Para "ver muchas leguas de tierra, columbrar el mar lejano, contemplar a sus pies los pueblos..."

lunes, 30 de julio de 2012

MONTES DE PONGA


Desde La Uña hasta Beleño por el cordal del Collao Zorro

       Dos cordales se extienden por el término municipal de Ponga perpendiculares a la cordillera Cantábrica. Uno de ellos, el más occidental recibe precisamente el nombre de Cordal de Ponga y sirve de límite con el Parque Natural de Redes, concejo de Caso; sus cumbres señeras son el Maciédome, a quien los ponguetos nombran como el Alto Ponga, y el Tiatordos, que se levanta frente a la villa capital. El otro es un cordal interior que separa las parroquias de Sobrefoz y Casielles: el del Collao Zorro. A este cordal acudimos en el grupo La Peñuca invitados por Manuel Quintana, buen conocedor de la zona, para realizar una larga caminata partiendo del pueblo leonés de La Uña.
            El comienzo, a 1.200 metros de altitud, en la C-635 al lado de la fuente La Turriente permite a los caminantes abastecerse de agua para el camino. Tras pasar por un puente sobre el río Esla atravesamos la vega de Martindiez y pronto encontramos la unión de los arroyos Riosol y de la Castellana: ambos se disputan el nacimiento del Esla; nosotros seguimos al de la Castellana por el valle de Valdosín. Estamos caminando por una buena pista de tierra sobre la que se marca el PR. LE-20 Puerto de Ventaniella, y sobre nosotros se asoman orgullosas las peñas Ten y Pileñes, las del refrán:

Ten y Pileñes,
buen par de peñes;
Ten pa les cabres,
pa le oveyes,
Pileñes.

     La vega y el bosque de Valdosín
       
              La vega de Valdosín es amplia, cuenta con un buen redil y en ella encuentra buen alimento el ganado vacuno. A partir de aquí la pista se convierte en un buen sendero que nos sube al puerto de Ventaniella a 1.430 metros de altitud; es el límite regional y fue importante paso para los intercambios comerciales asturleoneses. Un poco más allá, ya en Asturias, está la pradería de Ventaniella con la ermita y el albergue de caminantes; pero nosotros no bajaremos hacia allá, sino que descendemos a la majada El Xerru (1.390 metros) para encontrar un sendero que inicia una fuerte subida.

 Hacia el puerto de Ventaniella

            Es la primera gran ascensión de la jornada: el sendero se pierde en amplias praderías colgadas del cordal y debemos forzar la máquina para alcanzar los 1.642 metros de altitud del collado Miédome. Viene luego un considerable descenso hasta la hermosa majada de Viañu, donde unos ganaderos se afanan en la reconstrucción de dos cabañas, para luego iniciar el segundo duro ascenso hasta el collado Viañu y, más arriba, la collada Obrango (1.434 metros).

 Majada y collado Viañu

            Un nuevo y obligado descenso para atravesar los puertos de Sus nos lleva a iniciar la última, mayor y más larga ascensión hasta el pico Collao Zorro (1.844 metros); es la mayor altura de la jornada y también la cumbre del cordal. Es también el lugar indicado por Manuel para el descanso y el bocadillo. El sol que no calentó en demasía, lo cual, junto a una pequeña brisa, fue de agradecer por los caminantes, aparece ahora con fuerza; y allí, frente al otro cordal (el de Ponga), a la vista de las praderías de Ventaniella, y al fondo, muy al fondo del valle el pueblo de Sobrefoz, disfrutamos del encanto especial de estas montañas mientras reponemos fuerzas para la última parte de la caminata. 

 Fuerte subida al collado Miédome

            Es un largo descenso desde la más alta cumbre del cordal hasta los 619 metros de San Juan de Beleño. Por la ladera bajamos al propio Collao Zorro y por un sendero que bordea el pico Luengo llegamos al collado Pumerín, más abajo a la collada Caldes y hasta la majada Cabanín, como en todas las majadas que atravesamos repleta de ganado, pero en ésta con más ejemplares de caballar que de vacuno. Desde aquí entramos en el valle que marca la riega Les Foyaques, afluente del río Ponga. Por su margen izquierda desciende un camino carretero, una vieja caleya empedrada pero en bastante mal estado: abundancia de agua y barro, árboles caídos, alguna alambrada que cierra el paso a ganado y caminantes; como, además, la pendiente es considerable, el final de la caminata se hace penoso. Mas al fin llegamos a la vera del río y a la PO-1, la carretera que une Sobrefoz con la capital municipal.

 Descenso del pico Collao Zorro

            Aquí en Beleño, topónimo que parece remitir al dios celta Belenos, termina esta caminata que aunque dura, tal vez la más dura de cuantas he relatado en el blog durante el presente año, es de una belleza que, tengo para mí, acaso sólo los montes de Ponga y Redes puedan ofrecer.

