viernes, 30 de enero de 2015

DE CANGAS DE ONÍS A VILLAMAYOR



El G R 109 por tierras y pueblos de Cangas de Onís, Parres y Piloña; etapa 5

            De nuevo en el G R 109 Asturias interior, recorremos en esta ocasión la quinta etapa entre Cangas de Onís y Villamayor. Una etapa caracterizada por su largo recorrido, pues con sus 23 kilómetros es una de las más largas entre las 27 que forman el G R, y ofrece al caminante la oportunidad de conocer distintos núcleos rurales de los municipios que atraviesa sirviéndose de las comunicaciones que los unen: viejos caminos, pistas de uso agrícola y ganadero, y también carreteras locales entre aldeas y villas.
            Otra característica de esta etapa es la continua presencia de los ríos Sella, primero, y Piloña, después, cuyo cauce seguimos, en ocasiones aproximándonos a sus aguas y en otras, alejándonos por la ladera de las sierras de su cuenca fluvial, atravesando también los numerosos ríos y regueros que son sus afluentes. Todo ello en una propuesta para el grupo La Peñuca de Rafa Carretero, quien presentó un proyecto bien estudiado de este recorrido que por otra parte también se caracteriza por su coincidencia con otros rutas, entre las que destacan el camino de Gijón a Covadonga, que en el término de Parres está señalizado como Camino de la Reina, y el G R 105 Ruta de las Peregrinaciones, que es el camino a Covadonga desde Oviedo.

Agradable el camino por la ribera del río Piloña

            Nosotros partimos en la ciudad de Cangas de Onís de la estación de autobuses, para recorrer primero Contraquil, antaño una zona rural y hoy un moderno barrio de Cangas; es el lugar donde se encuentra la iglesia de Santa Cruz fundada por Favila y edificada sobre un dolmen. Luego, seguimos el sendero entre bosque de ribera en un coto salmonero señalizado como Coto Brezo.
            Así llegamos a Villanueva, donde al cruzar el río por un puente y la N-625 cambiamos de municipio pero no de parroquia, porque la que tiene su centro en Villanueva comparte su territorio entre los dos términos. Al otro lado del río, ya en Parres, está La Vega de los Caseros, desde donde podemos ver en la otra margen la iglesia parroquial y el monasterio de San Pedro de Villanueva, hoy moderno parador nacional.
 
La salida de Cangas a la vera del río Sella
 
            Comenzamos a ganar altura de forma moderada por la pista de "exclusivo uso agrícola, ganadero y forestal", y pronto encontramos dos paneles informativos de las vistas panorámicas que contemplamos: el primero, con diversas cumbres de Picos de Europa; el otro, algo más arriba, en el collado Los Coros, hacia la sierra del Sueve. En este continuo ascenso llegamos al lugar de San José, donde se impone un primer alto en el camino; allí está la ermita de San José que data del siglo XVII y junto a ella el consabido edificio escuela del Plan Quinquenal  de Lora Tamayo.
            Por San José pasa la PR-5 que une Cangas con Ozanes de Parres; podríamos seguir por ella, pero la ruta marcada elude la carretera dando un amplio rodeo para volver a encontrarla en el lugar de Romillín. Desde aquí sí seguimos la carretera descendiendo por la conocida como Cuesta de Romillín hasta encontrarnos con el río Mampodre que viene del pico Fontecha, en la linde entre Parres, Ponga y Amieva, para desembocar aquí en el Piloña. Cruzamos el Mampodre pero no el Piloña, aunque en la otra margen vemos Ozanes y el apeadero del ferrocarril.

Panorámica del Sella, Villanueva y al fondo las cumbres nevadas
 
            El río Mampodre marca la divisoria entre las parroquias de Villanueva y Viabaño; en ésta nos adentramos, seguimos algo menos de un kilómetro por la PR-4 que desde Ozanes sube a Llerandi y pronto llegamos a la aldea de Romillo que ofrece un buen conjunto de hórreos y paneras. Abandonamos la carretera y por buena pista descendemos a la vera misma del Piloña, donde el río dibuja un amplio meandro conocido como la Ería de Arobes; a la vera del río, tan cerca que casi podríamos palpar sus aguas caudalosas, recorremos un trecho muy agradable por un camino de tierra entre bosque con hermosa vegetación de ribera.
            Donde la riega del Golondrón y el reguero de Granda, juntos, entregan sus aguas al Piloña abandonamos nosotros la ribera y nos acercamos a la iglesia parroquial y el cementerio de Viabaño; hay también allí un molino en el río Beleño que nace en las proximidades de Peña Llerandi, parroquia de Los Montes: hasta seis molinos, dicen, alimentó este afluente del Piloña, una muestra de los cueles es el que ahora contemplamos.

Molino junto al río Beleño en Viabaño

            Estamos en Llames de Parres, de caserío disperso en barrios y lugares como el mismo Viabaño, El Otero o Collado de Llames donde se encuentra la plaza de juegos infantiles y el Centro Social "Amigos La Cuesta-Bodes". Aunque nos encontramos aún a mitad de la etapa, éste ha de ser el lugar adecuado para el descanso, la comida y la conversación; y es que Llames de Parres es un lugar emblemático en el camino y un señalado cruce de rutas. El camino de Gijón a Covadonga, que el Ayuntamiento de Parres bautizó a partir de Soto de Dueñas como Camino de la Reina en recuerdo de cuando Isabel II acudió a tomar baños a Gijón y desde allí quiso visitar con su séquito la basílica de Covadonga, se encuentra aquí con la Ruta de las Peregrinaciones, que viene desde Oviedo por Piloñeta en Nava, Les Praeres en Peñamayor, Puente Miera, Espinaredo y La Matosa en Piloña.

