Para "ver muchas leguas de tierra, columbrar el mar lejano, contemplar a sus pies los pueblos..."

viernes, 18 de mayo de 2012

REDES EN PRIMAVERA


Por las parroquias de Tarna y Sobrecastiello: La Fumigosa, Cerréu, Arenas, Pociello y La Ablanosa

            Caminando por el Parque Natural de Redes se puede disfrutar en cualquier época del año. En el verano de 2011, por iniciativa de Paniceres, buen caminante del grupo La Peñuca y excelente conocedor del parque pues no en vano sus raíces se hunden en la parroquia casina de Orlé, pudimos disfrutar por el hayedo de Pandellanza a la sombra de los picos Maciédome y Tiatordos; para esta lluviosa primavera, él mismo nos propuso hacerlo atravesando el bosque de Fabucao bajo el paraguas del Cantu del Oso y el Cueto Negro: sin duda mereció la pena e intentaré aquí dejar constancia de ello.
            La caminata discurre por la parroquia de Tarna con algunos pasos por la de Sobrecastiello, dos de las diez que componen el municipio de Caso. Partimos de Las Torres, un lugar a 855 metros de altitud en el kilómetro 55 de la AS-117, poco antes de llegar al pueblo de Tarna. Desde allí se desciende por el Camino Real en busca del río Nalón para cruzarlo por un viejo puente. Comienza entonces un pronunciado ascenso por un camino ganadero entre hayas a la vera de la riega El Campón hasta llegar al collado del mismo nombre, y desde aquí el camino, ya senda, sigue subiendo hasta alcanzar la majada de La Fumiosa, ya a 1.010 metros de altitud, con algunas cabañas en buen estado y una fuente que nos invita a tomar unos minutos de descanso.

 Cabañas y fuente en la majada de La Fumiosa

            El ascenso continúa ahora por la senda que traza la Cuesta de La Fumiosa. Aquí, entre el abundante arbolado surge el retumbar de un golpeteo cual martillo de pilón: el picoteo en el árbol macizo de un pájaro carpintero -el picatueru- que realiza su trabajo ajeno al paso de los caminantes. Llegamos así a los 1.389 metros de la majada de Cerréu, situada entre las dos parroquias que estamos pisando; esta majada, amplia y bella, tiene en su parte más baja una fuente, y en la parte alta, un cueto con buenas vistas, si la niebla no lo impidiera, donde se sitúan las cabañas; al lado de la fuente pudimos ver el primer rebaño de ganado: una docena de vacas del pueblo de La Foz, las primeras que acuden, en época aún temprana, a los pastos del puerto.

Ganado y caminantes acuden a la fuente de Cerréu
            De Cerréu parte la conocida como Senda Ranéu que, pasando por la majada que le da nombre, se utiliza para ascender a la cumbre del Cantu del Oso por la vertiente que cae a Brañagallones. No es lo que nosotros haremos, pues nuestros pasos, con la alegría de ver cómo la niebla inicia su retirada y deja a la vista las altas cumbres que nos rodean, se internan en el monte Fabucao: inmenso hayedo que cuelga en la ladera del Canto del Oso y el Xerru de Príes. Es un placer para el caminante recorrer estos hayedos por una senda limpia y bien marcada; pero ¡ay! el final del bosque llega, y debemos enfrentarnos con el más fuerte ascenso. Llegamos entonces a la majada de Busumerón que, entre cabañas derruidas ofrece una buena oportunidad a los aficionados a la fotografía: al frente, el Cueto Negro, más a lo lejos Peña Ten y parte del Mampodre, pero más lejos aún los Picos de Europa cubiertos de nieve. Otra fuerte subida nos sitúa al fin en la collada Arenas, que con sus 1.686 metros marca el punto de mayor altura de esta caminata.
            La collada Arenas, entre las dos parroquias, es el paso natural al valle de Pociello y La Ablanosa desde Valdebezón, y es el lugar elegido para el descanso y la comida; al fondo, en la cordillera contemplamos las más altas cumbres: la Peña el Viento, la Rapaona y la Rapaína (2.022 metros) que a pesar de su nombre es la más alta de las tres.

Subiendo hacia la majada de Cerréu

            Tras el descanso y la comida iniciamos el prolongado descenso, primero hasta la vega Pociello. Esta amplia vega es uno de los lugares más hermosos del parque: en la parte más alta, se encuentra muy encharcada por los numerosos arroyos que conforman el río que la atraviesa y en la parte baja, cuenta con varias cabañas muy bien conservadas. El río de la Vega Pociello, que más abajo cambiará su nombre por el de río La Ablanosa, acompañará nuestro caminar hasta su desembocadura en el Nalón.

