viernes, 14 de noviembre de 2014

POR TIERRAS DE CASOMERA



Desde La Paraya por el camino del puerto de Piedrafita hasta el collado y la majada de Bustempruno, para finalizar en Casomera

            Casomera es de las 18 parroquias del municipio de Aller la más meridional, y sus tierras se elevan en la cordillera hasta los límites con León en el término municipal de Cármenes. La collada de Bustempruno y el puerto de Piedrafita están en el límite mismo entre las dos regiones; y hasta el puerto llega un camino tradicional de paso que tiene origen romano y que asciende por el llamado valle de Llananzanes: nosotros lo recorrimos en la primera parte de esta caminata propuesta por José Manuel Álvarez para el grupo La Peñuca.
            Iniciamos el camino en La Paraya, en la AE-6 a 650 metros de altitud, unos metros antes de donde se encuentra la pequeña central hidroeléctrica inaugurada en 1922. Atravesamos el pueblo y ascendemos por una estrecha carretera rodeada de castaños hasta la aldea de Llananzanes a 790 metros de altitud en la ladera de la sierra que le da nombre.

El bosque, casi constante en toda la caminata
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A partir de aquí el camino es a veces de tierra y barro, a veces empedrado, pero siempre a la sombra del frondoso hayedo y en continuo ascenso. A nuestra derecha, al fondo del valle discurre el río Llananzanes y a la izquierda vemos el canal del agua que mueve las turbinas de la citada central eléctrica. Así hasta que, después de caminar unos metros por el muro del mismo canal, en el Cantu Posaorio debemos cruzar el arroyo la Carbazosa por un endeble puente artesanal que pone a prueba el equilibrio de los caminantes; es el lugar donde el canal recoge las aguas de la sierra.
            El ascenso se acentúa hasta llegar a la vega Campanal, formada por Campanal de Abajo, prados cercados y algunas cabañas, y Campanal de Arriba (1 318 metros), donde se impone una primera parada. En esta majada de Campanal de Arriba hay una fuente con abrevadero y varias cabañas, una de ellas emparedada entre dos grandes monolitos de piedra, y se disfruta de buena vista hacia la mole de Peña Rueda del Pino.

Desde Campanal de Arriba, las cumbres nevadas
 
            Seguimos el ascenso por buen camino y empinados repechos; pasamos por el collado Rocín, con ruinas de corros de piedra y la pradera cubierta con una ligera capa de nieve, y dejamos a la izquierda el camino que por el bosque va hasta la braña de Llananzanes; cruzamos el arroyo de San Pedro que baja a desembocar en el Llananzanes y llegamos a la majada de San Pedro (1 530 metros). Esta majada es un hito importante, porque aquí estuvieron la ermita y la venta que servía de descanso a los arrieros que recorrían este camino: de ambas construcciones quedan visibles restos en la pradera.

Curiosa cabaña empotrada, en Campanal de Arriba

            Por la Cuesta de la Loma los Caseros culminamos nuestro ascenso a 1 640 metros de altitud: estamos bajo el puerto de Piedrafita y del Cueto Vea, ambos cubiertos de niebla. Abandonamos el camino y seguimos por una estrecha senda que, entre incómodo monte bajo de abundantes escobas, recorre la ladera del Cueto Vea hasta salir a la collada de Bustemprubo (1 648 metros).
            Esta collada, que en algunos documentos aparece también como Bustembruno, está en el límite entre ambas comunidades. El viento azota con fuerza, pero es necesario cruzar la valla de separación de pastos para asomarnos a la ladera sur donde nace el río Torío, importante afluente del Bernesga y muy apreciado por los pescadores, que desciende por el valle de Aguazones, atraviesa el término de Cármenes y después el de Vegacervera recorriendo sus renombradas Hoces.

El camino, a veces empedrado

            A partir de aquí todo será descenso; primero por senda entre monte bajo hasta la majada de Bustempruno (1 400 metros), dejando a nuestra izquierda la Senda de los Segadores que va hacia la loma de Valverde. La majada de Bustempruno tuvo antaño mucha vida ganadera. La atraviesa el arroyo del mismo nombre, que nace en la ladera norte de la collada, y en él se instalaban las ocheras, pequeños estanques para conservar la leche tan fresca como en una nevera. Hoy la majada está abandonada como casi todas las de los puertos altos, pero conserva en pie algunas cabañas: dos de ellas nos sirven de refugio para el momento del bocadillo, el descanso y la conversación, mientras fuera arrecia la lluvia como no hizo en ningún momento de la caminata.

La majada de Bustempruno
 
            Tras el descanso, breve porque el frío aprieta, descendemos por senda en acentuado zigzag por la margen izquierda del arroyo hasta la majada de la Matancia (1 300 metros) con una cabaña en ruinas, y poco más allá encontramos el arroyo de Caben que baja por el valle de Valverde de la ladera del pico Estorbín. Cruzamos por un curioso y frágil puente construido con el quitamiedos de alguna carretera este arroyo a punto de unirse al de Bustempruno, y de esta unión nace el río Llananzanes, afluente en La Paraya del río Aller que desciende del puerto de Vegarada.

Fragil puente para cruzar el arroyo

            Recorremos ahora la ladera en la margen izquierda del río por buen camino carretero, que a partir de la braña Cuevas, donde hay una cuadra alargada, se convierte en pista de uso ganadero; y esto se nota en la presencia de cabañas en buen estado, prados cercados de alambrada, ganado pastando en ellos y la presencia de algún ganadero con el vehículo a la vera del camino. Pasada la fuente la Cabranta, contemplamos el camino recorrido en el ascenso por la otra ladera del valle; también, el disperso caserío de Llananzanes, donde destacan en la distancia el edificio que fue escuela, la ermita de Santa Ana y una nave ganadera en la parte superior de la aldea.

