Para "ver muchas leguas de tierra, columbrar el mar lejano, contemplar a sus pies los pueblos..."

domingo, 28 de agosto de 2011

BREZA EN PEÑAMAYOR


En la sierra de Peñamayor, para nosotros simplemente La Peña, Breza es uno de los lugares con un encanto especial. Se trata de una campa situada a 1.182 metros de altitud en el concejo de Laviana,  parroquia de El Condao. Situada casi en el límite con los municipios de Piloña y Nava, la campa tiene forma de altozano y vierte aguas hacia las cuencas del Nalón y del Sella. Hay allí algunas cabañas en buen estado, prados cercados de piedra, un albergue y dos fuentes: una de ellas, llamada Fuentefría, sirve también de abrevadero para el ganado.

El albergue de Breza

            El camino más frecuentado para llegar a Breza es por la ladera opuesta de La Peña: bien por Fresnéu y Callacente, bien por La Baúa y Campagüés. En ambos casos el camino confluye en el lugar conocido como La Goleta, muy cerca de donde se instaló una antena de telefonía a la que los técnicos llegan por una pista en pésimo estado; una pista más de las muchas que surcan La Peña como las venas la mano de un viejo, la mayoría, dicen, para el servicio de los ganaderos. En la Goleta hay un paso para cruzar  hasta el collado de Llagos, que tiene en su parte inferior una interesante vega en forma de embudo donde confluyen las aguas de los alrededores, y que en época de deshielo se convierte en una pequeña laguna conocida como El Charcu Llagos. Desde este bonito paraje, la campa de Breza está sólo a quince minutos. También se llega a Breza desde El Condao, por una pista en muy mal estado y con un trazado tan dificultoso que sólo es apta para recorrerla a pie o para vehículos todoterreno; es por ello que muy rara vez se ve un vehículo en las inmediaciones de la campa, lo cual es un valor añadido al encanto de este lugar.

Breza desde el camino que viene de Llagos

               Una de las salidas, o también llegadas, de Breza es por El Treme en dirección a Les Praeres de Nava, para desde allí bajar a Nava o Infiesto. El Treme es una campa grande, alargada y muy pendiente, con bastante piedra, argomas y carrascos, pero también buen pasto para el ganado.
 Después de este largo descenso, tras cruzar una de las riegas que forman el río La Muriosa, entramos en la campa Neres, también muy grande y alargada, pero bastante más llana que la anterior. En el centro hay un gran peñón conocido como El Pegollón de Neres, que tradicionalmente señalaba el límite de pastos entre Laviana, Nava y Piloña. El momento más agradable para caminar por el Treme y Neres son las primeras horas de la mañana, con el sol saliendo por encima del valle de La Marea y estrellando sus rayos en la ladera abrupta de La Peña, donde cuelga la mata El Texu.

Panorámica bajando el Treme 
      
             Después se pasa por la campa El Covayu y, tras un prolongado descenso, atravesamos la campa Espines donde hay varias cabañas y siempre abundante ganado caballar; pasamos por la Ortigosa, más cabañas y también buenos pastos, y llegamos a Les Praeres de Nava, lugar al que hemos dedicado ya un artículo en este blog. Por allí cruza el GR-105 Ruta de las Peregrinaciones, que pasando por La Llama, donde hay un albergue del ayuntamiento de Nava, sigue el valle del río La Muriosa hasta que desemboca en el río La Marea, afluente del Piloña.
   
La campa Neres y al fondo Breza, desde el Covayu
 
 La campa de Breza esta cerrada por dos alturas: Los Caspios y El Trigueru. Los Caspios, de 1.245 metros de altitud, son varios picachos de piedra cuarcita con fácil acceso, a los que merece la pena subir pues desde allí se divisa casi todo  el municipio de Piloña y la ruta antes descrita para llegar a Nava o Infiesto. El Pico Trigueru o La Triguera (1.293 m.) es la mayor altura de La Peña. El acceso a su cima, donde hay un vértice geodésico y un buzón montañero, desde la campa se hace por la cresta. La cumbre del pico ofrece una buena vista del centro y oriente de Asturias y hasta los Picos de Europa; también, al otro lado, se puede ver el alto valle del Nalón y la cordillera Cantábrica.