 Hacia la majada Cabanín

  Las fotos son de Elena Castro  

 

                                   (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 21 de julio de 2012)


sábado, 14 de julio de 2012

POR TIERRAS DEL ALTO SIL


Desde Salentinos hasta su braña y el alto de la Carranca en la sierra de Gistredo

            El río Sil, principal afluente del Miño, nace al pie de Peña Orniz, en la vertiente sur de la cordillera Cantábrica cerca del pueblo de La Cueta en la Babia alta, el pueblo más alto (1.460 metros) de  la provincia de León. Cuando atraviesa la comarca leonesa del Bierzo, el río presta su nombre como apellido a muchos municipios y pueblos por donde pasa: Páramo, Palacios, Vilariño, Tejedo, Argayo… todos del Sil.
            A estas tierras del Sil acudimos a propuesta de Emilio Alegre para caminar por la sierra de Gistredo y algunas de sus cumbres señeras; pero si bien es cierto que en muchas ocasiones habíamos escuchado en los informativos meteorológicos que una fuerte borrasca desde el Atlántico cruzaría el Bierzo para barrer todo el norte de España, ésta fue la ocasión de comprobarlo sobre el terreno. Y si esa misma borrasca con fuerte viento, lluvia y niebla nos impidió llegar a las cumbres previstas, no fue impedimento para realizar una parte del camino, aunque empapados y sin poder apreciar por la niebla la totalidad de este bello paisaje.
            La caminata comienza y termina en el pueblo de Salentinos, en el municipio de Páramo del Sil, hasta finales del siglo XIX nombrado como Ribas del Sil d’Abaxo, según consta en la copia de un documento fechado en 1780 y expuesto en el bar del pueblo. Salentinos es un pueblo alargado a la vera del río de su mismo nombre, con casas de piedra y techumbre de pizarra bien conservadas. Desde allí parte el PR. LE-45 Ruta del Catoute que, tras pasar por la cumbre de este pico, finaliza en Colinas del Campo de Martín Moro Toledano, tal vez el pueblo de España con el nombre más largo.

Rincón a la salida de Salentinos

           En la primera parte de nuestra caminata seguimos este PR sobre una pista que por la margen izquierda del río Salentinos recorre su precioso valle. El camino fácil y agradable va ganando altura de forma suave, atravesamos varias portillas para el ganado y pasamos junto a tres fuentes: el manantial de Brañavieja, las Fontainas y la de las Chábanas (por las chábanas, llábanas o tejas de pizarra que la cubren). Esta última fuente nos anuncia la llegada a la braña de Salentinos; amplia, con prados cercados de piedra, varias cabañas y hasta un refugio del Distrito Forestal de León en el que nos detendremos a la vuelta.
            Al salir de la braña, abandonamos la pista y el cauce del río que baja de la falda del pico Catoute. Nuestro camino toma una senda empinada que sube hasta la braña de Campogrande, dejando a la izquierda el bosque de Teixedor y a la derecha, el Teso de los Griegos, donde los romanos tuvieron explotaciones mineras de oro.

 La braña de Salentinos y el valle por donde caminamos

           Pasado Campogrande, la senda desaparece y caminamos por entre los piornales, en fuerte pendiente, hasta la campera de la Carranca. Al llegar aquí, la lluvia que nos acompaña desde Salentinos se convierte en fuerte aguacero con niebla y viento que sopla por la vertiente noroeste de la sierra; a malas penas nos permite caminar por la crestería, que está señalizada con una sucesión de mojones, hasta el alto de la Carranca a 1.886 metros de altitud.
        La propuesta inicial de Emilio Alegre consistía en seguir cresteando para ascender primero al pico Chao, luego al de Braña la Pena y por último al de Valdeiglesias, la cumbre de la sierra. Parados en el alto la Carranca, y ante la fuerte ventisca y la niebla que cubre toda la crestería, el grupo secunda la opinión del guía y su presidente de acortar el camino, iniciando desde este mismo punto el regreso.

 Mojones que indican el camino por la crestería

            Así pues, comenzamos el descenso por un sendero entre los piornales hasta Campogrande y, más abajo, a la braña de Salentinos. En esta braña está el refugio siempre abierto a ganaderos y caminantes, con la única condición de que después de su estancia en él lo dejen limpio y ordenado. Es de reducidas dimensiones, pero tiene unos tableros para literas, bancos arrimados a la pared y una chimenea donde los caminantes empapados pueden avivar una hermosa hoguera: algunos decidimos detenernos allí, mientras otros seguían su camino de regreso.
            Tras el descanso, la comida y la conversación en el agradable ambiente que propicia el fuego, continuamos el camino hacia Salentinos. Valle abajo, la lluvia amaina, la temperatura sube y se puede pronosticar un atardecer agradable, aunque al mirar atrás la sierra siga cubierta de nubes.