 La amplia y hermosa vega Pociello

            Al salir de Pociello entramos de nuevo en el bosque Fabucao, ahora en su parte más baja y en dirección contraria a la que recorrimos por la parte alta. Al final del bosque está la majada de La Ablanosa con cabañas, una fuente sin agua y prados cercados de piedra donde pastan varios ejemplares de la caballería casina. Desde aquí el camino ya es amplio, pues hasta La Ablanosa acceden tractores y coches.

 Panorámica de las praderías de La Ablanosa

            Por esta pista de tierra descendemos a la vera del río Nalón que cruzamos por el llamado Puente del Corral donde tomamos el Camino Real que por debajo de la AS-117 y remontando el río por su margen derecha nos lleva hasta el pueblo de Tarna. Aquí, en el coqueto pueblo del puerto que cierra el valle del Nalón, termina esta larga caminata que, una vez más por Redes, nos ha permitido disfrutar de un paisaje variado, entretenido y con lugares de gran belleza como Cerréu, Arenas, Fabucao o Pociello.

Entre la niebla, las crestas del Canto del Oso


Las fotos son de Juan Lobelle


                              (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 12 de mayo de 2012)

martes, 8 de mayo de 2012

EN OSEJA DE SAJAMBRE


Hasta el puerto de Zalambral y la central de Pío: agua, barro, niebla y nieve

            El municipio leonés de Oseja de Sajambre se extiende por la vertiente norte de la cordillera Cantábrica, su territorio forma parte del Parque Natural de los Picos de Europa y lo componen, además de la localidad que le da nombre, las de Ribota, Vierdes, Pío y Soto de Sajambre, adonde se suele acudir para iniciar el tramo de la Senda del Arcediano hasta Amieva o la subida al refugio de Vagabaño; pero nosotros hoy desde Oseja realizaremos esta ruta programada por Jacinto, incansable guía de La Peñuca.
            Salimos del pueblo por un viejo camino vecinal que, en fuerte descenso, nos lleva hasta el fondo del valle, y pronto encontramos el cruce con el que viene de Ribota: estos caminos están marcados como PR-PNPE 43 Pueblos de Sajambre. Por el fondo del valle corre el río Sella que nace poco más arriba, en la Fonsella al pie del puerto del Pontón; lo atravesamos por un puente de hormigón muy cerca de donde recibe las aguas de su primer afluente importante por la izquierda: el río Zalambral que nos acompañará hasta lo alto del puerto.

Puente sobre el Sella en el valle de Sajambre (*)

            El camino pasa por el pueblo de Vierdes ante la iglesia de Santa Marina, con una elegante espadaña para dos campanas, y la fuente de dos caños que data de 1913; continúa luego su fuerte subida en ocasiones cubierto de agua y barro, y así llegamos a Pío, que cuenta con 44 habitantes censados en 2011 y hasta no hace muchos años era conocido por el arte en la confección de madreñas. También este pueblo tiene su iglesia situada en un altozano que nosotros bordeamos para tomar la pista que sube hasta la central eléctrica, y que asimismo está señalizada como Ruta de Oseja a La Uña, ya en la otra vertiente de la cordillera.

Vista de Oseja desde el camino a la central eléctrica (*)

            La pista va ganando altura por la margen derecha del río, cuyas aguas suenan cada vez más profundas, atravesando el hayedo de la sierra de Concosturas; pero nosotros la abandonamos para  subir por la llamada Canal de los Chinos hasta la majada de Jian. El ascenso por esta  canal, cuyo topónimo alude al lugar de paso de los ganaderos que subían sus chinos o terneros a destetar a la majada, presenta sus dificultades, no sólo por la pendiente sino por lo resbaladizo y, en su parte alta, por la aparición de la nieve. La canal nos deja en la Collada del Oso y algo más arriba está la majada de Jian, a 1.420 metros de altitud. Ya casi cubierta de nieve, presenta un aspecto de abandono con varias cabañas derruidas; y al lado de las paredes de una de ellas, aun bajo el agua nieve que arrecia, es el lugar elegido para el descanso y el bocadillo.

La majada de Jian (**)

             El descanso y la conversación no pueden ser muy largos, no sólo por las inclemencias del tiempo sino porque hay que seguir remontando la sierra de Jian hasta alcanzar el puerto de Zalambral. Ahora la nieve ya cubre el terreno y dificulta aún más el paso de los caminantes, pero al fin se llega a lo alto del puerto, a 1.662 metros de altitud. Si hemos partido de Oseja a 742 metros, descendiendo unos 150 metros hasta el puente sobre el Sella para desde allí iniciar un incesante ascenso a lo alto del puerto, contabilizamos un desnivel de casi 1.100 metros que los caminantes hemos cubierto en lucha con el agua, el barro y la nieve.