El caserío de Llananzanes en la otra ladera y al fondo, Peña Rueda
 
            Más allá del Cantu Bigón (1 009 metros) parte un camino hacia la aldea abandonada de El Bao, que también vemos a nuestra derecha; y desde la majada de Rebucho se nos ofrece una buena panorámica de Peña Redonda y parte de la Cuerda del Ajo, por la que ya anduvimos en otra hermosa caminata (En el puerto de San Isidro, 30 de septiembre de 2013). Luego, desde la collada Llaneo lo que se nos ofrece es la visión de Peñamea y Peñas Negras en la linde entre Aller y Laviana.

Más allá, la vista alcanza hasta Peñamea

            Sólo resta, cuando al caer la tarde el tiempo clarea y aun el sol parece brillar en las cumbres, el pronunciado descenso hasta el pueblo de Casomera a 620 metros de altitud, en la AE-6 a orillas del río Aller, para finalizar esta interesante caminata en la que ni la lluvia, el viento y la nieve nos pudieron ocultar la belleza del monte en esta parroquia allerana.

El río Llananzanes, muy presente en toda la caminata


                  (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 8 de noviembre de 2014)

Las fotos son de José  María Arnillas

sábado, 1 de noviembre de 2014

POR TIERRAS DE VALDEÓN



Desde el puerto de Pandetrave, por la sierra de Gabanceda, los puertos de Montó y el valle de Prada, hasta Posada de Valdeón

            El puerto de Pandetrave es uno de los más elevados de la cordillera Cantábrica; separa los términos leoneses de Tierra de la Reina (Boca de Huérgano) y Valdeón, que se comunican por la LE-243. Parte de las tierras de Valdeón se incluyen dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa y constituyen una buena puerta de acceso hacia los Urrieles y el Cornión.
            En el alto del puerto hay un mirador hacia los Picos con un buen panel informativo, y desde allí parten varias pistas y caminos forestales; por uno de ellos iniciamos a 1 566 metros de altitud esta caminata propuesta al grupo La Peñuca por Manuel Obaya.

Panorámica de los Picos desde el alto del puerto

            El primer objetivo es un amplio recorrido por la sierra de Gabanceda, para lo que ascendemos por buen camino marcado en el piornal hasta alcanzar un primer collado a 1 750 metros de altitud. Allí el camino desaparece y el caminante se abre paso entre el monte bajo hasta llegar al pedrero; se cruza éste con facilidad y entre tierra y roca se llega a la horcada, desde donde pronto se alcanza la cumbre más alta de la jornada: la Peña Gabanceda de 2 042 metros de altitud.
            En la cumbre de esta peña se impone una parada para el aperitivo y la contemplación del panorama. En el Macizo Central de los Picos, las impresionantes torres de Friero, Llordes y Salinas forman la sierra de Cifuentes; más a la derecha también asoman algunas cumbres del Macizo Oriental. Mucho más cerca, hacia el Norte donde se desploma en vertical la ladera de la peña, están los puertos de Montó, por donde seguirá nuestro camino, y  podemos ver casi todo Valdeón; a este caminante le llaman la atención los Picos de la Silla frente a los que nos encontramos a muy poca distancia: dos peñas unidas por una pequeña campera que asemeja a una silla de montar a caballo.

Último esfuerzo para llegar a la cumbre

            Tras el disfrute con el panorama y las obligatorias fotos de grupo, el camino prosigue, como queda dicho, hacia los puertos de Montó. Por el cordal, en ligero descenso, llegamos a un primer collado (1 903 metros), y desde allí por la ladera sur de la sierra con vistas a distintos valles de Tierra de la Reina, hasta el collado Hoyos (1 856 metros), límite entre los dos términos municipales.

En el centro de la imagen, la Peña Gabanceda y los Picos de la Silla

            Dejamos a la izquierda la sierra de Cebolleda y a la espalda la Tierra de la Reina para adentrarnos de forma definitiva en Valdeón, y caminamos por las Hoyas de Montó; profundos surcos labrados por el agua que en época de deshielo se convierten en torrenteras, pero secas en este otoño nos permiten el paso para llegar al collado y a la majada de Montó.
            En esta majada a 1 676 metros de altitud hay varias cabañas, algunas en buen estado, y abundantes restos de chozos y corrales; es un entorno tranquilo y apacible, apropiado para el descanso, la comida y la conversación. Ésta discurre a la vista de la siempre presente sierra de Cifuentes, y los más amantes de los riscos rememoran sus ascensos por la inverosímil canal de Chavida hacia la torre del Friero.

Cabaña y cercado en la majada de Montó

            En estos puertos de Montó nace el arroyo Llalambres que nos acompañará en buena parte del recorrido, que hasta el final seguirá el bien señalizado PR-PNPE 14 Montó (Valle de Prada). Salimos de Montó bordeando la peña Gulugas y por buen camino ganadero nos adentramos en el valle Paladín entre bosque de rebollos y hayas. Así, llegamos a los invernales de Brez con su buena cabaña al borde del camino y continuamos por Pradolargo, pradería cercada de piedra que hace honor a su nombre; estamos ya en el valle de Prada, entre prados de siega rodeados de árboles y arbustos.

