Para "ver muchas leguas de tierra, columbrar el mar lejano, contemplar a sus pies los pueblos..."

jueves, 16 de febrero de 2012

REDES EN INVIERNO

Desde Soto de Agues, por el cordal entre los ríos Nozalín y Alba

Redes ofrece su encanto al caminante en todas las estaciones del año: en primavera, el manto vegetal muestra su verdor; en verano, el ganado que acude a los pastos de altura acompaña y distrae al caminante; y otoño es la mejor época para caminar por los hayedos. Ahora estamos en invierno, en una jornada fría con retazos de sol y cielo azul, y los caminantes de La Peñuca esperan pisar algo de nieve en las alturas del cordal que separa los ríos Alba y Nozalín.
La caminata comienza en Soto de Agues y, tras pasar junto a la iglesia parroquial de San Andrés, historicista del siglo XIX, y la pequeña ermita de Santa Ana con su coqueta imagen de la santa, tomamos una pista que pronto va ganando altura en el bosque de castaños y fresnos, dejando al fondo el río Nozalín que nos acompaña con el rítmico cantar de  sus aguas. La parte más espectacular de este valle es cuando llegamos a la foz que oprime río y senda entre las peñas Piquero y Llagos, a cuya cumbre nosotros subiremos.

Caminantes de La Peñuca por la Foz del Nozalín

Pronto dejamos a la izquierda la senda que va a la braña de Feleches y al collado Fanarrionda y remontamos por un camino empinado y cubierto de nieve, que en algunos lugares ofrece, para delicia de los aficionados a la fotografía, vistas del pico La Xamoca y la campa y cordal de Breza en Peñamayor. El camino nos lleva al Monte Fresnos, donde hay prados de siega cercados de piedra, una majada con cuadras y cabañas en buen estado y la hermosa laguna que se conoce como El Llagu; todo ello hace pensar en una zona de excelentes pastos de altura.

 Camino del Monte Fresnos, con la braña y el pico al fondo

Aquí, en esta braña a 1.007 metros de altitud, podemos considerar finalizada la primera parte de la caminata; la segunda, consiste en un camino de ida y vuelta a través del cordal que, entre ambos ríos, se alarga hasta La Peña Llagos. El camino de ida lo realizamos por la crestería, ascendiendo primero al pico Fresnos (1.065 metros), que aun siendo la mayor altura de nuestro recorrido no presenta dificultades; luego bordeamos el pico Les Crespes y descendemos hasta el collado Campellín (924 metros), otro buen pastizal de altura. La ascensión, y posterior descenso, desde este collado hasta los 1.033 metros de La Peña Llagos resultó la mayor dificultad de la jornada por la constitución  calcárea y escarpada de la peña con algunos pasos entre la nieve helada; el caminante agradece entonces la imprescindible ayuda del  fuerte y robusto palo de madera cortado bajo la luna en cuarto menguante. Pero la cumbre merece la pena para ver desde allí todos los pueblos de Sobrescobio; Soto de Agues y las otras dos parroquias del concejo: San Pedro de Ladines y Santa María la Real de Oviñana (Rioseco, Villamoréi, Campiellos…).

 La braña de Fresnos, El Llagu y el pico Fresnos

Tras la pausa para el bocadillo con los rayos de un sol que amenaza abandonarnos, retomamos el regreso a la braña de Fresnos. Después del descenso de La Peña, el resto del camino será por la ladera que vierte al río Nozalín; por allí pasa la conducción de agua a Gijón desde La Fuentona de Los Arrudos en los montes de Caliao. La Traída, como se le conoce kilómetros más allá cuando, después de atravesar el río Nalón y la AS-17, recorre la ladera de Peñamayor para precipitarse hacia Nava por el Peranchu, acercándose ya a la ciudad costera; aunque antes, aún ha de atravesar La Collada. Sobre esta traída, aquí como en Peñamayor, discurre una senda por la que se puede caminar muy bien, pasando junto a la caseta de aguas: aliviadero que en esta época invernal produce una espectacular cascada hasta el río.

 Caseta del agua y aliviadero en La Traída

La parte final de la caminata, desde la braña de Fresnos, es por una pista ganadera con hormigón en algunas curvas. Está marcada como PR.AS-120 o Ruta de la Collada de Isorno y en su descenso pasa junto a la braña de Porciles y, por un bosque de castaños, nos acerca a la riega Les Garbanceres y la majada del mismo nombre; siguiendo esta riega llegamos al Pontón del Retorturiu sobre el río Alba. Caminamos a partir de aquí por la conocidísima Ruta del Alba; no obstante, más allá de El Campurru, cargadero de las minas de hierro que tuvo Duro Felguera en Llaímo, nosotros pasamos por un puente de madera -donde un letrero advierte de que no se le debe someter al peso de más de cuatro personas- a la margen derecha del río y seguimos el viejo camino hasta San Andrés de Agues, lugar que fue inicio y ahora es el final de esta caminata de invierno por el Parque Natural de Redes.