 Panorama subiendo al Trigueru

Desde el Torreón de Breza, que así se le llama también al Trigueru, se puede apreciar con nitidez el cordal que se extiende, en una sucesión de campas y collados, hasta llegar al pico La Chamoca en el municipio de Sobrescobio. Para realizar esta caminata, se sale de Breza dejando Los Caspios a la izquierda y, tras pasar la fuente, bordeamos el pico Suriellu (1.132 m.) atravesando la campa del mismo nombre. A la izquierda el caminante ve el valle de La Marea, en el municipio de Piloña; a su derecha, la riega L´Artaosa, que ve nacer en la campa del mismo nombre y que baja hasta El Condao, y varias caserías de esta misma parroquia: El Colláu, L´Abigular, La Ortigosa... Tras bordear el pico Arrudo, se inicia el ascenso a la cumbre por su cara norte cubierta de bosque. La Chamoca separa los municipios de Laviana y Sobrescobio y desde la cima se puede ver casi todo este municipio: la capital, Rioseco; el embalse del mismo nombre y pueblos como Campiellos o, más a lo lejos, Ladines, Soto de Agues... Merece la pena realizar esta caminata y subir a esta cumbre de 1.283 metros de altitud. Aquí termina para nosotros la sierra de Peñamayor: es su extremo sur; al norte comienza en el pico La Múa y así se extiende por los municipios de Nava, Piloña, Bimenes y Laviana.

El cordal de Breza y al fondo el pico La Chamoca

Esto es pues Breza, en el corazón de La Peña, adonde se puede llegar sin dificultad para disfrutar de la naturaleza y contemplar su magnífico panorama: Piloña, El Sueve, Los Picos de Europa... Pero más maravillosa aún es allí una noche clara y despejada bajo la cúpula cubierta de estrellas. Y al fondo, el brillo de los faros en la costa Cantábrica. En Breza hay un albergue y un bar, aunque éste sólo está abierto al público los fines de semana. Entonces acuden ganaderos y caminantes para pasar unas horas de tertulia en animada conversación montañera; incluso en los días de invierno, cuando la nieve visita La Peña y extiende su manto por la campa: entonces Isidoro se encarga de mantener el fuego de leña en su punto para hacer el ambiente aún más agradable.

Cuando, al atardecer, la niebla cubre Breza...

                                                                                                       Las fotos son de Cuno Rotella

viernes, 5 de agosto de 2011

POR EL PARQUE NATURAL DE REDES

A la sombra de los picos Maciédome y Tiatordos

El Parque Natural de Redes se extiende por los municipios de Caso y Sobrescobio, con opciones de incorporar también otros limítrofes (Laviana, Ponga…), en la cuenca alta del río Nalón, aunque una pequeña parte vierte aguas al Sella. Los picos Meciédome y Tiatordos son las mayores alturas en la margen derecha del Nalón, en el Cordal de Ponga, la alineación montañosa más septentrional de las que estructuran el Parque. La parroquia de Sobrecastiello, por donde hoy discurre nuestro andar, es la más extensa de las diez que integran el municipio de Caso; tiene su centro en Bezanes y cuenta con otras aldeas como Soto, Belerda, La Foz o Pendones, que será inicio y final de esta caminata que siempre tendrá como referencia los dos picos señeros, y que podemos dividir en tres tramos: la subida desde Pendones hasta la cima del Maciédome; el descenso de esta cumbre y el largo, aunque llano, camino hasta la majada de Tiatordos; y, finalmente, el descenso desde esta majada hasta Pendones.
El primer tramo es una subida constante desde el momento que cruzamos el puente sobre el río Pendones y tomamos la pista por la que discurre el PR.AS-65.1, que pronto abandonamos para seguir la senda que trepa por la montaña, ofreciendo vistas del río Nalón al fondo de su valle. Pasamos así por La Llongar, con su cabaña recién arreglada, la majada de Pandevilla y llegamos a la vega Texéu, que nos regala con una esperada fuente. Tras el breve descanso al lado de la fuente, la subida continúa hasta la collada y majada de Llagu: varias cabañas abandonadas, bastante ganado vacuno, vistas a los dos valles, Ponga y Nalón, y la proximidad de la cumbre que ya se adivina a nuestra derecha.

