Para "ver muchas leguas de tierra, columbrar el mar lejano, contemplar a sus pies los pueblos..."

viernes, 23 de junio de 2017

POR EL NORTE DE LEÓN



Desde San Isidro hasta Puebla de Lillo: lago Ausente, valle de Iyarga, Pegaruas, Las Colladinas, Cantarín...

            Siempre es interesante caminar por los montes del norte de León. A San Isidro se llega por la AS-253 en el concejo de Aller. Cuando pasamos La Raya, una urbanización en lo alto del puerto, ya estamos en León y en el municipio de Puebla de Lillo; y hasta la villa municipal nos acercaríamos por la LE-332 en unos 15 kilómetros. Pero éste no es nuestro objetivo, sino recorrer las altas tierras que vierten sus aguas en arroyos y ríos a la margen derecha del río Porma antes de que forme, ya en tierras de Boñar, su importante embalse.
            Estas montañas del norte de León, en su sector centro-oriental se inician para esta caminata del grupo La Peñuca, propuesta y coordinada por Manuel Jesús Álvarez (Mamel), al pie de la Estación Invernal de San Isidro. Allí hay un amplio aparcamiento para los deportistas de invierno bajo el Circo de Cebolledo, casi donde arrancan los remontes y donde también hay una laguna artificial que abastece a los helicópteros contra incendios.

Panorámica sobre Puebla de Lillo; será el final de esta caminata.
 
            Estamos a 1 580 metros de altitud y comenzamos a caminar por una pista que arranca junto a un cartel informativo del PR-LE 26 Lago Ausente. Se trata de un recorrido circular que tiene como objetivo principal este lago. Como también nosotros queremos verlo y palpar sus aguas, seguiremos una parte de este PR. La pista es de tierra y va ganando moderadamente altura, mientras nos permite ver todo el entorno de San Isidro y el pico Torres, al que en otra caminata nos propusimos alcanzar su cumbre (Por las alturas de Redes, 8 de agosto de 2016).

La laguna artificial y su entorno, donde iniciamos el camino.
 
            Pronto llegamos a un punto donde por las debidas indicaciones sabemos que el PR cierra su circuito. Nosotros seguimos por la pista, hasta el momento de dejarla para iniciar el ascenso por una senda de piedra menuda que nos deja junto al mismo lago, a 1 746 metros de altitud. Según la información del cartel inicial, hemos recorrido poco más de tres kilómetros para llegar al lago Ausente, que se encuentra en la base de los picos Requejines y Ausente; estos son nuestros siguientes objetivos y dos de las cumbres de esta jornada.

La vista hacia la carretera entre San Isidro y Puebla de Lillo
es casi constante en la primera parte de la caminata.
 
            Para llegar al primero, seguimos los postes indicadores del PR hasta un collado, donde éste inicia su descenso para cerrar el circuito en el cruce antes citado. Iniciamos aquí el propio ascenso hasta la cumbre del pico Requejines a 2 026 metros de altitud. Después de contemplar desde lo alto todo el entorno del lago y el camino recorrido para llegar a él, vemos también, muy cerca, la segunda cumbre, la que lleva el mismo nombre del lago. Es un poco más alta, pero debemos perder cierta altura antes de alcanzar, sin ninguna dificultad, el pico Ausente de 2 041 metros de altitud.

El ascenso hacia las cumbres; al pico Requejines, primero.
 
            Serían para mí incontables las cumbres que desde aquí se divisan. Por eso me quedo con el cordal que desde el norte de San Isidro se extiende hacia el este, la sierra de Mongayo, como línea divisoria entra León y el Parque Natural de Redes. Y la pista de Wamba, que hacia la vertiente asturiana nos lleva al lago Ubales (Donde Redes se asoma a León, 3 de noviembre de 2011). También en la base misma del pico, pero hacia el oeste, podemos ver bajo el Circo de Requejines, las minas de Respina; llamativa cicatriz de la explotación de talco que realizó la multinacional Río Tinto Minarals entre 1975 y 2011.

El lago Ubales, desde el pico Requejines. 
También se aprecian el valle de Isoba y el Mampodre.
 
