Para "ver muchas leguas de tierra, columbrar el mar lejano, contemplar a sus pies los pueblos..."

sábado, 27 de abril de 2013

POR LOS MONTES DE QUIRÓS



Desde el alto La Cobertoria hasta Bárzana por Peñapodre, la ermita y la peña del Alba y La Villa de Salcedo

La situación del concejo de Quirós al sur de la zona central de Asturias, con un territorio que en casi su totalidad es de montaña, con una gran masa forestal y grandes extensiones de terreno dedicadas a pastizales de altura, lo convierten en la delicia de los caminantes. Por estas tierras quirosanas pasan además del inevitable GR-109 Asturias Interior, el GR-207 Ruta de las Reliquias y cómo no el GR-106 Ruta de San Melchor que viene de Oviedo hasta Cortes, donde está la casa natal del santo. Pero además se pueden planificar muchas rutas aprovechando sus cumbres señeras o lugares tan simbólicos como la ermita de la Virgen del Alba, patrona del concejo y de gran importancia devocional. Así fue esta interesante caminata del grupo La Peñuca desde La Cobertoria hasta Bárzana por iniciativa de José Manuel Álvarez, buen caminante y buen conocedor de la zona, que gusta de preparar bien sus propuestas.

La ermita del Alba y su entorno

Es el alto de La Cobertoria, en el límite entre los municipios de Lena y Quirós, el lugar donde se encuentra una necrópolis del neolítico; el nombre procede de cobertoiras (cuberteras): grandes piedras que recubren estos enterramientos. El alto se encuentra a 1 179 metros y desde allí la caminata comienza por la pista que asciende hasta el prado Llagüezos a 1 330 metros de altitud; aquí otras estructuras tumulares como un semicírculo de piedras hincadas se atruyen al pincipio de la Edad del Bronce. Pero Llagüezos, una collada cimera, es también, quizá más, famosa por la fiesta del cordero o corderada que se celebra el primer domingo de julio y que ha sido declarada de Interés Turístico Nacional.
Es necesaria una breve parada para contemplar la amplia collada y las ineludibles fotos con el fondo de Peñarrueda, quizá la cumbre más representativa de Quirós, pues se divisa desde cualquier parte del concejo. Después viene el descenso por una senda entre monte bajo hasta enlazar con la carretera que sube al Gamoniteiru en el lugar por donde pasa el GR-109 en su etapa 14 entre Llanuces y Bárzana; el pueblo de Llanuces se ve a nuestra izquierda entre las curvas de la AS-229 que tras cruzar La Cobertoria desciende hasta la villa municipal. Nosotros seguimos por la carretea del Gamoniteiru contemplando a nuestra derecha parte del concejo de Lena, sobre todo el fértil valle de La Peral.

Peñarrueda desde Llagüezos

Más arriba, a la derecha de la carretera se extiende la braña de Los Veneros, amplia, con buenas cabañas y una laguna que sin duda en época estival servirá de abrevadero para el ganado; la carretera sigue ascendiendo hacia el pico de las antenas, hasta el momento que la abandonamos para tomar una senda que por el valle Cubiellos bordea la Mortera de Llanuces. Las morteras en Quirós son grandes extensiones de terreno comunal donde en otro tiempo se cultivaron cereales como la escanda y hoy son magníficos pastizales de altura. Nosotros pronto iniciamos la crestería que nos llevará a la primera cumbre de la jornada. A los pies de esta crestería está la Mortera de Muriellos y más abajo los pueblos de Muriellos de Arriba (Cimeiru) y Muriellos de Abajo (Fondeiru), donde se encuentra la iglesia parroquial de Santa María.

 Laguna en la braña Los Veneros

La cumbre de Peñapodre (1 617 metros) es una excelente atalaya sobre gran parte del concejo quirosano, pero nosotros nos fijamos en la otra ladera del valle que recorre el río Trubia: Ronderos, Villamarcel o Coañana, lugares que no hace mucho recorrimos en la Ruta de las Reliquias (Tierras y pueblos de Quirós, 10 de noviembre de 2012).
Al realizar el descenso de la peña por su cara norte, nos encontramos con un considerable nevero que nos obliga a extremar la precaución, pero que también nos hace agradable el caminar sobre la nieve dura; y así, de nuevo alcanzamos la pista que recorre la pradería donde pastan yeguas y caballos ajenos al paso de los caminantes y a los intentos de los fotógrafos por inmortalizar su imagen.

Subiendo a Peñapodre

Cuando llegamos a un lugar reconocible por la presencia de una caseta del tendido eléctrico y una torre metálica, saltamos una portilla y nos enfrentamos al paso más difícil de la jornada: el descenso por una vereda, sedo casi vertical, que aunque corto, obliga a los caminantes a avanzar de uno en uno con cuidado y habilidad, agarrándose a la piedra o apoyándose en el firme palo de avellano blanco cortado bajo la luna menguante de febrero.
Tras este angosto paso, encontramos una pista que también desciende del Gamoniteiru y que atravesando praderas nos lleva a la braña de La Techera: buenas cabañas bien conservadas y un poco más arriba, la ermita del Alba.

Recorriendo praderas y atravesando neveros

La ermita tiene orígenes medievales y su romería, declarada de Interés Turístico Regional, se celebra el 15 de agosto;  se  encuentra  a  1 240 metros de altitud en la ladera misma de la peña del Alba y está rodeada de algunos árboles, bancos y mesas que invitan al descanso. Pero antes nos espera un ascenso a la cumbre de la peña (1 308 metros) sin ninguna dificultad y compensado por una amplia panorámica del concejo: a la sombra de la montaña, los pueblos de Salcedo, Arrojo y Casares; más al fondo siguiendo el valle del río Trubia, allá en Las Agüeras, el embalse de Valdemurio; más cerca, cerrada por la propia peña y el pico Politrón, la Mortera de Salcedo por la que corre el río Alba para perderse en un sumidero en la parte inferior de la amplia pradera. Al descenso de la peña, entonces sí es obligada la parada para el descanso y la comida en el agradable entorno de la ermita por donde también pasan los GRs 109 y 106.

