.

Praderías del puerto de Onís: Vega las Mantegas

            Aunque, como ya queda dicho, caminamos en su mayor parte por el término de Onís, el punto de partida y llegada de esta ruta circular fue en el de Cangas de Onís: el aparcamiento de Buferrera desde donde se accede a los lagos Enol y La Ercina, quizá uno de los lugares más visitados del Parque.
            Al partir de Buferrera a 1 040 metros de altitud, descendemos por la Foz del Escaleru, bien acondicionada en un sendero de fácil caminar, en la margen derecha del reguero torrencial por donde rebosan las aguas del lago Enol, pasamos el túnel bajo una cueva natural y ya contemplamos la amplia vega Comeya. Sendero en la foz y túnel eran el camino a las minas de Buferrera desde Comeya; lo que vemos ahora son los restos de las columnas del cable por donde se bajaba el mineral y movimientos de tierra a consecuencia de las labores realizadas en el lugar donde hubo un lavadero del mineral y una pequeña central eléctrica.
            La vega Comeya, una vasta pradería a 875 metros de altitud, es también una depresión cerrada, un poljé glaciar con el sumidero de Les Tremoles donde se oculta el agua que baja del Enol y la del reguero Soñín para aflorar 8 kilómetros más abajo, en una cueva conocida como Los Güeyos del Reinazu, reguero de breve recorrido que ya en Covadonga entrega las aguas al Deva.

Comeya con las columnas del cable aéreo y las aguas camino del sumidero

            Recorre la vega Comeya el PR PNPE-1 Ruta de Frasinelli desde Corao hasta el lago La Ercina; el camino habitual de este “Alemán de Corao” desde su casa hasta los lagos para bañarse en el luego bautizado como Pozo del Alemán: hoy es una ruta bien recomendable. Nosotros bordeamos la vega, y siguiendo el reguero Soñín, cruzamos la raya imaginaria que separa ambos términos municipales y llegamos a Soñín de Abajo (980 metros), una de las primeras majadas del puerto de Onís, desde donde nos sorprende la vista del Cantón del Texéu. Es espectacular este Cantón rocoso que se levanta solitario desde los 1 000 metros para alcanzar en la   cumbre los 1 173 metros de altitud; presente su visión desde todas las vegas del puerto medio, sirve de tapón sobre la foz del Casaño.

El Cantón del Texéu desde las proximidades de Soñín de Abajo

            Desde Soñín de Abajo vemos, en la base misma donde arranca el Cantón, la pista Demués (1 045 metros), y la subida la realizamos entre monte bajo por una senda bastante embarrada -una pertinaz llovizna no nos abandona desde el inicio del camino- por donde dos pastores se afanan en el traslado del ganado. Esta pista es el camino más frecuentado por los pastores que acuden al puerto con su ganado desde los pueblos de la parroquia: Demués, Bobia de Arriba y de Abajo, Gamonéu de Onís y también Gamonéu de Cangas, unido al anterior por una carretera. La pista también está señalizada como PR PNPE-8 Ruta de Demués, unos 10 kilómetros desde el pueblo que le da nombre hasta aquí, en la base del Cantón; la cruzamos y bordeamos el Cantón, dejándolo a nuestra derecha, para aprestarnos al plato fuerte de la jornada: el encuentro con el río Casaño.

 La niebla sube desde el río Casaño hacia el Texéu

            Para llegar a palpar las aguas del río Casaño debemos salvar un desnivel de unos 250 metros; un descenso por camino embarrado y entre herbazales resbaladizos. Cuando, al fin, tras cruzar la alambrada que cierra el paso a los rebaños de ovejas, llegamos a la orilla del río, es preciso remontarlo unos metros para acercarnos al Oyu la Madre. Aquí nace el río Casaño, pero el agua que le aporta el oyu, ojo, de la madre tierra viene de las cuencas altas del puerto: el reguero La Güelga, que pasa por la majada que le da nombre, y la riega Espines, que nace en la vega así llamada. Es este un lugar curioso: para detenerse, para comentar “lo muncho que l’oyu avienta l’agua”, y sobre todo, para la labor de los fotógrafos.

 El siempre sorprendente Oyu la Madre

            El ascenso, recuperar ese desnivel de 250 metros, sólo nos confirma una cosa: que en este terreno complicado y resbaladizo se sube mejor que se baja. Así, pronto nos encontramos de nuevo en la base del Cantón y a partir de aquí el camino mejora de forma considerable. Un sendero empedrado nos permite bordear el pico hasta La Colladina del Texéu desde donde avistamos la mejor ruta para alcanzar su cima, lo que con buen tiempo y terreno seco no sería difícil; no obstante, siete valientes montañeros del grupo afrontan las dificultades y llegan a tocar el buzón de su cumbre; no así este humilde caminante que, como el resto del grupo, sigue su camino dejando el Cantón a la espalda.
            Tras cruzar el Collado la Madre, entramos en la Vega las Mategas (1 043 metros), alargada y con algunos lodazales cercados con madera para cortar el paso a los animales; también hay otros cercados para el destete de terneros y para facilitar la carga de las reses en los vehículos que hasta aquí llegan por cómoda pista de exclusivo uso ganadero. Por esta misma pista, después de recorrer la vega, cruzamos un collado y entramos en la majada de Balbín (1 050 metros) en el fondo de un valle glacial.

 La majada de Belbín y sus bien cuidadas cabañas

            Balbín es una majada bien cuidada adonde acuden varios pastores con su ganado y donde se elabora el buen queso; hay cuadras y varias cabañas abrigadas bajo la loma, orientadas al sur y conservadas con esmero, que son una buena muestra de la arquitectura tradicional del pastoreo: en el cobertizo de dos de estas cabañas encontramos, por la amabilidad de sus dueños, el lugar adecuado para la comida, el descanso y la conversación.
A la entrada de la majada llegan los vehículos autorizados por buena pista que forma parte del GR-202 Ruta de la Reconquista en su primera etapa desde Covadonga hasta Poncebos pasando junto al lago La Ercina. Después del breve descanso, seguimos esta pista, cruzamos el collado la Llomba y atravesamos la línea imaginaria de separación entre los dos concejos para retornar al de Cangas de Onís; después de pasar por la vega La Tiese junto al lago, contemplamos de cerca los restos de las minas de Buferrera: un espectacular conjunto de picachos calizos resultantes de la explotación  y posterior erosión. Una compañía inglesa (The Asturian Mines Limited) extrajo de estas minas manganeso, hierro y cinabrio entre 1893 y 1934.

Paisaje de las antiguas minas de Buferrera

            Ahora se han acondicionado algunas partes del lugar y reconstruido ciertos elementos de la antigua explotación para instalar un museo de las minas, al que se accede desde el área de servicios de Buferrera. A esta área, donde también hay un centro de interpretación del Parque, un aula audiovisual y amplios aparcamientos, descendemos nosotros por cómoda escalinata para finalizar este recorrido por el puerto de Onís y la visita al nacimiento del río Casaño.

 El valle Entrerroble, por donde se desciende en busca del río Casaño


                       (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 31 de mayo de 2014)

Las fotos son de José Arnillas