Remontando la sierra de Jian (**)

            El puerto Zalambral es amplio y está cubierto de nieve, salvo en aquellos retazos por donde fluye el agua de los abundantes regueros que formarán el río del mismo nombre. La niebla no permite una buena visibilidad, pero los caminantes adivinan a su derecha la Peña Mora (1.848 metros) y a su izquierda, el pico Pozúa (1.911 metros) que tientan a los aficionados a los más altos riscos; no es el caso, por supuesto, del modesto caminante que firma este blog y que bastante tiene con afirmar sus pasos entre la nieve blanda. Él prefiere imaginar estos campos cubiertos de verde y con los animales pastando en ellos; pero aún hemos de esperar para ello, para que los ganaderos acudan al puerto con sus reses, al menos hasta los primeros días de junio.

El puerto del Zalambral (**)

            Después de atravesar el puerto, la senda bordea la ladera del monte y comienza un descenso por el bosque de hayas y robles; el río acompaña a los caminantes que han de vadearlo varias veces, hasta que la tubería recoge parte de su caudal para precipitarlo sobre las turbinas de la central de Pío que ya divisamos al fondo.

 Salida del puerto del Zalambral (**)

            La central se encuentra en un rellano del monte entre bosque y prados de diente; tras la merecida parada aprovechando que cesa la lluvia, se retoma el camino por la pista de servicio que de nuevo nos lleva a Pío. Desde aquí, la opción más lógica y cómoda es salir del pueblo por la carretera local que comunica con la N-625 y en unos pasos más llegar hasta Oseja para finalizar esta caminata, interesante a pesar de las adversidades climáticas de este atípico tiempo primaveral.

Hermoso entorno de la central eléctrica de Pío (**)


* Fotos de José Manuel Álvarez
                                               ** Fotos de Juan Carlos Ramos

                   
                                        (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 28 de abril de 2012)

  

lunes, 30 de abril de 2012

COSECHA DE LECTURAS (III)

 

            La boca pobre es una expresión irlandesa que se refiere a alguien que siempre habla mostrando sus quejas, sus muchas dificultades y problemas. Así es el título de una novela (La boca pobre; Flann O´Brien. Edic. del Serbal, Barcelona, 1989. Traducción del irlandés de Antonio Rivero Tarabillo) que informa sobre los gaélicos de Corca Corcha, una región donde llueve todos los días; allí donde las personas viven “en el fondo de la casa” durmiendo sobre lechos de juncos y los niños crecen “entre cenizas”; gentes que “nunca habrá otras como ellas”: una frase que aparece con frecuencia a lo largo de la narración. Es un relato plagado de anécdotas como cuando pasó por el pueblo un inspector de enseñanza que, al ver cómo vivían en una misma estancia personas y animales, les explicó lo fácil que les resultaría construir un pequeño cobertizo separado de la casa. En efecto, con la ayuda de los vecinos construyeron “un hermoso cobertizo en las proximidades de la casa”; mas “cuando mi abuela, dos hermanos míos y yo mismo llevábamos dos noches en el cobertizo, estábamos tan helados y profundamente empapados que fue un milagro que no desapareciésemos para siempre; y no encontramos alivio hasta que no regresamos a nuestra propia casa y estuvimos de nuevo confortablemente instalados entre el ganado”. Y es que “las cosas no son siempre como uno imagina”, concluye el narrador.
            Flann O´Brien es uno de los seudónimos de Brian O Nualláin (1911-1966), escritor  irlandés nacido en Ulster y afincado en Dublín donde ejerció como funcionario y articulista. Es un escritor muy valorado en Irlanda, aunque no tan conocido fuera de su país. En esta cosecha de lecturas quiero narrar, aunque de forma resumida ya que en el libro ocupa  más de dos páginas, el diálogo de un abuelo con su nieta, representativo del hablar con la boca pobre:

Un abuelo llega a casa sudoroso y asustado cuando ya comienza a caer la noche y se dirige a su nieta:
- Hija mía, no creo que debamos preocuparnos más por la cosecha ni si los animales se crían adecuadamente. Estoy seguro que esta noche se acabará el mundo.
- ¿Cómo es eso, abuelo?
- Seguro que se acabará el mundo, pues he visto signos prodigiosos.
- ¿Signos prodigiosos? ¿Acaso, abuelo, has visto gatos que ladraban, perros que maullaban o hasta quizás un caballo que se dirigía a las personas con palabras?
- No hija no, no, signos más prodigiosos aún. Cuando venía por el sendero que conduce hasta esta casa, me encontré con un caballero bien trajeado. Me aparté con rapidez a la cuneta para dejarle pasar, pues como te digo era un gran caballero… y entonces sucedió. Sucedió lo nunca visto, el signo prodigioso.
- ¿Qué sucedió, abuelo?
- Pues que aquel gran caballero me habló. Sí, me habló a mí.
- ¿Te habló, abuelo? En verdad es algo prodigioso.
- Pero es que me habló… en gaélico, hija mía.
- En verdad abuelo, hay cosas que superan los límites de lo creíble. Si es verdad eso -le dice finalmente la nieta-, no viviremos ni una noche más y hoy será sin duda el fin del mundo.


sábado, 31 de marzo de 2012

PUERTO PINOS

En busca de las fortificaciones de la Guerra Civil en las montañas de Puerto Pinos

            Lo que se conoce como Puerto Pinos son una serie de vegas, majadas, puertos y collados que ocupan unas 900 hectáreas en la vertiente sur de la Cordillera Cantábrica. Son terrenos como los Navares, la vega La Cueva o la majada de La Cubilla, por donde discurrirá nuestra caminata para contemplar restos de fortificaciones militares; pero también, el valle de La Cantarilla, la vega de los Ollones o los puertos de Retuerto, hacia el macizo de las Ubiñas.

Ganado pastando en las praderas de Puerto Pinos            

            Esta zona de Puerto Pinos presenta una singular característica, en cuanto su situación geográfica y administrativa pertenece a la provincia de León y forma parte de la comarca de Babia; pero la explotación ganadera es propiedad del Ayuntamiento de Mieres. Siendo alcalde José Sela, en 1926 el ayuntamiento compró estos terrenos por 415.600 pesetas, una cantidad que al valor de hoy desbordaría el presupuesto de cualquier ayuntamiento asturiano. La compra fue realizada a la Fundación Sierra Pambley, una familia de Villablino que, ya en tiempos del ministro Mendizábal, había adquirido grandes extensiones de terreno en la desamortización eclesiástica.

Cabañas de ganaderos en las amplias praderas de Puerto Pinos

            Así pues, los ganaderos de Mieres traen sus reses a estos excelentes pastos; pero por diversos acuerdos posteriores, también pueblos leoneses de la Babia alta como Pinos, Villargusán o San Emiliano conservan ciertos derechos al pastoreo y otros curiosos tipos de explotación: todo ello no impide un latente ambiente conflictivo entre ambas comunidades. Pero hoy los caminantes, a más de disfrutar de estos puertos y contemplar la espléndida cabaña ganadera que los ocupa, dirigirán sus pasos, como queda dicho en el encabezamiento, en busca de las fortificaciones de la Guerra Civil que aún se conservan en la Peña los Michos.
Partimos para ello, a 1.595 metros de altitud, de la Casa de Mieres: bar, albergue, refugio de ganaderos y vivienda del guarda de pastos. Desde allí, pasando ante la ermita de la Virgen de las Nieves, nos dirigimos a un puente de madera para cruzar el río Pinos. Este río nace aquí, en el puerto, y discurre por la vega entre meandros para precipitarse luego, formando incluso alguna espectacular cascada, hacia el pueblo de Pinos y, más abajo, hasta la capital municipal de San Emiliano, donde entrega sus aguas al río Torrestío, afluente del Luna.

Puente sobre el río Pinos muy cerca de su nacimiento

Cruzamos por el puente, y después de pasar junto a varias cabañas de ganaderos, ascendemos al cordal que nos llevará hasta la ladera de la Peña los Michos, donde encontraremos varios restos de fortificaciones. Lo que más llama nuestra atención son dos casamatas: una, que se conserva en muy buen estado, tiene dos troneras que enfilan hacia el río y la Casa de Mieres; la otra, con una tronera apunta hacia el arroyo del Puerto; pero también hay una galería para polvorín o refugio, un parapeto, pozos de tirador y una trinchera que, cual cicatriz en la montaña, se aprecia desde la Casa de Mieres.

El excelente encofrado de la casamata sorprende a los caminantes

Después de recorrer y admirar todos estos restos de la Guerra Civil que aquí estuvo activa entre agosto de 1936 y septiembre de 1937, subimos a la cumbre de los Michos, a 1.693 metros de altitud, para contemplar una buena panorámica del puerto.