Salida de Montó por el valle Paladín

            El camino discurre junto a algunas cabañas por la margen izquierda de la riega Llalambres, que pronto se va hacia la derecha para desembocar en el río Arenal. Desde un claro del camino podemos divisar a nuestra derecha el pueblo de Santa Marina de Valdeón al lado de la LE-243 que desciende del puerto donde iniciamos la marcha, y al fondo del valle, el río Arenal, impetuoso, dicen, cuando el deshielo primaveral.
 
La riega Llalambres por el valle de Prada

            En dos ocasiones la señalización del PR ofrece la posibilidad de desviarse hacia Santa Marina, la última en el collado Colgadorio (1 241 metros); pero nosotros seguimos hacia Prada y Posada atravesando antes las riegas Ricodes y Tranvijón, esta última ya a la entrada en el primer pueblo.
            Estas riegas también van al río Arenal que en las proximidades de Posada se une a otros regueros que bajan del puerto de Panderruedas; así se forma el río Cares que a partir de aquí, como es sabido, corre hacia Caín y Poncebos, ya en Asturias, haciendo divisoria entre los macizos occidental y central de los Picos.

Se divisan Prada y Posada de Valdeón desde el camino

          Nosotros atravesamos Prada contemplando sus vistosos hórreos para finalizar en Posada de Valdeón, la villa municipal, a 930 metros de altitud. Fue una caminata por este municipio leonés cuyas aguas, todas, salen hacia Asturias; con una visión de los Picos de Europa durante todo el recorrido, aunque sin desmerecer la belleza de praderías y bosques que atravesamos en su mayor esplendor otoñal.

 
Otoño florido en el valle de Prada


                    (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 25 de octubre de 2014)

Las fotos son de Juan Lobelle

viernes, 10 de octubre de 2014

EN EL CORNIÓN



Ruta de las majadas: Los Acebos, El Bricial, El Paré, El Tolleyu, Ceñal, Fuentes de Onís, La Redondiella, Arnaedo, Parres, Belbín…

            Se llama Cornión al macizo occidental de los tres que integran los Picos de Europa; fue el primero declarado como Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, para extenderse más tarde a todo el conjunto de los Picos con el nombre de Parque Nacional de los Picos de Europa (PNPE). En el Cornión se encuentran los conocidos y visitados lagos de Covadonga, Enol y Ercina, además de un conjunto destacable de cumbres entre las que sobresalen Peña Santa de Enol y Peña Santa de Castilla, por lo que también al macizo se le conoce como el de las Peñas Santas. Pero también hay frondosos bosques y numerosas majadas y vegas que quienes visitan ocasionalmente los lagos no se las pueden ni imaginar, ocultas tras las torres calizas y en las dolinas pedregosas.
            Fue una propuesta de Santiago Juez, quien brindó al grupo La Peñuca la oportunidad de recorrer la Ruta de las 14 majadas; pero luego, para agradable sorpresa del grupo, presentó una relación de 20 majadas y vegas que hemos recorrido desde la inicial en Sohornín hasta La Tiese al lado del lago Ercina.

La niebla sobre el lago Enol

Comenzamos el camino al lado de la carretera que une los dos lagos con cierto aprieto de no poder cumplir el programa de tan amplia visita, pues la niebla apenas dejaba ver las aguas del Enol; no obstante, dejando a nuestra espalda la majada de Sohornín donde hay un conocido restaurante, llegamos bordeando el lago a Los Acebos. El nombre de esta majada alude a la presencia de este árbol que debió de ser abundante, aunque hoy predominan fresnos y espineras.
Pronto llegamos a la vega de Enol a 1 100 metros de altitud, y podemos comprobar con agrado que la niebla va desapareciendo y deja ver la amplia vega con la ermita en el centro de la misma. Sin pizca de niebla y ya luciendo el sol, llegamos al Bricial, amplia campera que se suele citar como “el tercer lago”; en realidad es una depresión en forma de embudo con el sumidero en el centro que en época de deshielo forma un pequeño lago.
 
A través de la vega El Bricial

Poco más allá está la majada Las Reblagas, como la anterior bajo el pico del Bricial que las separa del lago Ercina, desde donde se accede con facilidad; de hecho desde allí se puede ver parte del lago más abajo de las dos cabañas, una de las cuales echa humo porque algún pastor atiza su lumbre. Muy cerca está La Canaleta a 1 250 metros de altitud, pequeña majada en cuesta con las cabañas junto a algunos fresnos y por donde corre la riega el Texu hacia el lago. Siguiendo la riega comienza una fuerte subida hasta la vega’l Paré, pequeña y estrecha bajo un promontorio rocoso.

Majada Las Reblagas y vista al lago Ercina

Hay que caminar ahora en la ladera de las Tremas del Ceñal por una senda pedregosa, difícil de identificar como todos los caminos que unen estas vegas y majadas si no se cuenta con un experto conocedor del terreno como Juez, hasta llegar a El Tolleyu (1 375 metros), majada escondida bajo el Porru la Atalaya, pero una de las más bonitas vistas hasta ahora; tiene dos buenas cabañas, una en especial arreglada recientemente y junto a ella una fuente, Fuentespines, y la cueva el Frieru abierta en la roca.
Más arriba, el collado Ceñal a 1 430 metros de altitud nos da paso a la majada del mismo nombre con cabañas, cuadras y apriscos arrimados al Cantu Ceñal; en el centro de la vega se forma una pequeña laguna. Es ésta la última de las majadas del llamado puerto alto de Cangas de Onís, a las que acuden pastores y ganaderos de Gamoneo de Cangas; cerca de aquí está la valla en forma de alambrada que debemos cruzar para adentrarnos en el término municipal de Onís, parroquia de Bobia.