La Mortera de Salcedo y el pico Pelitrón

Hasta la ermita del Alba se llega por una carretera que parte de la AS-229 y que finaliza en un amplio aparcamiento siempre repleto de coches. No obstante, nuestro descenso será por el antiguo camino empedrado que aún se conserva, aunque en no muy buen estado. Primero encontramos a la vera del camino la fuente de La Llinar con abrevadero, y luego el camino se empina aún más por entre prados cercados de piedra, árboles y algunas cabañas; es lo que se conoce como la senda del Machacaculos: el nombre lo dice todo, mas por este camino transitaron en otro tiempo pastores y ganados. Eran otros tiempos en los que personas y animales subían a pie y por tanto los caminos debían conservarse en buen estado; ahora sólo transitan por aquí nostálgicos caminantes tal vez “en busca del tiempo perdido”.

Iniciando el descenso por el llamado Machacaculos

El lugar de Salcedo (800 metros) lo forman tres barrios, Las Vallinas, Heros y La Villa que es por donde pasa nuestro caminar, que prosigue, tras breve pausa para recopilar fuerzas, por el camino de hormigón que atraviesa el caserío en pronunciada pendiente, para llegar más abajo al reguero de los Molinos, que nace en la falda de Peñapodre y desemboca en el Trubia cerca de San Salvador, aguas abajo de Bárzana. El nombre del río también lo dice todo y por si fuera poco al lado mismo del camino vemos un viejo molino en estado ruinoso.

El reguero de los Molinos

Cruzamos el reguero por un puente de hormigón y madera, y la senda sigue en descenso moderado por un bonito bosque de castaños y robles; hasta que en el lugar conocido como La Senra enlazamos con la pista por la que entramos en Bárzana, la villa municipal, donde a 450 metros de altitud, a la vera del río Trubia, finalizamos esta caminata iniciada en las alturas de La Cobertoria, y que nos permitió recorrer lugares emblemáticos y de gran belleza por estas montañas de Quirós.

El embalse de Valdemurio desde la peña del Alba

Las fotos son de Juan Lobelle

                         (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 20 de abril de 2013)

jueves, 18 de abril de 2013

EL RÍO ESVA ENTRE TINEO Y VALDÉS



Desde el Sucu de Paredes hasta Ese y Calleras, para regresar por Adrado a San Pedro de Paredes

        El Esva se constituye por la unión de cuatro ríos que forman la red fluvial del concejo de Tineo: Naraval, Navelgas, Bárcena y Grande. El Naraval viene de la sierra de la Bobia de Bullacente y se extiende por la parroquia que le da el nombre en la parte  noroccidental del concejo. El Navelgas y el Bárcena nacen muy cerca el uno del otro, en la sierra de Fonfaraón, en la linde con el concejo de Allande; el primero se orienta hacia las parroquias de Navelgas y Muñalén, donde sus aguas son conocidas por la arenas auríferas que arrastran y que recogen los expertos bateadores; el segundo, en un rumbo más directo, se orienta hacia Bárcena del Monasterio y San Fructuoso; por último, el río Grande, que a pesar de su nombre es el más corto de los cuatro, nace en la parte nororiental del concejo, en la sierra de Toural. A partir de la unión de los cuatro ríos tinetenses surge el Esva, un hidrónimo del que se deriva el nombre de Valdés, municipio que atraviesa de sur a norte.
         Y a recorrer este río en una prometedora caminata de ida y vuelta fuimos a propuesta de José María Arnillas, en cuyo informe para el grupo La Peñuca encontramos muchos de los datos históricos y curiosidades que aparecen en esta crónica.

El río Esva a punto de abandonar el concejo de Tineo

El camino comienza en el lugar del Sucu, en una vega de prados de siega y huertas de labor, al lado de un Centro de Interpretación clausurado como viene siendo habitual en este tipo de proyectos. Desde allí nos encaminamos por el PR AS-2 Hoces del Esva hacia Bustiello de Paredes en cuyas proximidades estuvo la Central Hidroeléctrica del Esva; es necesario abandonar el camino para descender a la orilla del río y contemplar esta instalación que estuvo operativa casi hasta finales del siglo XX. Después, subimos al collado donde estuvo la vivienda del encargado de la central y entramos en las hoces que desde allí se muestran impresionantes, cubiertas de exuberante vegetación y con el río encajonado entre las abruptas montañas. Por una senda de piedra remontamos el río por su margen derecha, hasta llegar a donde estuvo el embalse de Calleras: estamos ya en el municipio de Tineo y es un buen lugar para la primera parada observando el camino recorrido.

La abandonada Central Hidroeléctrica del Esva

A partir de aquí, el PR AS-1 nos devolvería hacia San Pedro de Paredes, pero por el PR AS-2 seguimos remontando el río hacia Calleras. Para ello contamos con una pasarela de madera con tramos de escalera, que tan pronto nos aleja como nos acerca a la vera del río; es zona de bosque que llega hasta el agua, con algunos bancos y mesas repartidos a lo largo del recorrido, así como carteles que informan de la fauna y flora del lugar: nutria, roble, mirlo acuático, avellano… Así el camino es agradable y placentero, hasta que la senda se convierte en pista forestal que se aleja del río y por un pinar en fuerte ascenso nos aproxima al lugar de Ese de Calleras; allí, al lado de la TI-8 hay un cartel informativo del PR AS-287 Las Vueltas del Gato, que sería el adecuado para acercarse a donde los ríos citados se unen para conformar el Esva.

