Para "ver muchas leguas de tierra, columbrar el mar lejano, contemplar a sus pies los pueblos..."

jueves, 26 de junio de 2014

ALREDEDOR DEL EMBALSE DE RIAÑO



Desde Anciles hasta Liegos por tres municipios de la comarca leonesa de Valdeburón

            El río Esla es el afluente más importante del Duero; su cuenca vertebra de norte a sur las provincias de León y Zamora. Es el río que los romanos nombraban como Ástura y de él reciben su nombre los ástures o astures, que los romanos atribuían a los habitantes que ocupaban las tierras de ambas vertientes de la Cordillera, aunque finalmente sólo los astures transmontanos hayan conservado el nombre para nuestra Asturias actual.
            Nace el Esla (Ástura-Estura-Estola-Estla-Esla) en la vertiente sur del puerto de Tarna y junto con sus afluentes llena dos grandes embalses: en la provincia de Zamora, próximo a su desembocadura, el de Ricobayo que es por su capacidad el segundo de la cuenca del Duero; mucho más cerca de su nacimiento, en el corazón del territorio de los astures cismontanos, sus aguas se disuelven en el embalse de Riaño, el tercero de la cuenca del Duero también por su capacidad.
            Este embalse de Riaño, cuya construcción dio comienzo en 1965 aunque su puesta en servicio se demoró hasta 1988, es un precioso mar interior desde el que se contemplan las más llamativas cumbres de la conocida como Montaña Oriental de León, y cuya superficie de agua embalsada puede divisarse desde los collados, majadas y brañas de las tierras que lo rodean: lo pudimos comprobar realizando esta caminata propuesta para el grupo La Peñuca por Domingo Melero.

Desde el Club Náutico de Riaño, el embalse y las montañas que recorreremos

Fue un recorrido largo y bien exigente; a mi entender una de las caminatas más exigentes de cuantas he comentado aquí en los últimos meses: se parte de los 1 100 metros de altitud, la cota del nivel del agua en el embalse, para alcanzar sin demora los 1 569 metros; luego, tras un breve cresteo alternando trepadas y destrepes, descendemos de nuevo al nivel del agua, para más tarde alcanzar una altura similar a la cota anterior (1 553 metros) y terminar tras largo y definitivo descenso junto al embalse. Pero en todo caso, un recorrido cuya exigencia, lejos de desanimar al caminante, le añade por la variedad y belleza de los terrenos recorridos un interés que intentaremos reflejar con más detalle.

Uno de los pasos difíciles del camino

Para iniciar la caminata en Anciles fue necesario trasladarnos allí en barco desde el puerto del Club Náutico de la villa de Riaño. Son unos treinta minutos de navegación, pasando primero bajo el viaducto de la N-621, justo al lado del pilar que, al decir del barquero, se levanta desde la plaza mayor del viejo Riaño sumergido bajo las aguas. Luego el barco toma rumbo sur, enfila el valle por donde pasaba junto al río la antigua carretera nacional y vira a la derecha por el estrecho de Bachende para recorrer el valle de Anciles, donde hubo un pueblo que como otros -Huelde, Salio, el viejo Riaño- hoy se encuentra bajo las aguas.

El valle de Anciles desde el barco

            Aquí, en un lugar del valle de Anciles, se realiza el desembarco y, mochila a la espalda, comienza el camino por una buena pista que va ganando altura hasta un altozano donde hay un puesto de observación para la guardería de montaña. Entonces abandonamos la pista para seguir por una senda cada vez más empinada, en un continuo subir sólo interrumpido por tres collados que sirven de alivio al caminante. Desde la primera collada a 1 335 metros de altitud ya tenemos una buena panorámica del embalse hasta la presa de la Remolina que lo cierra al sur en el término municipal de Crémenes; al llegar al tercer collado (1 520 metros), tenemos sobre nosotros las peñas del Cueto Nebloso (1 569 metros), y un último esfuerzo con alguna trepadina nos permite alcanzar su cumbre.

El embalse, siempre presente en la subida hacia el Cueto Nebloso

            Esta cumbre del Nebloso es un balcón privilegiado sobre la totalidad del embalse: en la base misma del cueto, la isla que se yergue en la embocadura del canal sur; frente a nosotros, la villa de Riaño, el viaducto y la carretera que va hacia Cantabria por San Glorio; y mucho más a lo lejos, las cumbres de la montaña palentina. Sin duda, un buen lugar para el disfrute, y así nosotros decidimos ocuparnos también de la comida y la conversación: un error, en mi modesta opinión, pues apenas hemos recorrido la cuarta parte y aún se ve largo el camino por andar.
            Descendemos bordeando las peñas del cueto hasta la Colladina Flor que dejamos a nuestra izquierda para entrar en el monte El Tendero: un frondoso hayedo que ofrece sombra y excelente piso para descender raudos hasta el fondo del valle Tendeña, por donde corre hacia el embalse el arroyo del mismo nombre. Cruzamos el arroyo y ya estamos de nuevo al nivel del agua del embalse; si volvemos la vista atrás, contemplamos el bosque que acabamos de recorrer y la cara norte del Cueto Nebloso, mucho más vertical y escarpada que la sur por donde nosotros ascendimos.

Es fácil y agradable el camino por el hayedo

            Tras un buen trecho caminando por cómoda senda al borde del embalse, pasados los Carbajales, comenzamos de nuevo a ganar altura; en la collada del Avellanal y la majada que se extiende bajo la peña Los Doblos, encontramos los primeros rebaños de ganado vacuno. El camino se empina de nuevo, cruzamos la braña de Sobrepeña con restos de cabañas derruidas y, por buena senda empedrada, alcanzamos la collada El Castro (1 233 metros), donde hay un panel distribuidor de ondas y algo más arriba una cabaña de la guardería de montaña.