El Tolleyu: pradera, cabañas y en la roca, la cueva el Frieru

Debemos caminar por la sierra Los Joaquinos a 1 420 metros de altitud, conjunto de jous y dolinas donde destaca la cueva de Piedra Llana, que comunica ambos términos municipales para llegar a la primera majada de este puerto alto de Onis, Sobrecornova (1 400 m); más allá y cerca del camino que une el lago Ercina con la vega de Ario, está la de Las Fuentes de Onís.
Pronto alcanzamos este camino de Ario en el Llano los Jitos (1 448 metros), y tras un descenso nos desviamos a la derecha y ascendemos hasta la majada Combéu, pequeña, estrecha, con poco pasto, ningún ganado y cabañas derruidas; una majada en abandono, desde la que debemos volver por el mismo camino al lugar donde iniciamos el ascenso hacia ella.

El camino por la sierra Los Joaquinos

Más allá, abandonado el camino de Ario, en continuo descenso llegamos a La Redondiella; ésta sí, una amplia majada con varias cabañas y apriscos junto a los que encontramos el lugar adecuado para el bocadillo, el descanso y la conversación, mientras contemplamos el ganado pastando; descanso breve, pues aún restan un buen trecho del camino y varias majadas más que visitar. Seguimos pues descendiendo hacia La Güelga (1 050 metros), donde podemos comprobar que el ganado, siempre vacuno, es más abundante que en todo lo visto hasta ahora. Por aquí pasa el reguero La Güelga, que nace más arriba de La Redondiella para luego desaparecer y volver a surgir en El Oyu la Madre formando el río Casaño.

El descenso hacia la majada La Redondiella

Viene ahora el más fuerte ascenso por el Jaedo la Güelga, hasta encontrarnos en la campa Lladiecu (1 224 metros) con la conocida como Ruta de la Reconquista entre Covadonga y Poncebos. Aquí nos espera una buena sorpresa, pues debemos invertir nuestra dirección para seguir ascendiendo por esta Ruta hasta Arnaedo (1 300 metros), una de las majadas más altas de este puerto de Onís, situada  al pie de Sierra Buena por donde se cruza hacia Vegamaor y el puerto cabraliego de Ostón. Hay en Arnaedo una fuente de agua fresca que sirve de aliviadero al esfuerzo que supuso el duro ascenso después de la pausa y el bocadillo. Ahora sólo resta retomar la Ruta de la Reconquista pero en la prevista dirección hacia el lago Ercina, no sin antes recordar que hacia Poncebos ya la hicimos hace algún tiempo (Del lago Ercina a Poncebos, 22 de abril de 2011).

Hermosa ascensión hacia Arnaedo: al fondo Sierra Buena

El último tramo del camino recorre las majadas y vegas del llamado puerto medio de Onís: son las mejor conservadas y más pobladas de ganado, sin duda por la facilidad de su acceso al estar próximas a los lugares adonde se acerca el coche. Primero, Parres (1 137 metros), cuya vega ocupa una loma alargada; luego, Brañarredonda (1 034 metros); y dejando a nuestra derecha el imponente Cantón del Texéu, llegamos a Belbín (1 050 metros).
La majada de Belbín, por donde no hace mucho tiempo pasamos en otra caminata (En busca del río Casaño, 7 de junio de 2014), tiene a gala ser una de las mejor cuidadas y conservadas del puerto; de hecho hoy a nuestro paso tuvimos la oportunidad de saludar a varios ganaderos ante sus cabañas. A la entrada de la majada, sus vehículos autorizados llegan por buena pista desde el Ercina; la misma pista por donde nosotros ascendemos al collado la Llomba y cruzamos la línea que separa los dos concejos para regresar al de Cangas de Onís. Concluimos así el camino bordeando la majada La Llomba, ya en la ladera que cae al lago y dejando a nuestra izquierda la vega La Tiese, donde un buen rebaño de ovejas pastan ajenas a la niebla y al paso de los caminantes.

Cabañas y pradería en la majada de Parres

La Tiese o vega La Ercina es el último jalón en esta caminata por tantos nombres y lugares que sólo en un recorrido como éste uno se puede dar idea de su existencia: contad si son veinte y está hecho, para el disfrute de los caminantes. Sin olvidarnos, claro está, del último descenso por la escalinata de Buferrera hasta el amplio aparcamiento, para dar por finalizado y cumplido el objetivo de esta interesante jornada.

Sobre el camino se asoman dos grandes cumbres: Torrecerredo y Los Cabrones


                      (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 4 de octubre de 2014)

Las fotos son de Rafa Carretero

viernes, 3 de octubre de 2014

MONTAÑAS DE BABIA



Desde Torrebarrio hasta la Muezca Colines para asomarnos a Quirós, y por Robezo, El Arca y Cuspasante para volver a Torrebarrio

            Torrebarrio es el mayor pueblo del municipio que tiene su Ayuntamiento en San Emiliano de Babia. Su caserío se distribuye en tres barrios: el llamado Barrio, que se asienta en la parte más baja al lado de la LE-481; el de la Vega, sobre el que se sitúa la iglesia parroquial de San Claudio; y el también llamado barrio de Arriba.
           Siempre es un placer caminar por Babia y recorrer sus montañas que lindan con Asturias, por eso acogimos gustosos la propuesta que para el grupo La Peñuca preparó con atención José Manuel Álvarez. Y la caminata se inicia en este pueblo de Babia, a 1 260 metros de altitud, en la plaza donde está junto a una fuente con abrevadero un panel de los Cuatro Valles explicando la Ruta en el entorno de Ubiña, que desde aquí sube hasta el Ronzón para, después de recorrer praderías de Puerto Pinos, descender hasta su final en Pinos pueblo.

