jueves, 23 de abril de 2015

ENTRE CÁRMENES Y ALLER



Traspasando la cordillera desde Canseco hasta Casomera por el collado de La Maera: Busturil, Llanacaorna, Rioaller, La Paraya...

            El municipio leonés de Cármenes está situado al Norte de la región y sus caminos alcanzan la vertiente sur de la cordillera Cantábrica, con varios pasos hacia el municipio vecino de Aller. Uno de estos pasos es el puerto de Piedrafita, donde nace el río Torío, que recorre el término de Cármenes y después el de Vegacervera en su camino hasta León para desembocar en el Bernesga.
            Tiene el Torío importantes aportaciones de agua por su izquierda, como la del río Cansequillo, más arriba llamado arroyo de Murias. En una propuesta para el grupo La Peñuca coordinada por Domingo Melero, remontamos el valle de este afluente del Torío en busca de otro paso franco hacia los valles alleranos en la vertiente norte de la cordillera.

Valle de Cansequillo, primera parte de la caminata

            La caminata se inicia a 1 250 metros de altitud en Canseco, uno de los pueblos más altos del término de Cármenes; atravesamos el pueblo y en buena pista de tierra vamos ganando altura por la margen derecha del río Cansequillo. Llegamos al llano de Los Pontones donde confluye a nuestra derecha el valle del arroyo Cascaro; nosotros seguimos por el de Cansequillo, y pronto nos sorprende un chorrón torrencial que cae al río desde lo más alto de la montaña que cierra el valle por su margen izquierda. Un poco más arriba, es una fuerte cascada lo que llama la atención de los fotógrafos; y sobre todo, un rebeco que por la ladera nevada de la sierra cruza ajeno a la expectación de los caminantes.

Espectacular chorrón de agua al río Cansequillo

            El valle se abre cada vez más hasta llegar a las praderías de La Vegona a 1 415 metros de altitud; por nuestra derecha viene el río, hasta aquí llamado arroyo de Murias, y una pista remonta su cauce hacia el pico Faro y más allá el puerto de Vegarada. Lo que tenemos frente a nosotros es la vertiente sur de la cordillera totalmente cubierta de nieve; sin posibilidad de apreciar sendero alguno, se impone remontar esta ladera haciendo vertical camino al andar entre la nieve. De esta manera alcanzamos la mayor altura y primer objetivo de la jornada: el collado de La Maera a 1 784 metros de altitud encajada entre los picos Bolero y Las Mulas.

Praderías de La Vegona y nieve en la cordillera

            Se impone un alto en el camino en este habitual lugar de paso entre los dos valles: el de Cansequillo, que dejamos a nuestra espalda y el del Orria, a nuestros pies, un rincón bastante olvidado en la geografía allerana. Es muy agradable contemplar este profundo valle cubierto de bosque y con múltiples brañas y majadas; por él corre el río Orria que mucho más abajo cruzaremos en el lugar de su desembocadura.
            Recorre el valle del Orria una pista por la que nosotros podríamos descender hasta su final en el pueblo de Rioaller; pero no será así, porque nuestros pasos van hacia la derecha por la senda de La Varera que comunica este collado de La Maera con el puerto de Vegarada. Por la ladera norte de los picos La Fitina y La Fitona discurre esta senda, en ocasiones oculta bajo los abundantes neveros motivo de diversión para quienes se dejan deslizar en los descensos sobre la nieve blanda.

Por la senda de La Varera

            Así llegamos a la vega del Pozu (1 535 metros), con dos cabañas en buen estado, algunas otras en ruinas y una fuente con abrevadero. Poco más allá está el collado Busturil (1 503 metros) que se asoma a dos valles alleranos: el del Orria, cuyas profundidades vinimos contemplando y el de Carbayalín, por donde desciende desde el puerto de Vegarada el río que le da nombre.

El collado Busturil desde la senda de La Varera

            Sobre el collado Busturil se eleva el pico Castiellu, segundo objetivo de la jornada. No resulta complicado; sólo la salida del collado por entre incómodos arbustos dificulta al principio el camino. Después, algo de monte bajo y la desnuda piedra nos permiten ganar la cumbre a 1 609 metros de altitud. Desde aquí, la panorámica es completa hacia los dos valles que confluyen en la aldea de Rioaller, las montañas que rodean Vegarada y, más a lo lejos, cumbres como Peña Redonda, La Panda, Laguna...
            Cresteando la sierra, llegamos luego al pico Caorna, cuya vertiente sur ocupa un frondoso hayedo que espera nuestros pasos. Antes, en un pequeño collado entre el pico y el bosque disponemos el lugar para la comida, breve y sin tiempo para el descanso y la conversación porque la amenazante tormenta nos obliga a retomar el camino sin demora.