 El camino al borde del embalse

            Desde aquí todo es ascenso por pradería con abundancia de ganado y donde podemos abastecernos de agua fresca en la oportunas fuentes con abrevaderos; hasta que, cruzando la valla de separación de pastos, en el cerro del Hoyo de los Corderos (1 553 metros) alcanzamos la segunda cota de altura de la jornada. Dejamos atrás el término municipal de Riaño y entramos en el de Burón, cuya villa municipal divisamos al fondo. Desde el cerro, otro mirador privilegiado, podemos ver también el puente de los Torteros, la N-625 que va hacia el puerto del Pontón, y también al lado del embalse, el pueblo de Vegacerneja.
            Dejamos a nuestra izquierda el pico Burín y la Peña el Aguila, y nos aprestamos al descenso definitivo, de nuevo por otro hayedo que recorre el monte La Pared; ya en el llano, atravesamos el arroyo Burín y estamos de nuevo al lado del embalse.


Panorámica de Burón junto al embalse

        Al cruzar una nueva valla por su correspondiente portilla, entramos en el término municipal de Acebedo, el tercero en nuestro recorrido por esta comarca de Valdeburón. Pasamos por un puente sobre el río Belluco a punto de entregar sus aguas al embalse, y alcanzamos una buena pista de tierra que es el Camino de San Pelayo; por él está marcado el PR LE-32 Liegos-Acebedo desde la villa municipal hasta el pueblo de Liegos, hacia donde nos encaminamos en busca del final.
            El camino bordea el Prado Yuso, amplia y hermosa pradería de siega que se extiende hasta la entrada del pueblo; lástima que, por la premura del tiempo, lo recorriéramos al galope, sin contemplar siquiera la belleza de la hierba crecida. Eso sí, inevitable fue volver la vista atrás para contemplar a nuestra espalda la mole del pico Yordas, envidia para los amantes de las más altas cumbres y los más empinados riscos.

Extraordinaria panorámica del embalse desde la cumbre del Cueto Nebloso.
 Al fondo, en la montaña palentina, destaca el pico Espigüete


                        (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 21 de junio de 2014)

Las fotos son de Juan Lobelle

sábado, 7 de junio de 2014

EN BUSCA DEL RÍO CASAÑO



En el puerto de Onís: desde Buferrera por Comeya, Soñín de Abajo, Vega las Mategas y Belbín, para volver a Buferrera

            El río Casaño es uno de los afluentes importantes del Cares. Nace en el puerto de Onís, en el Parque Nacional de Covadonga, producto de la surgencia conocida como el Oyu la Madre. Después de recorrer su profunda garganta en dirección norte penetra en el término de Cabrales, pasa por La Molina donde tiene el hermoso puente Pompedru, recorre el desfiladero de Las Estazadas, y ya en dirección este, va paralelo a la AS-114 hasta Arenas de Cabrales, para allí desembocar en el Cares.
            El objetivo de esta caminata, propuesta al grupo La Peñuca y bien dirigida por Jacinto del Prado, fue encontrarnos con el Casaño en el Oyu la Madre realizando, a su vez, un recorrido por algunas vegas y majadas del puerto de Onís, Macizo Occidental de los Picos de Europa, en la parroquia de Bobia, la más extensa y de accidentada topografía de las tres que forman el municipio; una parroquia que basa su actividad productiva en la ganadería y la elaboración del reconocido queso de Gamonéu.

Praderías del puerto de Onís: Vega las Mantegas

            Aunque, como ya queda dicho, caminamos en su mayor parte por el término de Onís, el punto de partida y llegada de esta ruta circular fue en el de Cangas de Onís: el aparcamiento de Buferrera desde donde se accede a los lagos Enol y La Ercina, quizá uno de los lugares más visitados del Parque.
            Al partir de Buferrera a 1 040 metros de altitud, descendemos por la Foz del Escaleru, bien acondicionada en un sendero de fácil caminar, en la margen derecha del reguero torrencial por donde rebosan las aguas del lago Enol, pasamos el túnel bajo una cueva natural y ya contemplamos la amplia vega Comeya. Sendero en la foz y túnel eran el camino a las minas de Buferrera desde Comeya; lo que vemos ahora son los restos de las columnas del cable por donde se bajaba el mineral y movimientos de tierra a consecuencia de las labores realizadas en el lugar donde hubo un lavadero del mineral y una pequeña central eléctrica.
            La vega Comeya, una vasta pradería a 875 metros de altitud, es también una depresión cerrada, un poljé glaciar con el sumidero de Les Tremoles donde se oculta el agua que baja del Enol y la del reguero Soñín para aflorar 8 kilómetros más abajo, en una cueva conocida como Los Güeyos del Reinazu, reguero de breve recorrido que ya en Covadonga entrega las aguas al Deva.

Comeya con las columnas del cable aéreo y las aguas camino del sumidero

            Recorre la vega Comeya el PR PNPE-1 Ruta de Frasinelli desde Corao hasta el lago La Ercina; el camino habitual de este “Alemán de Corao” desde su casa hasta los lagos para bañarse en el luego bautizado como Pozo del Alemán: hoy es una ruta bien recomendable. Nosotros bordeamos la vega, y siguiendo el reguero Soñín, cruzamos la raya imaginaria que separa ambos términos municipales y llegamos a Soñín de Abajo (980 metros), una de las primeras majadas del puerto de Onís, desde donde nos sorprende la vista del Cantón del Texéu. Es espectacular este Cantón rocoso que se levanta solitario desde los 1 000 metros para alcanzar en la   cumbre los 1 173 metros de altitud; presente su visión desde todas las vegas del puerto medio, sirve de tapón sobre la foz del Casaño.