 El río Salentinos, también llamado de la Tejera

           A la entrada del pueblo hay un viejo molino. Tiene limpia la acequia por donde discurre el agua con normalidad y las compuertas están en buen estado: todo indica que podría estar en funcionamiento. En efecto, fue molino harinero, luego sirvió para producir la electricidad al pueblo y en la actualidad sigue moliendo como antaño para los grupos escolares que lo visitan, y el pan de su harina se vende en el bar del pueblo. Al lado del molino hay una piedra grabada con el anagrama de la mancomunidad de los Cuatro Valles leoneses y junto a ella, una llábana que sirvió para colar, hacer la colada con agua y ceniza.
            Son detalles para adornar una jornada que, aunque no pudo ser completa, deja en el caminante la idea de un bello paisaje plagado de lugares interesantes, a los que sería agradable retornar cuando el tiempo lo permita.

Por entre los piornales en flor

Las fotos son de Juan Lobelle



                                       (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 7 de julio de 2012)


sábado, 23 de junio de 2012

MONTES DE CASO, MARAÑA Y LILLO


Desde el puerto de Tarna hasta Isoba por el pico Remelende, la sierra de Mongayu y el valle de Pinzón

         El puerto de Tarna a 1.490 metros de altitud es el paso natural entre las cabeceras de los valles del Nalón y del Esla. Allí convocó Fernando Espina al grupo La Peñuca para realizar una caminata hasta el pueblo de Isoba a través de los cordales que separan Asturias y León.
          El primer objetivo de la jornada es la cumbre del pico Remelende de 1.889 metros de altitud, en cuya ladera hubo un proyecto de estación invernal que no llegó a cuajar; las pistas para los remontes nos marcan el camino para superar los casi 400 metros de fuerte desnivel sin tregua, y la dificultad se agranda cuando hay que caminar por entre los incómodos piornales. Poco antes de llegar a la ansiada cumbre nos encontramos con los restos de una trinchera que formó parte de un conjunto de fortificaciones de la Guerra Civil situadas a ambos lados del puerto: un fortín en la ladera de este mismo pico que cae al puerto las Señales y otros dos fortines más al este del puerto de Tarna, encima mismo de la C-635 y en el pico Abedular.

El pico Remelende desde el puerto de Tarna

            El pico Remelende es uno de los destacados del Parque Natural de Redes y su cumbre, con vértice geodésico, un excelente mirador del parque y del valle del Nalón; pero nosotros encontramos fuerte ventisca empujando la niebla desde el valle de Riosol y el concejo de Maraña que apenas logramos adivinar bajo la bruma. No obstante lo desapacible del tiempo, los caminantes hicimos allí la primera parada para recobrar el resuello y contemplar los pueblos de Caso y sus montañas: los inevitables Tiatordos, Maciédome, etc.

Panorámica del Tiatordos desde la cumbre del Remelende

            Con el Remelende se inicia la sierra de Mongayu, que nosotros recorremos en lucha con la ventisca que en ocasiones arrecia y otras veces parece amainar; pero el camino por este cordal resulta siempre agradable en un continuo remontar lomas y bajar collados: primero será el Porrón de Monéu (1.865 metros) y luego el pico Monéu (1.830 metros). En esta zona, que algunos mapas identifican como los Porrones de Monéu debido al fuerte espolón que se desploma hacia el norte, encontramos en varias charcas y regueros el nacimiento del arroyo Monéu que se precipita por un estrecho valle hacia las proximidades del pueblo de Tarna, donde se pierde en el río Nalón: su primer afluente por la izquierda.
            Luego viene el que da nombre a la sierra: el pico Mongayu, desde donde, si la niebla lo permite, ya se columbran hacia el sur las tierras del concejo de Lillo. Hacia el norte corre el arroyo Mongayu que nace casi a nuestros pies y dibuja su hermoso Tabayón del Mongayu, una de las perlas del parque. Tabayón, en el asturiano de esta zona, es el salto del agua de un reguero, y éste del Mongayu, en la ladera del Cueto Negro es uno de los lugares más visitados por los caminantes, que se acercan desde el pueblo de Tarna a través del monte Saperu para contemplarlo en la Campona: a todos estos lugares llega nuestra vista desde el cordal que estamos recorriendo.

Agradable caminar por la cresta de la sierra de Mongayu

            Pasado el pico Bardera (1.872 metros), y desde el collado Zampuerna (1.705 metros) y el alto Les Cuerdes (1.807 metros), divisamos el valle que se encierra entre el ya citado Cueto Negro, por un lado y el Cantu del Oso y el Xerru de Príes, por el otro: el valle La Ablanosa, la riega y la vega Pociello, la majada Cerréu, el monte Fabucao, la majada Busumerón y el collado Arenas; son los lugares por donde discurrió una de nuestras anteriores caminatas (Redes en primavera, 18 de mayo de 2012).