Llames de Parres y al fondo la sierra de Bodes

            A la salida de Llames está la ermita de San Martín de Escoto, Monumento Histórico con elementos románicos reconstruida en 1566. Desde aquí descendemos otra vez hasta la orilla del Piloña para cruzar la riega Oscura que nace en la sierra de Bodes, y poco más allá, frente a Soto de Dueñas, el arroyo de Carrocea que baja del Cueto del Arbolín y que nos señala el final de municipio de Parres  para pasar a Piloña, parroquia de Sevares.
            Ya en Piloña, atravesamos Villar de Huergo y nos acercamos a Sevares; en este recorrido no dejamos de contemplar el pico Priede, soberbio a nuestra izquierda. Cruzamos el río Tendi, que se forma con la unión de varios arroyos en la parroquia de Los Montes, y la AS-339, que remontando el valle de este río llega hasta la AS-261 en Sellaño, Ponga. Caminamos unos metros por la PI-1 que sube a la aldea de Priede y bordeamos Sevares, la tercera localidad del municipio por su población.

La ermita de San Martín de Escoto en Llames de Parres

            En la otra margen del Piloña vemos la iglesia de Sorribas, cuya parroquia linda con la de Sevares por medio del río; en ella está el sepulcro familiar de los Condes de Peñalba, propietarios del palacio que se levanta en las proximidades de la iglesia. La parroquial de Sevares y el cementerio también se encuentran en un altozano próximo al lugar de La Piñera, donde cruzamos el río Color que viene de la Collada de Piedrafita, límite entre Piloña y Ponga.

El río Color cerca de su desembocadura en el Piloña

            A partir de aquí, ya en la parroquia de Villamayor, comenzamos el ascenso por la sierra de Pesquerín; es el mayor y más prolongado ascenso de la jornada que a estas alturas ya comienza a pesar en las piernas del caminante, pero al final alcanzamos en Mones la PI-1 que sube a la aldea de Pesquerín. Mones es un lugar formado por distintas caserías como La Foyaca, La Torre, El Calero o Rodiles, todas ellas comunicadas por esta carretera recién asfaltada por la que en poco tiempo bajaríamos a Villamayor; pero la señalización del G R nos obliga a descender por una caleya empedrada y algo embarrada que, entre prados cercados de piedra, sigue el curso del río Pequeño que nace en la peña Niañu.

La Piñera al comienzo de la sierra de Pesquerín

            Hasta el fondo del valle, en Carúa, un barrio del mismo Villamayor, en donde entramos por la calle de Las Carretas y la plaza de la Rectoral Vieja para terminar frente al ábside del antiguo monasterio de Santa María; el mismo lugar donde en otra ocasión iniciamos el recorrido de la etapa seis hasta Espinaredo por iniciativa del recordado Fernando Espina (El G R 109 en Piloña, 15 de febrero de 2013).

Panorámica con el pico Priede y su sombrero de niebla



Las fotos son de Juan Lobelle


                       (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 24 de enero de 2015)

jueves, 15 de enero de 2015

EL CAMINO DE SAN SALVADOR



Por la cuenca del Lena y del Caudal, desde Pola hasta Ablaña

            Cuando los peregrinos medievales que se decidían a abandonar en León el Camino de Santiago Francés para visitar la basílica de San Salvador en Oviedo llegaban al fondo del valle por donde corre el río Lena, sin duda gozarían de un gran alivio. Habían subido por las ásperas tierras leonesas hasta el alto de la cordillera Cantábrica para atravesarla por el puerto de Pajares, entonces nombrado como puerto de Arbás, lo que en aquellos tiempos debía de exigir un esfuerzo considerable. Una vez alcanzado el fondo del valle, su Camino discurriría, hemos de suponer, por terreno más o menos llano buscando siempre los mejores pasos.
            Quiso el grupo La Peñuca iniciar su campaña 2015 con esta etapa por iniciativa de su vicepresidente José Montero, para quien no hay secretos en los asuntos del Camino. La orografía es hoy sin duda totalmente distinta a la que contemplaron aquellos peregrinos, pues nuestro recorrido entre Pola de Lena y Ablaña, como no podría ser de otra manera, tiene la continua presencia de la A-66, el ferrocarril y los polígonos industriales, no en vano caminamos por uno de los más importantes núcleos del desarrollo industrial de España.
 
Presencia de la autovía a lo largo de la etapa

            Al iniciar la caminata en Pola es necesario recorrer algunas de sus calles centrales pasando por la plaza donde está la iglesia parroquial y donde se celebra el mercadillo semanal de los sábados. A la salida de la villa, el camino discurre por la estrecha carreterita de poco tráfico en la margen izquierda del río; vamos paralelos a la A-66 hasta que, ya en la parroquia de Villayana, poco antes de llegar a la estación de servicio de La Vega, por un paso subterráneo cruzamos la autovía y dejándola a nuestra espalda ascendemos por una caleya con escalinata hasta Castiello. Es un caserío con varias cuadras y buenas praderas a su alrededor; hay también un edificio escuela de los construidos en los años sesenta del pasado siglo en el Plan Quinquenal del ministro Lora Tamayo.

El ascenso hacia Castiello con la autovía a la espalda

            Tras cruzar el caserío, salimos a la LE-1 que sube hasta Carabanzo, abandonamos la carretera y por buena senda entre bosque de castaños y robles, descendemos hasta encontrar de nuevo la A-66. Otra vez en el llano, sigue la estrecha senda entre la autovía y la ladera de la montaña cubierta de bosque; pasamos ante la bocamina La Catalana y pronto llegamos al pueblo de Los Tableros, un grupo de viviendas alineadas a la orilla de la carretera por la que se accede desde Sovilla. Estamos ya en el municipio de Mieres del Camino y hemos dejado atrás el de Lena, en su día nombrado como el conceyón por su vasta extensión desde Pajares hasta el Padrún; esto fue hasta 1836, cuando se partió en dos concejos: el de Mieres, en las tierras de Lena de Yuso (de abajo, del Caudal) y el de Lena de Suso (de arriba, Pajares, Güerna...).