 Espectacular panorama del Monte Fresnos desde la senda de la traída
 

Las fotos son de Juan Lobelle 

 
                              (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 11 de febrero de 2012)


miércoles, 1 de febrero de 2012

DESDE SAN MARTÍN DEL REY AURELIO (I)

Desde Blimea, por La Faya y La Camperona, en busca del mechero de Saús


San Martín del Rey Aurelio es un municipio situado al sur de la zona central de Asturias, en el curso medio del río Nalón que lo atraviesa por sus zonas más urbanas: El Entrego, Sotrondio (donde se sitúa la Consistorial) y Blimea.  Así, este municipio se estructura en torno a una serie de valles y cordales cuyas aguas vierten al río Nalón y, aunque sus alturas son muy modestas ya que sólo en un caso (pico Tresconcejos) alcanzan los 1.000 metros, en algunos lugares se disfruta de buenas vistas del centro de Asturias. Uno de estos bellos lugares que ofrecen amplia panorámica es La Campeta, casi en el centro geográfico del concejo, encima mismo de Sotrondio; hasta allá se puede subir por diversos caminos: uno, saliendo de Sotrondio por la avenida de Antonio Machado y la carretera que sube a El Madreñeru, para luego por buen terreno pasar por La Sampedro y Cabañesnueves.
            Desde La Campeta, donde hay instalado un repetidor de televisión, se inicia un cordal que en dirección nordeste atraviesa el municipio separando el valle de Blimea, a la derecha y a la izquierda, La Güeria de Carrocera que recorre el río Silvestre. Caminando por este cordal bordeamos el Pico L’Alpeón (749 metros), los Tres Cuetos donde fueron hallados restos arqueológicos que se conservan en el Museo Arqueológico Nacional, así como un primitivo dolmen, y atravesamos la hermosa campa L’Españal (1).

El pico L'Alpeón desde La Cuesta La Faya

            Los cuatro caminantes hoy, no obstante, parten de Blimea por Llai, para recorrer La Cuesta La Faya que sirve de límite con el concejo de Laviana; a la izquierda queda el valle del río La Güeria Blimea con pueblos como La Cuesta, La Cabezada o Las Quintanas y el cordal de La Campeta, descrito en el párrafo anterior. La subida es fuerte y, en algunos casos, difícil por lo intrincado del terreno; nos vamos acercando a la ladera que cae a la parroquia de Tiraña y damos con la AS-251 en La Facuriella, para desde allí alcanzar la aldea de La Faya Los Llobos a 650 metros de altitud.
            Desde La Faya hasta La Casilla hay apenas un kilómetro por carretera, y en tan corto espacio el caminante recorre tres concejos: se sale de La Faya en el concejo de Laviana, a los pocos metros ya se camina por el de San Martín del Rey Aurelio y a la entrada de La Casilla un letrero nos anuncia que estamos en Bimenes. Es así porque encima mismo de La Casilla se encuentra el pico El Rasu (797 metros) donde coinciden los tres municipios. Al partir de La Casilla, caminamos por el llamado Cordal de Bimenes, pasamos por La Teyera Vallina donde está la Fuente La Leche, La Vallina y ascendemos al Pico Carrozal; desde este cordal se pueden divisar los pueblos del concejo de Bimenes, sobre todo la parroquia de San Emeterio de Piñera, y la sierra de Peñamayor.

Área recreativa en La Teyera Vallina

La cumbre del Carrozal es el lugar ideal para el descanso y la comida contemplando La Güeria de Carrocera, parroquia de Cocañín, que se extiende a nuestros pies (2), y si la vista se alarga puede llegar hasta el macizo de Las Ubiñas. Desde aquí, un fácil descenso nos deja en La Campa San Juan, para ascender hasta el Cordal de La Vara y pararnos a observar a ambos lados la carretera conocida como “Y” de Bimenes, que atraviesa el cordal por un túnel. Esta carretera, que aún sigue en obras con más de un lustro de retraso en su ejecución y varios millones de sobrecoste en su presupuesto, ha sido calificada como “disparate” por el ex presidente del Principado Juan Luis Rodríguez-Vigil. Y decimos “carretera”, no autovía como erróneamente hemos escuchado y leído varias veces en ciertos medios de comunicación.