 Entrada a las Hoces del Esva
Será para otra ocasión, porque hoy el itinerario nos pide cruzar la carretera, atravesar el pueblo de Ese, que situado a 150 metros de altitud es el más bajo del concejo de Tineo, y dirigirnos hacia el centro de Calleras. Pasamos junto a los restos de un calero (caleyu), cruzamos el río Grande y a la entrada del pueblo nos topamos con el edificio de las viejas escuelas convertido en otro proyecto que quiso ser y no fue: el Centro de Interpretación de la Mirada del Paisaje; vaya usted a saber cómo se puede “mirar el paisaje” con un presupuesto de 315 000 euros (diario El Comercio, 24-01-2011).
Bien, pelillos a la mar y sigamos haciendo camino para acercarnos al lugar destinado al bocadillo, el descanso y la conversación: el campo de la iglesia parroquial de San Martín de Calleras, donde hay bancos de piedra y una bolera para el juego de los bolos de Tineo.

El pueblo de Calleras

La iglesia de San Martín es un sólido edificio terminado en 1898, construido gracias a la influencia del tinetense Santiago Fernández Negrete, ministro de Gracia y Justicia, y del marqués de Lerma, junto a la diligencia del párroco Manuel Gallo Valderrín, con la participación de canteros gallegos y del artista local Ceferino El Porro. Fue construida la iglesia a propósito para albergar los retablos barrocos del monasterio cisterciense de Santa María de Lapedo de Belmonte de Miranda. Estos retablos, cuyas piezas fueron transportadas en carros de bueyes, son tres: los dos de las capillas laterales de principios del siglo XVIII y el central, más antiguo, de finales del XVII obra de Antonio de Borja, escultor nacido en Valladolid y afincado en Asturias.
El pueblo de Calleras, como toda su parroquia, presenta gran interés etnográfico con varias paneras, una de 1835, molinos y dos casonas: la de los Giraldo, del siglo XVII y la natal del magistrado Nicolás del Riego, construida junto a una torre del siglo XVI.

 Panera en el pueblo de Calleras

Desde los 230 metros de altitud de Calleras, dejando a nuestra derecha la fuente del Oso, el camino comienza a ganar altura en busca de la sierra de Adrado en la divisoria entre Tineo y Valdés. Al principio, por una pista forestal de moderada pendiente atravesamos un pinar hasta llegar al alto del Mirador; luego, la pendiente se hace mayor hasta encontrarnos casi en la vertical del embalse de Calleras por donde hemos pasado hace una horas y adonde podríamos volver por una senda que desciende zigzagueando a nuestra izquierda: es emocionante recorrer dos veces las Hoces del Esva, ahora en el sentido de la corriente del río y elevados a más de 400 metros por la ladera de la sierra. Sobre nosotros, colgada de la sierra está la aldea de Adrado: estamos ya en el municipio de Valdés. Los habitantes de Adrado, de la parroquia de Paredes, pagaban su foro a los señores de Merás elaborando y entregando las cucharas de palo necesarias para el servicio de la casa.

 Subiendo hacia la sierra de Adrado


Nos aproximamos al pueblo dejándolo a nuestra derecha por un camino carretero que acentúa la pendiente hasta alcanzar en la mayor altura de la jornada (550 metros), la braña vaqueira de Adrado con varias cabañas y amplias praderías. Desde aquí la vista es espléndida: a nuestro pies el fértil valle de Paredes y todos sus pueblos, más allá sigue el concejo de Valdés y a lo lejos el cabo Busto y el mar Cantábrico.

                                                                     Disperso caserío de San Pedro de Paredes

Sólo resta el largo descenso final por camino de carro y pista de tierra hasta San Pedro de Paredes en el fondo del valle (155 metros). A la entrada del pueblo bordeamos el cementerio en el lugar que lleva el sugerente nombre de El Retiro, y al paso de un puente medieval nos despedimos del río Esva que se va a nuestra derecha hacia Brieves y Trevías, para acercarse al mar en Canero y desembocar en la playa de Cueva.
Puente medieval en Paredes

Ya en el pueblo, de caserío disperso, amplio y soleado, por gentileza del vecino que custodia las llaves, podemos visitar la iglesia parroquial de San Pedro. Es del siglo XVIII con la tribuna y el campanario añadidos a comienzos del XX, y llaman la atención de los caminantes su retablo bien conservado con algunas tallas románicas, un Cristo barroco de brazos articulados y extensibles y la capilla mandada levantar en 1782 por Joaquín de Merás para panteón familiar. Espléndido colofón para una caminata por estas dos parroquias, Paredes y Calleras, en los concejos de Valdés y Tineo, siempre con la vista puesta en el río Esva y sus hoces, que por su espectacularidad y belleza bien merecen ostentar el título de Monumento Natural.