            El descenso desde nuestra cumbre de la jornada hasta llegar al llano fue el tramo más complicado y largo de toda la caminata. Primero, lo más fácil, bajar por la loma hasta un collado, para desde allí bordear un crestón rocoso dejando a nuestra izquierda la Peña Lázara. Luego, lo más difícil y pesado: el descenso por continuos cortafuegos casi verticales y pedregosos. Cuando al fin alcanzamos el llano, estamos a 1 334 metros de altitud, en el valle de Iyarga y en la pista que lo recorre bordeando sus amplias y fértiles praderas; por el otro lado del ancho valle corre el río Respina.

El más complicado descenso desde las cumbres al llano.
 
            El camino es ahora cómodo y agradable por esta pista, pasando junto a varias cabañas y una nave ganadera, para desviarnos luego, cruzar la pradera y, junto a la braña de Respina, pasar un puente sobre el río antes de entrar en zona de bosque. Recorremos este bosque de hayas, tejos y acebos siempre por la margen derecha del río Respina, hasta llegar a la ermita de Pegaruas, situada al lado del camino en un promontorio junto al río; sobre la puerta principal, cerrada, figura la fecha 1748.
            Poco más allá, a 1 236 metros de altitud, está el área recreativa de Pegaruas; bancos y mesas con buena sombra a la orilla del río Rebueno ofrecen un buen lugar para el descanso, la comida y la conversación. También con la compañía de quienes, en un sábado de junio con tiempo ya veraniego, acuden a disfrutar de este lugar y refrescarse en las aguas del río. Y es que hasta aquí llega la circulación rodada por una buena pista que parte de la LE-332 cerca de Puebla de Lillo.

Bosque y pradería en el bonito valle de Iyarga.
 
            Por esa pista, casi carretera, reanudamos nuestro camino; atravesamos la típica barrera canadiense y por un puente cruzamos donde se unen los ríos Rebueno y Respina, que a partir de aquí serán el río de Celorno. En el lugar que se conoce como Las Colladinas, dejamos esta pista de circulación rodada y nos vamos a la derecha por una senda en la pradera ganando de nuevo altura. Vemos a nuestra derecha una pequeña laguna, la de Lagüezos, y la senda, ya a media ladera, cruza por pequeños desfiladeros entre rocas. Es uno de los tramos más bonitos y espectaculares de la caminata; a nuestra derecha queda, profundo, el estrecho valle de Celorno; y en la otra margen, la empinada ladera cubierta por un inmenso pinar: una población de pinos milenarios de los que tanto abundan por estas montañas del norte de León.

El camino por el valle de Celorno. Más allá, el pico Susarón.
 
            Cuando llegamos al Cantarín, un indicador nos da cuenta de una fuente a la derecha del camino. ¡Cómo se agradece en esta tarde de calor el agua fresca de la fuente el Cantarín! Aunque haya que abandonar la senda y descender unos metros para alcanzar sus aguas, en un lugar que pasaría desapercibido si no fuera por el oportuno indicador.
            Poco más arriba debemos abandonar la senda en otro collado, al que luego volveremos; y es que antes nos espera la tercera cumbre de la jornada. Se trata de un ascenso a campo abierto hasta la majada que se conoce como la de los Tres Robles, aunque en su entorno de pastos y cabañas hay varios robles más. Sobre esta majada se levanta el pico del Águila de 1 451 metros de altitud. Desde su cumbre podemos divisar hacia el norte casi todo el recorrido de la LE-332 desde Isoba, la LE-331 y el pueblo de Cifiñal, por donde pasa esta carretera que sube a los puertos de las Señales y Tarna. Hacia el sur, Puebla de Lillo y Redipollos, otro núcleo de este mismo municipio, y casi todo el camino que nos resta por recorrer.

Hacia la tercera cumbre de la jornada: el pico del Águila.
 
            Este último recorrido se inicia con el descenso hasta el collado donde abandonamos la senda. Luego, desde allí, el descenso sigue por la vaguada, atravesando prados y zonas de arboleda. Todo fácil de andar hasta encontrar la pista en las praderías que se extienden por la margen izquierda del río de Celorno, que poco más abajo desemboca en el Silvan.
            Este río, el Silvan, importante afluente del Porma, viene del valle de Isoba y atraviesa Puebla de Lillo. Nosotros, después de pasar junto a una buena fuente con abrevadero, lo cruzamos por un puente, pues ya estamos en la villa municipal. Sólo nos resta recorrer algunas calles, dejando a la izquierda el vistoso torreón medieval, para llegar a la Plaza Mayor a 1 144 metros de altitud. Allí finalizamos esta caminata por la siempre atractiva y sorprendente montaña del norte de León.