El pico Castiellu sobre el collado Busturil

            Es el bosque de Llanacaorna un inmenso hayedo que cuelga desde la ladera del pico hasta las profundidades del valle de Carbayalín. No fue, por fortuna, la tormenta de consideración, así que pudimos disfrutar en un recorrido casi vertical, sin apenas camino definido hasta encontrar en su parte más baja la senda que nos acerca a la vera del río de aguas torrenciales.
            Por su margen izquierda llegamos a un remanso donde se recogen las aguas para una central hidroeléctrica que encontraremos casi al final de la caminata. Por los aledaños de esta canal caminamos unos metros hasta la pista por la que se puede bajar desde el collado de La Maera recorriendo las majadas y brañas del valle del Orria. Por esta pista descendemos, ahora sí, hasta Rioaller (860 metros) y allí en la parte baja de la aldea, en el lugar de Solasmestas es donde el río Orria desemboca en el Carbayalín; por un puente de piedra cruzamos ambos ríos y subimos hasta el caserío desde donde parte la pista que recorriendo el valle sube a Vegarada.

En la inmensidad del hayedo de Llanacaorna

            Nosotros tomamos la carretera trazada en 1979 para romper el aislamiento de este pueblo, y pronto nos internamos en las reconocidas Foces de Rioaller, un profundo estrechamiento que apenas deja libre el paso de la carretera y el río entre el pico Panda y el Sierru del Campanal. A la salida de las foces el valle se abre, y pronto llegamos al lugar de La Paraya (650 metros) y a la central hidroeléctrica que aprovecha el agua de la canal que recorrimos más arriba.

Praderías entre Rioaller y La Paraya

            En La Paraya se unen el río Carbayalín y el Llananzanes dando lugar al río Mera, que más abajo, en Collanzo, al unirse al San Isidro, pasará a llamarse río Ayer. El valle de Llananzanes fue motivo de otra caminata hasta su parte más alta en las proximidades del puerto de Piedrafita (Por tierras de Casomera, 14 de noviembre de 2014).
            Desde La Paraya sólo restan algo más de dos kilómetros hasta Casomera, el centro parroquial que fue hasta 1869 capital del concejo de Aller; aquí a 615 metros de altitud, bastante inferior a la del punto de partida, termina esta caminata iniciada en el municipio leonés de Cármenes, que después de atravesar la cordillera nos permitió recorrer y ver estos valles alleranos que sin duda ofrecen al caminante variados alicientes para realizar por ellos otros posibles recorridos.

Contemplando el valle del Orria desde el collado de La Maera



Las fotos son de Juan Lobelle

                         (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 18 de abril de 2015)

viernes, 10 de abril de 2015

EN LA SIERRA DEL SUEVE



Caminando por la sierra, desde Cofiño en Parres hasta el Alto La Llama en Piloña: Bustaco, Beluenzu, El Potril, Espineres...

            La sierra litoral del Sueve se reparte entre los municipios de Parres, Piloña, Colunga y Caravia, adentrándose también en Ribadesella a través de su estribación oriental que es la sierra del Fitu. Su proximidad a la costa y su altura media configuran un sistema montañoso único en Asturias, lo que sin duda atrae a visitantes de todo tipo dadas sus amplias posibilidades de acceso.
            Es, por otra parte, la sierra del Sueve Reserva Regional de Caza y forma parte de la Red Regional de Espacios Protegidos; asimismo, sus abundantes brañas y majadas configuran un territorio de buenos pastos regidos por una Junta o Comunidad de las parroquias afectadas. Para realizar un recorrido integral por este singular y atractivo territorio, acudimos en el grupo La Peñuca a una propuesta de Andrés Tuya que coordinó, tras una minuciosa preparación, José Manuel Tejera.

Una muestra de la fauna del Sueve

            En la AS-260, la carretera que une Arriondas con Colunga a través del Fitu, iniciamos a 235 metros de altitud la caminata, en el punto donde arranca la carretera local que sube a Cofiño, sede de la Mancomunidad de Pastos. Atravesamos el pueblo y dejamos la carretera que sube hacia otros lugares, Villar, Pandiello, de la misma parroquia; por buena pista de tierra y zahorra pronto llegamos a la majada de Pandellebancu, ya a 484 metros de altitud. Aquí, la vista atrás nos permite ver el camino recorrido y hacia adelante, la foz de Corteguera.