El caserío de Torrebarrio desde las primeras rampas del camino

Nosotros seguiremos esta ruta sólo en su primera parte, para lo cual comenzamos por ascender hasta el promontorio donde se asienta la iglesia, un lugar desde el que se domina todo el pueblo. Desde allí tomamos una pista de tierra que deja a nuestra izquierda, al otro lado del valle por donde corre el arroyo Abesedo, el barrio de Arriba, también llamado la Cubilla; la pista se eleva con fuerza y nos va aproximando a la falda de Peña Ubiña.

Detalle del pueblo bajo el Macizo de Ubiña

Pronto, en un pequeño collado, abandonamos la ruta marcada por los Cuatro Valles, que se va hacia nuestra derecha, y seguimos la pista con fuerte pendiente aunque fácil caminar. Sobre nosotros tenemos casi al alcance de la mano la ladera de Peña Ubiña; a quienes siempre la hemos visto e incluso, como contamos en el artículo anterior, alcanzado su cumbre desde Puerto Pinos, impresionan desde aquí sus abismos, y aún impresiona más pensar que intrépidos montañeros suben y bajan por ellos… incluso dicen que cuando en invierno se cubren de nieve. Más allá, siempre a nuestra derecha, los Curieles, el Portillín, el Siete; todos ellos y otros más conforman el llamado Macizo de la Ubiña.

El Macizo de Ubiña desde los llanos de Babia

La pista sigue ascendiendo, cruzamos el arroyo de los Muriales, que va a unirse cerca del pueblo al ya citado Abesedo, y tras un corto llaneo llegamos al collado del Refugio de la Guardería de Montaña a 1 732 metros de altitud: un buen lugar para el primer descanso y el comentario sobre lo mucho que hemos recorrido y lo que aún resta para llegar a la cima.

El collado del Refugio

La Muezca Colines se encuentra sobre nosotros pero hasta allí no hay camino, lo debe hacer el caminante al andar; primero por una exigua pradera y luego por amplio pedrero que en pendiente casi vertical convierte este tramo en el más duro y complicado de la jornada.
La Muezca o Muesca Colines, como su nombre indica, es un corte en la montaña que permite el paso entre ambas vertientes de la misma; aquí se trata de un paso ganadero entre los términos de Babia y Quirós, parroquia de Lindes. Así pues, desde esta muesca a 1 925 metros de altitud podemos contemplar los puertos quirosanos de Agüeria, sus hermosas majadas y el desfiladero que marca el río de la Foz Grande, que más abajo del pueblo pasará a llamarse río Lindes para conformar, más abajo aún, el río Quirós.

Fuerte pendiente a partir del collado de Refugio

La muesca, en pleno macizo, se encuentra entre el pico el Prau y el pico Colines; y a este último de 2 215 metros de altitud tenemos obligado el ascenso, pues es nuestra cumbre de la jornada. No resulta complicado: una fácil y entretenida trepada nos deja en la cima. Desde allí la vista abarca, además de los puertos quirosanos, todo el macizo donde destacan a nuestra derecha los picos del Fontán; hacia el Norte, la mole de Peña Rueda atrae la mirada de los amantes de las más altas cumbres. Es sin duda el pico Colines, asomados a las tierras asturianas de Quirós, el mejor lugar para la comida, el descanso y la conversación; y a partir de aquí ya todo será descenso hacia las llanuras de Babia.

Pico y Muesca Colines, ya desde el descenso

Al reanudar el camino, abandonamos pronto la crestería y, dejando a la izquierda la Peña el Robezo, por una vallina descendemos hasta la vega de Robezo (1 929 metros). Después atravesamos otra muesca, la de la Cigacha, para continuar el descenso hasta la majada El Arca (1 715 metros), amplia pradería con una buena cabaña recientemente restaurada, y desde donde, si miramos hacia atrás, podemos ver la cumbre por donde anduvimos.

Largo descenso por la vallina hacia el llano

Seguimos el camino por un cortafuego y luego senda entre piornales, paralelos al escaso arroyo de la Vallina del Arca hasta que lo atravesamos cuando se une al arroyo de Campo Fermoso para formar el ya importante río la Venta del Pacinero. Poco después llegamos a los invernales de Cuspasante a 1 335 metros de altitud.
Estos invernales son amplias y llanas praderías con varias cabañas y una nave ganadera. Sobre ellos, en el Pedregal hubo explotaciones mineras de carbón: escombreras y restos de instalaciones denotan su funcionamiento no muy atrás en el tiempo. A partir de aquí, el camino ya es todo llano por la buena pista que dio servicio a las minas y hoy es de exclusivo uso ganadero; por ella avanzamos con comodidad entre prados de siega cercados de alambre, hasta encontrarnos con la LE-481 que desde la N-623 sube al puerto Ventana.
 
La majada del Arca y su cabaña

            Seguimos por la pista, ahora en un trazado paralelo a la carretera, y después de cruzar por un puente de piedra sobre el río la Venta que se va hacia el pueblo de Genestosa para más adelante desembocar en el Torrestío, nos encontramos con las ruinas de la ermita de San Bartolomé. Asentadas a la vera del camino sobre un pequeño montículo, estas ruinas en gran parte cubiertas de matorral muestran orgullosas lo que fue su portada y parte de sus gruesos muros de piedra; y a su espalda, a los lejos, en el Macizo de la Ubiña, el pico Colines se asoma en la foto de Albino González que cierra este artículo. Fue una sorpresa, una joya que vino a colmar los últimos metros de esta interesante jornada por las siempre atractivas montañas de Babia.