Detalle de trichera y parapeto en la ladera de los Michos

Bajamos luego hacia la vega La Cueva, caminamos por la majada de La Cubilla, donde hay varias cabañas y alguna cuadra, e iniciamos el ascenso hacia el puerto de La Cubilla, también llamado alto el Palo (1.683 metros). Aquí hay una portilla y se inicia un cercado que recorre toda la divisoria interprovincial, pero su auténtica razón es limitar los pastos de los municipios de Lena y Mieres, estos últimos, como hemos dicho, en lo que se conoce con la denominación común de Puerto Pinos. Desde el alto el Palo bajamos, ya por la carretera, hasta la Casa de Mieres para dar así por terminada, después de cuatro horas, esta entretenida caminata.

Panorámica hacia la Casa de Mieres desde la cumbre de los Michos

Para finalizar, quiero presentar un libro que describe estos y otros lugares que fueron escenarios de la Guerra Civil.
De La Maginot Cantábrica (ediciones Desnivel, 2007), son autores los profesores Luis Aurelio González Prieto y Loli Palomares, y el veterano y experto montañero José Luis Argüelles.


Las fotos son de Cuno Rotella
 

lunes, 12 de marzo de 2012

DESDE SAN MARTÍN DEL REY AURELIO (II)

De La Colladiella a Entrialgo (Laviana), por la campa El Tretu, Canzana y El Sutu


               En el mes de enero, este caminante dedicó un artículo a San Martín del Rey Aurelio describiendo los cordales que lo cierran por la margen derecha del río Nalón; ahora me ocupo de su margen izquierda aprovechando la salida programada por el grupo La Peñuca. En la margen derecha recorrimos los cordales compartidos con los municipios de Laviana, Bimenes y Siero, para finalizar internándonos en este último en busca del mechero, apagado, de Saús. Hoy lo hacemos por los municipios de Mieres y otra vez Laviana, para terminar en Entrialgo. Son estas las montañas donde las gentes de San Martín del Rey Aurelio vemos  aparecer las primeras nieves; aquí está su mayor altura, la única que supera los mil metros: el pico Tresconceyos.
            Comienza nuestra caminata en el alto de La Colladiella, lugar compartido por Mieres, parroquia de Urbiés, y San Martín del Rey Aurelio, parroquia de Santa Bárbara. Aquí, horadadas en la montaña, están las instalaciones de una mina imagen que culminan con un monumento al minero, todo ello hoy en desuso y abandono; no ocurre lo mismo un poco más allá, en la limpia y cuidada campa del Sellón, con un más reciente monumento titulado Canto a la Libertad. Desde La Colladiella podríamos caminar hacia el norte dejando a nuestra izquierda, en el cordal de Urbiés, el pico Les Cruces, límite natural entre San Martín, Mieres y Langreo, para recorrer el cordal que se interna en el primero por lugares como La Poladura o la campa L’Artosu y descender por L’Abeduriu hasta El Entrego, parroquia de San Andrés de Linares.

La campa del Sellón y el monumento a la libertad.
A la derecha, parte del valle de Santa Bárbara

            Pero no lo haremos así, porque la caminata de La Peñuca se dirige hacia el sur por una pista que bordea la ya citada campa El Sellón y va ganando altura, mientras dejamos a nuestra espalda el panorama descrito en el párrafo anterior. Pronto abandonamos la pista, después de pasar junto a la fuente El Texu, sin agua, para tomar una senda hasta la primera cumbre de la jornada: el pico Tresconceyos de 1.091 metros de altitud. En esta ascensión contemplamos pueblos del alto Villoria como El Meruxal y Los Fornos.

Los caminates subiendo al pico Tresconceyos

            Una vez en la cumbre, donde coinciden los municipios de San Martín, Laviana y Mieres, encontramos en la ladera norte que vierte a San Martín el mayor hayedo que hay en este concejo; el descenso es rápido y fácil hacia la hermosa Collada Cimera donde el caminante se encuentra de nuevo con la pista y por ella llega hasta la campa El Tretu. Esta campera, con un área recreativa, es buena atalaya para divisar casi la totalidad del valle de Santa Bárbara: muy cerca se encuentra Veró, uno de los pueblos más altos del valle y del municipio.