La aldea de Cofiño frente al pico Tiegu
 
            Un buen sendero, limpio y recién arreglado, recorre esta profunda y hermosa foz que labra el arroyo la Corteguera, que más arriba, ya en plena sierra, veremos nacer, y que desciende hasta unirse en la parroquia de Collía al arroyo Bodes, para más abajo, junto con el río Fíos desembocar en el Piloña cerca de Arriondas. Al salir de la foz alcanzamos la majada de Bustaco (662 metros), por donde cruza el arroyo y hay algunas cabañas en ruinas junto a otras en buen estado.
            Es este el punto donde enlazamos con la ruta más habitual para alcanzar la cumbre del Sueve, que se inicia en el Fitu y por la que se llega a Bustaco casi llaneando. Nosotros, al iniciar el camino cerca de Cofiño, a mucha menos altitud, nos obligamos a vencer considerable desnivel para llegar aquí, pero el esfuerzo se compensa con la belleza del recorrido por la foz.

El camino por la foz del arroyo la Corteguera

            A partir de aquí, una buena y ancha senda asciende  por la margen izquierda del arroyo bordeando el agreste paredón de la Múa hasta la majada de Mergullines, donde hay una fuente de dos caños que ofrece agua abundante y fresca. Más arriba llegamos al collado Beluenzu (928 metros), en cuyas proximidades nace el ya citado arroyo la Corteguera; allí finaliza la senda y es la base para alcanzar la más alta cumbre del Sueve, situada en la linde entre los términos de Parres y Colunga.

Hacia Beluenzu; atrás, la majada de Bustaco, cruce de caminos

            El vertical ascenso por pradera, monte bajo y algo de piedra no presenta mayor dificultad, y así llegamos al pico Pienzu, la cumbre que el geólogo Guillermo Schultz declaró como una excelente atalaya para divisar tanto el interior como la casi totalidad de la costa asturiana: en nuestro caso contemplamos lo que a retazos nos permitió la habitual niebla azotada por el viento norte. Está, además, el Pienzu, con sus 1 161 metros de altitud, catalogado como la cota más alta de Europa en relación a su corta distancia al mar. Es también típica y reconocida desde la lejanía su cruz metálica, levantada en 1955 en sustitución de otra anterior de madera derribada por un rayo, y proyectada por el destacado arquitecto gijonés Miguel Díaz Negrete.

Panorámica de la sierra desde la cumbre del Pienzu

            Tras las fotos y los comentarios de rigor, la vista se va en busca de la siguiente cumbre: es el pico Miriellu y lo divisamos hacia el Oeste. Debemos seguir pues recorriendo la sierra, sin senda definida, por terreno caótico, entre zonas herbosas o pedregosas y con abundantes dolinas donde se ocultan los gamos. Y siempre perdiendo altura, pasamos por el alto Les Cuerres (1 074 metros), el Cerro de Corripies (1 033 metros) con su laguna que sirve de abrevadero, hasta los 1 021 metros de Tras la Cuenya, para iniciar el ascenso hasta el pico Miruellu (1 137 metros).

Escarpado camino hacia el pico Miriellu

            Desde este pico que es la segunda altura de la sierra, nuevo descenso hasta la majada El Potril (986 metros). En la linde más noroccidental del concejo de Parres, es una majada con buenas cabañas, un refugio para la guardería de pastos y una hermosa laguna asentada en una dolina; encajada entre dos cumbres también señeras de la sierra, les Fontanielles, al Norte y el Cueto les Cabres, al Sur, es el lugar apropiado para el merecido descanso, la comida y el agradable momento de la conversación.
            Después del descanso prosigue nuestro camino por la sierra. Cuando llegamos a la braña El Requexu (948 metros), estamos ya en el municipio de Piloña, parroquia de Cereceda y nos aprestamos a alcanzar la tercera cumbre de la jornada: el pico la Múa o Salgar de 1 027 metros de altitud. Bordearlo para ascender por su cara sur no resulta difícil; su vertiente norte, sin embargo es abrupta y cortante.

Curiosa laguna en forma de trébol en la majada El Potril

            Nuestros pasos nos llevan ahora hasta Espineres, que sin duda debe su topónimo a los abundantes espinos que, con algunos fresnos, se reparten por esta majada piloñesa reconocida sobre todo por la Fiesta del Asturcón, declarada de Interés Turístico Regional. Hay también varias cabañas, todas bien cuidadas, un cercado para el ganado y, con el correspondiente vallado, una hornacina en la roca y el altar de piedra para la función religiosa del día de la fiesta.
            A partir de aquí, sólo faltan por recorrer unos 4,5 kilómetros por la buena pista de acceso a la majada. Por la linde entre los municipios de Colunga, parroquia de Libardón y Piloña, parroquia de Borines, pasamos por el collado Obies, en cuya vertiente norte nace el arroyo de los Moros, origen junto con otros del río Libardón, que desemboca en la playa La Griega. Luego, por las brañas Sames y La Raíz, contemplando hacia el Norte el espectacular panorama del amplio valle de Libardón y sus pueblos; más allá, la vista alcanza también hasta Colunga, Lastres o el faro de San Roque.
 