Espectacular vista de las minas de Respina desde el pico Ausente.
 
Las fotos son de Ana Fabián.
 
                (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 17 de junio de 2017).

jueves, 15 de junio de 2017

CANGAS DEL NARCEA E IBIAS



Entre los valles de los ríos Coto y Viouga, y por la sierra de Seroiro: Puente Rigaláu, La Brañota, Saladín, Pedroso y Seroiro

            El extenso municipio de Cangas del Narcea tiene entre sus límites al de Ibias, que ocupa el extremo suroccidental de Asturias. Entre ambos concejos se interpone la sierra de Seroiro, de la que descienden las aguas en sus vertientes occidental y oriental hacia los ríos Viouga y Coto respectivamente. A ambos lados de la sierra se extienden las parroquias de Vegalagar, en Cangas y Soreiro, en Ibias. Las dos se recorren por la AS-29 que une Cangas con Ibias pasando por el Pozo de las Mujeres Muertas, entre Cangas y Allande y el Alto de Valvaler, entre Allande e Ibias.
            La parroquia de Vegalagar, la más occidental de Cangas, tiene sus núcleos de población en el valle del río Coto, que nace en las proximidades del Pozo y es uno de los principales afluentes del Narcea en su cuenca más alta. El río Viouga nace en la vertiente occidental del Conio, recorre la parroquia de Seroiro, la más extensa del concejo, y desemboca en el río Ibias cerca de Vilaxane.

Los pueblos de Ibias en el valle del río Viouga. (*)
  
            Pues bien, la caminata que voy a comentar, propuesta y coordinada por Alberto Noriega en el grupo La Peñuca, discurre entre estos dos valles, a través de la sierra que separa ambos concejos y en una sucesión de brañas, collados y montes que pertenecen a los pueblos de las dos parroquias. Territorio que en parte está incluido en el Parque Natural de las Fuentes del Narcea y del Ibias.

Bonita postal: frutos de primavera en los campos de Ibias. (*)
  
            Cuando pasados ya los pueblos de Vega de Hórreo y Monasterio de Coto, y la AS-29 comienza a ganar altura hacia el puerto, hay un sitio que se conoce como Puente Rigaláu. Es donde la riega de la Braña de Rigaláu pasa bajo la carretera para desembocar en el río Coto, y es el lugar donde iniciamos esta caminata a 727 metros de altitud. Dejamos la carretera y por una empinada senda bajamos al fondo del valle, junto al río, donde tomamos un camino que lo va remontando por su margen izquierda. El valle es bien estrecho, pero queda espacio para el buen camino de tierra, bastante ancho, y, entre ambos, algunos prados cercados de piedra; en la otra margen, el bosque en la ladera.

Atrás quedan la carretera que sube al puerto del Pozo,
 el puerto y los montes entre Cangas y Allande. (**)
 
            Pronto encontramos el primer puente, de piedra; lo cruzamos y dejamos el río Coto que se vaya a nuestra derecha hacia su nacimiento en las proximidades del Pozo. Lo que ahora sigue remontando nuestro camino es el reguero Campalonga. Pasamos junto a las cabañas de La Brañota, alineadas al lado del camino, y pronto llega el momento de cruzar el Campalonga; esta vez a pie enjuto, con el apoyo de buenas piedras que nos facilitan el paso sobre las aguas.
            A partir de aquí el camino entra en bosque de fresnos, robles y castaños; se empina de forma considerable y las aguas del reguero cada vez suenan más al fondo. Ganando altura, alcanzamos la braña de Saladín a 942 metros de altitud. Estamos caminando por lo que se conoce como el Monte de Monasterio de Coto, y la de Saladín es una braña de montaña que pertenece a este pueblo, núcleo central de la parroquia de Vegalagar. Hay varias cabañas bien conservadas y, sobre todo, una buena vista hacia el alto valle del Coto: la carretera que sube al puerto, y el cordal que partiendo del Pozo por los picos de la Gubia, Cerro Badán, el monte de Reguera Fermosa y más allá, en la sierra de Cerveriz, el pico Tonón recorrimos en otra interesante caminata (Montes de Cangas del Narcea, 23 de mayo de 2015).