Las ruinas de la ermita de San Bartolomé

            
               (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 27 de septiembre de 2014)

Las fotos, excepto la citada, son de José  María Arnillas

viernes, 19 de septiembre de 2014

EL PUERTO DE LA CUBILLA OTRA VEZ



Por Puerto Pinos a las Ubiñas, y por el Meicín para terminar en Tuiza de Arriba

            Otra vez el puerto de la Cubilla; de nuevo cruzamos la portilla del alto el Palo para caminar por Puerto Pinos, pero si en el artículo anterior narraba las caminatas de Los Tres por este “Puerto de Mieres” y hacia los puertos meridionales de Lena, ahora se trata de buscar otros puertos más al Norte. Por eso me gustó la propuesta para el grupo La Peñuca de José Montero, buen conocedor de las tierras de León, que me brinda la posibilidad de caminar y escribir de nuevo sobre Puerto Pinos con el reto de la mayor de las Ubiñas, y acercándonos a otros lugares del término de Lena hasta ahora para mí desconocidos.
            Más allá del alto el Palo, pasada la collada el Moro y la vega la Cueva, está frente a la Peña los Navares a 1 594 metros de altitud la “Casa de Mieres”. Allí tuve la oportunidad de saludar a los conocidos ganaderos, entre ellos a Poli, con quien no habíamos coincidido en nuestros días de agosto en el albergue, y a Santos, el siempre presente guarda de pastos, ocupados en ese momento con la preparación de algunas reses para la bajada del puerto. De allí parte nuestra caminata hacia el Norte en dirección a las Ubiñas, por una ruta ya en otra ocasión descrita pero siempre atractiva y llena de interés.

La "Casa de Mieres" y la Peña los Navares

            El valle de la Cantarilla con su pequeño embalse que sirve de abrevadero, el valle Angosto, y la amplia vega de Candioches con sus praderías onduladas son la primera parte de nuestro recorrido. Al final y al fondo de Candioches, el valle se estrecha y parece estrellarse contra un murallón de piedra; estamos en los Ollones (1 678 metros), donde hay una fuente con abrevadero que recibe el agua por una manguera tendida desde la vega que está más arriba.

El valle de la Cantarilla con el embalse abrevadero

            El murallón que cierra los Ollones se puede salvar por una pista que lo bordea en un amplio recorrido hacia la derecha, pero también se puede superar por una senda que asciende a modo de escalera por las piedras: se conoce este paso como la Estrechura. Cuando se culmina, nuestra vista se encuentra con una amplia vega que cierra al frente la impresionante mole de Peña Ubiña la Grande, a la izquierda, Peña Ubiña la Pequeña y a la derecha, Peña Cerreos. Estamos en la vega de Retuerto, también llamada valle de Riotuerto, pues en su parte más alta, en un manantial de agua siempre fría, nace este reguero que se une cerca de la "Casa de Mieres" al río Pinos.

Superada la Estrechura, llegando a Retuerto;
en la pradera se aprecia la manguera para la fuente de los Ollones
     
        Es un placer recorrer esta larga vega de Retuerto, siempre ganando altura según nos acercamos a las Ubiñas, y ladeándonos hacia la izquierda para encontrarnos con el cierre de separación de pastos entre Puerto Pinos y las parroquias de San Emiliano. Cuando al fin alcanzamos el cercado y bordeamos un peñasco que se conoce como la Carba, llegamos al Ronzón, un collado en el límite de pastos y un lugar importante en nuestro recorrido; es obligatoria una parada para contemplar el amplio panorama de la Babia Baja, que es el término municipal de San Emiliano: pueblos como Genestoso, Candemuela, Torrebarrio… “Qué bonita es la tierra de Babia -le comentaba yo en cierta ocasión a una amiga leonesa-, no es de extrañar que los reyes quisieran descansar en estos parajes” “Sí -me contestó ella-, aquellos reyes siempre estaban en babia”.

Panorámica de Babia desde el alto el Ronzón

           Pero es que, además, el Ronzón ha de ser lugar de descanso para enfrentarnos con fuerzas al reto de la jornada; dejando a nuestra espalda la pequeña Ubiña, comenzamos el incesante ascenso a la cumbre de Peña Ubiña la Grande: desde los 1 936 metros de altitud del Ronzón hasta los 2 411 de Ubiña, una diferencia capaz de poner a prueba el ánimo del caminante. La senda por la parte cimera de la pradería se convierte en una estrecha canal de pedrero, que nos deja en la mejor atalaya para contemplar todos los pueblos de la Babia Baja, hasta San Emiliano, la villa municipal, y Pinos, donde arranca la pista que sube a la “Casa de Mieres”. Después, por la arista y la crestería llegamos a la cima.

Un buen pedrero en la subida a la cumbre

             Peña Ubiña es la segunda cumbre en altitud de la cordillera Cantábrica, la cadena montañosa que en un sentido amplio se extiende más o menos paralela a la costa desde Los Ancares en Galicia hasta las montañas vascas; sólo la supera el pico Torrecerredo en el macizo de los Picos de Europa. Y desde esta preciosa cumbre la vista del caminante parece abarcar “el mundo entero”, y es, además, una cumbre muy prestigiosa, por lo que en un fin de semana veraniego siempre se encuentra allí compañía.
            En esta ocasión, no obstante, una negra nube acompañada de un viento fresco del norte parece presagiar tormenta; y como dice un personaje de Antonio Machado en La tierra de Alvargonzález: “Dios le libre de una tormenta por aquellas sierra”, refiriéndose a la de Urbión. Y es así que nuestra estancia allí sólo duró el tiempo justo para mostrar el inevitable contento, las correspondientes fotos de cumbre y los comentarios sobre las distintas posibilidades de descenso, que de inmediato iniciamos por el camino más lógico y seguro: el mismo que utilizamos para el ascenso.