Vista general de la majada de Espineres con la pista de acceso

            Hasta que, adentrándonos ya de forma definitiva en Piloña, llegamos al Alto La Llama a 419 metros de altitud, donde se encuentran la AS-259, que sube por Borines desde Villamayor, con al AS-258, que sube por Pintueles y continúa por Libardón hasta Colunga. Así termina nuestro recorrido integral por este paisaje de gran belleza; una zona privilegiada por su situación, que sin duda merece la catalogación como Paisaje Protegido de la Sierra del Sueve.

Panorámica por el valle de Libardón hacia la costa


Las fotos son de Juan Lobelle

                           (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 4 de abril de 2015)

viernes, 27 de marzo de 2015

EN TINEO POR LA ZONA VAQUEIRA




Por la sierra Campa la Bobia, el monte y la aldea de Businán, el pueblín de Nera... en la parroquia de Naraval

            Tineo es el segundo municipio más extenso de Asturias, después de Cangas del Narcea. De las 44 parroquias que lo componen, Naraval es la más septentrional en el límite con el término de Valdés. La recorre el río que lleva su mismo nombre, afluente del Esva, en un profundo valle sobre el que se levantan sus sierras, donde se asientan brañas, caserías y aldeas, junto a hermosas praderías y bosque de pinos en repoblación que conviven con manchas forestales autóctonas de gran antigüedad.
            Es Naraval (siete brañas y un txugar) la parroquia más representativa de lo que fue el mundo vaqueiro, cuya impronta aún permanece en el paisaje. Una tupida red de caminos vecinales permite fácil acceso a sus entidades de población, un cómodo recorrido por las sierras e incluso alcanzar sus cumbres más vistosas; esto pudimos comprobar en la caminata que en el grupo La Peñuca propuso y coordinó su presidente Albino González Ordiz.

Caserío y praderías de Naraval desde algún lugar del camino

            Comenzamos el camino a 280 metros de altitud en el pueblo de Naraval, y después de recorrer algunos metros por la carretera que lo atraviesa, pronto nos encontramos con una buena pista maderera por la que, entre plantaciones de pinos y eucaliptos junto a viejos castaños, comenzamos a ganar altura. Luego, el cuidado cortafuegos nos permitirá recorrer la sierra Campa la Bobia en una sucesión de cumbres y collados.
            Primero será el pico el Oru, modesta cumbre en cuya ladera sur se asienta el monte Castandiel, donde los romanos realizaron excavaciones en busca del preciado metal. Siguiendo la sierra, alcanzamos el pico Munión de 513 metros de altitud, en cuya ladera norte nace el arroyo del mismo nombre, afluente del río Naraval; poco más allá, el pico Carbaín (675 metros) y tras un breve descenso la amplia campera conocida como Campa la Bobia.
 
El camino, entre bosque y pradería

            Hacia el Sur está la parroquia de Navelgas y la vista alcanza hasta su cabecera parroquial, segunda población del concejo; al Norte, mucho más cerca, la aldea de Monterizo entre fértiles praderas, y frente a nosotros en la sierra, la siguiente cumbre, el pico Monteriza (725 metros), desde donde contemplamos los lugares que nos esperan para la segunda parte de nuestra caminata.

Campa la Bobia, pico Monteriza y aldea de Monterizo

            Dejamos a nuestra derecha el valle por donde corre el arroyo Businán, que al caer la tarde veremos desembocar en el río Naraval, e iniciamos entre monte bajo el vertical ascenso al pico Fontes (777 metros). El descenso de esta cumbre nos deja en la campa la Bobia de Fontes (738 metros) al lado de dos brañas residenciales de verano, La Carrizal y Fontes, ya en la parroquia de Navelgas, pues aquí la sierra sirve de límite entre las dos parroquias, lo que se aprecia por las vallas de separación de pastos.
            Desde aquí nos espera el pico Liebres, que con sus 852 metros de altitud es la cumbre de la jornada y ofrece una vista completa de las parroquias de Navelgas y Naraval. Al Norte, el pico Capiellamartín entre la niebla y la sierra y pico Estoupo señalan le límite con el concejo de Valdés; a su derecha y en la misma linde, el alto de Aristébano y la campa con la ermita conocida por el festival de las bodas vaqueiras.

Bobia de Fontes, pico Liebres y, a la izquierda, braña La Carrizal

            Un nuevo descenso se impone, ahora hasta la Llomba el Campanal (750 metros), para iniciar el último y obligado ascenso hacia el pico Piniella (826 metros). En esta cumbre moderadamente pedregosa encontramos el asiento para el descanso, la comida y la conversación; ante nosotros, al otro lado del valle y recostadas en la ladera de la sierra del Estoupo, se levantan rodeadas de amplias praderías las caserías de Escardén, Cadanéu y Folgueras del Río. Ésta tiene a gala el haber sido una de las dos últimas brañas de toda Asturias, junto con la de Silvallana, en abandonar la trashumancia familiar. Y al levantarnos del descanso entre la fresca brisa del nordeste, pudimos apreciar el sol que brillaba sobre el alto de Aristébano, lo que nos permitió columbrar o al menos adivinar en lontananza la rasa marina y las aguas del Cantábrico.