Cabañas y bosque en la braña de Saladín. (**)
 
            Seguimos subiendo hasta agotar el bosque, y entre monte bajo con abundancia de escobas, matorral y suelo de pizarra, alcanzamos el cordal de la sierra de Seroiro a 1 093 metros de altitud. Esta sierra se extiende de norte a sur en el límite entre los dos municipios, y debemos recorrerla en busca de las cumbres de la jornada. Cuando llegamos a un collado, 1 288 metros, estamos en la base misma de la Peña el Santón. Por una trocha vertical en la ladera entre el abundante monte bajo, alcanzamos esta cumbre (1 325 metros) bastante plana y cubierta de pizarra y arenisca.
            Desde una cumbre a la otra sólo se interpone el descenso hasta el collado (1 226 metros), para retomar el más fuerte ascenso, sin camino marcado entre el frondoso argomal, hasta el Chao del Rozo, también nombrado como pico da Golada. Con sus 1 428 metros de altitud y vértice geodésico, es la cumbre más alta de la sierra y se levanta en la linde entre Cangas e Ibias.

El ascenso al Santón; atrás, tierras del norte de Cangas. (*)
 
            En el ascenso al pico hemos visto a nuestra derecha la braña de Flogueiras. En aparente estado de abandono, pertenece a Folgueiras de Viouga, pequeña aldea que también apreciamos a lo lejos, más allá de la AS-29 que desde el Alto de Valvader desciende hacia el centro del concejo, pasando por el lugar donde nos espera el final del camino. Pero antes, en esta cumbre de la jornada se nos impone el momento del descanso, la comida y la conversación. Lo hacemos mirando hacia el sureste; tierras de Cangas, Muniellos, el puerto del Conio por donde la AS-221 también comunica estos dos concejos; y más allá la sierra de Degaña y sus más altas cumbres. Hacia occidente el panorama es aún más amplio: las tierras por donde el río Ibias, en su curso bajo, se acerca a Galicia para entregar sus aguas al Navia en la cola del embalse de Salime.

Haciendo camino en busca de la cumbre más alta. (**)
 
            La sierra sigue, y en su extremo más suroccidental vemos el pico Trascolada; pero nosotros la abandonamos e iniciamos el descenso, siempre por la linde municipal y parroquial. Haciendo incómodo camino entre el más duro argomal, llegamos a la collada (1 252 metros) donde hay una pequeña laguna, charca que sirve de abrevadero para el ganado que por allí campea. Y si hay ganado, debe haber una pista ganadera; por ella seguirá nuestro camino en continuo descenso, internándonos ya de forma definitiva en el término municipal de Ibias, parroquia de Seroiro.

Descenso de la cumbre con vistas a Muniellos y los Ancares. (*)
 
            Primero pasamos junto a la braña de Pedrosos con todas sus cabañas en estado de ruina. En la ladera más vertical de la sierra, se le conoce entre los lugareños como la braña de Seroiro, pues es este pueblo el que disfruta de sus pastos y desde donde se accede por la pista que es la parte final de nuestro recorrido. Tiene este camino firme de tierra y arenisca, tramos de fuerte pendiente y otros más llanos; siempre rodeado de abundante vegetación que a menudo nos ofrece agradable sombra en esta tarde calurosa. Destacan, sobre todo, fayas y robles, pero también nos llaman la atención bastantes matojos de madroños y, ya en la parte más baja, hasta algunos cerezos.

La braña de Pedrosos hace honor a su nombre. (**)
 
            A nuestra izquierda está el profundo valle de Groba, aguas que alimentan al río Viouga. En la otra margen se levanta la sierra de Valdebueyes, y en su ladera la aldea con este mismo nombre rodeada de prados de labor y bosque. Cruzamos el arroyo de la Collá y también vemos al otro lado del valle Pradías, otra de las aldeas de esta parroquia. Cuando, al fin, cruzamos el arroyo Llamoso, ya tenemos a la vista el final del camino.
            Es el lugar de Seroiro, con su caserío concentrado y escalonado a unos 540 metros de altitud en la margen derecha del río Viouga. Lo recorremos en busca de la fuente situada en la parte alta, para descender después hasta la AS-29, auténtica vía de comunicación del pueblo. En este recorrido pasamos junto a varias casas de piedra de buen porte, típicas de la zona: alargadas, con dos plantas; en la baja la cuadra y encima la vivienda principal con acceso por escalinata exterior. Por supuesto, no dejamos de admirar a nuestro paso la llamada Casona de Meirazo con escudo y fecha, 1917, en el dintel.