El lugar del embalse de Calleras desde sierra

 Las fotos son de Juan Lobelle

                                           El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 13 de abril de 2013)

lunes, 25 de marzo de 2013

EL CAMINO DE SAN SALVADOR



Desde Arbas del Puerto hasta Puente los Fierros por Pajares, La Romía de Arriba y Navedo

El Camino de San Salvador es un agregado al Camino de Santiago Francés por el que muchos peregrinos en la Edad Media se desviaban desde León para visitar la basílica de San Salvador en Oviedo obedeciendo al mandamiento de una vieja canción: Quien va a Santiago y no a San Salvador, visita al criado y olvida al Señor. El peregrino entraba en Asturias por Pajares y, siguiendo el camino real, descendía hasta Puente los Fierros; un camino difícil, pues atravesar la cordillera Cantábrica en aquellos tiempos debía de exigir un esfuerzo considerable. No obstante, dureza y belleza se hermanaban en el espíritu de aquellos peregrinos que como el italiano Bartolomeo Fontana en 1539 podían exclamar:
                     O Asturias, bella Asturias,
                     Tu sei bella, e sei dura.(1)
          Si a ello se añade que a partir de Oviedo debían seguir el Camino Primitivo, también duro y peligroso, la dificultad de esta empresa se nos antoja mayor; hasta el punto de que tal vez alguno gritara lo que aquel ilustre viajero polaco en 1642: Ganas se tienen de escupir atravesando estas montañas, riscos y desiertos.(2)

 La señalización del Camino entre la nieve

          José Montero es el experto guía del Camino para el grupo La Peñuca, pues ha recorrido el del Norte, el Primitivo y por supuesto el Francés, además de este de San Salvador del que nos propuso esta etapa para un día en el que la nieve caída nos recordó los avatares de los antiguos peregrinos.
Iniciamos nuestra caminata en Arbas del Puerto en el único espacio libre de nieve, la N-630 que debemos abandonar para tomar el viejo camino real por el que nos vamos abriendo paso mientras recordamos lo que Jovellanos escribe en una de sus Cartas a Ponz sobre la colegiata de Santa María de Arbas: El abad y canónigos, únicos moradores de aquel yermo, viven(…)sepultados por ocho o nueve meses del año en montañas de nieve, siéndoles muchas veces necesario abrir minas por bajo de ella desde sus casas a la iglesia.(3)

La nieve en los primeros pasos de los caminantes
 
El caso es que pronto llegamos a la vaguada de Tibigracias, donde franqueamos una portilla que marca la divisoria entre León y Asturias: es nuestro paso del puerto. Luego, desde los 1 400 metros de altitud, se inicia un descenso por La Calera, territorio de pastos todo cubierto de nieve que sólo deja ver varias fuentes y abrevaderos. El descenso llega hasta la carretera, que cruzamos para seguir el camino hasta la Majada del Estudiante (1 186 metros), cuyo topónimo alude a la leyenda oral de un estudiante de la colegiata de Arbas perdido en estos parajes. Lo que nosotros columbramos desde aquí es la boca norte del túnel de la Perruca por el que el ferrocarril atraviesa el puerto y nos trae a la memoria la canción del emigrante que tanto oímos durante los años sesenta en la voz de Antoñita Moreno:
                     En pasando la Perruca,
                     y el Carrascal de la Legua,
                     adiós Asturias del alma,
                     cuándo volveré a tus tierras.
Desde la majada descendemos a la cresta del Canto la Capillota (990 metros) por donde caminamos entre robles y acebos. Desde aquí la vista se pierde en el monte de Valgrande que tenemos frente a nosotros: inmenso bosque de hayas, robles y acebos en cuyo fondo corre el río Valgrande que más abajo se llamará río Pajares.

El caballo sobre el fondo del bosque de Valgrande

Tras un nuevo descenso llegamos a una braña donde la señalización del Camino nos ofrece dos opciones: hacia San Miguel del Río y, más allá, Llanos de Somerón o hacia el pueblo de Pajares. La segunda es la que nosotros seguimos por un camino casi llano entre bosque y pradería con ya escasa presencia de nieve, hasta llegar a la aldea de Las Campas en cuyas proximidades está el cementerio y poco más allá el pueblo de Pajares (1 000 metros). Allá llegamos para recorrerlo por el camino antiguo, por debajo de la carretera actual: allí encontramos la iglesia parroquial de San Miguel y otros edificios como la Casa de los Pidal o el del Postalgo.

Panorámica del pueblo de Pajares

En Pajares, el Camino marcha por la N-630, pasando por Flordacebos, hasta la ermita de la Virgen de las Nieves, donde abandona la carretera para volver al viejo camino real. Nuestro itinerario aquí propone, y así lo hacemos, subir hasta la estación de Pajares que como se sabe se encuentra a bastante más altura (1 180 metros) que el pueblo. La pista de acceso está cubierta de nieve y exige un considerable esfuerzo, pero ello compensa a los entusiastas del ferrocarril. Resulta muy agradable contemplar la vieja estación y las fotos son inevitables; la emoción aumenta cuando del túnel vemos salir un tren mercancías cargado de bobinas que, además, hace una parada técnica para cruzarse con un regional. Sigue nuestro interesante caminar por la pista paralela a la vía del ferrocarril de la que sólo nos separa la valla de seguridad o algunos muros cuya protección del viento aprovechamos para la parada del bocadillo, contemplando justo debajo de nosotros la ermita de las Nieves y al otro lado del valle el pueblo de San Miguel del Río. El camino aún debe seguir un trecho paralelo a la vía que aparece y desaparece entre los túneles, y la emoción es completa cuando vemos pasar un Alvia al que oímos llegar con su inconfundible sonido.

Tren mercancías en la estación de Pajares

Cuando al fin abandonamos, o nos abandona, el ferrocarril que se va entre túneles y viaductos a nuestra derecha hacia Navidiello, Linares y Malvedo, descendemos por zona de pastos y monte bajo a retomar la señalización del Camino para llegar al pueblo de La Romía de Arriba, junto a la fuente, en la plaza de la Vecería, tradicional lugar de reunión del ganado menor (reciella) antes de marchar a los pastos comunales. La Romía es pueblo de la parroquia de San Pedro de Cabezón, cuya iglesia se encuentra en un altozano al que llegamos después de atravesar el río Pandoto, uno de los muchos afluentes del Pajares, donde hay dos viejos molinos en ruinas. 