En el centro, la Llomba el Candanal y arriba, el pico Piniella

              A partir de ahora todo será descenso, primero de nuevo hasta la Llomba el Candanal y luego en vertical por una vallina, entre monte bajo de agradable caminar, hasta la pista que recorre el monte Businán. Por esta pista llegamos a Businán (490 metros), que fue braña de invierno y hoy es aldea de disperso caserío con todos sus edificios techados de pizarra.
            Businán se comunica por carretera, pero conserva en muy buen estado su antiguo camino vecinal que nos permite recorrer algunos de sus barrios. Así pasamos por La Cuerva y ante la casa de Couz, donde su único vecino, que comparte aquí su estancia de fin de semana con su vivienda habitual en Oviedo, nos informa en amable conversación sobre el último tramo de nuestro recorrido.

Monte y aldea de Businán
 
            Por el viejo camino pasamos, a la salida del pueblo, junto a la fuente con abrevadero, y entre prados de siega llegamos al fondo del valle en el lugar donde el arroyo Businán desemboca en el río Naraval. Estamos en la carretera que sube a Folgueras y Candanéu y, caminando por ella en la margen izquierda del río, pronto encontramos el cruce con la que nos habría permitido bajar desde Businán o Monterizo. La misma carretera nos lleva, después de pasar junto a un molino en buen estado de conservación, a Nera (350 metros), pueblo con buenos prados de regadío en ambas márgenes del río.

El río Naraval en las proximidades de Nera

            La población de esta aldea "actuó siempre de puente entre los vaqueiros de las brañas y los xaldos del valle, al estar situada en medio de ambos grupos" (Manuel Octavio Fernández: La última puerta). Hoy a nuestro paso nos llama la atención "la casona de Nera", construida en 1884 y donde vivió el filántropo Don Marcelino Álvarez a cuyas expensas se construyó en 1880 la primera escuela en la parroquia.
            Por la carretera vecinal llegamos al K. 21 de la AS-219, la carretera que a través del concejo de Tineo comunica Luarca con Pola de Allande; el cruce está en el lugar conocido como Casa Rapán: un edificio en ruinas que tal vez fue la residencia del caminero encargado del cuidado de la carretera.

Detalle de la vieja casona de Nera

            Por esta carretera regional caminamos poco más de un kilómetro, y cuando el reloj de la parroquial de San Salvador nos obsequia con las cinco campanadas entramos en Naraval, y junto al cartel que anuncia el "Museo Vaqueiro de Asturias" finalizamos la caminata. Fue un recorrido por campas, brañas y bosques de esta interesante zona de Asturias después del paso por la sierra adornado nada menos que con siete cumbres: poco más se puede ofrecer al gusto del caminante en un día como éste para iniciar la primavera.

Desde el Piniella con vistas al Estoupo, Folgueras y Candanéu
 

Las fotos son de Juan Lobelle


                      (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 21 de marzo de 2015)

miércoles, 11 de marzo de 2015

POR REDES EN SOBRESCOBIO



De Campiellos a Rioseco por la collada Llagos, el monte la Falafría, el collado Unqueru y la majada y el valle de Pumarín

            Muchas son las rutas que se pueden realizar en Redes, el Parque Natural ocupado por Sobrescobio y Caso. El primero de estos dos municipios de la comarca del alto Nalón, Sobrescobio, cuyos habitantes compraron en una subasta la libertad del concejo a la Orden de Santiago en 1565, según recuerda una placa en la actual casa consistorial, fue elegido para esta caminata por la parroquia de Oviñana, la más septentrional de las tres que lo forman, en el límite con los términos de Laviana, Piloña y Caso: una propuesta para el grupo La Peñuca de Manuel San Juan, caminante incomparable en el conocimiento de las montañas de Asturias.

                                                              Panorama desde la cumbre de la jornada 

            Iniciamos el camino en Campiellos, un pueblo situado en la solana a 560 metros de altitud y unos dos kilómetros al norte de la villa municipal. Allí hay un cartel indicador del PR AS-123 Ruta del Pico la Xamoca, que nosotros seguiremos en la primera parte del recorrido. Por una buena pista sólo para uso de vehículos autorizados, ascendemos por el collado del Arco y la collada Ricáu entre monte pendiente con castaños y pastizales. A nuestra izquierda, al fondo del valle, desciende cantarina la riega el Corvatu que marca la separación con el municipio de Laviana; esta riega en algunos mapas se presenta como reguero Comillera porque desemboca en el Nalón en este lugar donde hubo un hospital para los peregrinos a San Salvador; hoy hay allí un área industrial y una estación depuradora de tratamiento de aguas.