  Majada de Pandevilla

 La majada de Llagu en el camino del Maciédome
       
        Para llegar a la cumbre, aún queda una hora de camino: primero por una senda casi llana que bordea el pico hasta llegar a la campa Empuéu; luego por la Pandona, una canal de piedra en la que se trepa hasta llegar a la cumbre. Mientras subimos, para tomar aire volvemos la vista atrás y vemos al fondo, muy al fondo, el río Nalón y los pueblos de Bezanes y Soto; mucho más arriba, Brañagallones con la espectacular pista que le da acceso y cumbres como el Cantu del  Oso. Desde los 782 metros de altitud de Pendones hasta la cima del Maciédome (1.899 metros) se ha superado un desnivel de algo más de 1.100 metros en tres horas de agradable caminar, y arriba espera un bonito panorama; pero la niebla que sube del valle de Ponga nos oculta el resto del Cordal. Por fortuna, pasados unos minutos, la niebla que no para vuelve hacia abajo, se refugia en el valle y deja ver la punta descarnada del Tiatordos y, a sus pies, la majada hacia donde luego caminaremos. A lo lejos, están los Picos de Europa cubiertos por la niebla, pero cuando el viento se la lleva a otra parte los podemos ver e intentamos adivinar la silueta de algunas cumbres.

El pico Maciédome visto desde Pandevilla

       Hay que deshacer el camino, descender de nuevo a la collada de Llagu y allí buscar el lugar adecuado para el tiempo dedicado al bocadillo. Comienza así, por el Cordal de Ponga, el segundo tramo de la caminata; primero entramos en el concejo vecino para, atravesando el collado de Pandellanza, volver de nuevo a Caso e internarnos en el monte del mismo nombre. Este monte de Pandellanza es un inmenso hayedo que cuelga de los paredones rocosos de la Xerra del Vallín: recorrerlo es una de las mayores delicias que puede ofrecer el montañismo. Con las hayas en su mayoría jóvenes y lo suficientemente espaciadas para dejar paso a una luz tamizada que sólo puede regalar este tipo de bosque, el hayedo de Pandellanza se nos ofrece como el más bonito de los muchos que hay en Asturias. Y por si esto fuera poco, aún nos espera una agradable sorpresa: entre las hayas que van causando nuestra admiración, de repente nos encontramos con dos robles tres veces centenarios. Uno de estos robles presenta una talla majestuosa, con un tronco que tres personas juntas apenas podrían abarcar; el otro, de una talla también considerable aunque algo menor, ha sido, como el olmo del poeta, “hendido por el rayo” en 1988 y también está medio podrido, pero no por eso han dejado de salirle “algunas hojas verdes”. Ya abandonado el hayedo, encontramos la fuente de Xerús que dicen, la más fría del concejo de Caso y cuyas aguas bajan de un manantial en la misma roca del Tiatordos. La majada de Tiatordos está a pocos pasos, y allí es obligada una parada para contemplar el verdor de la pradera, el ganado que en ella pasta y, en la cumbre, la niebla que sigue jugando con el viento. 

El pico Tiatordos, desde la cumbre del Maciédome
       
        El descenso hasta Pendones se hace por la llamada Ruta del Tiatordos por ser la habitualmente usada para subir al pico. Descendemos por la majada del Pláganu, donde hay una fuente que es el nacimiento de la riega El Palombar. Después, por la Foz del Palombar bajamos hasta encontrar el camino que, entre prados de hierba a la orilla del río Pendones, nos lleva hasta el final de esta caminata ideal para los verdaderos amantes de la montaña. Y es entonces, al concluir este mágico recorrido, cuando nos vienen a la memoria unas palabras inspiradas en las que escribió Manuel Vicent en su libro León de ojos verdes refiriéndose al mar, navegantes y marineros:
Hay trotamontes que van disfrazados de montañeros, pero la montaña te bautiza con su nombre después de que le hayas dado suficientes pruebas de que eres esforzado al mismo tiempo que precavido; y también, cuando hayas aprendido a contemplar su belleza y sus misterios. Sólo entonces te conviertes en un auténtico amante de la montaña por dentro y no por fuera.
A tenor de esta reflexión, es por lo que consideramos que no se debe cruzar la vega Texéu sin pararse a mirar atrás para contemplar las caprichosas formas que la erosión dibuja en la roca; ni, atravesar a la carrera el monte de Pandellanza sin detenerse  siquiera ante el roble herido para palpar la madera de su tronco y admirar el milagro de su rama verdecida; ni, pasar al trote por la majada de Tiatordos sin embelesarse ante la belleza de una flor y, por qué no, estimar la calidad de su cabaña ganadera. Porque si lo primero lo puede hacer cualquier buen atleta, lo segundo distingue a un caminante que da muestras de su amor a la montaña: un buen montañero. Y esta caminata que acabamos de relatar a la sombra del Maciédome y Tiatordos no tiene desperdicio para ello.