En la tapia de La Catalana está grabado el año 1997
 
            En el polígono industrial de Sovilla en la parroquia mierense de Santa Cruz, nos detenemos ante una joya de la arqueología industrial construida por iniciativa de Claudio López Bru (1853-1925), segundo Marqués de Comillas y propietario de Hullera Española, una de las primeras empresas que explotó la riqueza minera en los valles del Caudal, Lena y Aller; se trata de una nave destinada a la reparación de locomotoras de su empresa minera, un edificio de aire modernista con alusiones al mudéjar que en la actualidad sirve de almacén de locomotoras de Hunosa.
 
Cerámica multicolor en la nave de Hullera Española

            Poco más allá, nos detenemos en una plataforma sobre la confluencia de los ríos Lena y Aller: aquí nace el río Caudal, y nuestro camino seguirá hasta el final por la senda fluvial que lleva el nombre del río y que lo recorre por su margen izquierda.
            Eso sí, pronto entraremos en Ujo y recorreremos algunas de sus calles para detenernos en la soleada plaza donde se levanta la iglesia parroquial de Santa Olaya (Monumento Histórico Artístico), románica del siglo XII que fue derribada en 1920 para facilitar el trazado del ferrocarril y levantada de nuevo en estilo historicista, conservando algunos elementos originales entre los que destaca su ábside semicircular. Al otro lado de la plaza está el barrio de La Estación a la que se accede salvando la vía férrea por una espectacular pasarela con ascensor; nosotros abandonamos Ujo pasando junto a un bloque de viviendas para obreros construido a principios del siglo XX y conocido como Los Cuarteles.

El río Caudal se forma por la unión del Lena y el Aller

            El camino sigue, como ya hemos dicho, por la senda fluvial en la margen izquierda del río y a nuestra derecha dejamos Figaredo, donde desemboca el río Turón cuyo valle recorre la AS-337 que por el alto de La Colladiella comunica con San Martín del Rey Aurelio. Más allá, Santullano, hasta donde Jovellanos en su "Carta del viaje de León a Oviedo" dirigida a don Antonio Ponz deja constancia de encontrar "la nueva carretera que continúa hasta Oviedo, y de la cual diré algo después" (1). De lo que habla Jovellanos después en su carta es de la cuesta del Padrún, pero antes quiere comunicar a su amigo las ventajas de que la carretera se abra pronto hasta León y lamenta la demora de las obras con palabras que, aunque escritas entre 1772 y 1794, parecen referirse a la realidad actual: "Van a cumplir diez años que nada se adelanta en ella (...) las dudas, los recursos, los enredos y los chismes de los mismos naturales interesados en la conclusión de esta empresa, han opuesto los mayores obstáculos a su continuación. Cada territorio, cada pueblo, cada particular la ha querido convertir en su propia utilidad" (2).

Paisaje desde el pueblo de Los Tableros

            Donde desemboca el arroyo Valdecuna hay una oportuna área recreativa a la orilla de la carretera que por este valle comunica los pueblos de las parroquias de Gallegos y Cuna que quedan a nuestra izquierda: es el lugar adecuado para el momento de la comida, la conversación y el descanso, aunque la caminata en sí, tal como habíamos previsto al comienzo, no se muestre muy exigente.
            Al llegar a Mieres, el Camino de San Salvador penetra en la villa, la recorre y llega hasta el albergue instalado en las antiguas escuelas de La Peña. Nosotros, por el buen criterio del patrón, seguimos la senda fluvial hasta su final en Ablaña, ya en la parroquia de Loredo.

En las proximidades de Mieres abundan las garzas en el río Caudal

            Ablaña, donde desemboca el reguero Nicolasa que dio nombre a un importante pozo minero, es un pueblo dividido en tres barrios: Ablaña a Abajo, El Pachón y Ablaña de Arriba. Aquí, junto al campo de fútbol y frente a las estaciones de Renfe y Feve finalizamos nosotros una etapa que dejaba a los peregrinos medievales casi a la vista del final de su aventura, aunque para ello aún tuviesen que salvar las difíciles rampas del alto El Padrún y algo más.

Estrecha senda por el lugar más umbrío


(1) Gaspar Melchor de Jovellanos: Cartas del viaje de Asturias (Cartas a Ponz), Oviedo, 2003
(2) Gaspar Melchor de Jovellanos: Cartas del ...

Las fotos son de José  María Arnillas

                               (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 10 de enero de 2015)

viernes, 19 de diciembre de 2014

POR TIERRAS DE PAREDES EN VALDÉS



 Desde San Pedro de Paredes al Candanín y Merás, para volver por La Llamiella y La Vega a San Pedro de Paredes



             De las 15 parroquias que forman el municipio de Valdés, la de Paredes es la situada más al Sur, en el límite con Tineo. Es una parroquia extensa, recorrida por el río Esva en un valle abierto conocido como valle de Paredes; valle y parroquia recibieron en 2001 el Premio Príncipe de Asturias al Pueblo Ejemplar. Los habitantes de estas tierras tuvieron acreditada fama como arrieros desde la costa hasta León a través de Tineo, Cangas del Narcea y el puerto de Leitariegos; hoy su economía se basa en la ganadería, aunque también destacan en la artesanía de la madera y la cestería: una muestra de su arte se puede ver en el bar de Paredes donde recalamos al final de esta caminata,
            En 1974 se elaboró una relación de brañas vaqueiras del concejo de Vadés: fueron catalogadas 58 brañas de las que 9 están en la parroquia de Paredes, incluyendo la renombrada de Aristébano. En la caminata de hoy, una propuestas para el grupo La Peñuca de Jesús Manuel (Mamel), nos acercaremos a algunas de las aldeas que fueron brañas y recorreremos los valles de dos ríos que en esta parroquia alimentan al Esva, por buenos caminos entre rodales de carbayeras y castaños, bosques de abedules y plantaciones de pinos y eucaliptos.