El Cantón del Texéu desde las proximidades de Soñín de Abajo

            Desde Soñín de Abajo vemos, en la base misma donde arranca el Cantón, la pista Demués (1 045 metros), y la subida la realizamos entre monte bajo por una senda bastante embarrada -una pertinaz llovizna no nos abandona desde el inicio del camino- por donde dos pastores se afanan en el traslado del ganado. Esta pista es el camino más frecuentado por los pastores que acuden al puerto con su ganado desde los pueblos de la parroquia: Demués, Bobia de Arriba y de Abajo, Gamonéu de Onís y también Gamonéu de Cangas, unido al anterior por una carretera. La pista también está señalizada como PR PNPE-8 Ruta de Demués, unos 10 kilómetros desde el pueblo que le da nombre hasta aquí, en la base del Cantón; la cruzamos y bordeamos el Cantón, dejándolo a nuestra derecha, para aprestarnos al plato fuerte de la jornada: el encuentro con el río Casaño.

 La niebla sube desde el río Casaño hacia el Texéu

            Para llegar a palpar las aguas del río Casaño debemos salvar un desnivel de unos 250 metros; un descenso por camino embarrado y entre herbazales resbaladizos. Cuando, al fin, tras cruzar la alambrada que cierra el paso a los rebaños de ovejas, llegamos a la orilla del río, es preciso remontarlo unos metros para acercarnos al Oyu la Madre. Aquí nace el río Casaño, pero el agua que le aporta el oyu, ojo, de la madre tierra viene de las cuencas altas del puerto: el reguero La Güelga, que pasa por la majada que le da nombre, y la riega Espines, que nace en la vega así llamada. Es este un lugar curioso: para detenerse, para comentar “lo muncho que l’oyu avienta l’agua”, y sobre todo, para la labor de los fotógrafos.

 El siempre sorprendente Oyu la Madre

            El ascenso, recuperar ese desnivel de 250 metros, sólo nos confirma una cosa: que en este terreno complicado y resbaladizo se sube mejor que se baja. Así, pronto nos encontramos de nuevo en la base del Cantón y a partir de aquí el camino mejora de forma considerable. Un sendero empedrado nos permite bordear el pico hasta La Colladina del Texéu desde donde avistamos la mejor ruta para alcanzar su cima, lo que con buen tiempo y terreno seco no sería difícil; no obstante, siete valientes montañeros del grupo afrontan las dificultades y llegan a tocar el buzón de su cumbre; no así este humilde caminante que, como el resto del grupo, sigue su camino dejando el Cantón a la espalda.
            Tras cruzar el Collado la Madre, entramos en la Vega las Mategas (1 043 metros), alargada y con algunos lodazales cercados con madera para cortar el paso a los animales; también hay otros cercados para el destete de terneros y para facilitar la carga de las reses en los vehículos que hasta aquí llegan por cómoda pista de exclusivo uso ganadero. Por esta misma pista, después de recorrer la vega, cruzamos un collado y entramos en la majada de Belbín (1 050 metros) en el fondo de un valle glacial.

 La majada de Belbín y sus bien cuidadas cabañas

            Belbín es una majada bien cuidada adonde acuden varios pastores con su ganado y donde se elabora el buen queso; hay cuadras y varias cabañas abrigadas bajo la loma, orientadas al sur y conservadas con esmero, que son una buena muestra de la arquitectura tradicional del pastoreo: en el cobertizo de dos de estas cabañas encontramos, por la amabilidad de sus dueños, el lugar adecuado para la comida, el descanso y la conversación.
A la entrada de la majada llegan los vehículos autorizados por buena pista que forma parte del GR-202 Ruta de la Reconquista en su primera etapa desde Covadonga hasta Poncebos pasando junto al lago La Ercina. Después del breve descanso, seguimos esta pista, cruzamos el collado la Llomba y atravesamos la línea imaginaria de separación entre los dos concejos para retornar al de Cangas de Onís; después de pasar por la vega La Tiese junto al lago, contemplamos de cerca los restos de las minas de Buferrera: un espectacular conjunto de picachos calizos resultantes de la explotación  y posterior erosión. Una compañía inglesa (The Asturian Mines Limited) extrajo de estas minas manganeso, hierro y cinabrio entre 1893 y 1934.

Paisaje de las antiguas minas de Buferrera

            Ahora se han acondicionado algunas partes del lugar y reconstruido ciertos elementos de la antigua explotación para instalar un museo de las minas, al que se accede desde el área de servicios de Buferrera. A esta área, donde también hay un centro de interpretación del Parque, un aula audiovisual y amplios aparcamientos, descendemos nosotros por cómoda escalinata para finalizar este recorrido por el puerto de Onís y la visita al nacimiento del río Casaño.