Las fotos son de Juan Lobelle

        
                     (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 30 de julio de 2011)

martes, 19 de julio de 2011

DESDE MURIAS DE PAREDES

Haciendo camino por la ruta de Las Fuentes del Omaña

Tomando Murias de Paredes, villa y ayuntamiento de estas tierras pobladas por  antiguos astures, como punto de partida y de llegada, se puede realizar una caminata siguiendo la ruta marcada como Las Fuentes del Omaña, adornada, además, con la ascensión a cuatro cumbres que no presentan gran dificultad, aunque sí alargan el recorrido.
La fachada de la casa consistorial en el centro de la villa es un buen lugar de inicio, ya que allí encontramos un panel informativo sobre la ruta marcada, y tomamos hacia el pueblo de Montrondo la carretera que pronto abandonamos para seguir por el antiguo camino vecinal que se encuentra en muy buen estado. Una vez que dejamos atrás el lugar de La Leyenda del Pozo Hollao, nos internamos en el valle de Montrondo por una pista que con ligera pendiente nos introduce en un abedular, siempre a la orilla del río que da nombre a la ruta. Al salir del bosque, en continuo aunque ligero ascenso, nos encontramos con las praderías de Liforco y la finca que llaman del Mular. Es aquí donde dejamos el camino marcado para tomar hacia la izquierda una senda que, entre matorrales rastreros y herbáceos, va ganando ya fuerte altura para llevarnos hacia las tres cumbres con las que, como hemos dicho más arriba, pretendemos adornar nuestra caminata.
La primera de estas cumbres, La Peñona, es la más agreste y la que presenta más dificultades: desde la loma donde nos dejó la senda, tras una pequeña parada para tomar fuerzas, se asciende en vertical por un fuerte pedrero hasta la cima que se encuentra a 1.982 metros de altitud. Una vez arriba, hay que perder altura para luego subir hasta el siguiente pico que es El Tambarón Sur: esta es la subida más larga, pero con menos dificultades que la anterior ya que no hay pedrero sino una senda que culebrea hasta la cumbre, mientras nos deja divisar a nuestra espalda el pueblo del Fasgar, uno más del municipio de Murias. Esta cumbre y la del Tambarón Norte están casi a la misma altura (2.103 metros) unidas por una pequeña cresta desde la que podemos divisar al fondo un bonito panorama: el pueblo y el valle de Salientes, que tienen su acceso por la carretera de Páramo del Sil, y la imponente mole del pico Catoute (2.111 metros) que los cierra por el sur; estamos caminando por los cordales que separan las cuencas de los ríos Sil y Omaña. Pasados los dos tambarones, un pequeño descenso y en Las Rubias, a 1.970 metros, frente a la cuarta cumbre que nos espera, encontramos el lugar adecuado para los treinta minutos dedicados a los bocadillos.
Después de la comida, subir al pico Mular de 1.930 metros, no presenta ninguna dificultad. Pasado el Mular, con su amplia cumbre llana, enlazamos de nuevo con la ruta marcada y, por una pista en muy buen estado, vamos descendiendo hacia el Puerto de La Magdalena por lugares de gran belleza: la braña de Vivero, con su bonita laguna de origen glaciar; el hermoso valle del Fasgarón, por el que corre el arroyo del mismo nombre y en el que pasta la ganadería vacuna de la zona; los amplios prados de siega,  siempre cercados con paredes de piedra, y las construcciones ganaderas que se extienden por la planicie del puerto; sin olvidar la rica fuente de agua fresca que  tanto agradece el caminante. Junto a estas construcciones ganaderas y confundiéndose con ellas, se encuentran los restos de la capilla de La Magdalena, hoy enajenada por el arzobispado de Oviedo, pero aún ejemplo de arquitectura religiosa rural.
El puerto de La Magdalena se encuentra a 1.434 metros de altitud. Caminamos sólo unos metros por el arcén de la LE-493 para abandonarla y tomar el antiguo camino del puerto, por donde también está marcada la ruta cicloturista entre Rielo y Villablino. Es éste un buen ejemplo de conservación de antiguos caminos rurales, como todos los que hemos recorrido en esta ruta de Las Fuentes del Omaña que con los adornos convenidos finalizamos en el mismo punto de inicio, Murias de Paredes, después de siete horas de bonito y agradable camino al andar.        