Panorámica de la vega Pociello y el monte Fabucao

            Hacia el sur, en los montes de Lillo aparecen varias lagunillas que alimentan los arroyos que van al río Pinzón; y así llegamos al pico Los Abedulosos (1.847 metros) donde ya con el viento en calma e incluso el sol intentando vencer a las nubes, Fernando propone la oportuna parada para el descanso, la comida y la conversación. Contemplamos hacia el sur el valle de Pinzón y al fondo, el pueblo de Cofiñal a la sombra del enhiesto pico San Justo (1.965 metros); hacia el norte, una vez más, la hermosa vega Pociello adonde en ese mismo momento algunos ganaderos de la parroquia de Tarna acuden con sus reses.

Una de las lagunillas en la ladera sur de la sierra

            Cerca de Los Abedulosos está la Muezca de Brugu. Una muezca es el paso a través de un estrecho corte natural en la sierra entre los dos valles que ésta separa; la Muezca de Brugu es el camino entre los valles de Valdebezón, en la parroquia casina de Sobrecastiello, y el ya citado de Pinzón, en el concejo leonés de Lillo.
            Por la Muezca tomamos rumbo sur y nos internamos de forma definitiva en tierras leonesas. Descendemos atravesando bellas majadas y vadeando los regueros que alimentan el Pinzón, arroyo que baja por la ladera del pico que le da nombre para juntarse más abajo con el arroyo del Pinar y con el río Isoba, para conformar el río Porma y su embalse.

Cabaña ganadera en el valle de Pinzón

            Nosotros llegamos al fondo del valle, donde hay buenas praderías con bastante ganado vacuno, cruzamos el río y ascendemos hasta el collado Pinzón (1.525 metros). Por aquí pasa una pista forestal marcada como PR-LE 27 Entrevados-Valle de Pinzón; se trata de un circuito que desde el pueblo de Isoba recorre la hoz de Entrevados y, en sentido ascendente, el valle que nosotros hemos atravesado. Por esta buena pista de tierra bajamos desde el collado hasta el pueblo de Isoba en la LE-332 cerca del puerto de San Isidro. Así finaliza esta caminata que a pesar de las inclemencias del tiempo que en algún momento tuvimos que vencer, nos resultó agradable y entretenida como todas las que se pueden hacer por Redes y las montañas de León.

La niebla juega sobre la vega Pociello


Las fotos son de Juan Lobelle


                                         (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 16 de junio de 2012)


sábado, 2 de junio de 2012

EN EL CONCEJO DE TEVERGA


Desde el puerto Ventana, por Montegrande, El Xiblu, La Foceicha y Riello, hasta La Plaza: encrucijada de PRs

El municipio de Teverga, situado al sur del mapa de Asturias, se abre a la tierra leonesa por el puerto Ventana, a través del cual un Camino Real unía Asturias con Castilla, y también pasaba por allí el camino de trashumancia desde Torrestío de Babia. Esta situación geográfica, junto con una política municipal volcada en dar a conocer estas tierras y en atraer a los visitantes, ha dotado al municipio de una amplia red de PRs bien señalizados y conservados con esmero. No obstante, para dominar esta intrincada red se necesita ser buen conocedor de la misma, y en el grupo La Peñuca contamos con José Manuel Álvarez que ha dedicado muchas horas a recorrer la mayoría de los casi trescientos PRs marcados en Asturias: es por tanto un auténtico especialista.
            Por iniciativa de Jose, recorremos hoy el municipio de Teverga de sur a norte, desde Ventana hasta la capital municipal, atravesando la vasta parroquia de La Foceicha y también pisando las de Alesgas, Barrio, Riello y por supuesto La Plaza, parroquia a la que pertenece la villa de San Martín donde se encuentra el Ayuntamiento; aunque para ello fuera necesario combinar tramos de distintos PRs.

 Uno de los muchos indicadores que se encuentran en el camino

            La caminata comienza en la AS-228 poco antes de llegar al puerto; allí hay un indicador y varios paneles explicativos del PR-AS 269 Ruta didáctica del hayedo de Montegrande. Este hermoso hayedo se recorre por una cuidada pista forestal en la que se han instalado un sendero adaptado y paneles explicativos de árboles y plantas: carrascos, espineras en flor, helechales, etc. El primer encuentro es con la fuente las Vallinas en la parte inferior del camino: el agua que mana entre las rocas -explica el correspondiente cartel- se consideraba antaño con propiedades curativas, por lo que a ella acudían los leprosos desde lugares incluso bastante alejados.

 Por el hayedo de Montegrande

            Pasada la fuente, pronto llegamos al final de la pista, y entonces tomamos un sendero para descender hasta la riega La Verde, que atravesamos por un puente de madera. Esta riega nace en la braña de las Navariegas y en ella se produce la cascada del Xiblu; para alcanzarla remontamos la riega por su margen izquierda en una senda que zigzaguea ganando altura de forma rápida y costosa, pero el esfuerzo merece la pena pues el salto del agua -el tabayón, dirían en Caso- desde más de cien metros de altura es espectacular.