Monte de hayas en la ladera norte del pico Tresconceyos

            La pista por la que caminamos está catalogada como PR.AS-204, Senda verde de La Bobia-La Colladiella; por ella seguimos un largo descenso, dejando a nuestra derecha la agreste Peña El Cuervu, hasta casi encima del pueblo de La Bobia, en el valle de San Mamés, parroquia de Blimea. Desde aquí tomamos otra pista con algo de hormigón que, en corto pero muy pronunciado ascenso, nos sube hasta la campa La Vara, y ya sólo restan unos metros de senda para alcanzar la cima del pico La Vara (952 metros). En esta cumbre entre San Martín y Laviana, hay un vértice geodésico y una caseta de los servicios municipales del ayuntamiento de Sotrondio. El pico La Vara es un buen lugar para la charla, el descanso y el bocadillo: a un lado se contempla casi todo el municipio de San Martín y al otro, en el alto Laviana el valle del Meruxalín, pero también La Pola y el puente de La Chalana sobre el río Nalón.

Vértice y caseta en la cima del pico La Vara

            La segunda parte de la jornada discurre por la ruta marcada como PR.AS-206, Senda verde del Alto La Vara-El Sutu. Pasamos, ya en pleno municipio de Laviana y frente a las sierras de Peña Mea y Peñamayor, por la campa La Vesqueta  y aldeas como Vegalledo y Corían; y sobre Les Bories, el pueblo del valle de Villoria que nos recuerda la canción tradicional rescatada por el grupo Nuberu, aquella que decía:

Teo una moza enriba Les Bories
con una de vaques que faen cabaná.

            Pronto, al llegar a Canzana, los caminantes tienen dos opciones: atravesar el pueblo y descender por la LV-4 hasta Entrialgo o seguir la ruta marcada hasta El Sutu. En esta segunda decisión, más larga, merece la pena recorrer el valle del Meruxalín, donde se abrió a primera mina del concejo, y llegar hasta las minas de Coto Musel, con restos bien conservado de aquella explotación que estuvo en activo hasta su integración en Hunosa al final de los años sesenta del pasado siglo: bocaminas, lavaderos y el puente de hierro del ferrocarril que inspiró aquella canción:

Cuando la máquina va
del Meruxal pa Mardana,
marcha Pachín pa la siega
cantando la soberana.


Panorámica desde Canzana: cordal y pico La Vara

            Sólo resta descender desde El Sutu hasta la vera del río Nalón y por la senda verde acercarse a La Chalana; cruzamos el puente y ya estamos en Entrialgo: termina así este recorrido al lado del Centro de Interpretación de la obra de Armando Palacio Valdés, en la casa natal del insigne escritor  lavianés que  tantos lugares de este concejo inmortalizó en sus novelas.


Las fotos son de Fernando Espina



                                         (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 25 de febrero de 2012)



jueves, 16 de febrero de 2012

REDES EN INVIERNO

Desde Soto de Agues, por el cordal entre los ríos Nozalín y Alba

Redes ofrece su encanto al caminante en todas las estaciones del año: en primavera, el manto vegetal muestra su verdor; en verano, el ganado que acude a los pastos de altura acompaña y distrae al caminante; y otoño es la mejor época para caminar por los hayedos. Ahora estamos en invierno, en una jornada fría con retazos de sol y cielo azul, y los caminantes de La Peñuca esperan pisar algo de nieve en las alturas del cordal que separa los ríos Alba y Nozalín.
La caminata comienza en Soto de Agues y, tras pasar junto a la iglesia parroquial de San Andrés, historicista del siglo XIX, y la pequeña ermita de Santa Ana con su coqueta imagen de la santa, tomamos una pista que pronto va ganando altura en el bosque de castaños y fresnos, dejando al fondo el río Nozalín que nos acompaña con el rítmico cantar de  sus aguas. La parte más espectacular de este valle es cuando llegamos a la foz que oprime río y senda entre las peñas Piquero y Llagos, a cuya cumbre nosotros subiremos.

Caminantes de La Peñuca por la Foz del Nozalín

Pronto dejamos a la izquierda la senda que va a la braña de Feleches y al collado Fanarrionda y remontamos por un camino empinado y cubierto de nieve, que en algunos lugares ofrece, para delicia de los aficionados a la fotografía, vistas del pico La Xamoca y la campa y cordal de Breza en Peñamayor. El camino nos lleva al Monte Fresnos, donde hay prados de siega cercados de piedra, una majada con cuadras y cabañas en buen estado y la hermosa laguna que se conoce como El Llagu; todo ello hace pensar en una zona de excelentes pastos de altura.