 Laguna abrevadero y ganado en la sierra de Seroiro. (**)
 
            También un cartel nos recuerda que por Seroiro pasa el GR 203 Por donde camina el oso. Aquí finaliza la tercera etapa, que viene de Monasterio de Coto y se inicia la cuarta, hasta San Antolín. Nosotros recordamos que en otra ocasión hicimos la décima etapa de este GR entre Genestoso y el Santuario del Acebo (Por Cangas del Narcea, 22 de septiembre de 2016). Pero hoy toca finalizar aquí, en un hermoso día de junio, esta hermosa caminata; una más de las muchas que nos pueden ofrecer las tierras de esta comarca del suroccidente de Asturias.
Detalle del bosque donde destaca el cortín. (*)


 (*) Fotos de Ana Fabián. 
 (**) Fotos de José Mª Arnillas.

                (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 10 de junio de 2017).

jueves, 8 de junio de 2017

HASTA CANTABRIA



Desde el desfiladero de La Hermida, entre las agüeras de Cicera y Navedo, y por el monte Hozarco

            Hasta Cantabria se llega después de pasar por Panes, la capital de Peñamellera Baja, uno de los dos concejos más orientales de Asturias. Cuando dejamos atrás Panes, el valle se va estrechando hasta formar el desfiladero de La Hermida con paredes casi verticales de roca caliza, y uno de los más largos de España. Lo recorre la N-621, que comunica la ría de Tina Mayor con Potes y, por el puerto de San Glorio, llega hasta Riaño, en la provincia de León. Lo labra el río Deva, que viene desde Fuente De para unirse al Cares en Panes y desembocar en Tina Mayor.
            En este desfiladero de La Hermida, limite oriental del Parque Nacional de Picos de Europa, ya estamos en Cantabria y en el municipio de Peñarrubia, que tiene su Ayuntamiento en Linares y como localidad más poblada La Hermida, además de otros núcleos que recorreremos en la caminata de hoy. Y es que a este rincón del occidente de Cantabria acudimos los del grupo La Peñuca para realizar una caminata propuesta y coordinada con esmero por Ramón Azcano. Será un recorrido desde el fondo del valle hasta las altas laderas de Peñarrubia, topónimo debido a la abundante presencia de arenisca roja en contacto con la roca caliza propia de los Picos de Europa.

En la foto de José Mª Arnillas, paisaje de la caminata de hoy;
Piñeres, uno de los núcleos de Peñarrubia.
 
            Junto a la carretera nacional y en la margen derecha del río hay un pequeño edificio, refugio conocido como "Casa del pescador", que nos sirve de referencia y punto de inicio de la caminata. Cruzando la carretera arranca la caleya empedrada, junto al cartel informativo de la "Ruta de las Agüeras": un recorrido circular que será el nuestro con algunos añadidos a modo de adorno.
            El camino, como hemos dicho, empedrado y en bastante buen estado, asciende remontando el río Cicera por un estrecho valle reconocido como la agüera de Cicera, de ahí el nombre de la ruta. Fue la principal vía de comunicación del pueblo de Cicera con el valle, hasta el trazado de la carretera que desde La Hermida comunica varios núcleos de población situados en la margen derecha del desfiladero.

Otra imagen de J. Mª Arnillas: el camino por la agüera de Cicera.
 
            El continuo ascenso resulta agradable por entre bosque de ribera y a la vera del río, que nos ofrece la música de sus aguas cantarinas y nos permite contemplar sus alegres cascadas y abundantes pozas. Así llegamos a un cruce donde dejamos a nuestra derecha el camino señalizado hacia Lebeña, una localidad del vecino municipio de Cillorigo, desde donde volveríamos al fondo del desfiladero. Nosotros seguimos el ascenso hasta Cicera, cuyo caserío ya asoma tras el arbolado.
            Se trata de un pueblo, el segundo núcleo del municipio por el número de habitantes, situado a 500 metros de altitud en un rellano de la ladera, rodeado de limpias y bien cuidadas praderas. Lo atravesamos por entre sus bien conservadas construcciones de piedra y madera. Hacemos una pequeña pausa junto a la iglesia parroquial de estilo barroco montañés, y seguimos el ascenso por la senda entre prados cercados de piedra y alambrada.

 Detalle del pueblo de Cicera.
 