San Pedro de Paredes en el centro de su valle

            Iniciamos el camino a 155 metros de altitud a la entrada de San Pedro de Paredes, y lo hacemos por la AS-351durante algo más de un kilómetro, para desviarnos luego hacia la izquierda remontando el curso del río la Vieya y luego el de su afluente el reguero Candanín, siempre por buena pista que va ganando altura de forma moderada en busca de la sierra de Rañadoiro. Pronto, ya en la ladera de la sierra, divisamos el caserío de Candanín que se incluye en el citado catálogo de brañas; nos acercamos a la aldea (439 metros), y por la pista asfaltada que le sirve de acceso seguimos subiendo a la vera de los picos Rañadoiro y Cubia hasta un collado (480 metros) en el alto de la sierra. Allí está la ermita de San Juan; pertenece a la parroquia de Barcia y a las aldeas de Gallinero y Folguerón, también catalogadas como brañas.

Praderas y caserío en la braña de Candanín
 
            Después de la primera parada en el campo de la ermita, que fue reformada con gusto en junio de 2012, seguimos el camino por la ladera que cae a Barcia, contemplando al fondo todos los valles de esta parroquia que vierten sus aguas al río Negro. La vista alcanza también entre la bruma hasta Almuña en la rasa marina con la línea del mar en lontananza: la sierra de Rañadoiro sirve de límite natural entre las cuencas de los ríos Negro y Esva, y al borde del camino encontramos algunos mojones que marcan la separación forestal y de pastos entre ambas parroquias.

La ermita de San Juan y el pico Boubiatín

            Nuestro camino da la espalda a este bello panorama, y bordeando el pico Cándano u Horreo que con su vértice geodésico es la mayor altura de la zona, nos adentramos de nuevo en la parroquia de Paredes. Pasamos por encima de amplias praderías donde están las caserías de Carcabanín, Gaos y Enverniego; esta última considerada como "la braña más próspera y con más iniciativa de Asturias". Y así debe de ser, pues a nuestro paso divisamos entre su disperso caserío dos buenas naves ganaderas y escuchamos el ruido y ajetreo de sus gentes en el trabajo; en sus praderías abunda además el ganado.

Disperso caserío en la braña de Enverniego

            La pista discurre ahora entre plantaciones de pinos y eucaliptos y una zona afectada por el corte de la madera; al fondo, a nuestra derecha, corre el río de la Solana que también baja de la ladera de la sierra de Rañadoiro. Así llegamos a Merás a 200 metros de altitud, en donde entramos por el barrio de la Requeixada para descender hasta la AS-351 que atraviesa el pueblo y lo comunica con Almunia y Luarca, la villa municipal y cabecera del Partido Judicial. En este lugar, cuna del apellido Merás, nos vemos obligados a buscar un sitio que nos proteja de la lluvia, que aunque no muy abundante ni molesta nos acompaña desde casi el inicio del camino, para el descanso, la comida y la conversación: lo encontramos, gracias al amable consejo de una vecina, en el atrio limpio y bien cuidado de la iglesia de Santa María, en la parte alta del pueblo.
 
 El pueblo de Merás, nudo de comunicaciones en el valle

            Después, continuamos el camino descendiendo a la era por donde corre limpio y  bien canalizado el río de la Solana que en su día movió buen número de molinos; hasta ocho, dicen, abasteció este río, todos del pueblo de Merás de los que hoy sólo se conservan sus ruinas. A partir de aquí, ya con el nombre de río Merás se va en busca del Esva donde desemboca en la linde con la parroquia de Muñás. Nosotros lo atravesamos sobre un puente de piedra y vamos ascendiendo por una caleya entre bosque de castaños y abedules para encontrarnos de nuevo con la AS-351 en la aldea de La Llamiella (233 metros). Seguimos un trecho por la carretera hasta que pasada otra aldea, La Puchica, la abandonamos, y por La Candana llegamos a La Vega (280 metros); desde aquí ya se ve cerca el lugar donde iniciamos la caminata y donde está también su final.
 
Cartel de bienvenida al valle, junto a la AS-351
 
            Pero en La Vega, demorando ese final, la señalización nos exige tomar el camino que nos llevará a contemplar el dolmen de Restriello. Está bien señalizado, se atraviesa el pueblo y se asciende por una buena pista maderera, hasta llegar a la última señal, que nos invita a abandonar la pista y a adentranos en el bosque para descender por una empinada pendiente entre piedra, monte bajo y matorrales que ocultan y dificultan el camino.

Por el bosque en el camino hacia el dolmen

            Es la guinda de la jornada que añade un plus de dificultad a esta caminata, por lo demás fácil y cómoda; el descenso se hace complicado, pero al final llegamos junto al dolmen y podemos palpar sus piedras sagradas. Al fondo, corre el río Esva encajonado ya en la sierra La Llamiella, y en las proximidades del dolmen, rodeado de matorrales, hay un cortín donde se protegían las colmenas del apetito goloso de los osos; el cortín está abandonado, pero por allí vemos al aire libre algunas colmenas, lo que hace pensar que o bien los osos ya no están o han perdido su apetito.