 Camino del Monte Fresnos, con la braña y el pico al fondo

Aquí, en esta braña a 1.007 metros de altitud, podemos considerar finalizada la primera parte de la caminata; la segunda, consiste en un camino de ida y vuelta a través del cordal que, entre ambos ríos, se alarga hasta La Peña Llagos. El camino de ida lo realizamos por la crestería, ascendiendo primero al pico Fresnos (1.065 metros), que aun siendo la mayor altura de nuestro recorrido no presenta dificultades; luego bordeamos el pico Les Crespes y descendemos hasta el collado Campellín (924 metros), otro buen pastizal de altura. La ascensión, y posterior descenso, desde este collado hasta los 1.033 metros de La Peña Llagos resultó la mayor dificultad de la jornada por la constitución  calcárea y escarpada de la peña con algunos pasos entre la nieve helada; el caminante agradece entonces la imprescindible ayuda del  fuerte y robusto palo de madera cortado bajo la luna en cuarto menguante. Pero la cumbre merece la pena para ver desde allí todos los pueblos de Sobrescobio; Soto de Agues y las otras dos parroquias del concejo: San Pedro de Ladines y Santa María la Real de Oviñana (Rioseco, Villamoréi, Campiellos…).

 La braña de Fresnos, El Llagu y el pico Fresnos

Tras la pausa para el bocadillo con los rayos de un sol que amenaza abandonarnos, retomamos el regreso a la braña de Fresnos. Después del descenso de La Peña, el resto del camino será por la ladera que vierte al río Nozalín; por allí pasa la conducción de agua a Gijón desde La Fuentona de Los Arrudos en los montes de Caliao. La Traída, como se le conoce kilómetros más allá cuando, después de atravesar el río Nalón y la AS-17, recorre la ladera de Peñamayor para precipitarse hacia Nava por el Peranchu, acercándose ya a la ciudad costera; aunque antes, aún ha de atravesar La Collada. Sobre esta traída, aquí como en Peñamayor, discurre una senda por la que se puede caminar muy bien, pasando junto a la caseta de aguas: aliviadero que en esta época invernal produce una espectacular cascada hasta el río.

 Caseta del agua y aliviadero en La Traída

La parte final de la caminata, desde la braña de Fresnos, es por una pista ganadera con hormigón en algunas curvas. Está marcada como PR.AS-120 o Ruta de la Collada de Isorno y en su descenso pasa junto a la braña de Porciles y, por un bosque de castaños, nos acerca a la riega Les Garbanceres y la majada del mismo nombre; siguiendo esta riega llegamos al Pontón del Retorturiu sobre el río Alba. Caminamos a partir de aquí por la conocidísima Ruta del Alba; no obstante, más allá de El Campurru, cargadero de las minas de hierro que tuvo Duro Felguera en Llaímo, nosotros pasamos por un puente de madera -donde un letrero advierte de que no se le debe someter al peso de más de cuatro personas- a la margen derecha del río y seguimos el viejo camino hasta San Andrés de Agues, lugar que fue inicio y ahora es el final de esta caminata de invierno por el Parque Natural de Redes.

 Espectacular panorama del Monte Fresnos desde la senda de la traída
 

Las fotos son de Juan Lobelle 

 
                              (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 11 de febrero de 2012)


miércoles, 1 de febrero de 2012

DESDE SAN MARTÍN DEL REY AURELIO (I)

Desde Blimea, por La Faya y La Camperona, en busca del mechero de Saús


San Martín del Rey Aurelio es un municipio situado al sur de la zona central de Asturias, en el curso medio del río Nalón que lo atraviesa por sus zonas más urbanas: El Entrego, Sotrondio (donde se sitúa la Consistorial) y Blimea.  Así, este municipio se estructura en torno a una serie de valles y cordales cuyas aguas vierten al río Nalón y, aunque sus alturas son muy modestas ya que sólo en un caso (pico Tresconcejos) alcanzan los 1.000 metros, en algunos lugares se disfruta de buenas vistas del centro de Asturias. Uno de estos bellos lugares que ofrecen amplia panorámica es La Campeta, casi en el centro geográfico del concejo, encima mismo de Sotrondio; hasta allá se puede subir por diversos caminos: uno, saliendo de Sotrondio por la avenida de Antonio Machado y la carretera que sube a El Madreñeru, para luego por buen terreno pasar por La Sampedro y Cabañesnueves.
            Desde La Campeta, donde hay instalado un repetidor de televisión, se inicia un cordal que en dirección nordeste atraviesa el municipio separando el valle de Blimea, a la derecha y a la izquierda, La Güeria de Carrocera que recorre el río Silvestre. Caminando por este cordal bordeamos el Pico L’Alpeón (749 metros), los Tres Cuetos donde fueron hallados restos arqueológicos que se conservan en el Museo Arqueológico Nacional, así como un primitivo dolmen, y atravesamos la hermosa campa L’Españal (1).