                      (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 16 de julio de 2011)

jueves, 7 de julio de 2011

POR EL CANAL DE REÑINUEVO

Entre Asturias y Cantabria,
del Jitu de Escarandi a Urdón y La Hermida


            El Jitu de Escarandi es un lugar llano situado a 1.291 metros de altitud, dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa, donde se señala el límite entre Asturias y Cantabria. Por allí pasa la carretera que une el pueblo cabraliego de Sotres con Tresviso, ya en Cantabria; y este puerto de Escarandi fue en otro tiempo lugar adonde llevaban sus ganados los pastores del municipio de Peñamellera Baja. “Jitu aquí significa límite; aunque en otros lugares donde sopla mucho el viento el topónimo deriva de ajitar (cortar la respiración)” (Enciclopedia del paisaje de Asturias. Editorial Prensa Asturiana. Oviedo, 2003).
            En este Jitu de Escarandi comienza la caminata que, con el canal de Reñinuevo como centro principal de operaciones, nos lleva hasta Urdón y La Hermida. Esta caminata tiene tres características que han de ser reseñadas: su largo recorrido, su particular carácter de rompepiernas y el continuo caminar en fila de a uno. El recorrido es largo, no tanto en kilómetros (la hoja de ruta marcaba unos 25) cuanto en horas, por la dificultad del caminar en zonas muy boscosas y alternando descensos con fuertes subidas, lo que produce en el caminante un cansancio especial propio de las rutas así denominadas rompepiernas; además, todo el recorrido, salvo los últimos metros, se tiene que realizar en fila de a uno, pues aunque muchas veces se hace por sendero armado, éste es tan estrecho que no permite otro caminar; a ello hay que añadir las escalinatas, sendas en el bosque, incluso el propio muro del canal que se aprovecha para el paso y dos túneles bien estrechos y sin ninguna iluminación.
            Cuando se inicia el camino en el Jitu por la pista que baja al pueblo de Beges y  la vista del pico Obesón (1.716 metros) a nuestra izquierda, no es posible adivinar las dificultades comentadas en el párrafo anterior; pero pronto dejamos la pista para adentrarnos en el bosque de Valdediezmo que también recorremos con facilidad por un sendero estrecho pero bien armado. A la salida del bosque divisamos a lo lejos los primeros invernales del pueblo de Tresviso y al fondo el río Sobra con la presa del Barrial, hoy abandonada debido a diversas fugas de agua. Hasta la presa hemos de descender para cruzar el río por un puente de piedra que llaman de Casares. Sigue la senda trepando por la ladera entre hierba larga y abundantes árgomas, delicia de los y las caminantes que lucen en su indumentaria el pantalón corto, hasta encontrarnos con el camino que baja de Tresviso: es el lugar adecuado para hacer uso del chocolate, frutos secos y demás. También desde aquí podemos observar al fondo la presa de Traslapeña que alimenta el canal de Reñinuevo por el que luego habremos de caminar.
            Tras la breve parada reconstituyente, iniciamos el descenso hasta el río Urdón por el camino que viene de Tresviso: es un sendero con bastante pendiente, a veces en forma de escalinata tallada en la roca, pero siempre en buen estado pues lo usan los operarios que acuden al mantenimiento del canal. Al llegar al fondo del valle, el sendero cruza el río por un puente de madera e inicia el ascenso hasta la altura del canal excavado en la roca a media ladera de la sierra de Beges: se tiene aquí un paso bastante espectacular y apropiado para los aficionados a la fotografía. Llegados al canal, se sigue la corriente caminando por el muro que lo cierra, con el agua a nuestra derecha y a la izquierda, la fuerte pendiente hasta el río; nos adentramos así en la profunda Garganta del Urdón que el veterano montañero asturiano Paco Tessier bautizó como El Cares de Cantabria.

                                                                                                Puente sobre el río Urdón

            El camino resulta pues divertido a la vera del canal, pero, ay, después de un trecho, éste se oculta en la roca y los caminantes se ven obligados a tomar una senda que va perdiendo altura casi hasta llegar al río para luego volver a recuperarla en duro ascenso; este desvío, por encima o por debajo del canal, se hace hasta siete veces entre trecho y trecho del divertido caminar junto al agua. Es la parte más dura y pesada de la caminata, sobre todo en la zona de Piedras  Negras donde se camina un buen trecho por debajo del canal y el agua rebosante encharca la senda y dificulta aún más la marcha: fue aquí donde este  sufrido caminante  buscó la ayuda en forma de ánimo de Juan Lobelle, vocal de montaña del grupo La Peñuca, siempre dispuesto en la parte final del grupo para dar ánimo a quien lo precise. Y a fe que lo hubo de hacer con algunos que en este tramo se sintieron agotados. A la salida de Piedras Negras, en un altozano, Toño el buen guía, viendo ciertas caras de agotamiento, entre ellas la del autor de este blog, y también teniendo en cuenta la hora, decretó la conveniente parada para comer los bocadillos: fueron sólo veinte minutos, pero suficientes para recomponer el ánimo.