El dolmen de Restriello exigió un buen esfuerzo al fotógrafo

            Recorremos el camino de ascenso con más facilidad que en el descenso y llegamos de nuevo a La Vega; un poco más allá, en Toural, contemplamos la capilla de las Mercedes junto a dos palacetes de principios del siglo pasado. Por un puente de piedra cruzamos el río la Vieya que viene de la sierra de Estoupo en el límite con Tineo a desembocar aquí en el Esva cuando éste marca su hermoso meandro antes de encaminarse hacia el Norte. Ahora sí, ya restan pocos pasos para llegar a San Pedro de Paredes, principio y final de esta interesante caminata por valle y parroquia de la comarca vaqueira y dentro del Paisaje Protegido de la Cuenca del Esva.

Panorámica de la sierra de Rañadoiro


                 (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 13 de diciembre de 2014)

Las fotos son de Juan Lobelle


viernes, 5 de diciembre de 2014

ENTRE CABRALES Y ONÍS




El G. R. 109  Etapa 3: desde Carreña hasta Benia por Asiego, la Cruz de Raos, La Salce, el Coto de Alda y Avín

            El G. R. 109 Asturias interior recorre la región de punta a punta desde Panes hasta Santa Eulalia de Oscos: algo más de 500 kilómetros en 27 etapas, entre 15 y 25 kilómetros cada una. Son etapas bien señalizadas, por caminos que unen distintos núcleos rurales y cruzan antiguos puentes, buscando siempre la distancia intermedia entre las grandes cumbres de la Cordillera y el llano de la marina. Con el grupo La Peñuca hemos realizado ya algunas de estas etapas; así, la 1, entre las dos Peñamelleras, y la 2, entre Peñamellera Alta y Cabrales, pero también otras más adelante como la 6 por Piloña, entre Villamayor y Espinaredo o la 10, entre Laviana y Aller.
            Hoy, a propuesta de José María Arnillas, nos aprestamos a recorrer la etapa 3 entre Cabrales y Onís; primero por las tierras que vierten al río Casaño en su margen izquierda, para luego descender en Onís hacia el fondo del valle del Güeña. Siempre acompañados de una pertinaz llovizna y la molesta niebla que en escasas ocasiones nos dejó ver la estimable panorámica que este recorrido promete.

El río Güeña nos espera al final de la caminata

            Salimos de Carreña, a 200 metros de altitud, atravesamos el pueblo hacia el barrio alto y comenzamos el ascenso por una pista que remonta el arroyo de La Ría por su margen derecha. Pasamos junto a la fuente las Llamas, donde hay un área recreativa en evidente estado de abandono, varias cabañas y una nave ganadera, y pronto llegamos al cruce entre las etapas dos y tres del G R; la primera viene de nuestra derecha para finalizar en Carreña descendiendo el mismo trecho por donde nosotros iniciamos el ascenso.
 
El área recreativa de Fuente las Llamas

            Estamos en los invernales bien cuidados de Llanu Molín, e iniciamos un descenso hacia el puente que cruza sobre el arroyo de la Alisa, uno de los que alimentan al de La Ría en su camino hacia el Casaño. Cruzamos los invernales de Forcao, con cabañas y cuadras en buen estado, y retomamos el ascenso por buen camino bajo un frondoso bosque de castaños y robles; el ascenso moderado con algunos tramos llanos nos lleva a las praderías donde se encuentra, a 476 metros de altitud, el atractivo mirador que reclama un primer alto en el camino.

El miradar hacia Picos en las proximidades de Asiego

            El mirador Pedro Udaondo nos permite asomarnos a Asiego, pueblo al que pertenecen los pastos de estas praderías. Hay paneles informativos sobre la gran panorámica del Macizo Central de Picos que nosotros podríamos ver si la niebla no lo impidiera. También nos informan de algunas curiosidades, como que quien da nombre al mirador fue un montañero vasco nacido en 1934, que Asiego es el quinto pueblo en habitantes del municipio de Cabrales, que se encuentra a 375 metros de altitud y en línea recta, a la misma distancia del Urriellu que del mar Cantábrico. El descenso hacia Asiego lo hacemos por la carretera que sube al mirador, y sin entrar en el pueblo lo bordeamos por su parte más alta, dejándolo a nuestra izquierda para descender hacia el río Ricao, que encontramos junto al molino que lleva su nombre.
 
Caserío y praderías de Asiego, desde el mirador

            El río Ricao desemboca en el Casaño después de pasar bajo el puente El Golondrón en la AS-114, y aquí hace límite entre las parroquias cabraliegas de Carreña y Puertas; así que, tras cruzarlo por un puente de piedra, iniciamos el ascenso por la buena pista de hormigón que une Puertas con este molino sin uso, pero arreglado y bien cuidado para el disfrute de los caminantes. En este ascenso podemos contemplar a nuestra izquierda el pueblo de Puertas y más arriba Pandiello, otra aldea de esta parroquia; más a lo lejos, al otro lado del estrecho paso de Las Estazadas que labra el río Casaño, acertamos a columbrar parte del caserío de Berodia, también cabecera de otra parroquia cabraliega.
 
Puente sobre el río Ricao junto al molino

            El camino junto a cabañas, cuadras y alguna casa de excelente factura, nos sube hasta Llaneces, lugar de prados y bosque donde, como su nombre indica, se inicia el llano que nos acerca a la Cruz de Raos (491 metros). Es éste un lugar de buenos pastos, donde también un panel nos informa de que fue cruce de caminos y punto de reunión entre ganaderos de Cabrales, Onís y Llanes; una cruz de piedra que señalizaba el lugar fue trasladada a las proximidades de Pandiello.
            Desde Raos por camino llano o en ligero descenso en buena pista de tierra, llegamos hasta la AS-114; estamos ya en la parroquia de Prado, la más occidental de Cabrales y a muy poca distancia del alto de Ortiguero (427 metros). Caminando unos metros por el arcén de la carretera llegamos al alto, y allí un oportuno tendejón nos ofrece cobijo para el descanso, la comida y la conversación.