Desde el descenso de Ubiña, el valle de Riotuerto y, más allá, la vega de Candioches

            De nuevo en el Ronzón, la amenaza de tormenta parece haber desaparecido y hasta luce el sol; arrimados a la Carba, el peñasco que se levanta en la pradera desafiante en su pequeñez (2 133 metros) a tan altas montañas que le rodean, encontramos, ahora sí, el lugar adecuado para la comida, el tranquilo descanso y la conversación.
            Tras el descanso, la caminata prosigue hacia los puertos de Lena. Primero debemos cruzar la cabecera del valle de Riotuerto por una senda que bordea el gran pedregal que desciende de Ubiña, hasta alcanzar el collado Terreros (1 886 metros) entre Ubiña y el pico Cerreos; cruzamos la valla y entramos de forma definitiva en el término de Lena, parroquia de Tuiza: es el puerto Cerreo, fértiles praderías por las que se desciende con comodidad. Aquí, en este puerto de verano, está la fuente de las Fanas, donde nace el reguero la Piedra que más abajo se llamará río Tuiza, para después de Los Pontones, al unirse al río Foz que viene de las estribaciones de la peña la Mesa, formar el río Güerna.

El Meicin desde el collado Terreros

El descenso se hace más empinado por el Chagu hasta llegar a la vega el Meicín a 1 490 metros de altitud. Al volver al vista atrás, algo queda claro al caminante: el acceso a Ubiña es más cómodo y soportable, tal como nosotros lo hemos hecho, desde la “Casa de Mieres” que desde donde ahora nos encontramos.
            El Meicín es una amplia vega con prados cercados de piedra y algunas viejas cabañas; en la campa está también el refugio que algunos valientes montañeros toman como punto de partida para conquistar las imponentes cumbres rocosas que le rodean.

Los empinados puertos de Lena desde el Meicín

           El camino, ya más cómodo y bien señalizado, continúa al final de la pradera por una senda que, tras el paso de la correspondiente portilla, se convierte en un empedrado por la margen izquierda del reguero. Hasta entrar en la parte alta de Tuiza de Arriba y descender al amplio aparcamiento, donde nos recibe gloriosa, con fuerte granizada, una imponente tormenta que agradecemos haya esperado hasta este momento final para no estropearnos tan hermosa caminata adornada con el ascenso a la para mí inigualable cumbre de Peña Ubiña.

 
"El mundo entero" desde la cumbre de Peña Ubiña;
al fondo se aprecia el embalse de Barrios de Luna


                 (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 13 de septiembre de 2014)

 Las fotos son de José Arnillas
 

miércoles, 3 de septiembre de 2014

TRAS EL PUERTO DE LA CUBILLA



Caminatas desde la “Casa de Mieres”: La Magrera, la Vachota, Peña los Navares, Puérragos… entre ganaderos y caminantes.

            Al puerto de La Cubilla se llega desde Campomanes por la LE-8 que pasa por pueblos como Teyedo, La Cruz, Rospaso o Tuiza y trepa hasta alcanzar a 1 683 metros de altitud su cumbre, también llamada Alto el Palo. Allí la valla de separación con la correspondiente portilla indica el paso de Asturias, término de Lena, a Puerto Pinos, tierras de León, si bien territorio propiedad del Ayuntamiento de Mieres desde 1926 como ya hemos comentado en artículos anteriores.
            Después de cruzar la portilla, la carretera desciende unos dos kilómetros hasta finalizar junto al edificio conocido como la “Casa de Mieres”, con el refugio donde nos alojamos unos días para desde allí realizar algunas caminatas disfrutando de la amable compañía de los ganaderos del puerto.
            El extenso territorio de Puerto Pinos se encuentra demarcado por una valla para separarlo de los pastos de Lena en Asturias y de los de San Emiliano de Babia; a ambos lados de la valla es posible realizar interesantes caminatas que permiten recorrer majadas, vegas, puertos y collados e incluso acercarse a algunas de las cumbres importantes de la Cordillera.

Cuno Rotella, Pipi y Juanjo F L con Peña los Navares al fondo. 
Por gentileza de Allerano

            Una interesante caminata nos sube de nuevo al Alto el Palo para desde allí internarnos en los puertos de Lena. En el alto nos detenemos a contemplar, de espaldas al valle del río Tuiza, el panel informativo del Parque Natural de Las Ubiñas y La Mesa, y de espaldas a las praderías de Puerto Pinos, el monolito en agradecimiento a Don José Sela y Sela, alcalde de Mieres que gestionó la compra de este puerto.
            Después, al lado mismo de la portilla tomamos una pista que nos sube hasta Peña Tolóbriga (1 765 metros), desde donde tenemos a nuestra derecha la amplia vega de Rodriguero en Puerto Pinos y, a nuestra izquierda, en Lena el valle del Tuiza o alto Güerna por donde trata de subir la niebla; al frente siguiendo el cordal, el camino discurre junto al cercado de separación de las praderías de Acebos que caen hacia Tuiza. Esta agradable crestería nos va acercando al principal objetivo de la caminata, la cumbre de La Magrera; en un momento determinado cruzamos la cerca y ya estamos en lo que los ganaderos llaman “Puerto de Lena” para diferenciarlo del “Puerto de Mieres”, como en ocasiones se nombra a Puerto Pinos.