Peñamayor desde El Carrozal.
En primer término, el camino que va desde La Casilla a La Vaúga

            Pero nosotros seguimos caminando por el cordal, en territorio del concejo de Bimenes pues desde El Carrozal la línea divisoria ya no es la vertiente de aguas; pasamos junto a la ermita de San Nicolás que, aunque en terreno de Bimenes, pertenece a la parroquia de Cocañín y llegamos a La Camperona a 578 metros de altitud. Aquí se encuentra el pico La Coroña, donde de nuevo coinciden tres municipios: ahora Siero, Bimenes y San Martín del Rey Aurelio. Así, el pueblo de La Camperona se convierte en un auténtico nudo dividido entre los tres concejos e incluso con una casa que pertenece a los tres. Desde aquí se podría caminar hacia la Peña El Ciecal y seguir por el Cordal de Langreo, pasando junto a la laguna de Cielo Abierto, hasta llegar a otro punto de interés: El Mayáu Solís, situado sobre El Entrego. Mas los caminantes en este caso cambian de dirección y huyen hacia Siero en busca del mechero de Saús.

Ermita de San Nicolás, en La Vara

            Cerca de La Camperona está El Plano, en la parroquia de Santiago D’Areñes. Atravesamos el pueblo pasando al lado de la ermita de San Antonio, tomamos un camino que en su descenso se cruza varias veces con la SI-12 y bordea la frondosa mata La Escondía y llegamos hasta  el río Candín. Luego, por la carretera a la vera del río, llegamos al poblado de Saús, donde hay abundantes restos de las abandonadas explotaciones mineras. Allí se encuentra el mechero de Saús, a la sazón apagado por la tierra de un derrumbe que taponó la salida del gas: para curar su decepción, los caminantes improvisaron una llama en unos papeles y así obtuvieron una foto trucada.


(1) Juan José Fernández Laviana, Graciano Torre González, Severino Antuña González: San Martín del Rey Aurelio. Conocer el municipio. Edic. Trabe, 1995.
 (2) VVAA (Coord. Pedro Alberto Marcos): La Güeria. Memoria de un valle. Edic. Trabe, 2006.


Las fotos son de Juan Lobelle

martes, 17 de enero de 2012

DESDE NOREÑA HASTA GIJÓN

Una caminata por las parroquias de San Martín de Anes y L’Abadía Cenero

El Grupo de Montaña La Peñuca quiso iniciar su temporada 2012 con una ruta de senderismo adecuada para estas fechas de invierno y, quiso además, que el guía  fuera el propio presidente del Grupo, Albino González Ordiz, vecino de la parroquia gijonesa donde debe finalizar la ruta. Hace tiempo que yo tengo en mente realizar la caminata desde Noreña hasta Gijón; hay varios itinerarios, todos fáciles e interesantes, pero ahora ajustémonos al que propone La Peñuca, pues tiempo habrá para realizar otros entre los muchos posibles. 


Si partimos de la villa condal de Noreña, por obvias razones geográficas nuestro caminar pronto será por el municipio de Siero; nosotros lo haremos hacia el norte por la parroquia de Anes, la más extensa de las 28 que componen este municipio.  Comenzamos la caminata en el hermoso paraje que rodea la ermita del Ecce-Homo en Noreña, y pronto cruzamos la AS-245, la llamada carretera carbonera, primera vía de comunicación entre la cuenca minera del Nalón y Gijón; pasamos junto a la gran finca amurallada que contiene el palacio de Agüeria y nos acercarmos a la iglesia parroquial y cementerio de San Martín, en el lugar de Casa de Anes. Subimos luego por la sierra de Picaplana, contemplando el disperso caserío que la ocupa y bajamos hasta El Mesón de la Tabla para encontrarnos otra vez con la carretera carbonera. Aquí podemos contemplar la antigua trinchera del Ferrocarril de Langreo que, tras un paso a nivel, llegaba al túnel de Conixho, la estación y el plano de San Pedro. Fue éste, como se sabe, el tercer ferrocarril construido en la Península Ibérica, y el de Conixho, proyectado por el ingeniero y político José Elduayen Gorriti para unir los valles de Noreña y Ruedes, el primer túnel ferroviario de importancia. Después del túnel, estaba la estación de San Pedro y, desde allí, el tren bajaba a La Florida por un plano inclinado que funcionó en principio por un sistema de doble vía y luego por una máquina de vapor fija: fue el primer plano inclinado de ferrocarril  utilizado para el transporte de viajeros. Todo esto es historia, pero no tan antigua; por el paso a nivel de El Mesón de la Tabla circuló el tren de viajeros hasta 1963, aunque la vía se siguió utilizando hasta 1985 para el transporte de estériles de la minería que fueron rellenando el plano. 

Pradería en la parroquia de Anes

Nosotros cruzamos también la carretera y el río Noreña para subir por una pista de tierra hasta La Pañeda Nueva; desde allí por camino de asfalto llegamos hasta Güergo pasando antes por la aldea de Faéu. Entre estos dos lugares tenemos una buena atalaya para contemplar al otro lado de la loma de Conixho gran parte de la parroquia gijonesa de Ruedes, las instalaciones de la empresa T. S. T. donde estuvo la estación de San Pedro y el espacio que ocupó el plano, cubierto con una plantación de árboles autóctonos. La aldea de Güergo es bonita, con casas bien arregladas y varios hórreos bien conservados; a la salida del pueblo, en una finca cercada, hay una ermita donde cada año se celebran animadas fiestas a las que acuden vecinos de toda la parroquia. 