Fuente en La Romía de Arriba

En el promontorio donde se encuentran la iglesia y el cementerio hay restos de la antigua rectoral, la escuela e incluso una bolera; allí también florece el inevitable texu: todo a la sombra del pico Castiechu, cuyo topónimo sugiere la presencia de un castro. Otro pueblo de esta parroquia es Navedo, y allá nos vamos por el viejo camino (no por la actual carretera) después de atravesar el arroyo La Pisona que baja del monte del mismo nombre.
A la entrada de Navedo se cruzan varios PRs, entre ellos el PR. AS-97 Subida al Colláu Torones que coincide con nuestra ruta hasta su final. El ascenso a este collado (1 048 metros) donde hay varias camperas es el más fuerte de la jornada, si bien en este caso la ausencia de nieve lo hace más leve que los anteriores. Desde Torones sólo resta el descenso por el valle de Orria entre castaños, prados y varias cabañas en ruinas hasta el final de etapa en Puente los Fierros (500 metros). 

La iglesia de San Pedro de Cabezón

Cuando ya estamos llegando al final, contemplando la explanada donde se asienta la estación del ferrocarril y nos espera el descanso, vemos salir del túnel que también se llama Orria un mercancías cargado de troncos de madera que se dirige a León, aunque para sorpresa de quienes no conozcan el difícil trazado del ferrocarril en el puerto lleva dirección norte.
Todo un aliciente más para concluir esta caminata que se puede considerar un homenaje a los antiguos peregrinos medievales y también a aquellos técnicos y constructores del siglo XIX que fueron capaces de lograr este singular trazado del ferrocarril de León a Gijón.

La señalización del Camino ofreciendo dos opciones

(1) Juan Ignacio Ruiz de la Peña (Cood.): Las peregrinaciones a Santiago de Compostela y San Salvador de Oviedo en la Edad Media. Oviedo, 1993 
(2) Jakob Sobieski, padre del rey Juan III de Polonia. Juan Ignacio Ruiz de la Peña: Las peregrinaciones...
(3) Gaspar Melchor de Jovellanos: Cartas del viaje de Asturias (Cartas a Ponz). Oviedo, 2003


Las fotos son de Juan Lobelle
 
                (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 16 de marzo de 2013)

viernes, 15 de marzo de 2013

TIERRAS Y PUEBLOS DE QUIRÓS



Ruta de las Reliquias (3ª etapa) y algo más: desde Arrojo hasta Peñerudes por Salcedo, Bermiego y Pedroveya

            El GR-207 sigue los pasos de las Reliquias del Arca Santa desde su entrada en Asturias por el puerto Ventana camino del Monsacro y la catedral de Oviedo, atravesando el municipio de Quirós en un itinerario bien señalizado que suele dividirse en tres etapas. José María Arnillas, patrón de esta Ruta de las Reliquias para el grupo La Peñuca, nos invitó el pasado mes de noviembre a realizar las dos primeras etapas en una caminata de la que aquí dimos cuenta en su momento (Tierras y pueblos de Quirós, 10 de noviembre de 2012) y que despertó nuestro interés para concluirla hoy. Ahora, generoso en el caminar donde los haya, quiso ofrecernos en esta 3ª etapa tres regalos que los caminantes agradecemos.

Por fortuna, no siempre están en el suelo los indicadores de la ruta

            Iniciamos el camino en el pueblo de Arrojo a 410 metros de altitud, al lado de la AS-229 junto al palacio de la Casa de Quirós y la iglesia parroquial de San Pedro, tal vez el edificio más destacable del municipio: románica del siglo XIII, llama la atención de los caminantes su cuidada cabecera, sus contrafuertes, y sobre todo, el ábside con su característico y ya consolidado desplome.

Iglesia de San Pedro en Arrojo

            La ruta, señalizada poco más allá de la iglesia por un camino abandonado y cubierto de barro, nos obliga a optar por la carretera que sube al pueblo de San Pedro para rodearlo y seguir ascendiendo hasta Villar (560 metros), ya en la parroquia de Salcedo; a partir de aquí, caminamos por una pista dejando a nuestra derecha la Peña del Alba. Atravesamos la parroquia de Casares y, tras cruzar el río Trisierra, entramos en la de Bermiego, donde encontramos indicadores del GR-106 Ruta de San Melchor que viene de Oviedo hasta el pueblo de Cortes, lugar de nacimiento del santo quirosano.

Puente sobre el río Trisierra

           Pronto divisamos a los pies del pico Tene los barrios de Tarrio y Llanos que forman el núcleo rural de Bermiego, a 750 metros de altitud; en Tarrio es obligada la parada junto a la ermita, para contemplar el imponente roble convertido en Monumento Natural. Poco más allá, sobre un altozano destaca la iglesia parroquial de Santa María y a su lado el milenario texu, también Monumento Natural. Después, debemos superar la fuerte pendiente que por pista hormigonada sube hasta Llanos, atravesando el río Fontaniellas junto a un molino que con hórreos, casas y pajares compone el interesante paisaje etnográfico de Bermiego.

Bermiego a la sombra del pico Tene

            Dejando atrás el pueblo, la pista sigue ganando altura en busca de brañas y collados, y aquí se nos ofrece el primer regalo de la jornada: abandonar la pista de tierra y zahorra para alcanzar la ermita de la Merced (1 069 metros) remontando un viejo camino de piedra. El paso merece la pena, aunque por el camino discurra un arroyo que los caminantes sabemos sortear con habilidad, pues la ermita, donde se celebra romería cada 23 de septiembre con renombradas actividades como la carrera de cintas a caballo o el concurso de tiro con cuerda, se encuentra al lado de una fuente en lugar bien agradable y acogedor.