 La cascada del Xiblu en la riega La Verde

            Tras contemplar la cascada y realizar las correspondientes fotos, rehacemos el camino hasta el puente. Aquí está marcado el PR-AS 156 que sube hasta las Navariegas, pero nosotros lo seguimos en sentido descendente en busca del pueblo de La Foceicha. En algunos puntos de este camino el bosque se abre y nos deja ver la parte central del cordal de Peña Sobia en cuya ladera destaca, bajo las vegas de Busbigre y el pico Las Saleras, el pueblo de Villa de Sub que tiene a gala ser el más soleado de Teverga.

 El pueblo de Villa de Sub colgado de Peña Sobia

            Unas bien cuidadas huertas de berzas y arvejos anuncian la proximidad al pueblo de La Foceicha antes del último recodo del camino, que nos deja junto a la iglesia y un centenario tejo; por allí pasa el PR-AS 259 que desde La Plaza sube hasta la braña Cuevas: nosotros no subiremos a esta braña, pero sí descenderemos hasta La Plaza. La Foceicha, junto a Villa de Sub y Páramo son los tres pueblos del territorio conocido como el Privilegio de Bermudo III y constituyeron concejo independiente hasta finales del siglo XIX. Hoy La Foceicha es el único núcleo habitado de su parroquia, una de las más extensas de las doce que conforman el municipio tevergano. Es un pueblo llano en zona montañosa, situado en una cubeta en cuya vega se formó una laguna glacial que es ahora un amplio humedal con muy buenos pastos en sus aledaños.

 Panorámica de La Foceicha; en primer término, el humedal que fue laguna

            Al abandonar el pueblo, pasamos junto a la Fuente de Tomás Alonso que data de 1948 y ascendemos por una pista hasta la collada que hay en la base de la peña Vigueras. Luego, en largo descenso recorremos el valle de Presorias hasta llegar a la hermosa vega con varias cabañas que hasta las primeras décadas del siglo pasado fue lugar de habitación estable. Allí, en aquel circo que forman la peña Vigueras y el monte de Presorias, debió de estar  instalado en el bajo medievo el monasterio de San Vicente, del que sin embargo no quedan vestigios; sólo, la cita en algunos documentos rescatados por el profesor y académico de la Llingua X. LL. García Arias. Nosotros elegimos este lugar en un soleado día de primavera para la comida, el descanso y la conversación.

 Encantador paraje de la vega de Presorias

            Después de unos cuarenta minutos de agradable descanso, seguimos descendiendo por el PR-AS 259 y encontramos un cruce señalizado hacia cueva Huerta o La Plaza; nosotros, como ya se ha dicho, seguimos esta segunda opción y a partir de aquí caminamos bajo el rótulo del Camino Natural de la Senda del Oso. Así, nos vamos acercando a la vera del río Valdesampedro que nace en las proximidades del puerto Ventana; en los alrededores de la capital municipal se unirá con el Valdecarzana y más abajo con el Valdesantibáñez para formar el río Teverga, que en Caranga de Abajo, ya municipio de Proaza, confluye con el río Quiros en la formación del río Trubia, afluente por la izquierda del Nalón.
            Los caminantes vemos en la otra margen del río el pueblo de Fresnedo, conocido por los llamados abrigos de Fresnedo, pinturas rupestres del Bronce, y la cueva Huerta, galería natural en la roca con estalactitas y estalagmitas; en las inmediaciones del pueblo se ha instalado recientemente el Parque Natural de la Prehistoria.

 El pueblo de Fresnedo visto desde el camino

            Pronto llegamos a La Ponte, uno de los barrios que forman San Salvador, cabecera de la parroquia de Alesgas. En La Ponte, el río Valdesampedro recibe las aguas del río Barrio que recorre la parroquia de su mismo nombre; y en las proximidades de San Salvador quedan vestigios del antiguo castillo de Alesgas que, situado sobre un promontorio, dominaba en la época medieval el paso por el valle.
            Caminamos ahora por la parroquia de Riello y divisamos a la derecha, una vez más en la falda de la siempre presente Peña Sobia, ahora en su sector septentrional, el pueblo de La Carrea, también cabecera de su parroquia. Allí está el santuario de la Virgen del Cébrano, una talla de estilo románico, patrona de Teverga. El pueblo de Riello tiene su iglesia parroquial bajo la advocación de Santo Tomás; antiguo monasterio de origen románico, fue reformada a finales del siglo XVII y en la portada hay una hornacina con la talla del santo y una inscripción de la fecha 1696, año al que pertenece la espadaña.

 Al pasar por Riello, el fotógrafo se recrea

            Al pasar por Las Vegas, ya en las proximidades de San Martín, abandonamos el PR-AS 259, que da un rodeo para subir al pueblo del Redral antes de terminar en La Plaza. Las Vegas, lugar donde hubo una vieja carpintería con un ingenio mecánico y una gran noria empujada por el agua de una acequia, es hoy un polígono industrial, ya un barrio más de la capital municipal. Hasta allí, San Martín de Teverga, dirigimos por la carretera los últimos pasos para terminar, después de algo más de seis horas, esta caminata que, iniciada casi en el alto del puerto Ventana, nos ha permitido recorrer gran parte de este municipio que conserva con orgullo muchos lugares de interés dentro de un paisaje de lo más atractivo.