Hacia la cumbre de La Magrera

            La Magrera o Almagrera como también consta en algunos mapas, a 1 946 metros de altitud, nos ofrece unas espléndidas vistas más allá de las praderías que la rodean; hacia el noreste impresionan la mole de Peña Ubiña y también el Farinientu, ya en Quirós, donde apreciamos algunos neveros; al otro lado, más allá del Muñón del Agua, está la cuenca del río Luna por donde ya tuvimos ocasión de relatar aquí otra caminata (Hacia Luna de Arriba, 14 de junio de 2013)
            En la cumbre de La Magrera coincidimos con una joven pareja de Soria, él aficionado a las carreras de montaña, y el encuentro nos permite cederles la cámara para salir los tres en una foto de cumbre. Tras breves momentos de charla, ellos, buenos montañeros, siguen con la intención de completar las cumbres de La Mesa y La Tesa; nosotros, más humildes caminantes, dejando Mesa y Tesa para otra ocasión propicia, iniciamos el descenso hacia la Vachota: un pequeño pedregal y un agradable recorrido por las empinadas praderas que cubren la ladera.

En la cumbre de La Magrera

            La Vachota es un amplio conjunto de vegas y brañas que ofrecen excelentes pastos a los ganaderos de Lena. Nos encontramos en Mayá Vieya a 1 658 metros de altitud, donde hay un cercado para el ganado y varias cabañas; momento y lugar adecuados para el descanso, con agradable conversación en torno a una botella de buen vino que nos ofrecen los ganaderos de la majada, siempre atentos al paso de los caminantes.
            Después del descanso, reanudamos el camino por la buena pista de acceso a la majada, cruzamos la portilla de La Raya y por el alto de Rodriguero entramos en Puerto Pinos; la pista sigue hasta el puerto de La Cubilla, donde ya sólo resta descender por carretera los dos kilómetros que nos separan del albergue.

Últimos pasos hacia la cumbre de La Magrera

            La Peña los Navares se encuentra justo frente a la “Casa de Mieres”, y a su cumbre nos dirigimos en una caminata no muy exigente pero bien agradable. Pasando junto a la ermita y cruzando el río Pinos a 1 585 metros de altitud por el bonito puente de madera, nos detenemos en las cabañas de Piedra Xobera para intercambiar opinión con los ganaderos sobre el mejor camino a la cumbre: elegimos el más largo por ser el que nos permitirá recorrer lugares desconocidos para nosotros.
            Se trata de ascender primero por pista hasta el collado de los Navares, para internarnos después en la amplia vega de Gorgoberos, en la que se encuentra la llamada Laguna Mala: una considerable charca rodeada de terreno pantanoso donde en los días de calor se reúne todo el ganado de la vega. Dejando a la espalda la laguna, comenzamos a ascender por las praderías en la falda de la peña, para tras unos últimos metros algo abruptos llegar a la cumbre.

Por la vega de Gorgoberos hacia la Peña los Navares

La Peña los Navares de 1 732 metros de altitud es una buena atalaya; por su situación, se nos antoja uno de los mejores puntos para abarcar toda la extensión de Puerto Pinos y hacia el sur, más allá del cercado, los montes que cierran el valle del río Pinos hasta San Emiliano.
            Descendemos luego hasta la majada los Navares, donde hay dos cabañas y una buena fuente con abrevadero, y enfilamos el valle de La Cubilla; por este valle corre el llamado Reguero del Puerto que nosotros seguimos por su margen derecha hasta llegar a la majada de La Cubilla: cercado para el ganado, cabañas en buen estado -como casi todas las que encontramos a nuestro paso- y conversación con ganaderos. Más allá está la vega de Rodriguero donde nace el río que, tras perderse subterráneo durante algún centenar de metros, lo hemos vista aparecer más abajo para seguir su rumbo hasta desembocar en el Luna cerca de Villafeliz.

El fotógrafo retratado en la Peña los Navares. 
Al fondo, panorámica de las Ubiñas entre la niebla

            Bordeando un altozano entramos en la vega la Cueva donde nace el otro río, el Pinos, que después de dibujar espectaculares meandros en las praderías, desciende hasta cerca de San Emiliano, para desembocar en el Torrestío, afluente también del Luna. Después de recorrer la vega la Cueva, salimos a la carretera y llegamos a la “Casa de Mieres”.

Majada y valle de La Cubilla

            También fue interesante acercarnos a Puerto Párragos en el término de San Emiliano, más allá del límite de la propiedad de Mieres. Allí pastan un buen rebaño de ovejas, algunas yeguas y caballos y un grupo de vacas de raza tudanca, traídas expresamente desde este municipio cántabro del valle del Nansa. Su pelambre pardo oscuro, casi negro en los machos, y su espectacular cornamenta, les convierte en las más admiradas entre la ganadería esta temporada; nosotros no las quisimos perder, sabiendo además que son propiedad de Diego, el más joven ganadero.

Vacas tudancas al lado del río Pinos

            A Diego siempre se le encuentra, afanoso trabajador, por allí; como a los demás: Morín y Pepe Luis en Piedra Xobera; Mundial, el más veterano, que no deja de acompañarnos en el albergue, y todos los que encontramos en sus majadas y brañas. Sin olvidar, claro está, a Santos, el guarda de pastos, capaz de recorrer a diario las praderías del puerto y controlar las cabezas de ganado que allí pastan. Sólo el bar cerrado de la “Casa de Mieres” se echó en falta esta temporada, sobre todo al caer la tarde; esperemos que los problemas que obligaron a cerrarlo se solventen y pueda estar abierto en la próxima temporada de pastos.

Ganado y niebla al atardecer en Puerto Pinos


Las fotos son de Cuno Rotella