En las proximidades del alto y del pueblo de Ortiguero
 
            Luego, recorremos por carretera la corta distancia hasta el lugar de La Salce, atravesamos su cuidado caserío, y seguimos ascendiendo hacia el Coto de Alda, amplia zona con abundantes dolinas, invernales y buenos pastos en el límite entre Cabrales y Onís. El nombre de coto viene de la práctica de acotar parte de la pradera por medio de cercados con el fin de reservar la hierba para la siega, diferenciando estos terrenos de los abiertos al pasto libre.
            Aquí, a 529 metros de altitud estuvieron las minas de Alda de las que se conservan el castillete, parte de los muros de la tolva y la caseta del polvorín. Perteneciente a una familia inglesa, fue una mina de cobre conocida como mina Delfina, nombre que tomó de Jessie-Delphine, la hija de su primer propietario. Desde 1956, la explotó una sociedad de Gijón hasta 1958 cuando cesó la actividad y fueron abandonadas las instalaciones.

 Por el Coto de Alda: castillete de las minas de cobre

            A partir de aquí, un ganadero de la zona nos aconseja que sigamos el camino que bordea por el norte el collado de Alda, dejándolo a nuestra izquierda, por ser más fácil que el marcado por la otra ladera. Nosotros, sin embargo, preferimos seguir el camino señalizado en el G R, donde la senda se pierde en ocasiones en la maleza del bosque, otras nos obliga a saltar entre la piedra o pelear con el suelo totalmente embarrado, lo que convierte este tramo en el más difícil y complicado de la etapa: tal parece como si el señalizador quisiera poner a prueba la paciencia de los caminantes.

Bonitas praderías en el Coto de Alda

            Cuando al fin llegamos a las cabañas de Julacienda (565 metros), ya en el municipio de Onís parroquia de Robellada, podemos mirar hacia atrás, ver las instalaciones mineras y comprobar que el camino recomendado habría sido más corto, amplio, llano y seco. También desde aquí, en la ladera del alto la Molina vemos la cueva de Alda, cercada por motivos de seguridad, hasta cuyas inmediaciones asciende la pista que atraviesa las praderas. Por esta pista de uso ganadero llegamos al collado el Pandal (573 metros), invernales con cabañas y cercado para recoger el ganado.
            Desde aquí la vista domina todo el valle de Onís por donde corre el río Güeña que baja de las tierras altas de Robellada para desembocar al Sella en Cangas: Benía y más cerca Avín, hasta donde desciende la pista, casi una carretera con firme de hormigón.

En los invernales del collado el Pandal

            Por esta pista o carretera con curvas y pendientes de vértigo, descendemos raudos hasta la orilla del Güeña donde hay un camping, y cruzando el puente entramos en Avín (260 metros), pueblo tendido a ambos lados de la AS-114. Atravesamos este pueblo que bien se podría nombrar como el de los museos, de la Minería Prehistórica, de la Prehistoria, de la Fauna Glacial..., y por la acera de la carretera recorremos el escaso kilómetro que nos separa de Benia, la villa municipal de Onís, para finalizar esta caminata que nos ha mostrado lugares no muy frecuentados pero llenos de interés por tres parroquias de Cabrales y dos de Onís.

Onís en el valle del río Güeña, desde el collado el Pandal


                (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 29 de noviembre de 2014)

Las fotos son de Juan Lobelle


sábado, 22 de noviembre de 2014

POR EL ALTO PIGÜEÑA




Ruta del valle del Pigüeña: desde Villar de Vildas a las brañas de la Pornacal y los Cuartos

          Lo que no pudo ser: Nuestro plan era una caminata circular por las parroquias somedanas de Pigüeces y Pigüeña, comenzando en las cercanías del primero y recorriendo el viejo camino entre los dos pueblos, para luego por las cabañas de Chaneces, el pico Falgueras y la braña de Motiz regresar a Pigüeces. Era una propuesta para el grupo La Peñuca de Eduardo Fernández. Pero cuando llegamos al punto de partida, un día nublado y con lluvia, nos encontramos con el vehículo del Principado y miembros de la guardería de montaña para informarnos de que toda aquella zona estaba ocupada por un equipo de cazadores, más de cuarenta personas entre cazadores y monteros dispuestos a persiguir al jabalí; nuestra presencia allí era, según el guarda, obviamente peligrosa para nosotros, y no hace falta decir por qué. El guía y el presidente del grupo tomaron, sabiamente, la decisión de anular el plan previsto, y de inmediato buscaron una alternativa: la que aquí relataremos.

                                                                El río Pigüeña cerca de Villar de Vildas

            Lo que sí fue: La alternativa fue trasladar el punto de inicio a Villar de Vildas, para desde allí recorrer el PR.AS-14 Ruta del Valle del Pigüeña, unos 14 kilómetros entre ida y vuelta por el valle más alto de este río hasta las proximidades de su nacimiento.
            Villar de Vildas, de abedules (betule - bilda) desechando la manida leyenda de moros, cristianos y viudas, es el único lugar de su parroquia, perteneciente a la comarca vaqueira; sin comunicación por carretera hasta el último tercio del siglo XX, recibió el Premio Príncipe de Asturias al Pueblo Ejemplar en 2004.