 En La Foceicha, a la sombra del tejo


 Las fotos son de Juan Lobelle


                       
                                        (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 26 de mayo de 2012)

viernes, 18 de mayo de 2012

REDES EN PRIMAVERA


Por las parroquias de Tarna y Sobrecastiello: La Fumigosa, Cerréu, Arenas, Pociello y La Ablanosa

            Caminando por el Parque Natural de Redes se puede disfrutar en cualquier época del año. En el verano de 2011, por iniciativa de Paniceres, buen caminante del grupo La Peñuca y excelente conocedor del parque pues no en vano sus raíces se hunden en la parroquia casina de Orlé, pudimos disfrutar por el hayedo de Pandellanza a la sombra de los picos Maciédome y Tiatordos; para esta lluviosa primavera, él mismo nos propuso hacerlo atravesando el bosque de Fabucao bajo el paraguas del Cantu del Oso y el Cueto Negro: sin duda mereció la pena e intentaré aquí dejar constancia de ello.
            La caminata discurre por la parroquia de Tarna con algunos pasos por la de Sobrecastiello, dos de las diez que componen el municipio de Caso. Partimos de Las Torres, un lugar a 855 metros de altitud en el kilómetro 55 de la AS-117, poco antes de llegar al pueblo de Tarna. Desde allí se desciende por el Camino Real en busca del río Nalón para cruzarlo por un viejo puente. Comienza entonces un pronunciado ascenso por un camino ganadero entre hayas a la vera de la riega El Campón hasta llegar al collado del mismo nombre, y desde aquí el camino, ya senda, sigue subiendo hasta alcanzar la majada de La Fumiosa, ya a 1.010 metros de altitud, con algunas cabañas en buen estado y una fuente que nos invita a tomar unos minutos de descanso.

 Cabañas y fuente en la majada de La Fumiosa

            El ascenso continúa ahora por la senda que traza la Cuesta de La Fumiosa. Aquí, entre el abundante arbolado surge el retumbar de un golpeteo cual martillo de pilón: el picoteo en el árbol macizo de un pájaro carpintero -el picatueru- que realiza su trabajo ajeno al paso de los caminantes. Llegamos así a los 1.389 metros de la majada de Cerréu, situada entre las dos parroquias que estamos pisando; esta majada, amplia y bella, tiene en su parte más baja una fuente, y en la parte alta, un cueto con buenas vistas, si la niebla no lo impidiera, donde se sitúan las cabañas; al lado de la fuente pudimos ver el primer rebaño de ganado: una docena de vacas del pueblo de La Foz, las primeras que acuden, en época aún temprana, a los pastos del puerto.

Ganado y caminantes acuden a la fuente de Cerréu
            De Cerréu parte la conocida como Senda Ranéu que, pasando por la majada que le da nombre, se utiliza para ascender a la cumbre del Cantu del Oso por la vertiente que cae a Brañagallones. No es lo que nosotros haremos, pues nuestros pasos, con la alegría de ver cómo la niebla inicia su retirada y deja a la vista las altas cumbres que nos rodean, se internan en el monte Fabucao: inmenso hayedo que cuelga en la ladera del Canto del Oso y el Xerru de Príes. Es un placer para el caminante recorrer estos hayedos por una senda limpia y bien marcada; pero ¡ay! el final del bosque llega, y debemos enfrentarnos con el más fuerte ascenso. Llegamos entonces a la majada de Busumerón que, entre cabañas derruidas ofrece una buena oportunidad a los aficionados a la fotografía: al frente, el Cueto Negro, más a lo lejos Peña Ten y parte del Mampodre, pero más lejos aún los Picos de Europa cubiertos de nieve. Otra fuerte subida nos sitúa al fin en la collada Arenas, que con sus 1.686 metros marca el punto de mayor altura de esta caminata.
            La collada Arenas, entre las dos parroquias, es el paso natural al valle de Pociello y La Ablanosa desde Valdebezón, y es el lugar elegido para el descanso y la comida; al fondo, en la cordillera contemplamos las más altas cumbres: la Peña el Viento, la Rapaona y la Rapaína (2.022 metros) que a pesar de su nombre es la más alta de las tres.

Subiendo hacia la majada de Cerréu

            Tras el descanso y la comida iniciamos el prolongado descenso, primero hasta la vega Pociello. Esta amplia vega es uno de los lugares más hermosos del parque: en la parte más alta, se encuentra muy encharcada por los numerosos arroyos que conforman el río que la atraviesa y en la parte baja, cuenta con varias cabañas muy bien conservadas. El río de la Vega Pociello, que más abajo cambiará su nombre por el de río La Ablanosa, acompañará nuestro caminar hasta su desembocadura en el Nalón.