Ermita de la Merced

            A partir de aquí tenemos la parte más vistosa del camino, atravesando brañas, collados y también zonas de bosque. Primero ganamos el collado de Linares, que marca la mayor altura de la jornada (1 150 metros), y atravesamos la braña del mismo nombre: buenas cabañas, prados bien cuidados, cercados de piedra y las primeras reses que madrugan a los pastos de altura. Viene luego el amplio Pando de la Mortera (1 136 metros), antes que la senda se interne en un intrincado bosque donde predomina el carrascu. Después de atravesar la braña Buxana, en donde trotan y pastan yeguas y caballos, entramos en el estrecho paso del Bocarón que nos resguarda del viento y nos ofrece un apacible lugar para el descanso y el bocadillo, contemplando al fondo y a lo lejos algunos pueblos del concejo de Proaza.

La braña de Linares

            Al reanudar el camino, salimos a la braña del Bocarón y desde allí ya divisamos los dos pueblos de la parroquia de Pedroveya, la más septentrional del concejo; el primero es La Rebollada, adonde descendemos después de pasar por la braña de Veiga. En La Rebollada, junto al lavadero del pueblo, tomamos el segundo regalo de la jornada con el fin de evitar el tramo de carretera que nos llevaría hasta el pueblo de Pedroveya. Para ello atravesamos el pueblo y comenzamos el descenso por el antiguo camino, en buen estado todo hay que decirlo, hasta el bosque que se sitúa en la cabecera del desfiladero de Las Xanas, en un sábado de buen tiempo bastante concurrido de caminantes. Tras atravesar uno de los regueros que alimentan el río de Las Xanas, comenzamos el ascenso para alcanzar las praderías y el altozano donde se encuentra la iglesia parroquial de San Antonio de Pedroveya. Aquí finaliza el GR-207 Ruta de las Reliquias que, como ya se dijo comienza en el puerto Ventana entre los concejos de Quirós, Teverga y San Emiliano de Babia; pero nosotros aún esperamos el tercero de los regalos ofrecidos por el patrón de la ruta para el grupo La Peñuca: el último trecho de la jornada.

En el camino de Pedroveya

            Desde el pueblo de Pedroveya repleto de coches y animado de comensales, ante la fuente con abrevadero y frente a la capilla de Santa Rita, nos disponemos a acometer este último tramo que nos llevará al municipio de Morcín y su parroquia de Peñerudes. La MO-5 es la salida por carretera de esta parroquia quirosana hacia Morcín, pero nosotros lo hacemos por un camino empedrado que nos sube a la ladera del pico la Mostayal en el extremo norte del Aramo. Desde allí, el panorama que se nos ofrece nos obliga a agradecer este tercer regalo: a lo lejos Oviedo, Llanera, Ribera de Arriba…, más cerca el embalse los Alfilorios y a nuestros pies todo el valle de Peñerudes.

El torreón de Peñerudes

Llaneando por la bien cuidada pista que deja a nuestra derecha la Mostayal, podemos ver todos los pueblos que componen la parroquia vigilados por el viejo y medio derruido torreón de Peñerudes, que descuella sobre un collado desde el que domina todo y sobre el que parece sostenerse sin apenas base que lo sustente. Al otro lado del valle junto a la carretera, están El Artoxu, La Cotina con la iglesia parroquial de San Pedro y El Fontán, y frente a nosotros, La Boza que atravesamos antes de llegar a Campo, donde finaliza esta caminata por un paisaje lleno de alicientes en las tierras y pueblos de Quirós y un final espectacular en el concejo de Morcín.

En Peñerudes nos recibe el arco iris

Las fotos son de Juan Lobelle

                         
                                           (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 9 de marzo de 2013)

jueves, 28 de febrero de 2013

POR CANGAS DE ONÍS



Desde Llueves hasta Margolles por el pico Arbolín, las colladas de Cardes y Llaín y la Peña Tresano


            En el ángulo que dibuja el río Sella sobre el mapa del concejo de Cangas de Onís, orientando su cauce hacia el noroeste en el límite con Parres, hasta encontrarse con el Piloña y luego girar al noreste y enfilar su curso bajo hacia Ribadesella, deja en la margen derecha una amplia zona rural y montañosa de alturas moderadas, en donde es posible realizar caminatas como la que hoy nos toca comentar. Recorre esta amplia zona canguesa, ocupada por parroquias como Labra, Margolles o Triongo, una vasta red de carreteras locales y pistas forestales o ganaderas que precisan para recorrerlas una persona que las conozca bien. Nosotros contamos para ello con Olvido de Següenco que nació en la parroquia de Labra y aprendió a andar en el pueblo que añade a su nombre: es por tanto, además de caminante ágil y divertida, excelente conocedora de los lugares que para esta ocasión propuso al grupo La Peñuca.
La caminata se inicia, en un día con duras previsiones de frío, lluvia y nieve que luego no lo fueron tanto, en el pueblo de Llueves, en la parroquia de Santa María de Cangas de Onís a kilómetro y medio de la capital municipal; allí donde una estela recuerda la muerte del rey Fabila en el año 737 en “un desafortunado lance con un oso”.