            Pronto alcanzamos los 578 metros de altitud en el collado donde se levanta la ermita de Santa Catalina, un edificio de planta rectangular con zaguán y techumbre de madera. Allí está el cruce de las carreteras que unen los núcleos peñarruscos de Cicera, Linares y Piñeres, y también la que comunica con el vecino municipio de Lamasón. Estamos en el monte Hozarco, también conocido como monte de Santa Catalina, que ocupará a partir de aquí una buena parte de nuestro recorrido.

Vista general de Cicera desde la salida del pueblo.
 
            Nuestro próximo objetivo es alcanzar el mirador de Santa Catalina. Después de unos primeros metros por la carretera, pronto la abandonamos para seguir la senda bien marcada que recorre el monte hasta llegar al mirador. Allí se encuentran los restos de un castillo altomedieval rodeado de fuertes murallas. A este espacio se le conoce, tal vez por su forma alargada de cabecera ovoide, como la "Bolera de los moros", y en torno a ella se cosechan increíbles leyendas. Pero de lo que no cabe duda es de su valor como fortaleza de vigilancia y control del paso hacia el fondo del valle.

El camino desde de Cicera hacia Santa Catalina, 
donde se aprecia la silueta de la ermita.
 
            Lo verdaderamente espectacular es asomarse al mirador. A sus 757 metros de altitud es la cima del monte Hozarco, y en un asombroso y vertical cortante se levanta sobre el desfiladero de La Hermida, en cuyo fondo apenas caben la estrecha N-621 y el cauce del Deva. Es el desfiladero que, según cuenta Benito Pérez Galdós en Cuarenta leguas por Cantabria debería llamarse "esófago de La Hermida, porque al pasarlo se siente uno tragado por la tierra".
            Después de tan admirable contemplación y la labor de los fotógrafos, debemos desandar el camino hasta la carretera; la cruzamos y continuamos el descenso por el más grande bosque de robles, fayas y castaños. Hay una primera parte sin apenas camino marcado, bosque a través, hasta alcanzar la senda que viene del collado de Santa Catalina. Por ella descendemos, contemplando los asombrosos castaños más que centenarios, hasta encontrarnos con el río Navedo que desciende impetuoso desde más arriba del pueblo que le da nombre.

El desfiladero de La Hermida desde el mirador de Santa Catalina.
 
            Por un puente medieval cruzamos el río e iniciamos el ascenso hasta el pueblo. Navedo, a sólo 280 metros de altitud, cuelga su caserío en la ladera del monte y mirando al fondo está la iglesia de Nuestra Señora del Valle. Bajo su pórtico encontramos refugio y protección de la pertinaz llovizna que nos viene acompañando casi desde el inicio del camino; es el esperado momento de la comida, la conversación y un breve descanso.
            Tras ese descanso, atravesamos de nuevo el pueblo y rehacemos el camino hasta el viejo puente y el cruce donde iniciamos el ascenso. A partir de aquí queda el descenso hacia el desfiladero por la segunda de las agüeras, la de Navedo, que también fue la principal vía de comunicación  del pueblo antes de tener carretera.

El camino hacia Navedo por el bosque más grande.
 
            Esta agüera de Navedo es aún más encajonada y pendiente que la anterior. El río marca contundentes cascadas, pilares y saltos de agua que hacen las delicias de los fotógrafos y son propicias para los aficionados al barranquismo. Así, ya casi llegando al llano nos sorprende en la margen derecha del río una pequeña construcción pegada a la roca. Hasta ella llegamos cruzando el río por un artesanal puente de madera. En otro tiempo fue un molino, pero hoy, totalmente restaurado y luciendo el rótulo de "Devatur" es lugar de promoción del salto por los barrancos.

 Una muestra de los barrancos en la agüera de Navedo.
 
            Poco más abajo, el río Navedo desemboca en el Deva. Allí está la N-621 en el desfiladero de La Hermida, alrededor del que giró esta caminata por las dos agüeras, el monte Hozarco, su mirador y los pueblos de Peñarrubia. Un recorrido lleno de momentos espectaculares, de los que quedan por buen tiempo en nuestra memoria; aunque en esta ocasión no fuera el buen tiempo todo lo propicio que deseáramos.

Al ------- viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido, ...
 

Las fotos, excepto las dos primeras, son de Rafa Carretero.

                  (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 3 de junio de 2017).