 El valle Entrerroble, por donde se desciende en busca del río Casaño


                       (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 31 de mayo de 2014)

Las fotos son de José Arnillas

sábado, 31 de mayo de 2014

A REDES DESDE ALLER



Desde Pelúgano a Soto de Agues por la Pandiella, la Collada Veraniegu, el Alto la Llomba, el valle Texera y la Ruta del Alba

            El Parque Natural de Redes en el término municipal de Sobrescobio y el concejo de Aller tienen una línea divisoria que se extiende entre dos cumbres señeras como la Forcada y el Retriñón. Al sur de esta línea divisoria queda la parroquia allerana de Pelúgano y al norte, en el Parque Natural, el Paisaje Protegido por donde se extiende la conocida Ruta del Alba. Esta caminata de sur a norte, también con algunos tramos por la linde con el concejo de Laviana, fue una propuesta para el grupo La Peñuca de Manuel Quintana, en un día con amenaza de lluvia que por fortuna para los caminantes no se confirmó.
            Pelúgano, en la vertiente sur de Peña Mea, es un pueblo dividido en dos partes bien diferenciadas. Nosotros partimos de Barrio Baxo a 575 metros altitud, en la plaza donde está la ermita de San Pedro, y ascendemos por una pista de pronunciada pendiente hasta Barrio Cima; pasamos por la plaza donde está la iglesia parroquial de Santa María la Real y abandonamos el pueblo por la pista que sube al caserío de La Vallina y al cementerio, que dejamos a nuestra derecha. La pista se convierte en camino carretero por el que también se sube a la collada de Pelúgano y a Peña Mea; nosotros ya lo hemos hecho en otra ocasión (A la sombra de Peña Mea, 24 de noviembre de 2012), pero ahora al llegar a un cruce seguimos la señalización hacia el pico La Forcada.

Praderías al iniciar el camino (*)

            Al principio el camino es ancho y por él circulan algunos ganaderos en su vehículo; luego se va estrechando entre prados cercados de piedra, y siempre ganando altura, bordeamos las majadas de Grandegrande (730 metros) y Cocháceos, mientras vemos a nuestra derecha la pista que sube hacia Pandulatabla y al fondo, el valle por donde corre el arroyo San Julián, uno de los principales afluentes del río Ayer en el que desemboca en el lugar de Entrepeñas. Al otro lado del valle del río Ayer podemos observar las praderías de Cotobello, resultantes de una explotación de carbón a cielo abierto; según vamos ganando altura, la vista también alcanza hasta la Cuerda del Ajo, en el perfil nevado de la cordillera sobre el puerto de San Isidro.
            A 900 metros de altitud, ya en la ladera de Peñas Negras, llegamos al collado Caberu, donde es necesaria una primera parada antes de abandonar el camino para seguir por la senda que trepa en la ladera del cordal que desde Peña Mea y Peñas Negras alcanza hasta la campa la Pandiella. Aunque empinado, es agradable el ascenso por esta senda contemplando al fondo la cabecera del valle de San Julián, hasta llegar a la campa la Pandiella a 1 270 metros de altitud.

 El camino hacia la campa la Pandiella (**)

Campa alargada y majada con algunas cabañas, la Pandiella se encuentra entre  Laviana y Aller; asomarse a su vertiente norte es contemplar el Raigosu, denominado Monte de Utilidad Pública dentro del Paisaje Protegido de las Cuencas Mineras, por donde está trazado el PR AS-290 Foces del Raigosu, y también pueblos de la parroquia de Villoria como Los Tornos, Grandiella o La Pumará. La campa se alarga hasta la ladera del pico La Forcada, pero para facilitar la ascensión preferimos bordearlo por el sur hasta la collada Veraniega (1 475 metros); desde allí con una fácil trepada, el apoyo del palo y las manos en algunas piedras, alcanzamos sus 1 556 metros, la mayor altura de esta jornada.

Campa la Pandiella y pico La Forcada (**)

La cumbre de La Forcada es el vértice entre Aller, Laviana y Sobrescobio y ofrece una estupenda panorámica hacia los tres concejos: por el primero, hacia el sur, se extiende la sierra Magrera, donde destaca el pico Cuchu; en Laviana, parroquia de Lorío, el río Mosquíl más abajo del Raigosu, por los pueblos de L’Acebal y Ribota llega hasta el Nalón; por el valle del Nalón, la vista alcanza hasta zonas urbanas de Laviana y San Martín del Rey Aurelio; y en Sobrescobio, siguiendo el cordal, está el monte Llaímo, hacia donde seguirá nuestro camino.

Bordeando La Forcada; atrás el cordal desde Peña Mea a la Pandiella (*)

El descenso de la cumbre es fácil, y tras agradable cresteo, llegamos a la majada los Casares (1 444 metros), con buenos pastizales y muchas construcciones formadas por cabañas o chozas rodeadas de un recinto de piedra para proteger el ganado de los lobos; por la abundancia  de estas construcciones de piedra en su totalidad, incluida la techumbre, debió de ser una próspera majada en su tiempo: se accede a ella con el ganado desde pueblos de Laviana por el valle de Sogrande.

Choza y corro en la majada los Casares (**)

Pasada la collada la Llaguna de donde parte hacia el norte la sierra del Crespón, divisoria entre Laviana y Sobrescobio, con una charca que le da nombre, tan pequeña que pasa desapercibida a algunos caminantes, llegamos al Alto la Llomba (1 458 metros), ya sobre la Foz de Llaímo. Todo este cordal que venimos recorriendo, sobre el que se asoma el inconfundible Retriñón que aun con una boina de niebla en la cumbre atrae la atención de los fotógrafos, cuenta con varias fuentes y es propicio para el pasto de ganado menor, reciella, que acude desde pueblos de Laviana y Sobrescobio.
Pasada la Llomba, podemos contemplar los pueblos de Sobrescobio: Soto de Agues y Ladines; Rioseco, junto al embalse; y Campiellos en la falda de la Chamoca, a la que se llega desde Peñamayor por el cordal de Breza. Nos internamos así en los montes de Llaímo, y debajo del pico la Texera, en la cabecera del valle del mismo nombre encontramos el lugar propicio para el descanso, la comida y la conversación.