Ermita de Santo Toribio en Llueves y al fondo el pico Arbolín 

En cuanto se sale del pueblo, comienza el ascenso por una pista que recorre el GR-109 Asturias Interior en su 4ª etapa entre Benia de Onís y Cangas. Nosotros pronto abandonamos el GR, que se va a nuestra derecha, y seguimos ascendiendo con la vista puesta en el pico Arbolín, el más alto de una zona de pastos que también recibe ese nombre. La pista nos lleva hasta la collada donde están las antenas de telefonía y televisión, para luego seguir ascendiendo en vertical por entre monte bajo hasta la cumbre; este ascenso desde los 216 metros de Llueves hasta los 577 del pico es fácil y agradable, con buenas vistas sobre la zona urbana de Cangas y el curso medio del Sella. Desde la cumbre hacia el norte se divisa el pueblo de Olicio y la parroquia de Triongo, desde donde los ganaderos suben con sus reses.
             El fácil descenso del pico Arbolín nos deja en una collada donde tomamos un camino carretero que recorre un castañedo en la falda del monte Onao; por debajo de nosotros, en la misma ladera, vemos una pista que pasa junto a la cabaña de la guardería de montaña y por la que discurre el ya citado GR-109. Ambos caminos coinciden en la collada de Cardes, encima del pueblo del mismo nombre, en cuyas inmediaciones se encuentra la cueva prehistórica del Buxu.

 Panorámica desde el Arbolín hacia el norte

             Desde la collada de Cardes seguimos el GR hasta la collada Llaín a 340 metros de altitud. Este es un amplio collado entre las parroquias de Cangas y Labra, que a su vez separa dos vertientes: hacia el sur, la del río Güeña que desemboca en el Sella en la misma Cangas y hacia el norte, la del Zardón que lo hace en el bajo Sella. Es también un gran cruce de caminos: de nuestra derecha viene de Labra el GR; a la izquierda, otra pista desciende hacia el lugar de El Pasadoiro; nosotros nos internamos en la parroquia de Labra, pero hacia el pueblo de Tresano que vemos al frente, en la base misma de la peña que lleva su nombre.

El pueblo de Tresano y su peña

            Cuando atravesamos el pueblo de caserías dispersas y algunos hórreos, iniciamos el ascenso a la Peña Tresano, que en su vertiente norte nombran como pico Carroceo y en algunos mapas, como La Peña Llanielles: sus modestos 553 metros de altitud nos ofrecen sin embargo la mayor dificultad de la jornada, tanto por la verticalidad desde los 290 metros del pueblo como por lo intrincado del terreno, entre monte bajo y la presencia de piedra en los últimos metros.

 Subiendo a la Peña Tresano

            Desde la cumbre se divisa hacia el sur el pueblo de Labra, con la iglesia parroquial de San Bartolomé y el palacio de Soto Cortés; hacia el norte y más cerca está otro de los pueblos de la parroquia: Cebia, al que nos encaminamos atravesando algunos prados cercados de piedra o de madera y alambrada.
            En Cebia hay una quesería de Gamoneo del Valle y es el lugar elegido para ocuparnos del bocadillo, lo que por la amabilidad de la propietaria podemos hacer a cubierto.

Cabras en la quesería de Cebia

             Después el camino prosigue bajo la lluvia por pista de tierra, atravesando distintos caseríos de la parroquia de Labra: Duruxa, La Cabañina, La Cerezal, Carroceo o La Ería; con la presencia siempre a nuestra izquierda de Peña Parda que nos vigila desde sus 508 metros y a la derecha, más lejos y más alta, la sierra de Santianes cubierta de nieve. Hasta encontrarnos con el río Zardón, que baja sinuoso de las agüerias de Tresllendes en la parroquia de Zardón que le da también el nombre; lo cruzamos por un puente de piedra y, caminando por su margen izquierda, pronto entramos en la parroquia de Margolles que él, como nosotros, recorre de sur a norte hasta desembocar en el Sella a escasos metros de donde finalizaremos nuestro camino.

El río Zardón

             Seguimos pues por la margen de río y llegamos al lugar conocido como Molín de Mingo, donde hay un restaurante al parecer bastante concurrido; cruzamos sobre otro puente y, ahora por la margen derecha, seguimos la misma pista de tierra que nos lleva a la carretera que sube a San Tirso y a Santianes de Ola. Por esta carretera que sigue el curso del río pasamos por Les Canaliegues, donde hay un molino y donde dos hermanos, hombre y mujer, de avanzada edad muestran a los caminantes su destreza en el trabajo de la madera: un interesante taller de talla que llama la atención por la calidad y la variedad de sus obras.
            Por la carretera que ya comienza a pesar en los caminantes se llega al pueblo de Peruyes, el centro parroquial de Margolles. Allí está la iglesia de San Martín, reconstruida después de haber sido destruida como tantas otras durante la Guerra Civil, en un amplio campo de hayas y robles centenarios; también algunas casonas de los siglos XVII y XVIII y el edificio que fue de las Escuelas Nacionales. En la fachada de este edificio de finales del siglo XIX hay una placa que reconoce al periodista e historiador Juan Antonio Cabezas, nacido en este lugar y en cuyo cementerio reposan sus restos, como hijo predilecto del concejo.

La iglesia de San Martín en Peruyes

             Desde Peruyes, sólo un kilómetro nos separa de la N-634 en las Erías de Margolles, donde finaliza nuestra caminata y donde nos volvemos a encontrar con el río Sella, ahora con mucho más caudal y cerca ya de su desembocadura: no en vano hemos recorrido más de 20 kilómetros desde las proximidades de Cangas por riscos, collados, caseríos y pueblos de las tierras que esconde en su margen derecha.
           