El canal de Reñinuevo ocultándose en la roca
    
              Después de la comida, con un nuevo ascenso para recuperar la altura del canal, sigue la marcha, ahora tal vez en su parte más espectacular: el paso por el corredor de Matallana, una estrecha  y endeble cornisa artificial colgada en la roca; el túnel sin iluminar, en el que debemos caminar agachados por una pasarela de chapa colocada sobre el agua; y a la salida del túnel, el bello panorama del Balcón de Pilatos en la senda que sube a Tresviso. Así llegamos a la  plataforma con la caseta donde finaliza el canal y se inician los tubos que precipitan el agua para mover las turbinas de la central de Urdón.

                                                                                         El endeble corredor de Matallana

            El definitivo descenso hasta Urdón, un desnivel de unos 400 metros, aunque largo no es difícil: primero se hace por una escalinata tallada en la roca que se adentra en un túnel sin iluminar y con la bóveda bastante irregular, lo que hace peligrar las cabezas más altas; luego, una senda amplia y bien cuidada que desemboca en la pista que desde Urdón sube a Tresviso. Por esta pista y ya en terreno llano bordeamos la central y estamos en la N-621. Allí, justo en el límite entre Asturias y Cantabria, podría terminar nuestra caminata, pero el autobús espera en La Hermida y por carretera recorremos la breve distancia de dos kilómetros… porque allí también esperan las refrescantes cervezas, bien merecidas después de siete horas y media de duro caminar.
(Las fotos son de José Manuel "Ferre")


                                       (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 2 de julio de 2011)

martes, 28 de junio de 2011

POR LAS ALTURAS DE CANGAS DEL NARCEA


De Leitariegos a Genestoso por el Collado de las Tres Lagunas
 
           Esta caminata por las altas tierras de Cangas del Narcea tiene para el caminante un encanto especial en forma de recuerdo de un tiempo que ya se va quedando lejano. Es en el año 1975 cuando el caminante, entonces un joven y pedante profesor de E. G. B. con la oposición recién aprobada, llega al municipio de Cangas para ejercer la enseñanza en la parroquia de Gedrez, formada por este pueblo más Piedrafita y Jalón. Allí permanece hasta junio de 1977, unos años cruciales como todo el mundo sabe en la historia moderna de España, y en este tiempo recorre las tierras del sur de Cangas del Narcea hasta entonces desconocidas para él. Nunca, sin embargo, había llegado hasta Genestoso, un pueblo del que sí tiene abundantes noticias por una compañera de oposición con la que a menudo se encuentra en la capital del municipio. Hoy, más de treinta años después, llega para hacer esta ruta por las tierras del sureste de Cangas del Narcea en los límites con el Alto Sil.
Comienza pues la caminata, en el alto de Leitariegos a 1.523 metros de altitud, entre la estación invernal que pertenece a León y el primer pueblo de Asturias entrando por este puerto. Desde allí nos dirigimos hacia el norte por el valle de Faro para acercarnos a la línea de la cordillera, donde nos esperan una serie de alturas por las que iremos haciendo camino en nuestro andar. La primera cumbre es el Picardín, de 1.803 metros, y después las Peñas Blancas o Chana Los Penones, de 1.865 metros. Tras un pronunciado descenso hasta los 1.675 metros, casi en el límite entre las dos provincias encontramos la Laguna de Viveiro,  de unos 100 metros de longitud, que este verano se encuentra sin agua por la escasez de nieves invernales.
La subida es dura hasta los 1.861 metros de la Gobia del Cacabiechu, pero merece la pena para desde allí contemplar un magnífico panorama que incluye el pueblo de Genestoso y, muy a lo lejos, el santuario de Nuestra Señora del Acebo.  Entre el Cacabiechu y el collado de Recuélebre nos encontramos con la laguna de La Goda: una charca habitada por algunos anfibios. La subida continúa, hasta llegar al Chanu de los Bueyes, por un camino que presenta bastantes dificultades, con senderos poco marcados en los que es fácil perderse si no se cuenta con un guía competente como José Manuel Cortina, buen conocedor de estos parajes, cuya forma de entender la montaña logra que la caminata sea agradable, placentera y también instructiva. El Chanu de los Bueyes es una planicie situada a 1.922 metros de altitud, cuyo topónimo alude a un lugar donde los bueyes acudían a mosquear. Desde allí se pueden contemplar en lontananza las montañas de Somiedo, entre las que descuella el pico Cornón al que un día de octubre de 1988 llegó el caminante desde Santa María del Puerto con un grupo de montaña de El Entrego llamado El Granizu. Como ya hemos alcanzado la mayor altura de la caminata y el reloj marca las dos y media de la tarde, considera José Manuel que es el lugar adecuado para dar cuenta de los bocadillos. Es un magnífico día de sol atemperado por una suave brisa montañera que lo hace aún más agradable; pero el descanso no se puede prolongar más de media hora porque para llegar a Genestoso aún nos quedan otras tres horas de camino.
Nuestro caminar continúa ahora por las crestas del pico Riu para luego bajar hasta el collado de las Tres Lagunas: lugar de paso del camino real que unía Cangas con la provincia de León. Estamos en pleno Monte de Genestosa, catalogado como de utilidad pública y que se encuentra incluido en el Parque Natural de Fuentes del Narcea; por una cómoda pista que desciende buscando el río Cibea entre pradería y bosques de abedules y fresnos llegamos hasta Genestoso, donde después de seis horas y media finaliza nuestra caminata. 