Collada la Llaguna y al fondo el Retriñón (**)

Tras el breve descanso, el descenso hacia el fondo del valle tiene una primera parte difícil y desagradable: el camino desaparece y hace preciso el paso entre matorrales, el salto a los prados cercados de alambrada e incluso por el mismo reguero que aún con poca agua se precipita hacia el fondo. Hasta que aparece un camino que en muy mal estado, árboles caídos y matorral que lo invade, discurre junto a varias construcciones abandonadas, las cabañas de Biforcal, pero a juzgar por su volumen, algunas incluso con corredor, en otro tiempo debieron de ser viviendas estables.
Al fin damos con dos construcciones en buen estado, una de las cuales, con porche donde se amontona madera cortada para el fuego, muestra su identificación en el dintel de la puerta: “La cabaña del abuelo”. Estamos en Valdecéu (710 metros) y no parece casualidad que a partir de aquí el camino se muestre limpio, ancho y cuidado. Pasamos por un puente de piedra a la margen derecha del reguero que ahora ya va crecido, por una pista maderera descendemos atravesando un frondoso hayedo y llegamos a la orilla del río Alba, en el puente de la Vega de Valdecéu. Es aquí el lugar donde se inician las Foces de Llaímo que suben hasta el nacimiento del río, y donde finaliza la bien arreglada Ruta del Alba, que viene desde Soto de Agues señalizada como PR AS-62; y esta distancia de cinco kilómetros es lo que a nosotros nos queda por recorrer.

Pueblos de Sobrescobio: Soto de Agues y Rioseco junto al embalse (*)

Ya se sabe: el fácil y agradable recorrido por la margen izquierda del río Alba; el paso junto al puente del Retortoriu, por donde se toma el camino hacia Porciles; el Campurru, donde ante restos del cargadero de la mina Carmen recordamos el antiguo ferrocarril de la Campurra que transportaba el mineral y unía, también con viajeros, Pola de Laviana con Rioseco. Y ya faltando dos kilómetros, el frágil puente de madera que por Les Llampes desvía la ruta a la margen derecha del río para llegar a San Andrés y Soto de Agues, donde finaliza esta larga caminata que nos trajo a Redes desde el concejo de Aller.

Vista al valle del Nalón desde la cumbre de La Forcada (*)



                     (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 24 de mayo de 2014)  

(*) Fotos de José Arnillas
(**) Fotos de Juan Lobelle
 

jueves, 22 de mayo de 2014

TEVERGA, YERNES Y TAMEZA Y PROAZA



Por el Puerto de Marabio, el Paisaje Protegido del Pico Caldoveiro, el Puerto de Bandujo y el Camino de La Molina

            El Puerto de Marabio en el término municipal de Teverga, parroquia de Santianes, límite con el concejo de Yernes y Tameza es una extensión de pastizales de las más importantes de Asturias; fue declarado por la administración autónoma Monumento Natural debido a su valor cárstico, uno de los más relevantes del Principado. Una carretera que parte de la AS-228 después de pasar el pueblo de Entrago atraviesa el puerto para enlazar en Villabre, capital municipal de Yernes y Tameza, con la AS-311 que sale a Grao. La invitación al grupo La Peñuca de José Arnillas, un asiduo patrón de fotos que ilustran los artículos de este blog, nos subió a Marabio para iniciar una caminata que él preparó sin perder ningún punto.
            Así, iniciamos la marcha poco más arriba del lugar conocido como Casaompablo (Casa de Don Pablo) a 988 metros de altitud, con una buena vista de la amplitud del puerto hasta el collado límite con Yernes y Tameza. Hay allí un indicador del GR 101-1 Camino de Cueiro a Villanueva de Santo Adriano, un apéndice del GR 101 Camino Real de La Mesa; la antigua calzada romana que, desde los tiempos del emperador Augusto, unía a través del puerto de La Mesa la meseta castellana con la villa de Gijón.

El Puerto de Marabio: al fondo, el collado límite entre municipios (*)

            Por buen camino, senda, praderías y abundantes matas de carrascos, vamos ganando altura y dejando a nuestra espalda una bonita panorámica del perfil de la cordillera: Peña Rueda, el macizo de las Ubiñas y más a la derecha, en Somiedo, el Cornón. Así hasta ganar la cota de los 1 228 metros en el límite entre los dos concejos vecinos. Frente a nosotros se presenta el pico Caldoveiro, ya en terrenos de Yernes y Tameza; debemos, entonces, perder algo de altura para acercarnos a la ladera y ascender con facilidad a su cumbre (1 354 metros), con vértice geodésico y buzón montañero en una cruz de hierro. Contemplamos desde allí los pueblos de Yernes y Tameza, con Villabre en la base misma de este pico que ha dado nombre a lo que se conoce como Paisaje Protegido del Pico Caldoveiro, amplia superficie que se extiende en los concejos por donde estamos caminando.

Hacia el pico Caldoveiro (**)

            Descendemos por la ladera hasta la vaguada de Tambaisna (1 185 metros), depresión de origen cárstico donde se encuentra la laguna del mismo nombre. Desde allí subimos al collado de Santiago (1 241 metros) en el límite entre Teverga, Yernes y Tameza y Proaza: el paso más alto del antiguo camino de estas tierras teverganas hacia la capital de Asturias; no vemos, sin embargo, restos del albergue de caminantes ni de la ermita de Santiago que en otro tiempo jalonaron este paso.