El pico la Xamoca, presente en la primera parte del camino

            En este ascenso, la vista hacia el Sur nos ofrece los riscos de la sierra del Crespón y más atrás la cumbre nevada del Retriñón; también, a sus pies,  el valle del Alba y pueblos como Villamorey o La Polina en la otra margen del Nalón y del embalse. Entre vueltas y revueltas llegamos a la collada Llagos, donde se impone un primer alto en el camino. Es una zona de pastizales en suave pendiente, cabañas en buen estado y algunos prados cercados de piedra. Hay una laguna que sirve de abrevadero, un área con bancos y mesas y un mirador que alcanza hasta el macizo de las Ubiñas; también al fondo, los dos embalse, el de Rioseco y el de Tanes; al norte, más allá del tendido de alta tensión que enfada a los fotógrafos, los Picos de la Carba, nuestro próximo objetivo.

Laguna en la collada Llagos

            Tras el descanso el ascenso continúa, y poco más arriba, junto a los corrales de El Huerbu, abandonamos el PR que sigue hacia la Xamoca y nos adentramos en el monte la Falafría. Es un bonito bosque de hayas y espineras colgado en la ladera del valle de Huerbu, donde abundan los neveros que cubren la senda por donde debemos caminar con precaución.
            Al final del bosque, a 1 037 metros de altitud hay una buena fuente de agua fría y sobre nosotros, cada vez más cerca, los Picos de la Carba. Por monte bajo en la ladera y atravesando el collado Faidiellu y la majada Pedruezo, también con su pequeña laguna, llegamos a la cumbre de la jornada: uno de los picos de la Carba conocido como pico Pedruezo, de 1 132 metros de altitud.

Neveros en el monte la Falafría

            Esta cumbre es un balcón privilegiado hacia la sierra del Sueve y el valle de la Marea, con lugares como El Tozu y El Moru, dos pueblos de la misma parroquia, San Bartolomé del Tozu, y distinto municipio, Caso y Piloña; por encima de ellos se aprecia el trazado del Camín Real del Sellón que por Tarna, Caso y Arnicio era el paso de la Meseta hacia Piloña y Villaviciosa.
            Después de contemplar tan extraordinario panorama y la inevitable labor de los fotógrafos, iniciamos el descenso hacia el collado Unqueru (1 036 metros), cerca de donde nace el río Huerbu, que por el valle que lleva su nombre desciende a desembocar en Rioseco en la cola del embalse.

Por la ladera hacia el Pico de la Carba

            Desde aquí el camino discurre en la linde con los municipios de Piloña y Caso por la ladera que vierte al río Piloña. Es zona de bosque con abundancia de barro y viejos árboles caídos que dificultan un camino atravesado por las corrientes de agua que conforman el reguero La Castañar, afluente del río La Marea. Hasta que, mirando al Sur, llegamos a la majada de Pumarín (975 metros), amplia zona abierta con magníficas cabañas y prados cercados de piedra: el lugar ideal para el descanso, la comida y la conversación disfrutando del sol y de la vista hacia el último tramo del camino.

Por la ladera con vistas al valle la Marea

            Y ya será todo descenso por la buena pista de tierra que recorre el valle de Pumarín, cuyas aguas se encauzan hacia el Barranco de Anzó que cada vez tenemos más cerca. Pasamos por los caseríos de La Rebollosa y El Caneyu, cuadras y cabañas como casas de fin de semana, atravesamos el reguero Furadu, uno de los que aportan sus aguas al barranco, y nos encontramos con el PR AS-122 Ruta de la Calzada Romana que viene de la Peña Gamonal. Seguimos por este PR que poco más abajo tiene un cruce: a la izquierda desciende hasta Anzó y la AS-117 y a la derecha, por senda empedrada y tallada en la peña, hasta Rioseco. Nosotros seguimos esta senda que recibe el nombre de Camín d'Acéu, según los atriles informativos que jalonan su recorrido.

Uno de los caseríos en el valle de Pumarín

            Se trata de una antigua vía que tras cruzar la Cordillera en Tarna seguía el curso del Nalón hacia el centro de Asturias, con la desviación en Caso por Arnicio hacia la costa (el camino real que contemplamos más arriba); algunos autores consideran ésta, una calzada romana, pero lo que no cabe duda es de su uso como vía en el periodo alto medieval.
            Así, recorriendo los últimos caseríos nos acercamos a Rioseco, la capital municipal desde que en 1929 se trasladó aquí el Ayuntamiento que estaba en La Polina, hoy al otro lado del embalse junto a la desembocadura del río Alba.