                                (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 18 de junio de 2011)

domingo, 5 de junio de 2011

POR LAS MONTAÑAS DE LA LIÉBANA

De Lebeña a San Pedro de Bedoya por el Collado de Taruey

 Esta caminata por las montañas de La Liébana no tiene más dificultad que la larga subida para alcanzar el collado de Taruey. Se inicia junto a la iglesia mozárabe de Santa María de Lebeña y tiene ya sus primeras rampas al atravesar el pueblo, para después tomar una pista amplia, de origen minero, con buen piso de tierra, que recorre el valle del arroyo de Los Casares. La subida no cesa, y en ocasiones sobre todo si calienta el sol se hace dura, pero resulta muy agradable por la vista de la Sierra de Les Cuerres que vamos ladeando; también por el panorama que dejamos a nuestra espalda: los pueblos de Lebeña y Allende al fondo, junto a la carretera que sale del desfiladero de La Hermida.
Abandonamos la pista al aproximarnos a la bocamina, que se encuentra colgada de forma inverosímil horadando la roca de la montaña. Es el momento de detenerse para reponer fuerzas y observar por última vez cómo el río Deva se pierde a lo lejos por el desfiladero de La Hermida. Después, cambiamos de dirección al tomar una senda que se adentra en un hermoso bosque de fayas con grandes claros que dan lugar a una sucesión de majadas y que, poco a poco, nos va acercando al collado de Taruey. Cuando logramos situarnos en el punto más alto del collado, a 1.234 metros de altitud, el panorama cambia y lo que se ofrece a nuestra vista es la imponente crestería de Peña Ventosa y muy al fondo varios pueblos del municipio de Cillórigo de Liébana: Salarzón, Cobeña, Trillayo o Pumereña. Es el lugar y el momento adecuado para dar cuenta de los consabidos bocadillos una vez asentadas las humildes posaderas. Pero por poco tiempo porque la nube amenaza en las crestas de Peña Ventosa, y como dice un personaje de Antonio Machado en La tierra de Alvargonzález: “Dios le libre de una tormenta por aquella sierra”. Así que hay que levantarse y, con los primeros truenos y relámpagos que traen las primeras gotas, iniciar la segunda parte de la caminata.
            Tras vencer un desnivel de 150 metros, nos encontramos con la hermosa Braña de los Tejos que dicen, única en Europa por el número de ejemplares de este árbol totémico. En verdad no los hemos contado, pero es poco probable que a 1.384 metros de altitud podamos encontrar otra braña como ésta. A partir de aquí todo será descenso por el PR-S 4, conocido como camino de Pasanéu: una cómoda pista que recorre el valle de Bedoya y, entre curvas y fuertes rampas, desciende buscando el reguero que le da nombre. Los montes de Bedoya, territorio Canopy como reclamo turístico, están cubiertos por un inmenso robledal en cuyas laderas, y aprovechando algunos claros, proliferan las colmenas. Por fortuna la tormenta se ha ido hacia el norte y los caminantes, prescindiendo de chubasqueros y protectores para las mochilas, completamos el agradable descenso hasta cruzar el reguero por un viejo puente de piedra. Recorremos el último tramo por la margen izquierda del río, entre prados y tierras de labor, para llegar a San Pedro de Bedoya, donde finaliza nuestra caminata iniciada seis horas antes en Lebeña, al otro lado de Peña Ventosa.