Interesante panera en el pueblo de Güergo

Tras la fuerte bajada de Picalloréu llegamos al arroyo del Forcón que en casi todo su recorrido sirve de límite entre los municipios de Siero y Gijón, antes de entregar sus aguas al arroyo de Vega que las lleva hasta el río Pinzales. Cruzamos el arroyo por un puente de piedra y entramos en la parroquia de Cenero, la más extensa de las 26 que componen el municipio de Gijón. Luego, por el llamado Camín del Molín del Prau vamos ascendiendo hasta llegar a Peñaferruz: aquí, en el Centro Social, un edificio escuela rehabilitado, a la vera de la Pica Sergio, es el lugar elegido para el descanso y la comida. 

La Pica Sergio destaca en el paisaje de Peñaferruz

Estamos en las Brañas de Curiel que ocupan toda la parte sur de esta parroquia, la que conserva mejor su carácter rural, agrícola y ganadero. Curiel, según los estudios de Cristina Cantero Fernández patrocinados por la Academia de la Llingua Asturiana, es un topónimo que alude en la alta Edad Media a un castillo al que debieron pertenecer estos territorios; aunque ya a partir del bajo medievo y hasta tiempos modernos, el también llamado Monte o Coto de Curiel fue dominio de la Casa de los Valdés de Trubia y los Marqueses de San Esteban y de Revillagigedo. En la actualidad lo componen tres núcleos de población asentada en caseríos dispersos: Peñaferruz, Carbaínos y Aguda.
De Peñaferruz salimos rodeando la Pica Sergio para bajar por el Camín del Formigu hasta Río Bravo, dejando a nuestra izquierda una grande y bien cuidada plantación de manzanos. Después de atravesar el río, el Camín de la Cuesta Galindo nos sube hasta  el Camín de la Llomba que nos llevará hasta las escuelas de Carbaínos, hoy convertidas en Centro Social, y desde allí, abandonando la carretera de Piñera, más subida hasta los Llanos de Aguda, que es, en efecto, un lugar llano en el punto más alto (279 metros) de la parroquia. Desde Los Llanos la panorámica es total: a nuestra espalda dejamos el valle de Ruedes por donde discurre el trazado del ferrocarril y vemos pasar el tren hacia el apeadero de Aguda; al frente, la AS-2 y el cerro de Veranes con los restos de la villa romana y la torre de Salvamento Marítimo; más a la derecha, la zona industrial de Veriña, Jove, El Musel… y todo el centro urbano de la ciudad; y más a la derecha aún, la vista alcanza hasta la torre de la Laboral.

Panorámica desde Llanos de Aguda

Es en Los Llanos donde los caminantes pueden demorarse contemplando el panorama; más,  si tenemos en cuenta que ya pronto toca a su fin esta caminata que fue un intrincado laberinto de caminos de tierra, caminos hormigonados y carreteritas de asfalto, en el que resulta difícil orientarse si no se cuenta con un guía perfecto conocedor de la zona como Albino González: no en vano fue durante un lustro presidente de la comunidad vecinal de Cenero. Sólo resta entonces, el descenso hasta Salcedo, en la AS-18, adonde llegamos desde Noreña después de recorrer las dos parroquias más extensas de los concejos de Siero y Gijón.


Las fotos son de Juan Lobelle

                                          
                             (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 14 de enero de 2012)



sábado, 7 de enero de 2012

COSECHA DE LECTURAS (II)


Se incluye hoy en esta Cosecha de Lecturas un suceso que Joaquín Leguina narra en su obra La luz crepuscular (Edit. Alfaguara. Madrid, 2009). 

        Estamos ante una novela con “notable componente autobiográfico”, advierte el autor en nota previa, excepto en “lo que se refiere a la vida sentimental y familiar del protagonista”; una interesante crónica de una época, escrita por una persona que vivió los acontecimientos en primera línea y que además sabe contarlos mezclando de forma magistral realidad y ficción. En esta muy recomendable novela se habla de Mayo del 68 en París, donde ocurre esta anécdota que refleja muy bien el carácter de los personajes que en ella intervienen. He aquí mi relato de la misma:


En el fulgor de aquellos acontecimientos parisinos, encontrábase el autor teatral Fernando Arrabal, a la sazón activista ocupante del Colegio de España en la Ciudad Universitaria, en plena actividad construyendo una barricada junto a un grupo de jóvenes que derrochaban el mismo frenesí que nuestro eximio escritor. La casualidad hizo que pasara por allí el irlandés Samuel Beckett, también autor teatral y residente en París donde ejercía como lector en la Escuela Normal Superior. Beckett, autor de importantes obras de teatro como Esperando a Godot y Fin de partida que le llevarían a Estocolmo para recoger el premio Nobel de Literatura al año siguiente de lo que aquí se relata, contempló entre incrédulo y sorprendido la frenética actividad de Arrabal.
- ¿Qué hace usted ahí, señor Arrabal?, -preguntó, dirigiéndose al dramaturgo español.
- Pues ya ve, señor Beckett -contestó Arrabal, derrochando entusiasmo- estoy haciendo la revolución. Poniendo un poco de imaginación para cambiar el mundo.
Beckett le miró de nuevo sonriente y dio por finalizado el acto diciendo:
- Pero qué dice usted, hombre de Dios. Dentro de cinco años todos estos jóvenes que le rodean se habrán hecho notarios.

jueves, 15 de diciembre de 2011

POR LOS ACANTILADOS DEL INFIERNO

De Ribadesella a Cuerres, un recorrido por la rasa costera

Esta caminata se desarrolla por la costa de Ribadesella, partiendo de la propia villa para pasar luego a la parroquia de Collera, que es la que ocupa toda la rasa costera oriental del concejo hasta el límite con el de Llanes. El camino comienza en el centro mismo de la villa para recorrer el paseo del puerto, decorado con paneles alusivos a su historia. El primer objetivo es subir a lo alto del monte Corbero donde se encuentra la ermita de la Virgen de La Guía, levantada por el Gremio de Mareantes en el siglo XVI aunque muy reformada en el XIX. La cima del monte ofrece una buena vista de la estructura urbana, su larga playa y la desembocadura del Sella, pero también, allá entre Colunga y Parres, se aprecia el pico Pienzu, patrón de la sierra del Sueve.

 Ermita de la Virgen de La Guía sobre el monte Corbero

Se sigue el camino por un sendero empedrado que bordea la ladera del monte de forma paralela al paseo del puerto, y aquí este caminante se encuentra con la primera sorpresa: en un lugar bien vistoso, sobre la piedra que cierra el sendero, aparece una placa con la que los riosellanos recuerdan a Don Eugenio Campandegui. El caminante recuerda en su primera juventud a Eugenio Campandegui, joven sacerdote recién salido del Seminario, como coadjutor en su parroquia de Santo Toribio de Cocañín, en La Güeria de Carrocera. Seguimos caminando por el empedrado, no sin detenernos a contemplar la torre de la Atalaya, tal vez de origen medieval pero más bien modelo historicista del siglo XIX, y poco más adelante, el chalé de la Atalaya, palacete ecléptico mandado construir hacia 1922 por la viuda de un indiano riosellano enriquecido en Cuba. Tras una empinada cuesta, de súbito aparece la playa de La Atalaya, en realidad una pequeña playa urbana de piedra negra pizarrosa.

 Recuerdo al sacerdote Don Eugenio Campandegui

Pronto entramos en los dominios de la parroquia de Collera y, al acercarnos a los caseríos de Espina, coincidimos con el Camino de Santiago por la Costa, por el que caminaremos durante un trecho hasta llegar a los acantilados y playa de Arra. Allí hay un área recreativa donde se puede hacer una pequeña parada y comentar el desarrollo de la marcha; también, observar dos picos interesante: el Cuetu La Cueva y La Corona del Castiello. El primero tiene en la cima un mojón de piedras apiladas por los montañeros que hasta ella suben; es tradición de todo montañero que se precie, subir al Cuetu La Cueva llevando al menos una piedra para amontonarla en su cima. En cuanto al pico La Corona del Castiello, ya en el concejo de Parres, dicen que desde sus 448 metros de altitud, con unos prismáticos se puede contemplar en agosto el Descenso del Sella, desde su salida en Arriondas hasta la meta bajo el puente de Ribadesella.
Abandonamos el área de descanso y el camino se vuelve senda, en ocasiones confusa, que discurre por cuetos junto a fincas de labor y prados donde pasta el ganado; bordeando también las manchas boscosas de eucaliptos y pinos, y sobre todo mucho monte bajo: brezales y tojales donde se pierde la senda y resulta en extremo difícil el caminar. Si la marea está subiendo, el caminante se sorprende al encontrarse con el ruido que producen algunos bufones; así pasamos junto a los acantilados del Infierno y Tomasón, el hermoso islote de Paluverde y el pico Les Gaviotes: es la parte más agreste y dura de la caminata, pero también de una belleza incomparable.

El hermoso islote de Paluverde

         La llegada al Área Recreativa de Guadamía se agradece, pues aquí está prevista la comida. Es un área bien cuidada, con mesas y paneles informativos, desde donde es posible divisar los espectaculares chorros de los bufones en la rasa de Llames de Pría al otro lado del  río Guadamía, que marca el límite entre los concejos de Ribadesella y Llanes. Este río está cruzado por numerosos y llamativos puentes, y sus aguas alimentaron varios molinos, algunos de los cuales, aunque inactivos, aún se pueden ver; en su desembocadura forma un pequeño estuario con una pequeña playa triangular, también conocida como de Los Bufones o Castru Les Arenes. Por el área recreativa pasa el PR-AS 276 de reciente trazado, que esta reconocido como circuito de orientación en Ribadesella.