El lago Tambaisna desde la ladera del Caldoveiro (**)

            Caminamos ahora en la linde entre Tameza y Proaza hasta la amplia y hermosa vega de La Barrera (1 104 metros), donde hay cinco lagunas cercadas con vallado de madera y plantaciones de abedules, y con paso a las dos mayores para servir de abrevadero. A partir de aquí nos adentramos en el término de Proaza por brañas y praderías donde encontramos un indicador del GR 109 Asturias Interior, etapa 16 entre Villanueva de Santo Adriano y Villamayor en Teverga. Estamos en el Puerto de Bandujo y al llegar a la campa de San Bartuelu (1 003 metros) pasamos por una portilla en la valla de separación de pastos; hasta aquí llega una buena pista de exclusivo uso ganadero que une el puerto con el pueblo de Bandujo.

La vega y los lagos de La Barrera (*)

            Nosotros, tratando de evitar la pista que se ofrece pesada curva tras de curva, tomamos la senda que por la ladera va hacia las cabañas de La Cochada, con interesantes construcciones en ruinas junto a otras reformadas recientemente. A nuestra izquierda contemplamos el valle del río Murias que baja a desembocar al Trubia en la villa de Proaza, parte de cuya zona urbana vemos al fondo; y también, la aldea de Serande en la otra ladera del valle del Trubia, la que sube a Pedroveya.
            Después de la parada aprovechando un pequeño collado para la comida, el descanso y la conversación, entramos en una caleya empedrada, y a partir de aquí todo será descenso hacia la aldea de Bandujo; un camino con evidentes síntomas de abandono, pero que fue, hasta el trazado de la pista antes citada, el acceso al puerto para ganados y ganaderos.
 
Las cabañas de La Cochada, ejemplo de arquitectura tradicional (*)

            Alto obligado en el camino, también para la labor de los fotógrafos, es Bandujo (660 metros), aldea típica asturiana con considerable interés arquitectónico popular: la bien conservada torre de Tuñón, de planta circular con tres pisos y escudo con los blasones de los Tuñón, los Bandujo y los Miranda; a su lado, un palacio también con torre cuadrada que fue propiedad de los Álvarez de Bandujo; y cerca de ambos, la iglesia parroquial de Santa María modelo románico popular, la construcción religiosa más antigua del concejo, que consta en un documento de 912 como donación de Fruela II a la Catedral de Oviedo.

Entre el caserío de Bandujo, la torre y el palacio (*)
 
            Salimos de Bandujo, con su caserío distribuido en barrios, por el Camino de La Molina, el camino medieval que sube a la aldea desde el fondo del valle; es un buen camino arreglado en 2012, según leemos en un cartel a la salida del pueblo, con aportación económica de fondos europeos. Discurre en un hermoso bosque de castaños por la margen derecha del arroyo Bandujo, cuyas aguas cantarinas oímos al fondo del valle; luego, en atrevido zigzag, desciende hasta el nivel del río para pasar a su margen izquierda por un puente de piedra.

Castaños en el Camino de La Molina (**)

            Así, entre puentes y hermosas cascadas, llegamos a la Senda del Oso (260 metros) en un punto entre Caranga y Entrago, donde el arroyo entrega sus aguas al río Teverga y nosotros podríamos finalizar nuestra caminata; pero es necesario seguir algunos metros por la Senda del Oso, en esta hermosa tarde de un sábado primaveral frecuentada por caminantes y ciclistas, para cruzar el río Teverga por un puente de hormigón y salir a la AS-228 a la altura del kilómetro 21, donde en el necesario aparcamiento nos espera el autobús. Aquí, sí es el definitivo final de esta hermosa caminata por monumento natural, paisaje protegido, aldea tradicional, camino medieval… ¿Qué más se puede pedir para andar el camino?

El Puerto de Bandujo y, a la derecha, la pista que sube desde el pueblo (**)


                     (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 17 de mayo de 2014)  

(*) Fotos de José Arnillas
(**) Fotos de Juan Lobelle
 

lunes, 28 de abril de 2014

EN SAN MARTÍN DE OSCOS



Desde Revoqueira hasta San Martín por Mon, Mazo de Mon y Ventosa

            El pasado mes de marzo escribí sobre la caminata realizada por dos municipios de la cuenca baja del río Navia; ahora comentaré la que hicimos por otro concejo de su cuenca media: San Martín, el municipio más oriental de los tres Oscos, una comarca cuyas aguas van en su totalidad al primer río de Asturias por su longitud y segundo por la extensión de su cuenca. El propio presidente del grupo La Peñuca, Albino González Ordiz fue quien propuso este singular recorrido por San Martín de Oscos, quizá la ruta programada más al occidente de Asturias.
            Nuestro recorrido comienza en Revoqueira a dos kilómetros de la capitalidad municipal, tomando como base el PR-AS 114 Ruta de Mon. Se trata de un PR que ofrece un circuito por la llamada meseta de San Martín, con una altitud media ligeramente inferior a los 700 metros, y un brusco descenso hacia el fondo del valle del río Ahío, al que nosotros añadimos, a modo de adorno, dos variantes en el recorrido.

         Detalle de la meseta de San Martín
 
         Revoqueira es una aldea situada a 778 metros de altitud al borde de la meseta, sobre el valle del río Ferreira; allí hay una nave para uso agropecuario y junto a la ermita de San Antonio está el cartel informativo del PR que aquí tiene principio y final. Comenzamos entonces a andar por un viejo camino cómodo y limpio como corresponde a un PR bien cuidado y bien señalizado. En ligero descenso, atravesamos un bosque de castaños, robles y abedules, que dejan, sin embargo, suficientes claros para contemplar los cortines o corros de piedra que protegían las colmenas del apetito de los osos y el paisaje que se nos ofrece hacia el norte, más allá del profundo desfiladero que labra el río Ahío: bien a lo lejos, la empinada carretera que por Labiarón y Soutelo sube hasta la aldea de Bousoño, nombre familiar para mí, situada en la fuerte pendiente del cordal de San Isidro.