 La amplia y hermosa vega Pociello

            Al salir de Pociello entramos de nuevo en el bosque Fabucao, ahora en su parte más baja y en dirección contraria a la que recorrimos por la parte alta. Al final del bosque está la majada de La Ablanosa con cabañas, una fuente sin agua y prados cercados de piedra donde pastan varios ejemplares de la caballería casina. Desde aquí el camino ya es amplio, pues hasta La Ablanosa acceden tractores y coches.

 Panorámica de las praderías de La Ablanosa

            Por esta pista de tierra descendemos a la vera del río Nalón que cruzamos por el llamado Puente del Corral donde tomamos el Camino Real que por debajo de la AS-117 y remontando el río por su margen derecha nos lleva hasta el pueblo de Tarna. Aquí, en el coqueto pueblo del puerto que cierra el valle del Nalón, termina esta larga caminata que, una vez más por Redes, nos ha permitido disfrutar de un paisaje variado, entretenido y con lugares de gran belleza como Cerréu, Arenas, Fabucao o Pociello.

Entre la niebla, las crestas del Canto del Oso


Las fotos son de Juan Lobelle


                              (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 12 de mayo de 2012)

martes, 8 de mayo de 2012

EN OSEJA DE SAJAMBRE


Hasta el puerto de Zalambral y la central de Pío: agua, barro, niebla y nieve

            El municipio leonés de Oseja de Sajambre se extiende por la vertiente norte de la cordillera Cantábrica, su territorio forma parte del Parque Natural de los Picos de Europa y lo componen, además de la localidad que le da nombre, las de Ribota, Vierdes, Pío y Soto de Sajambre, adonde se suele acudir para iniciar el tramo de la Senda del Arcediano hasta Amieva o la subida al refugio de Vagabaño; pero nosotros hoy desde Oseja realizaremos esta ruta programada por Jacinto, incansable guía de La Peñuca.
            Salimos del pueblo por un viejo camino vecinal que, en fuerte descenso, nos lleva hasta el fondo del valle, y pronto encontramos el cruce con el que viene de Ribota: estos caminos están marcados como PR-PNPE 43 Pueblos de Sajambre. Por el fondo del valle corre el río Sella que nace poco más arriba, en la Fonsella al pie del puerto del Pontón; lo atravesamos por un puente de hormigón muy cerca de donde recibe las aguas de su primer afluente importante por la izquierda: el río Zalambral que nos acompañará hasta lo alto del puerto.

Puente sobre el Sella en el valle de Sajambre (*)

            El camino pasa por el pueblo de Vierdes ante la iglesia de Santa Marina, con una elegante espadaña para dos campanas, y la fuente de dos caños que data de 1913; continúa luego su fuerte subida en ocasiones cubierto de agua y barro, y así llegamos a Pío, que cuenta con 44 habitantes censados en 2011 y hasta no hace muchos años era conocido por el arte en la confección de madreñas. También este pueblo tiene su iglesia situada en un altozano que nosotros bordeamos para tomar la pista que sube hasta la central eléctrica, y que asimismo está señalizada como Ruta de Oseja a La Uña, ya en la otra vertiente de la cordillera.

Vista de Oseja desde el camino a la central eléctrica (*)

            La pista va ganando altura por la margen derecha del río, cuyas aguas suenan cada vez más profundas, atravesando el hayedo de la sierra de Concosturas; pero nosotros la abandonamos para  subir por la llamada Canal de los Chinos hasta la majada de Jian. El ascenso por esta  canal, cuyo topónimo alude al lugar de paso de los ganaderos que subían sus chinos o terneros a destetar a la majada, presenta sus dificultades, no sólo por la pendiente sino por lo resbaladizo y, en su parte alta, por la aparición de la nieve. La canal nos deja en la Collada del Oso y algo más arriba está la majada de Jian, a 1.420 metros de altitud. Ya casi cubierta de nieve, presenta un aspecto de abandono con varias cabañas derruidas; y al lado de las paredes de una de ellas, aun bajo el agua nieve que arrecia, es el lugar elegido para el descanso y el bocadillo.

La majada de Jian (**)

             El descanso y la conversación no pueden ser muy largos, no sólo por las inclemencias del tiempo sino porque hay que seguir remontando la sierra de Jian hasta alcanzar el puerto de Zalambral. Ahora la nieve ya cubre el terreno y dificulta aún más el paso de los caminantes, pero al fin se llega a lo alto del puerto, a 1.662 metros de altitud. Si hemos partido de Oseja a 742 metros, descendiendo unos 150 metros hasta el puente sobre el Sella para desde allí iniciar un incesante ascenso a lo alto del puerto, contabilizamos un desnivel de casi 1.100 metros que los caminantes hemos cubierto en lucha con el agua, el barro y la nieve.