El pico L'Alpeón desde La Cuesta La Faya

            Los cuatro caminantes hoy, no obstante, parten de Blimea por Llai, para recorrer La Cuesta La Faya que sirve de límite con el concejo de Laviana; a la izquierda queda el valle del río La Güeria Blimea con pueblos como La Cuesta, La Cabezada o Las Quintanas y el cordal de La Campeta, descrito en el párrafo anterior. La subida es fuerte y, en algunos casos, difícil por lo intrincado del terreno; nos vamos acercando a la ladera que cae a la parroquia de Tiraña y damos con la AS-251 en La Facuriella, para desde allí alcanzar la aldea de La Faya Los Llobos a 650 metros de altitud.
            Desde La Faya hasta La Casilla hay apenas un kilómetro por carretera, y en tan corto espacio el caminante recorre tres concejos: se sale de La Faya en el concejo de Laviana, a los pocos metros ya se camina por el de San Martín del Rey Aurelio y a la entrada de La Casilla un letrero nos anuncia que estamos en Bimenes. Es así porque encima mismo de La Casilla se encuentra el pico El Rasu (797 metros) donde coinciden los tres municipios. Al partir de La Casilla, caminamos por el llamado Cordal de Bimenes, pasamos por La Teyera Vallina donde está la Fuente La Leche, La Vallina y ascendemos al Pico Carrozal; desde este cordal se pueden divisar los pueblos del concejo de Bimenes, sobre todo la parroquia de San Emeterio de Piñera, y la sierra de Peñamayor.

Área recreativa en La Teyera Vallina

La cumbre del Carrozal es el lugar ideal para el descanso y la comida contemplando La Güeria de Carrocera, parroquia de Cocañín, que se extiende a nuestros pies (2), y si la vista se alarga puede llegar hasta el macizo de Las Ubiñas. Desde aquí, un fácil descenso nos deja en La Campa San Juan, para ascender hasta el Cordal de La Vara y pararnos a observar a ambos lados la carretera conocida como “Y” de Bimenes, que atraviesa el cordal por un túnel. Esta carretera, que aún sigue en obras con más de un lustro de retraso en su ejecución y varios millones de sobrecoste en su presupuesto, ha sido calificada como “disparate” por el ex presidente del Principado Juan Luis Rodríguez-Vigil. Y decimos “carretera”, no autovía como erróneamente hemos escuchado y leído varias veces en ciertos medios de comunicación.

Peñamayor desde El Carrozal.
En primer término, el camino que va desde La Casilla a La Vaúga

            Pero nosotros seguimos caminando por el cordal, en territorio del concejo de Bimenes pues desde El Carrozal la línea divisoria ya no es la vertiente de aguas; pasamos junto a la ermita de San Nicolás que, aunque en terreno de Bimenes, pertenece a la parroquia de Cocañín y llegamos a La Camperona a 578 metros de altitud. Aquí se encuentra el pico La Coroña, donde de nuevo coinciden tres municipios: ahora Siero, Bimenes y San Martín del Rey Aurelio. Así, el pueblo de La Camperona se convierte en un auténtico nudo dividido entre los tres concejos e incluso con una casa que pertenece a los tres. Desde aquí se podría caminar hacia la Peña El Ciecal y seguir por el Cordal de Langreo, pasando junto a la laguna de Cielo Abierto, hasta llegar a otro punto de interés: El Mayáu Solís, situado sobre El Entrego. Mas los caminantes en este caso cambian de dirección y huyen hacia Siero en busca del mechero de Saús.

Ermita de San Nicolás, en La Vara

            Cerca de La Camperona está El Plano, en la parroquia de Santiago D’Areñes. Atravesamos el pueblo pasando al lado de la ermita de San Antonio, tomamos un camino que en su descenso se cruza varias veces con la SI-12 y bordea la frondosa mata La Escondía y llegamos hasta  el río Candín. Luego, por la carretera a la vera del río, llegamos al poblado de Saús, donde hay abundantes restos de las abandonadas explotaciones mineras. Allí se encuentra el mechero de Saús, a la sazón apagado por la tierra de un derrumbe que taponó la salida del gas: para curar su decepción, los caminantes improvisaron una llama en unos papeles y así obtuvieron una foto trucada.


(1) Juan José Fernández Laviana, Graciano Torre González, Severino Antuña González: San Martín del Rey Aurelio. Conocer el municipio. Edic. Trabe, 1995.
 (2) VVAA (Coord. Pedro Alberto Marcos): La Güeria. Memoria de un valle. Edic. Trabe, 2006.


Las fotos son de Juan Lobelle