 Cangas de Onís desde la subida al pico Arbolín


Las fotos son de Juan Lobelle


                                       (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta ruta el sábado, 23 de febrero de 2013)


viernes, 15 de febrero de 2013

EL GR-109 EN PILOÑA



Desde Villamayor hasta Espìnaredo por la parroquia de Valle, con ascenso al pico Coroña


Por el GR-109 Asturias Interior se puede recorrer a través de una única senda la región de este a oeste, desde Panes hasta Santa Eulalia de Oscos; un trayecto de unos 505 kilómetros en veintisiete etapas, que fue señalizado hace unos años bajo el patrocinio de la Consejería de Agricultura.
Fernando Espina es asiduo caminante  del grupo La Peñuca y excelente conocedor del municipio de Piloña, no en vano sus raíces familiares engarzan en las parroquias de Beloncio y Ques. Así fue que tuvo el acierto de proponernos realizar de este gran recorrido la sexta etapa que une, sin salir de Piloña, los lugares y parroquias de Villamayor y Espinaredo, atravesando también la de Valle: unos 14 kilómetros que hicimos en algo más de cinco horas con el añadido de un adorno hacia la mitad de la etapa.

La llamada casa Pastrana en Villamayor

El camino comienza, como queda dicho, en Villamayor junto a la iglesia parroquial de San Pedro, no sin antes detenernos a ver la casa Pastrana y el ábside románico, Monumento Nacional desde 1931, de la iglesia del monasterio de Santa María; aquel que, fundado en el siglo XII, acogió una comunidad de monjas benedictinas, hasta que en el XIV fue clausurado por el obispo Don Gutierre para pasar a ser, a partir del XVI, priorato del monasterio de San Pelayo de Oviedo.
 
Al inicio del camino

Luego de atravesar la AS-634 y cruzar sobre el río La Cueva, ascendemos por la ladera norte de la sierra de Pesquerín hacia el pueblo de Melardi, contemplado al fondo el curso del río Piloña y en su margen izquierda  la población y caserías de la parroquia de San Román, otra de las veintitrés que componen el concejo. En Melardi se encuentra en muy buen estado la capilla de Santo Tomás del siglo XVIII. Seguimos ascendiendo por pista y entramos ya en la parroquia de Valle, cuyo núcleo rural limpio y bien asfaltado hemos de atravesar en descenso.

La capilla de Santo Tomás en Melardi

Valle perteneció a los citados monasterios de Santa María y San Pelayo, y allí está el templo dedicado a Santa María Magdalena, a la vera del antiguo Camino de Santiago que atravesaba la parroquia y del que se conservan distintas alusiones toponímicas. En la parte baja del pueblo encontramos el río Valle y a su lado un molino harinero que por su aspecto debió de funcionar hasta no hace muchos años. Pasamos sobre el río por un puente de piedra y nos acercamos al otro núcleo de población de la parroquia. Es Cardes, un conjunto de casas diseminadas que nosotros dejamos atrás por el barrio de Taradiello y que en el altozano conocido como de la ermita tiene la capilla de La Visitación.

Molino junto al río Valle

A partir de aquí, el camino por pista de zahorra atraviesa la riega de Saliencia y recorre la ladera oeste de la sierra Abedular entre prados de diente y bosque de castaños, abedules y robles; es el mayor ascenso de la jornada, en el que se disfruta con la espléndida vista de Infiesto al fondo, y más a lo lejos, las sierras del Sueve y del Sellón. Al acercarnos al cordal es cuando a los caminantes se les antoja adornar esta etapa con el ascenso al pico Coroña en el alto de la sierra, a nuestra izquierda. Para ganar esta cumbre de 753 metros de altitud, es preciso abandonar la pista y trepar en línea recta por entre monte bajo de brezos y tojos.

En busca de la cumbre del Coroña

Desde la cima, donde el viento azota, llama nuestra atención el espectacular Peñón del Diablo junto a la muy nevada Peña Niañu, adonde nuestra Camparina pisapraos ascendió para contárnoslo en una de sus Crónicas vagabundas que podemos leer al lado de este artículo. También al fondo de la sierra se adivinan las hoces del río Valle que nace en el alto de Tebrandi y recorre toda la parroquia de sur a norte para desembocar en el Piloña cerca de Infiesto.

Peña Niañu y a su lado el Peñón del Diablo

Tras el descenso del Coroña, recuperamos la pista en el cordal de la sierra y, en el refugio que ofrecen las cabañas de la braña, buscamos el descanso: el sol se anima y torna más agradable el momento de la conversación y los bocadillos. A partir de ahora, en la segunda parte de la jornada, se caminará por la vertiente hacia el río Espinaredo, al principio casi en llano bordeando el pico Colinas.

La cumbre del Coroña y, por la ladera, la pista del camino

Cuando llegamos a la collada de La Tayada nos cruzamos con el GR-105 Ruta de las peregrinaciones, de Oviedo a Covadonga. Este GR que atraviesa Peñamayor por Les Praeres de Nava, llega aquí desde Espinaredo para salir a nuestra izquierda hacia el río Color y La Matosa, antes de entrar en el municipio de Parres. Para nosotros, lo que resta es un pronunciado descenso por pista de tierra con retazos de hormigón, donde nos llama la atención el abundante tráfico motorizado de los ganaderos de la zona.
En este fortísimo descenso entre prados y bosques, pasamos por el pueblo de Porciles y, más abajo, por el caserío de Barro, sin población estable; y siguiendo la riega de este nombre llegamos a Espinaredo con sus muchos y afamados hórreos; allí, en la plaza de la iglesia parroquial se muestra orgulloso el tejo al lado de un lánguido roble al que sin duda le pesan los siglos, y termina esta entretenida caminata que fue una etapa del gran sendero que recorre Asturias.

                            Panorámica de Infiesto desde la sierra Abedular


Las fotos son de Juan Lobelle


                                   (El grupo de montaña La Peñuca de Gijón realizó esta etapa del GR-109 el sábado, 9 de febrero de 2013 y tiene prevista la realización de otras etapas esta misma temporada)