La AS-117 y la presa de Tanes, desde el Camín d'Acéu

            En la capital de este concejo de Sobrescobio galardonado en 2009 con el Premio Príncipe de Asturias al Pueblo Ejemplar, termina esta caminata por una zona no muy frecuentada del Parque Natural de Redes, pero en la que se puede disfrutar de un paisaje singular y unas vistas inigualables, sobre todo si se cuenta con un día de marzo claro y soleado como el que nosotros pudimos disfrutar.

 Agradable lugar para el descanso, la majada de Pumarín


Las fotos son de Juan Lobelle


                        (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 7 de marzo de 2015)

viernes, 30 de enero de 2015

DE CANGAS DE ONÍS A VILLAMAYOR



El G R 109 por tierras y pueblos de Cangas de Onís, Parres y Piloña; etapa 5

            De nuevo en el G R 109 Asturias interior, recorremos en esta ocasión la quinta etapa entre Cangas de Onís y Villamayor. Una etapa caracterizada por su largo recorrido, pues con sus 23 kilómetros es una de las más largas entre las 27 que forman el G R, y ofrece al caminante la oportunidad de conocer distintos núcleos rurales de los municipios que atraviesa sirviéndose de las comunicaciones que los unen: viejos caminos, pistas de uso agrícola y ganadero, y también carreteras locales entre aldeas y villas.
            Otra característica de esta etapa es la continua presencia de los ríos Sella, primero, y Piloña, después, cuyo cauce seguimos, en ocasiones aproximándonos a sus aguas y en otras, alejándonos por la ladera de las sierras de su cuenca fluvial, atravesando también los numerosos ríos y regueros que son sus afluentes. Todo ello en una propuesta para el grupo La Peñuca de Rafa Carretero, quien presentó un proyecto bien estudiado de este recorrido que por otra parte también se caracteriza por su coincidencia con otros rutas, entre las que destacan el camino de Gijón a Covadonga, que en el término de Parres está señalizado como Camino de la Reina, y el G R 105 Ruta de las Peregrinaciones, que es el camino a Covadonga desde Oviedo.

Agradable el camino por la ribera del río Piloña

            Nosotros partimos en la ciudad de Cangas de Onís de la estación de autobuses, para recorrer primero Contraquil, antaño una zona rural y hoy un moderno barrio de Cangas; es el lugar donde se encuentra la iglesia de Santa Cruz fundada por Favila y edificada sobre un dolmen. Luego, seguimos el sendero entre bosque de ribera en un coto salmonero señalizado como Coto Brezo.
            Así llegamos a Villanueva, donde al cruzar el río por un puente y la N-625 cambiamos de municipio pero no de parroquia, porque la que tiene su centro en Villanueva comparte su territorio entre los dos términos. Al otro lado del río, ya en Parres, está La Vega de los Caseros, desde donde podemos ver en la otra margen la iglesia parroquial y el monasterio de San Pedro de Villanueva, hoy moderno parador nacional.
 
La salida de Cangas a la vera del río Sella
 
            Comenzamos a ganar altura de forma moderada por la pista de "exclusivo uso agrícola, ganadero y forestal", y pronto encontramos dos paneles informativos de las vistas panorámicas que contemplamos: el primero, con diversas cumbres de Picos de Europa; el otro, algo más arriba, en el collado Los Coros, hacia la sierra del Sueve. En este continuo ascenso llegamos al lugar de San José, donde se impone un primer alto en el camino; allí está la ermita de San José que data del siglo XVII y junto a ella el consabido edificio escuela del Plan Quinquenal  de Lora Tamayo.
            Por San José pasa la PR-5 que une Cangas con Ozanes de Parres; podríamos seguir por ella, pero la ruta marcada elude la carretera dando un amplio rodeo para volver a encontrarla en el lugar de Romillín. Desde aquí sí seguimos la carretera descendiendo por la conocida como Cuesta de Romillín hasta encontrarnos con el río Mampodre que viene del pico Fontecha, en la linde entre Parres, Ponga y Amieva, para desembocar aquí en el Piloña. Cruzamos el Mampodre pero no el Piloña, aunque en la otra margen vemos Ozanes y el apeadero del ferrocarril.