 Área Recreativa de Guadamía

Después de la comida, sólo queda una hora de camino por una pista y luego una encrucijada de carreteritas en la margen izquierda del río, siguiendo las señales de PR antes citado, hasta llegar al pueblo de Cuerres, un lugar con las viviendas diseminadas en varios barrios al pie de la sierra de Las Pandas. Por allí pasa el Camino de Santiago y allí, al lado de la ermita de San Mamés, del siglo XVI, y la fuente de Los Peregrinos termina nuestra caminata, después de recorrer toda la zona oriental del concejo de Ribadesella por su agreste costa de rocas calizas sobre la que se estrella el mar Cantábrico, al que se asoman los verdes prados y los bosques de eucaliptos y pinos: sin duda, una de las costas más bellas de la Península y todo un aliciente para un entretenido caminar en las últimas semanas de otoño.  

Las fotos son de Juan Lobelle


                                 (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 10 de diciembre de 2011)

viernes, 2 de diciembre de 2011

EL CAMINO DE SAN SALVADOR

Segunda etapa: de Cascantes a Pola de Gordón


Romero, para ir a Roma,
lo que importa es caminar;
a Roma por todas partes,
por todas partes se va.
Antonio Machado


            No es que a Santiago, como a Roma, se vaya por todas partes, pero son múltiples los caminos que llevan a Compostela; tantos que, acudiendo a la exageración, podríamos decir que no existe pueblo, comarca o provincia por donde no pase uno. El más conocido es el Camino Francés, que pasa por León y entra en Galicia después de atravesar El Bierzo. Por Asturias pasa el Camino del Norte o de la Costa, y  de Oviedo  parte el Camino Primitivo: este, el más antiguo, fue inaugurado por el rey Alfonso II el Casto en  su primera peregrinación al llegar a la corte la noticia de los acontecimientos ocurridos en Compostela. También  hay los caminos Sanabrés, de la Lana, Manchego, de Invierno... y hasta existe un Camino Inglés que acerca a los peregrinos en barco a las costas gallegas. En el grupo La Peñuca, José Montero, buen montañero y buen conocedor de las tierras del norte de León, es un experto guía del Camino, pues no en vano ha realizado varias veces el francés, el del norte y, claro está, este Camino de San Salvador que hoy nos ocupa.
            Entre los senderos que por el mundo conducen a Santiago, el Camino de San Salvador es un apéndice del francés. En la Edad Media eran muchos los peregrinos que en León se desviaban hacia el norte para visitar la basílica de San Salvador en Oviedo, cumpliendo con el precepto que así lo pedía: El peregrino que va a Santiago y no pasa por El Salvador, visita al criado y se olvida del Señor. Esto significaba un esfuerzo considerable, al tener que atravesar la cordillera Cantábrica para ya en Oviedo seguir por un Camino Primitivo lleno de difícultades y peligros. (1)

Una buena señalización acompaña al peregrino 

            Iniciamos nosotros esta etapa del Camino en el pueblo de Cascantes por una senda que atraviesa el bosque y luego campos de labor, desde donde ya se divisa al fondo la central térmica de La Robla. La senda bordea la central dejándola a la derecha del caminante que, por entre campos y obras de la línea férrea de alta velocidad, se acerca a La Robla. Aquí recogemos unas palabras de Jovellanos, ahora que se le recuerda en el segundo centenario de su muerte; en ellas expresa sus impresiones después de un viaje entre León y Asturias:

Un estrecho y fresco valle que el río Bernesga atraviesa y fertiliza corriendo de norte a sur; un montezuelo que le ciñe y estrecha por el poniente, cubierto de altos y frondosos bosques; (…) algunas fuentes y arroyuelos, cuyas cristalinas aguas corren y serpentean por todos lados hasta perderse en el río; y sobre todo cierta frescura y fragancia, (…) hieren de tal manera los sentidos del caminante (…).
(…)
Pero cuanto agradan las inmediaciones de La Robla, desagrada y fatiga la mansión que se hace en él. No es fácil expresar a usted cuán mala, cuán sucia y cuán incómoda es la posada. (2)

Como en cualquier ciudad industrial, es difícil encontrar motivos que hoy justifiquen esta bucólica descripción de “las inmediaciones de La Robla”. Tiene, no obstante, buen atractivo el caminar por estas tierras del alto Bernesga que han sido declaradas por la UNESCO en el año 2005 Reserva de la Biosfera; y si el peregrino busca posada, sin duda la encontrará hoy en La Robla mucho más agradable y cómoda que la de Jovellanos a finales del siglo XVIII.