Villar de Vildas al fondo del valle del alto Pigüeña
 
            Allí, a 870 metros de altitud, iniciamos nuestra caminata siempre por buena pista de exclusivo uso ganadero. A la salida del pueblo hay un buen cartel con la descripción de la ruta; pronto se pasa por un puente, y la pista va ascendiendo de forma moderada remontando el río por su margen derecha. Entre buenos prados de siega y frondosos hayedos que cubren la ladera umbría del valle, alcanzamos el primer objetivo de la jornada: La Pornacal, braña equinoccial situada a 1 170 metros de altitud en la base de la sierra del Páramo.
            Poco se puede decir que no esté escrito de esta renombrada braña: sus cabañas y cuadras de teito de escoba, el cabañín con techumbre de teja para alojamiento del pastor...; fue restaurada en 1995 con "fondos económicos de la Unión Europea dentro del Proyecto LIFE", leemos en el cartel explicativo situado a la entrada. Algunas de estas construcciones tienen un sombreado, especie de porche, donde nos podemos resguardar mientras contemplamos la extensión de la braña y también, al otro lado del río, el monte de las Sendas, que forma parte ya del área de Uso Restringido Especial que rodea la franja de Uso Agropecuario por donde va nuestro camino
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Detalle de la braña La Pornacal

            A la salida de la braña tenemos la fuente La Prida y el camino entra ahora en su parte más interesante; a nuestra derecha contemplamos las amplias y hermosas praderas de la Requexada. La pista prosigue en pausado ascenso, hasta que el valle se encaja y la ascensión se hace más pronunciada cuando damos vista a la hermosa y espectacular cascada del Corralón.

Praderías de la Requexada y las cumbres nevadas de la Cordillera
 
            Hacia la izquierda de nuestro camino está señalizada una variante, el PR.AS-14.1 Ruta de La Peral, que vemos ascender hacia el collado Enfistiecha, para cruzarlo y acabar en La Peral, pueblo vaqueiro próximo al puerto de Somiedo. Sólo resta un último repecho para alcanzar el segundo objetivo de la jornada: la braña los Cuartos, también conocida como Brañaviecha.

La espectacular cascada del Corralón

            Los Cuartos es una braña estival con chozas redondas y cuadradas techadas con escoba o losa; se encuentra a 1 358 metros de altitud bajo la peña Llanseco a la entrada del valle Los Zreizales donde nace el río Pigüeña. Desde ella tenemos una imponente vista de cumbres cubiertas de nieve como el Cornión o el Cornín que cierran el valle por el Sur. Toda esta cuenca alta del río Pigüeña fue, a través del puerto de Los Zreizales, camino tradicional de paso hacia Laciana en León, muy frecuentado sobre todo por los arrieros vaqueiros.
            La primera parte del recorrido termina junto a la fuente de los Cuartos, y tras la obligada labor de los fotógrafos se impone rehacer el camino de vuelta. Puede parecer aburrido volver sobre los mismos pasos, pero no lo es si sabemos contemplar los hermosos parajes en la perspectiva del descenso: praderías, bosque en pleno esplendor otoñal y el valle abriéndose hacia el llano.

La braña los Cuartos y el valle los Zreizales

            Que estamos caminando por terreno catalogado de Uso Agropecuario lo comprobamos al ver cómo los ganaderos se afanan conduciendo las reses; se trata de recoger el ganado que estuvo pastando en las praderías y regresarlo hasta La Pornacal, donde permanecerá estabulado hasta diciembre cuando se le baje al pueblo o al mercado.
            En La Pornacal, cobijados bajo los porches de sus cabañas, encontramos el lugar para el descanso, la comida y la conversación, mientras contemplamos a ganaderos y ganaderas en su trabajo.

El ganado de La Requexada camino de La Pornacal

            Y ya recorremos el último tramo hasta Villar de Vildas por el camino rodeado de prados de siega donde se deposita la hierba empacada que servirá de alimento durante los crudos días de invierno. Atravesamos, después, el pueblo por sus calles limpias y hormigonadas, y en la plaza de donde parte la carretera, junto a una fuente con abrevadero, finalizamos esta caminata que, tras la tiranía de los cazadores, nos permitió recorrer un paraje de gran belleza en este parque natural y conocer las dos brañas más emblemáticas de Somiedo.

Rebecos en la ladera de la peña Llanseco o del Nuncio


                (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 15 de noviembre de 2014)

Las fotos son de Juan Lobelle

viernes, 14 de noviembre de 2014

POR TIERRAS DE CASOMERA



Desde La Paraya por el camino del puerto de Piedrafita hasta el collado y la majada de Bustempruno, para finalizar en Casomera

            Casomera es de las 18 parroquias del municipio de Aller la más meridional, y sus tierras se elevan en la cordillera hasta los límites con León en el término municipal de Cármenes. La collada de Bustempruno y el puerto de Piedrafita están en el límite mismo entre las dos regiones; y hasta el puerto llega un camino tradicional de paso que tiene origen romano y que asciende por el llamado valle de Llananzanes: nosotros lo recorrimos en la primera parte de esta caminata propuesta por José Manuel Álvarez para el grupo La Peñuca.
            Iniciamos el camino en La Paraya, en la AE-6 a 650 metros de altitud, unos metros antes de donde se encuentra la pequeña central hidroeléctrica inaugurada en 1922. Atravesamos el pueblo y ascendemos por una estrecha carretera rodeada de castaños hasta la aldea de Llananzanes a 790 metros de altitud en la ladera de la sierra que le da nombre.