Panorámica del Sella, Villanueva y al fondo las cumbres nevadas
 
            El río Mampodre marca la divisoria entre las parroquias de Villanueva y Viabaño; en ésta nos adentramos, seguimos algo menos de un kilómetro por la PR-4 que desde Ozanes sube a Llerandi y pronto llegamos a la aldea de Romillo que ofrece un buen conjunto de hórreos y paneras. Abandonamos la carretera y por buena pista descendemos a la vera misma del Piloña, donde el río dibuja un amplio meandro conocido como la Ería de Arobes; a la vera del río, tan cerca que casi podríamos palpar sus aguas caudalosas, recorremos un trecho muy agradable por un camino de tierra entre bosque con hermosa vegetación de ribera.
            Donde la riega del Golondrón y el reguero de Granda, juntos, entregan sus aguas al Piloña abandonamos nosotros la ribera y nos acercamos a la iglesia parroquial y el cementerio de Viabaño; hay también allí un molino en el río Beleño que nace en las proximidades de Peña Llerandi, parroquia de Los Montes: hasta seis molinos, dicen, alimentó este afluente del Piloña, una muestra de los cueles es el que ahora contemplamos.

Molino junto al río Beleño en Viabaño

            Estamos en Llames de Parres, de caserío disperso en barrios y lugares como el mismo Viabaño, El Otero o Collado de Llames donde se encuentra la plaza de juegos infantiles y el Centro Social "Amigos La Cuesta-Bodes". Aunque nos encontramos aún a mitad de la etapa, éste ha de ser el lugar adecuado para el descanso, la comida y la conversación; y es que Llames de Parres es un lugar emblemático en el camino y un señalado cruce de rutas. El camino de Gijón a Covadonga, que el Ayuntamiento de Parres bautizó a partir de Soto de Dueñas como Camino de la Reina en recuerdo de cuando Isabel II acudió a tomar baños a Gijón y desde allí quiso visitar con su séquito la basílica de Covadonga, se encuentra aquí con la Ruta de las Peregrinaciones, que viene desde Oviedo por Piloñeta en Nava, Les Praeres en Peñamayor, Puente Miera, Espinaredo y La Matosa en Piloña.

Llames de Parres y al fondo la sierra de Bodes

            A la salida de Llames está la ermita de San Martín de Escoto, Monumento Histórico con elementos románicos reconstruida en 1566. Desde aquí descendemos otra vez hasta la orilla del Piloña para cruzar la riega Oscura que nace en la sierra de Bodes, y poco más allá, frente a Soto de Dueñas, el arroyo de Carrocea que baja del Cueto del Arbolín y que nos señala el final de municipio de Parres  para pasar a Piloña, parroquia de Sevares.
            Ya en Piloña, atravesamos Villar de Huergo y nos acercamos a Sevares; en este recorrido no dejamos de contemplar el pico Priede, soberbio a nuestra izquierda. Cruzamos el río Tendi, que se forma con la unión de varios arroyos en la parroquia de Los Montes, y la AS-339, que remontando el valle de este río llega hasta la AS-261 en Sellaño, Ponga. Caminamos unos metros por la PI-1 que sube a la aldea de Priede y bordeamos Sevares, la tercera localidad del municipio por su población.

La ermita de San Martín de Escoto en Llames de Parres

            En la otra margen del Piloña vemos la iglesia de Sorribas, cuya parroquia linda con la de Sevares por medio del río; en ella está el sepulcro familiar de los Condes de Peñalba, propietarios del palacio que se levanta en las proximidades de la iglesia. La parroquial de Sevares y el cementerio también se encuentran en un altozano próximo al lugar de La Piñera, donde cruzamos el río Color que viene de la Collada de Piedrafita, límite entre Piloña y Ponga.

El río Color cerca de su desembocadura en el Piloña

            A partir de aquí, ya en la parroquia de Villamayor, comenzamos el ascenso por la sierra de Pesquerín; es el mayor y más prolongado ascenso de la jornada que a estas alturas ya comienza a pesar en las piernas del caminante, pero al final alcanzamos en Mones la PI-1 que sube a la aldea de Pesquerín. Mones es un lugar formado por distintas caserías como La Foyaca, La Torre, El Calero o Rodiles, todas ellas comunicadas por esta carretera recién asfaltada por la que en poco tiempo bajaríamos a Villamayor; pero la señalización del G R nos obliga a descender por una caleya empedrada y algo embarrada que, entre prados cercados de piedra, sigue el curso del río Pequeño que nace en la peña Niañu.

La Piñera al comienzo de la sierra de Pesquerín

            Hasta el fondo del valle, en Carúa, un barrio del mismo Villamayor, en donde entramos por la calle de Las Carretas y la plaza de la Rectoral Vieja para terminar frente al ábside del antiguo monasterio de Santa María; el mismo lugar donde en otra ocasión iniciamos el recorrido de la etapa seis hasta Espinaredo por iniciativa del recordado Fernando Espina (El G R 109 en Piloña, 15 de febrero de 2013).

Panorámica con el pico Priede y su sombrero de niebla



Las fotos son de Juan Lobelle


                       (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 24 de enero de 2015)