Para "ver muchas leguas de tierra, columbrar el mar lejano, contemplar a sus pies los pueblos..."

jueves, 7 de julio de 2011

POR EL CANAL DE REÑINUEVO

Entre Asturias y Cantabria,
del Jitu de Escarandi a Urdón y La Hermida


            El Jitu de Escarandi es un lugar llano situado a 1.291 metros de altitud, dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa, donde se señala el límite entre Asturias y Cantabria. Por allí pasa la carretera que une el pueblo cabraliego de Sotres con Tresviso, ya en Cantabria; y este puerto de Escarandi fue en otro tiempo lugar adonde llevaban sus ganados los pastores del municipio de Peñamellera Baja. “Jitu aquí significa límite; aunque en otros lugares donde sopla mucho el viento el topónimo deriva de ajitar (cortar la respiración)” (Enciclopedia del paisaje de Asturias. Editorial Prensa Asturiana. Oviedo, 2003).
            En este Jitu de Escarandi comienza la caminata que, con el canal de Reñinuevo como centro principal de operaciones, nos lleva hasta Urdón y La Hermida. Esta caminata tiene tres características que han de ser reseñadas: su largo recorrido, su particular carácter de rompepiernas y el continuo caminar en fila de a uno. El recorrido es largo, no tanto en kilómetros (la hoja de ruta marcaba unos 25) cuanto en horas, por la dificultad del caminar en zonas muy boscosas y alternando descensos con fuertes subidas, lo que produce en el caminante un cansancio especial propio de las rutas así denominadas rompepiernas; además, todo el recorrido, salvo los últimos metros, se tiene que realizar en fila de a uno, pues aunque muchas veces se hace por sendero armado, éste es tan estrecho que no permite otro caminar; a ello hay que añadir las escalinatas, sendas en el bosque, incluso el propio muro del canal que se aprovecha para el paso y dos túneles bien estrechos y sin ninguna iluminación.
            Cuando se inicia el camino en el Jitu por la pista que baja al pueblo de Beges y  la vista del pico Obesón (1.716 metros) a nuestra izquierda, no es posible adivinar las dificultades comentadas en el párrafo anterior; pero pronto dejamos la pista para adentrarnos en el bosque de Valdediezmo que también recorremos con facilidad por un sendero estrecho pero bien armado. A la salida del bosque divisamos a lo lejos los primeros invernales del pueblo de Tresviso y al fondo el río Sobra con la presa del Barrial, hoy abandonada debido a diversas fugas de agua. Hasta la presa hemos de descender para cruzar el río por un puente de piedra que llaman de Casares. Sigue la senda trepando por la ladera entre hierba larga y abundantes árgomas, delicia de los y las caminantes que lucen en su indumentaria el pantalón corto, hasta encontrarnos con el camino que baja de Tresviso: es el lugar adecuado para hacer uso del chocolate, frutos secos y demás. También desde aquí podemos observar al fondo la presa de Traslapeña que alimenta el canal de Reñinuevo por el que luego habremos de caminar.
            Tras la breve parada reconstituyente, iniciamos el descenso hasta el río Urdón por el camino que viene de Tresviso: es un sendero con bastante pendiente, a veces en forma de escalinata tallada en la roca, pero siempre en buen estado pues lo usan los operarios que acuden al mantenimiento del canal. Al llegar al fondo del valle, el sendero cruza el río por un puente de madera e inicia el ascenso hasta la altura del canal excavado en la roca a media ladera de la sierra de Beges: se tiene aquí un paso bastante espectacular y apropiado para los aficionados a la fotografía. Llegados al canal, se sigue la corriente caminando por el muro que lo cierra, con el agua a nuestra derecha y a la izquierda, la fuerte pendiente hasta el río; nos adentramos así en la profunda Garganta del Urdón que el veterano montañero asturiano Paco Tessier bautizó como El Cares de Cantabria.

                                                                                                Puente sobre el río Urdón

            El camino resulta pues divertido a la vera del canal, pero, ay, después de un trecho, éste se oculta en la roca y los caminantes se ven obligados a tomar una senda que va perdiendo altura casi hasta llegar al río para luego volver a recuperarla en duro ascenso; este desvío, por encima o por debajo del canal, se hace hasta siete veces entre trecho y trecho del divertido caminar junto al agua. Es la parte más dura y pesada de la caminata, sobre todo en la zona de Piedras  Negras donde se camina un buen trecho por debajo del canal y el agua rebosante encharca la senda y dificulta aún más la marcha: fue aquí donde este  sufrido caminante  buscó la ayuda en forma de ánimo de Juan Lobelle, vocal de montaña del grupo La Peñuca, siempre dispuesto en la parte final del grupo para dar ánimo a quien lo precise. Y a fe que lo hubo de hacer con algunos que en este tramo se sintieron agotados. A la salida de Piedras Negras, en un altozano, Toño el buen guía, viendo ciertas caras de agotamiento, entre ellas la del autor de este blog, y también teniendo en cuenta la hora, decretó la conveniente parada para comer los bocadillos: fueron sólo veinte minutos, pero suficientes para recomponer el ánimo.

El canal de Reñinuevo ocultándose en la roca
    
              Después de la comida, con un nuevo ascenso para recuperar la altura del canal, sigue la marcha, ahora tal vez en su parte más espectacular: el paso por el corredor de Matallana, una estrecha  y endeble cornisa artificial colgada en la roca; el túnel sin iluminar, en el que debemos caminar agachados por una pasarela de chapa colocada sobre el agua; y a la salida del túnel, el bello panorama del Balcón de Pilatos en la senda que sube a Tresviso. Así llegamos a la  plataforma con la caseta donde finaliza el canal y se inician los tubos que precipitan el agua para mover las turbinas de la central de Urdón.

                                                                                         El endeble corredor de Matallana

            El definitivo descenso hasta Urdón, un desnivel de unos 400 metros, aunque largo no es difícil: primero se hace por una escalinata tallada en la roca que se adentra en un túnel sin iluminar y con la bóveda bastante irregular, lo que hace peligrar las cabezas más altas; luego, una senda amplia y bien cuidada que desemboca en la pista que desde Urdón sube a Tresviso. Por esta pista y ya en terreno llano bordeamos la central y estamos en la N-621. Allí, justo en el límite entre Asturias y Cantabria, podría terminar nuestra caminata, pero el autobús espera en La Hermida y por carretera recorremos la breve distancia de dos kilómetros… porque allí también esperan las refrescantes cervezas, bien merecidas después de siete horas y media de duro caminar.
(Las fotos son de José Manuel "Ferre")


                                       (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 2 de julio de 2011)

No hay comentarios:

Publicar un comentario