La central térmica de La Robla
 
Callejeamos por el centro de la ciudad, siempre siguiendo los indicadores que marcan el Camino, atravesamos la plaza de La Constitución, pasamos ante la Consistorial y salimos hacia el norte por una pista en la margen izquierda del río Bernesga. A la salida está el Albergue de Peregrinos: un remozado edificio de piedra, en un entorno recreativo y bien cuidado, que sin duda haría las delicias de nuestro sabio ilustrado. También desde allí es posible divisar en la distancia el Cueto San Mateo, una de las mayores alturas de esta comarca. Poco más allá, el acueducto del Encañao cruza por encima del río y de la pista: es una construcción única en su estilo en la provincia de León que sorprendió de forma grata a Jovellanos, se nos explica en una placa adherida a la piedra.

El acueducto del Encañao

La pista discurre paralela al río, atravesando los pueblos de Puente de Alba y Peredilla estirados a lo largo de la carretera; al salir de este último, un túnel cruza por debajo de la CN-630 y se acerca al Ferrocarril del Norte, junto al que caminamos hasta llegar a la ermita del Buen Suceso. Esta ermita, que fue construida en 1766 y reformada en 1834, tiene planta de cruz latina con una llamativa cabecera cuadrada y una airosa espadaña de cuatro huecos; está situada en un área de descanso, donde también hay un edificio de piedra  levantado sobre el solar de un antiguo hospital de peregrinos. Es el lugar adecuado para el descanso, el bocadillo, la charla y las fotos.

Ermita de la Virgen del Buen Suceso

Al reanudar la marcha, el camino se aleja de la carretera nacional y del ferrocarril, atraviesa el pueblo de Nocedo de Gordón y se vuelve más agreste. Trepa por algún montículo y, desde lo alto, ya se divisa La Pola de Gordón, villa que en la Edad Media fue cabecera de las tierras que riega el Bernesga, con una importante economía ganadera y famosa por los pagos de portazgo, tal como nos refiere de nuevo Jovellanos:

En esta villa, capital de su concejo, se paga un fuerte portazgo al conde Luna, si no me engaño. Este portazgo es más notable por sus excepciones que por su gravamen. Nada paga el ganado lanar, privilegiado por donde quiera que vaya; nada el de paso y montura. El ganado mular y el de cuerno paga sólo en tiempo de ferias, pero las caballerías de carga pagan doce maravedises con ella y seis de vacío. Vea usted, pues, sobre qué buenos principios está calculado este impuesto. (3)

El río Bernesga, siempre presente a lo largo del Camino por tierras de León

            Nosotros entramos en la villa por el barrio de El Soto, pasamos bajo el ferrocarril y, una vez más, por un puente sobre el río Bernesga, para así llegar al centro de La Pola de Gordón, desde donde se divisa más cerca el Cueto San Mateo; aquí termina esta segunda etapa del Camino de San Salvador que deja al caminante con el apetito abierto para realizar la tercera, que nos llevará hasta el alto de Pajares, en el límite con Asturias.

(1) Concha López Narváez: Endrina y el secreto del peregrino. Espasa-Calpe, 1987. (Interesante novela sobre el Camino)
(2) Gaspar Melchor de Jovellanos: Cartas del viaje de Asturias (Cartas a Ponz). Edic. KRK, 2003
(3) Jovellanos: Cartas...

Las fotos son de Juan Lobelle


                          (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó el sábado, 26 de noviembre esta 2ª etapa del Camino de San Salvador y tiene previsto realizar la 3ª el 14 de abril de 2012)
 

martes, 15 de noviembre de 2011

ENTRE MIERES Y ALLER

Desde Figaredo hasta Moreda por el Cordal de Longalendo

El Cordal de Longalendo, anteayer aún desconocido para este caminante, se extiende de este a oeste en una seríe de cumbres y collados, marcando el límite entre los municipios de Mieres y Aller. Aunque a lo largo de este cordal aún se observa la huella de una antigua y rica explotación minera de montaña, también nos ofrece bellos bosques y buenos pastos en las majadas y brañas, localizadas sobre todo en su ladera meridional en las parroquias alleranas de Serrapio, Piñeres, Moreda y Caborana. La ladera septentrional, sin embargo, está ocupada por grandes zonas boscosas de castaños y hayas, y vierte al valle del río Turón en las parroquias de Urbiés, Turón y, más al oeste, en las de Figaredo y Santa Cruz.
Recorrer este Cordal de Longalendo es una caminata muy apropiada para estos días otoñales de pocas horas de luz, que no presenta más dificultad que la de orientarse en la amplia red de sendas y pistas ganaderas que lo recorren. Nosotros iniciamos el camino en Figaredo por una pista de hormigón que sube a la parte más alta del pueblo. Luego, vamos ganando altura de forma constante por caminos de tierra y sendas que atraviesan un amplio bosque de castaños; es la zona más occidental del cordal, que ha sido incluida en la Red Natura 2.000 por ADENA y la Universidad Autónoma de Madrid como uno de los lugares españoles mejor conservados. Pasamos ante una bocamina tapiada, algunas trincheras de la antigua explotación, prados cercados de piedra, cuadras para el ganado, y ya divisamos desde lo alto toda la parroquia de Santa Cruz; pero también al otro lado del valle se nos ofrecen el Cordal de Cubas y la majestuosidad del Aramo con el Gamoniteiru y sus antenas.