Remontando la sierra de Jian (**)

            El puerto Zalambral es amplio y está cubierto de nieve, salvo en aquellos retazos por donde fluye el agua de los abundantes regueros que formarán el río del mismo nombre. La niebla no permite una buena visibilidad, pero los caminantes adivinan a su derecha la Peña Mora (1.848 metros) y a su izquierda, el pico Pozúa (1.911 metros) que tientan a los aficionados a los más altos riscos; no es el caso, por supuesto, del modesto caminante que firma este blog y que bastante tiene con afirmar sus pasos entre la nieve blanda. Él prefiere imaginar estos campos cubiertos de verde y con los animales pastando en ellos; pero aún hemos de esperar para ello, para que los ganaderos acudan al puerto con sus reses, al menos hasta los primeros días de junio.

El puerto del Zalambral (**)

            Después de atravesar el puerto, la senda bordea la ladera del monte y comienza un descenso por el bosque de hayas y robles; el río acompaña a los caminantes que han de vadearlo varias veces, hasta que la tubería recoge parte de su caudal para precipitarlo sobre las turbinas de la central de Pío que ya divisamos al fondo.

 Salida del puerto del Zalambral (**)

            La central se encuentra en un rellano del monte entre bosque y prados de diente; tras la merecida parada aprovechando que cesa la lluvia, se retoma el camino por la pista de servicio que de nuevo nos lleva a Pío. Desde aquí, la opción más lógica y cómoda es salir del pueblo por la carretera local que comunica con la N-625 y en unos pasos más llegar hasta Oseja para finalizar esta caminata, interesante a pesar de las adversidades climáticas de este atípico tiempo primaveral.

Hermoso entorno de la central eléctrica de Pío (**)


* Fotos de José Manuel Álvarez
                                               ** Fotos de Juan Carlos Ramos

                   
                                        (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 28 de abril de 2012)

  

lunes, 30 de abril de 2012

COSECHA DE LECTURAS (III)

 

            La boca pobre es una expresión irlandesa que se refiere a alguien que siempre habla mostrando sus quejas, sus muchas dificultades y problemas. Así es el título de una novela (La boca pobre; Flann O´Brien. Edic. del Serbal, Barcelona, 1989. Traducción del irlandés de Antonio Rivero Tarabillo) que informa sobre los gaélicos de Corca Corcha, una región donde llueve todos los días; allí donde las personas viven “en el fondo de la casa” durmiendo sobre lechos de juncos y los niños crecen “entre cenizas”; gentes que “nunca habrá otras como ellas”: una frase que aparece con frecuencia a lo largo de la narración. Es un relato plagado de anécdotas como cuando pasó por el pueblo un inspector de enseñanza que, al ver cómo vivían en una misma estancia personas y animales, les explicó lo fácil que les resultaría construir un pequeño cobertizo separado de la casa. En efecto, con la ayuda de los vecinos construyeron “un hermoso cobertizo en las proximidades de la casa”; mas “cuando mi abuela, dos hermanos míos y yo mismo llevábamos dos noches en el cobertizo, estábamos tan helados y profundamente empapados que fue un milagro que no desapareciésemos para siempre; y no encontramos alivio hasta que no regresamos a nuestra propia casa y estuvimos de nuevo confortablemente instalados entre el ganado”. Y es que “las cosas no son siempre como uno imagina”, concluye el narrador.
            Flann O´Brien es uno de los seudónimos de Brian O Nualláin (1911-1966), escritor  irlandés nacido en Ulster y afincado en Dublín donde ejerció como funcionario y articulista. Es un escritor muy valorado en Irlanda, aunque no tan conocido fuera de su país. En esta cosecha de lecturas quiero narrar, aunque de forma resumida ya que en el libro ocupa  más de dos páginas, el diálogo de un abuelo con su nieta, representativo del hablar con la boca pobre:

Un abuelo llega a casa sudoroso y asustado cuando ya comienza a caer la noche y se dirige a su nieta:
- Hija mía, no creo que debamos preocuparnos más por la cosecha ni si los animales se crían adecuadamente. Estoy seguro que esta noche se acabará el mundo.
- ¿Cómo es eso, abuelo?
- Seguro que se acabará el mundo, pues he visto signos prodigiosos.
- ¿Signos prodigiosos? ¿Acaso, abuelo, has visto gatos que ladraban, perros que maullaban o hasta quizás un caballo que se dirigía a las personas con palabras?
- No hija no, no, signos más prodigiosos aún. Cuando venía por el sendero que conduce hasta esta casa, me encontré con un caballero bien trajeado. Me aparté con rapidez a la cuneta para dejarle pasar, pues como te digo era un gran caballero… y entonces sucedió. Sucedió lo nunca visto, el signo prodigioso.
- ¿Qué sucedió, abuelo?
- Pues que aquel gran caballero me habló. Sí, me habló a mí.
- ¿Te habló, abuelo? En verdad es algo prodigioso.
- Pero es que me habló… en gaélico, hija mía.
- En verdad abuelo, hay cosas que superan los límites de lo creíble. Si es verdad eso -le dice finalmente la nieta-, no viviremos ni una noche más y hoy será sin duda el fin del mundo.