 Buen camino y bien señalizado

            Pronto llegamos a Mon (550 metros), aldea que ofrece entre su caserío el principal edificio del concejo, la joya de este recorrido: el palacio de Mon, barroco del siglo XVIII que remonta sus orígenes uno o dos siglos en la construcción de una de sus torres; catalogado como Monumento Histórico Artístico, atrae a caminantes y fotógrafos ante su fachada principal, bien conservada con dos grandes escudos de armas a ambos lados del balcón enrejado. Aquí nació Arias Mon y Velarde, que ocupó entre otros cargos los de primer regente de la Audiencia de Cáceres y ministro del Consejo de Estado; al negarse a reconocer como rey a José Bonaparte emigró a Francia, donde fue detenido, encarcelado y falleció en 1811, siendo declarado al año siguiente por las Cortes de Cádiz “Benemérito de la Patria”.

Vista general del palacio de Mon

           Tras la pausa en los alrededores del palacio para los comentarios y la indispensable labor de los fotógrafos, salimos del pueblo y nos acercamos a la ermita de Santa Marina, donde también está el mirador que se asoma a lo más profundo de la garganta del río Ahío. El río San Martín que pasa por la misma villa municipal junto con el Ahío que contemplamos desde este mirador, constituyen la red fluvial del concejo.
            El Ahío nace en el concejo de Illano, pasa cerca del santuario de Pastur y, ya en el de San Martín, por San Pedro de Ahío; recibe por su derecha, las aguas del Soutelo que viene de La Bobia en el concejo de Villanueva y del ya citado Ferreira, antes de desembocar cerca de Pesoz en el río Agüeira, que desde Fonsagrada y Taramundi viene, a su vez, a desembocar al Navia en el embalse de Doiras, convirtiéndose por longitud y por la extensión de su cuenca en el segundo de sus afluentes, después del río Ibias.

La ermita de Santa Marina, en las proximidades de Mon

            Pero nuestro siguiente objetivo es encontrarnos con el río Ahío en Mazo de Mon, que también vemos desde el mirador al fondo del valle; el desnivel es considerable, pero el camino es fácil y agradable por zona boscosa con áreas de repoblación forestal de pinos y alcornoques. La casería de Mazo de Mon a 200 metros de altitud se encuentra a ambas márgenes del río, unidas por un hermoso puente de madera; tiene una ermita dedicada a San Juan y su nombre procede de las muchas ferrerías, mazos y fraguas que hubo en esta comarca aprovechando las corrientes de agua. Una pista que trepa por la ladera es su salida natural hacia el vecino concejo de Pesoz, a cuya parroquia pertenece.

Puente sobre el río Ahío en Mazo de Mon

            Debemos comentar algo sobre las cuatro parroquias que ocupan el término municipal de San Martín de Oscos: dos de ellas, la propia de San Martín y la de Labiarón, la segunda población del concejo, se encuadran en su totalidad dentro del municipio; las otras dos son anejos de los concejos vecinos. A la de Santa Leocadia de Illano-Pastur pertenecen pueblos como San Pedro de Ahío o L'Arne, y Mazo de Mon y Bousoño pertenecen a la de Santiago de Pesoz, con cabecera y cementerio parroquiales en San Lorenzo de Brañavieja.

Mazo de Mon en el fondo del valle y el camino hacia Pesoz

            Después de visitar Mazo de Mon y contemplar las limpias aguas del río y su agradable entorno, los caminantes debemos rehacer el camino, recuperando la altura perdida hasta la aldea de Ventosa a 701 metros de altitud; una pendiente que, de nuevo debemos decirlo porque no siempre se encuentran los caminos tan limpios y bien cuidados, se recorre con agrado y placer. El caserío de Ventosa se extiende al este del pico Bodeirúa (728 metros), y alcanzar su cumbre de penedos areniscos con vértice geodésico es nuestro primer adorno a la ruta marcada en el PR. El ascenso es fácil, aunque la abundancia y amplitud de los argomales en la ladera lo convierten en poco apto para quienes caminan con pantalón corto. Merece, no obstante, la pena el pequeño esfuerzo para poder contemplar en hermosa panorámica la villa de Pesoz, por donde discurre el río Agüeira y donde la AS-13 se une a la AS-12 que sigue el valle del Navia hasta su desembocadura. Luego, en Ventosa, el campo que rodea la ermita de San Antonio es el lugar elegido para el descanso, la comida y la conversación con la amable presencia de algunos vecinos de la aldea.

 Cumbre del pico Bodeirúa

            A la salida del pueblo por la carretera, el PR retorna hacia Revoqueira, donde como hemos dicho tiene su final; nosotros, en el segundo adorno de la jornada, tomamos la carretera hacia San Martín. Recorremos así la meseta por su parte más llana; cinco kilómetros que se hacen cortos contemplando las amplias y espléndidas praderías producto de una acertada concentración parcelaria, repletas de ganado vacuno orientado a la producción de carne: la mayor explotación pecuaria de la comarca y base de la economía del concejo.
            Un leve descenso nos lleva hasta San Martín (690 metros) donde todavía se puede disfrutar visitando algunos rincones llenos de interés: iglesia parroquial, casona de los Pruida, casona de los Guzmanes… Remate final de esta interesantísima caminata por lugares para algunos hasta ahora desconocidos y en los que sin duda se habrán encontrado con estímulos suficientes para volver.