Las antenas del Gamoniteiru desde el Cordal de Longalendo

Cuando la senda gira a la izquierda y nos asomamos a la ladera norte, vemos todo el valle de Turón coronado por el pico Polio. Así, dejando atrás los castaños y caminando por entre monte bajo, llegamos a la excelente Braña de Gramedo, donde hay buenas cabañas y una amplia pradería con algunas hayas bien plantadas. A esta braña, situada a 790 metros de altitud, acuden  con su ganado vecinos del pueblo de Gramedo de Santa Cruz y también de otros de la parroquia de Turón.

La amplia pradería en la Braña de Gramedo

Después de atravesar la braña, el camino sigue por la cresta, por el Cueto Teyeres y otros altozanos y collados donde no falta la huella del jabalí que busca su  apetitosa comida, hasta llegar al lugar conocido como la Llana del Cordal. Aquí una pista de tierra sale a la derecha bordeando la ladera para bajar hasta la aldea de Rayán en la parroquia de Moreda. Nosotros tomaremos esa pista pero mucho más abajo, ahora seguimos por la senda hasta alcanzar la primera cumbre prevista: el pico La Faya (885 metros), que cuenta con vértice geodésico, entre las parroquias de Turón y Caborana. Es obligada una parada y algunas fotos en esta atalaya hacia los dos valles y hasta el centro de Asturias.
El camino, siempre por el cordal, nos lleva ahora a la Majada de Pandoto a 850 metros de altitud, que pertenece a la parroquia de Moreda y donde encontramos una fuente con abrevadero para el ganado; es el último paso para llegar a la cumbre más alta: el pico Pandoto de 1.064 metros de altitud. Éste también recibe el nombre de pico Cutrifera (1), reparte aguas entre Turón y Moreda, y coronan su cumbre un vértice geodésico y un buzón montañero en forma de hórreo. El día está claro y permite ver con nitidez el Aramo y Oviedo; pero al caminante le gusta mirar, más a la derecha del pico Polio, toda la parroquia de Urbiés, la carretera que sube a La Colladiella y, más a la derecha aún, en el confín oriental del municipio mierense La Güeria de Urbiés. Sobre todo ello, los picos Les Cruces, L’Arquera y Tresconcejos (Mieres, Laviana y San Martín del Rey Aurelio); y por detrás de este Cordal de Urbiés asoma el de Peñamayor, tan cerca que parecen juntos, aunque el caminante adivina que entre ambos fluye el río Nalón. Pero como no todo ha de ser mirar a lo lejos, hay que ocuparse también de la ladera norte que tenemos nuestros pies: un hermoso hayedo que forma parte del espacio protegido de las Cuencas Mineras. Buen lugar éste, la cumbre del Pandoto o Cutrifera, para la hora del bocadillo en animada conversación, y si el viento norte arrecia produce un bello espectáculo con las hojas del hayedo; pero entonces los caminantes deben levantarse para iniciar el descenso por la ladera sur.

La cumbre del Pandoto con todos sus adornos montañeros

Primero hay que deshacer el camino hasta la Majada de Pandoto, para pasar más abajo junto a los prados Vallicúa y llegar a la pista que viene de la Llana del Cordal, en la que está marcado el PR-AS 32, ruta de Rayán a Piñeres por Pandoto. Esta pista de tierra pasa junto a varios restos del antiguo laboreo minero: una bocamina que rezuma un manantial, una trinchera cortada por la propia pista y una pequeña escombrera. Atravesamos un bosque de castaños y por entre prados con cercados de alambre, después de dejar algunas sendas como la que acude a la fuente del Faidiellu, llegamos primero a la aldea de La Collada que sólo tiene 2 habitantes y luego, a la de Rayán, situada a 510 metros de altitud, con 10 habitantes (2). Ambas aldeas tienen acceso por la AE-1 que sube desde Moreda a La Felguerosa, pero nosotros bajamos por el antiguo camino; y esa vieja caleya cubierta de hojas de castaño nos acerca a la villa de Moreda, donde finaliza esta caminata que nos ha descubierto el interesante Cordal de Longalendo en el corazón de la Cuenca Minera del Caudal.

1-Gran Atlas del Principado de Asturias. Oviedo, 1996
2-Diccionario Geográfico de Asturias. Ciudades, Villas y Pueblos. Oviedo, 2000

 Las fotos son de Juan Lobelle

                                
                               (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 12 de noviembre de 2011)