El bosque, casi constante en toda la caminata
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A partir de aquí el camino es a veces de tierra y barro, a veces empedrado, pero siempre a la sombra del frondoso hayedo y en continuo ascenso. A nuestra derecha, al fondo del valle discurre el río Llananzanes y a la izquierda vemos el canal del agua que mueve las turbinas de la citada central eléctrica. Así hasta que, después de caminar unos metros por el muro del mismo canal, en el Cantu Posaorio debemos cruzar el arroyo la Carbazosa por un endeble puente artesanal que pone a prueba el equilibrio de los caminantes; es el lugar donde el canal recoge las aguas de la sierra.
            El ascenso se acentúa hasta llegar a la vega Campanal, formada por Campanal de Abajo, prados cercados y algunas cabañas, y Campanal de Arriba (1 318 metros), donde se impone una primera parada. En esta majada de Campanal de Arriba hay una fuente con abrevadero y varias cabañas, una de ellas emparedada entre dos grandes monolitos de piedra, y se disfruta de buena vista hacia la mole de Peña Rueda del Pino.

Desde Campanal de Arriba, las cumbres nevadas
 
            Seguimos el ascenso por buen camino y empinados repechos; pasamos por el collado Rocín, con ruinas de corros de piedra y la pradera cubierta con una ligera capa de nieve, y dejamos a la izquierda el camino que por el bosque va hasta la braña de Llananzanes; cruzamos el arroyo de San Pedro que baja a desembocar en el Llananzanes y llegamos a la majada de San Pedro (1 530 metros). Esta majada es un hito importante, porque aquí estuvieron la ermita y la venta que servía de descanso a los arrieros que recorrían este camino: de ambas construcciones quedan visibles restos en la pradera.

Curiosa cabaña empotrada, en Campanal de Arriba

            Por la Cuesta de la Loma los Caseros culminamos nuestro ascenso a 1 640 metros de altitud: estamos bajo el puerto de Piedrafita y del Cueto Vea, ambos cubiertos de niebla. Abandonamos el camino y seguimos por una estrecha senda que, entre incómodo monte bajo de abundantes escobas, recorre la ladera del Cueto Vea hasta salir a la collada de Bustemprubo (1 648 metros).
            Esta collada, que en algunos documentos aparece también como Bustembruno, está en el límite entre ambas comunidades. El viento azota con fuerza, pero es necesario cruzar la valla de separación de pastos para asomarnos a la ladera sur donde nace el río Torío, importante afluente del Bernesga y muy apreciado por los pescadores, que desciende por el valle de Aguazones, atraviesa el término de Cármenes y después el de Vegacervera recorriendo sus renombradas Hoces.

El camino, a veces empedrado

            A partir de aquí todo será descenso; primero por senda entre monte bajo hasta la majada de Bustempruno (1 400 metros), dejando a nuestra izquierda la Senda de los Segadores que va hacia la loma de Valverde. La majada de Bustempruno tuvo antaño mucha vida ganadera. La atraviesa el arroyo del mismo nombre, que nace en la ladera norte de la collada, y en él se instalaban las ocheras, pequeños estanques para conservar la leche tan fresca como en una nevera. Hoy la majada está abandonada como casi todas las de los puertos altos, pero conserva en pie algunas cabañas: dos de ellas nos sirven de refugio para el momento del bocadillo, el descanso y la conversación, mientras fuera arrecia la lluvia como no hizo en ningún momento de la caminata.

La majada de Bustempruno
 
            Tras el descanso, breve porque el frío aprieta, descendemos por senda en acentuado zigzag por la margen izquierda del arroyo hasta la majada de la Matancia (1 300 metros) con una cabaña en ruinas, y poco más allá encontramos el arroyo de Caben que baja por el valle de Valverde de la ladera del pico Estorbín. Cruzamos por un curioso y frágil puente construido con el quitamiedos de alguna carretera este arroyo a punto de unirse al de Bustempruno, y de esta unión nace el río Llananzanes, afluente en La Paraya del río Aller que desciende del puerto de Vegarada.

Fragil puente para cruzar el arroyo

            Recorremos ahora la ladera en la margen izquierda del río por buen camino carretero, que a partir de la braña Cuevas, donde hay una cuadra alargada, se convierte en pista de uso ganadero; y esto se nota en la presencia de cabañas en buen estado, prados cercados de alambrada, ganado pastando en ellos y la presencia de algún ganadero con el vehículo a la vera del camino. Pasada la fuente la Cabranta, contemplamos el camino recorrido en el ascenso por la otra ladera del valle; también, el disperso caserío de Llananzanes, donde destacan en la distancia el edificio que fue escuela, la ermita de Santa Ana y una nave ganadera en la parte superior de la aldea.

El caserío de Llananzanes en la otra ladera y al fondo, Peña Rueda
 
            Más allá del Cantu Bigón (1 009 metros) parte un camino hacia la aldea abandonada de El Bao, que también vemos a nuestra derecha; y desde la majada de Rebucho se nos ofrece una buena panorámica de Peña Redonda y parte de la Cuerda del Ajo, por la que ya anduvimos en otra hermosa caminata (En el puerto de San Isidro, 30 de septiembre de 2013). Luego, desde la collada Llaneo lo que se nos ofrece es la visión de Peñamea y Peñas Negras en la linde entre Aller y Laviana.

Más allá, la vista alcanza hasta Peñamea

            Sólo resta, cuando al caer la tarde el tiempo clarea y aun el sol parece brillar en las cumbres, el pronunciado descenso hasta el pueblo de Casomera a 620 metros de altitud, en la AE-6 a orillas del río Aller, para finalizar esta interesante caminata en la que ni la lluvia, el viento y la nieve nos pudieron ocultar la belleza del monte en esta parroquia allerana.

El río Llananzanes, muy presente en toda la caminata


                  (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 8 de noviembre de 2014)

Las fotos son de José  María Arnillas