                                    (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 21 de mayo de 2011)

lunes, 16 de mayo de 2011

LA SENDA CAORU

De cómo caminar por Cabrales, desde Las Arenas hasta Poncebos pasando antes por Tielve

Esta caminata, en su primera parte, entre Las Arenas y Tielve, está marcada como PR-AS 127. Coincide además con la llamada senda Caoru que discurre por los restos de una calzada romana bien visible en algunos puntos, aunque no tanto en otros. La Peña Caoru que da nombre a la senda es una abrupta peña caliza situada por encima de las cuestas ribereñas del río Cares en la parroquia de Santa María de Llas. La senda parte del lugar conocido como La Florida, a 331 metros de altitud, en Arenas de Cabrales, junto a la carretera que sube a Poncebos, donde, por otra parte, finaliza nuestra caminata después de pasar por el pueblo de Tielve. Los primeros pasos discurren por un camino empedrado a la sombra del bosque de Castiello que nos subirá al collado del mismo nombre. Desde el principio todo es subida, de collado en collado y entre majadas de gran belleza con cabañas y cercados de piedra, con la visión al fondo de Arenas de Cabrales, otros pueblos del concejo y la carretera que discurre entre curvas a la vera del río Cares. Al otro lado del valle, cierra el panorama la mole de la Sierra del Cuera con el pico Turbina como su mayor altura.

La senda Caoru en sus inicios

            No falta alguna fuente donde recargar la cantimplora y reponer fuerzas, pues la subida no cesa, y así caminamos por Portudera o puertos de Era. Este es un extenso puerto de gran utilidad ganadera, con importantes vegas y buenos pastizales a los que acude el ganado de Sotres y Tielve. La de Tordín, que cuenta con varias cabañas, se encuentra ya por encima de los 1.100 metros. Un empujón más y nos encumbramos en el collado del Posadoiru, a 1.215 metros de altitud, el punto más alto del recorrido. Si bonito era el panorama que dejábamos en la subida, con el Cares y el Cuera a nuestra espalda, espectacular resulta ahora la vista que se nos ofrece al enfrentarnos con el mojón que indica la entrada al parque de Picos de Europa: ante nosotros descuella el Naranjo de Bulnes, tan nítido que parece a tiro de piedra con la mano. Es el lugar ideal para detenerse un rato y comer los bocadillos.

                                                                            Entrada al Parque Nacional Picos de Europa

Luego comienza el descenso por las majadas que quedan por encima de Tielve: la de Tobaos y la inmensa de Valfríu. Se trata de un descenso bien agradable, con la vista del pueblo al fondo y, más a lo lejos, los puertos de Áliva y parte del macizo de Andara. Tras un corto caminar por una empinada pista de hormigón, nos plantamos en el pueblo de Tielve, donde es obligada una parada.

Majadas por encima de Tielve y al fondo los puertos de Áliva
 
En Tielve se podría dar por terminada la ruta, pero nuestro objetivo es que la caminata continúe hasta Poncebos, y en verdad que merece pena. Para ello hemos de utilizar el llamado Camino viejo. Se trata del principal camino de acceso a Tielve y Sotres antes del trazado de la carretera, lo que nos permite pensar en la dureza de la vida en estos y otros muchos pueblos de Asturias en aquellos tiempos. Discurre por la ladera derecha del río Dobra, el cual junto con la CA-1 vamos viendo siempre al fondo. Es un camino poco utilizado, que va perdiendo altura de forma paulatina hasta que en los últimos metros se precipita por un pedrero en un atrevido zigzag que nos deja en Poncebos frente a la central hidroeléctrica. Aquí sí, bien pasadas las seis de la tarde finaliza nuestra caminata que habíamos iniciado en Las Arenas sobre las diez y media: una caminata larga, pero por su variado discurrir y espectaculares vistas muy agradable y entretenida.

(Las fotos son de Raquel)
              

                        (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 7 de mayo de 2011)