Panorámica de Pesoz desde la cima del Bodeirúa


                         (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 19 de abril de 2014)


Las fotos son de Juan Lobelle 

viernes, 18 de abril de 2014

RIBADESELLA, CANGAS DE ONÍS Y LLANES



Desde Santianes, por la sierra de Cuana, los collados Escapa y Tresjuncalar y la Vega de Llames, hasta Nueva de Llanes

            Por las montañas que ocupan la linde de estos tres términos municipales del oriente de Asturias se extienden una serie de vegas, puertos y collados a los que accede el ganado desde los lugares de invierno en busca de los mejores pastos; también destacan algunas cumbres -el Mofrechu, la más renombrada- a las que suben con frecuencia los montañeros atraídos por las hermosas vistas, si la niebla lo permite, tanto sobre los últimos tramos del Sella, su ría y su desembocadura, como hacia los valles interiores y hasta los Picos de Europa.
            Así, nosotros quisimos realizar esta caminata en una primera parte por los cordales que separan municipios y parroquias, para finalizar en el término de Llanes con un larguísimo recorrido por la cuenca del río Nueva: tal fue la propuesta para el grupo La Peñuca de José Manuel Nieto, ligero caminante y buen conocedor de esta zona donde tiene sus orígenes.

 La desembocadura del Sella desde algún lugar de la ruta (*)

            Iniciamos el camino en Santianes del Agua, en su coqueta plaza central dedicada a Enriqueta González Rubín (1832-1881), escritora local a quien la Academia de la Llingua recordó en la Selmana de les Lletres Asturianes del año 2009. De aquí también arranca la Ruta Literaria, confeccionada en honor de la autora del relato “Una excursión a la montaña” publicado en el diario “El Faro Asturiano” en junio de 1866.
            Nosotros no seguimos esta pequeña ruta, sino que desde el centro mismo de Santianes iniciamos el ascenso en busca del Monte La Cerezal. Como Santianes se encuentra a sólo 20 metros sobre el nivel del mar la subida es considerable, primero por pista ganadera y luego por la senda que trepa en el bosque hasta llegar a la cresta y ganar la cumbre del Cantu Arriondu a 791 metros de altitud.

           Por el Monte La Cerezal (**)

            Desde este alto entre los términos de Ribadesella y Cangas, seguimos en ligero descenso por la cresta de la Sierra de Escapa, bastante deteriorada por recientes incendios, y llegamos al collado Escapa (656 metros) donde vemos al sur el valle de Cuana con sus puertos y majadas. Nuestros pasos siguen ahora por la ladera que se interna en el concejo de Cangas, divisando a lo lejos la pista que desde la AS-340 sube a Santianes de Ola en la parroquia de Zardón y la aldea de San Tirso en la de Margolles, y llegamos al Puerto de Arriba de Cuana (786 metros), también conocido como Las Chozas de Cuana.

 El Puerto Alto o Las Chozas de Cuana (*)

            Es este un lugar con varias cabañas y prados cercados de piedra adecuado para realizar el ascenso al pico Mofrecho que nosotros sólo pudimos adivinar entre la niebla mientras seguíamos por la crestería, ahora ya entre Ribadesella y Llanes; dejamos a la derecha, también entre la niebla, el pico Juayadongu y en el collado Tresjuncalar (816 metros) encontramos agradable refugio para el descanso, la comida y la conversación.

 En el collado Tresjuncalar (**)

      Al reanudar el camino con un corto descenso algo complicado entre árgomas y brezos, desde el collado La Tabla (717 metros) divisamos el valle y el caserío de Peme adonde se sube por una empinada carretera desde Santianes del Agua. Seguimos el descenso y pronto llegamos a la amplia Vega de Llames, situada entre los dos concejos; es el sitio del nacimiento de dos ríos: en su vertiente occidental nace el río Llovio, que tras recorrer la cueva de Tinganón desemboca en el Sella en el lugar que le da el nombre; hacia la vertiente oriental corre el río Nueva a desembocar en la playa de Cuevas del Mar.

Vega de Llames y al fondo la Sierra de Cueva Negra (**)

            También aquí se inicia la Sierra de la Cueva Negra que tiene como cumbres señeras el Alto de la Cueva y el pico Bacia. Internándonos ya de forma definitiva en el municipio de Llanes, recorremos las hermosos praderías sobre las que se levanta esta sierra también conocida como Peña Las Pandas; cuenta con varias cavidades, como la misma Cueva Negra bajo el collado de Fontanina y la de Lledales donde está el conjunto geológico de La Escama.
            Al final del recorrido por las praderías, alcanzamos la pista forestal que en fuerte descenso nos deja en el lugar de El Barracón (230 metros), al lado del río Nueva. Una amplia pista sigue su cauce en un frondoso bosque de pinos y eucaliptos donde se pueden encontrar restos de antiguos molinos; es también un paraje de interés cinegético (corzo, jabalí, arcea…) y abundante fauna: aves, mamíferos, reptiles, anfibios…

 Bosque por donde corre el río Nueva (**)

            En este largo recorrido viendo como el río aumenta su caudal por los múltiples regueros que recibe, hasta cinco veces hay que vadearlo a pie enjuto, para tras pasar junto al pequeño y bonito puente medieval de Vallina, donde también hubo un molino, llegar a la AS-340 casi a la entrada de Nueva de Llanes: final de una caminata a la que se podrá calificar de muchas maneras, pero nunca de aburrida.

El río Sella y Santianes del Agua desde las primeras rampas del camino (*)



                         (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 12 de abril de 2014)


(*) Fotos de José Arnillas 
(**) Fotos de Juan Lobelle